viernes, 17 de octubre de 2014

17 De Octubre: Día Internacional Para La Erradicación De La Pobreza



La observancia del Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza se remonta al 17 de octubre de 1987. Ese día, más de cien mil personas se congregaron en Trocadero, en París, donde en 1948 se había firmado la Declaración Universal de Derechos Humanos, para rendir homenaje a las víctimas de la pobreza extrema, la violencia y el hambre. Proclamaron que la pobreza es una violación de los derechos humanos y afirmaron la necesidad de aunar esfuerzos para garantizar el respeto de esos derechos. Estos principios están inscritos en una losa conmemorativa que se descubrió aquel día. Desde entonces, personas de toda condición, creencia y origen social se reúnen el 17 de octubre de cada año para renovar su compromiso y mostrar su solidaridad con los pobres. Se han descubierto réplicas de la losa conmemorativa en todo el mundo, que sirven de punto de encuentro para celebrar el Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza. Una de esas réplicas está ubicada en el jardín de la Sede de las Naciones Unidas y es el lugar donde se celebra la conmemoración anual que organiza la Secretaría de las Naciones Unidas en Nueva York.

Mediante su resolución 47/196, aprobada el 22 de diciembre de 1992, la Asamblea General declaró el 17 de octubre Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza e invitó a todos los Estados a que dediquen el Día a presentar y promover, según proceda en el contexto nacional, actividades concretas de erradicación de la pobreza y la indigencia. La resolución también invita a las organizaciones intergubernamentales y no gubernamentales a que ayuden a los Estados, cuando éstos lo soliciten, a organizar actividades nacionales para la observancia del Día, y pide al Secretario General que adopte las medidas necesarias, en el marco de los recursos existentes, para velar por el éxito de la observancia por las Naciones Unidas del Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza.


El 17 de octubre representa una oportunidad para reconocer el esfuerzo y la lucha de las personas que viven en la pobreza, una ocasión para que den a conocer sus problemas y un momento para reconocer que las personas pobres son las primeras en luchar contra la pobreza. La participación de los propios pobres ha tenido una importancia fundamental en la celebración del Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza desde un principio. La conmemoración del 17 de octubre también refleja la voluntad de las personas que viven en la pobreza de utilizar sus conocimientos para contribuir a erradicar la pobreza.

Con este Día, la Asamblea General de las Naciones Unidas quiere concienciar al mundo sobre la necesidad de erradicar la pobreza y la indigencia en todos los países. Este objetivo es un elemento fundamental del programa de desarrollo de las Naciones Unidas y sigue siendo el elemento central de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) y de la Agenda para el desarrollo después de 2015.

El tema del Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza de este año, 2014, es: "No dejar a nadie atrás: pensar, decidir y actuar juntos contra la pobreza extrema". 

Con este lema, se reconoce y se subraya el reto exigente de identificar y asegurar la participación de las personas que viven en condiciones de pobreza extrema y exclusión social en la "agenda para el desarrollo después de 2015" que sustituirá a los Objetivos de Desarrollo del Milenio. 



FUENTE: ONU

jueves, 16 de octubre de 2014

16 de Octubre: Día Mundial de la Alimentación



Hoy se celebra el Día Mundial de la Alimentación, cuyo tema principal, "Alimentar al mundo, cuidar el planeta", se ha elegido para promover la sensibilización sobre la agricultura familiar y los pequeños y las pequeñas agricultoras. Centra la atención mundial en el importante papel de la agricultura familiar en la erradicación del hambre y la pobreza, la consecución de la seguridad alimentaria y la mejora de la nutrición, la mejora de los medios de vida, la ordenación de los recursos naturales, la protección del medio ambiente y el logro del desarrollo sostenible, en particular en las zonas rurales. 

En consonancia con ello, la Asamblea General de las Naciones Unidas ha proclamado el 2014 "Año Internacional de la Agricultura Familiar"; siendo una clara señal de que la comunidad internacional reconoce la importante contribución de los agricultores y de las agricultoras familiares -ya que la mayoría de personas que se dedican a la agricultura familiar son mujeres, que trabajan unas tierras que no son de su propiedad- a la seguridad alimentaria mundial. 

En efecto, la agricultura familiar está indisociablemente vinculada a la seguridad alimentaria nacional y mundial. Tanto en los países en desarrollo como en los desarrollados, la agricultura familiar es la forma agrícola predominante en el sector de la producción alimentaria. La agricultura familiar incluye todas las actividades agrícolas familiares y está vinculada a diversos ámbitos del desarrollo rural.



FUENTE: FAO

15 de Octubre: Día Internacional de las Mujeres Rurales


Desde 2008, la Organización de las Naciones Unidas contempla cada 15 de octubre reflexionar sobre la importancia de las mujeres rurales en el desarrollo humano.

"Colectivamente, las mujeres rurales son una fuerza que puede impulsar el progreso a nivel mundial. Debemos aprovechar ese potencial para lograr los tres objetivos interrelacionados que nos hemos fijado para el año próximo: acelerar nuestra labor para alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio, adoptar una nueva visión del desarrollo sostenible y concertar un acuerdo universal significativo sobre el clima" (Secretario General Ban Ki-moon, Mensaje en el Día Internacional de las Mujeres Rurales, 15 de octubre de 2014).

La Asamblea General de ONU estableció este Día en reconocimiento a "la función y contribución decisivas de la mujer rural, incluida la mujer indígena, en la promoción del desarrollo agrícola y rural, la mejora de la seguridad alimentaria y la erradicación de la pobreza rural".

Sin embargo, el organismo entiende que si bien las mujeres rurales son un "agente clave para conseguir los cambios necesarios para el desarrollo sostenible", enfrentan el acceso limitado al crédito, a la asistencia sanitaria y a la educación. Estos factores se ven, además, agravados por las crisis mundiales, tanto la económica como la alimentaria, y el cambio climático.

"Empoderar a este colectivo no sólo es fundamental para el bienestar de las personas, familias y comunidades rurales, sino también para la productividad económica general, dada la amplia presencia de mujeres en la mano de obra agrícola mundial", puntualiza la ONU.

La fuerza que puede "impulsar el progreso a nivel mundial"

El Secretario General de la ONU, Ban Ki-moon hizo público un mensaje en la jornada recordando que "colectivamente, las mujeres rurales son una fuerza que puede impulsar el progreso a nivel mundial". En ese sentido, Ki-moon recordó que "debemos aprovechar ese potencial para lograr los tres objetivos interrelacionados que nos hemos fijado para el año próximo: acelerar nuestra labor para alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio, adoptar una nueva visión del desarrollo sostenible y concertar un acuerdo universal significativo sobre el clima".

En esta línea trabaja particularmente ONU Mujeres. Para la que las mujeres rurales son colaboradoras fundamentales de las economías del mundo y tenen un rol esencial en los países desarrollados y en desarrollo, incrementando la productividad agrícola y rural y la seguridad alimentaria, y ayudando a reducir los niveles de pobreza en sus comunidades. 

Las mujeres rurales dependen en su mayoría de los recursos naturales y la agricultura para subsistir, y representan una cuarta parte del conjunto de la población mundial. En los países en desarrollo, las mujeres rurales suponen aproximadamente el 43 por ciento de la mano de obra agrícola y producen, procesan y preparan gran parte de los alimentos disponibles, por lo que sobre ellas recae la gran responsabilidad de la seguridad alimentaria. Teniendo en cuenta que el 76 por ciento de la población que vive en la extrema pobreza se encuentran en zonas rurales, garantizar el acceso de las mujeres rurales a recursos agrícolas productivos empodera a las mujeres y contribuye a reducir el hambre y la pobreza en el mundo.

Por ello, ONU Mujeres apoya el liderazgo y la participación de las mujeres rurales a la hora de diseñar leyes, estrategias, políticas y programas en todos los temas que afectan sus vidas, incluida una mejor seguridad alimentaria y nutricional y mejores medios de subsistencia rurales". 

Enfatiza particularmente que "la capacitación dota a estas mujeres con habilidades que les permiten acceder a nuevos medios de subsistencia y adaptar la tecnología a sus necesidades".



FUENTES: ONU, ONU Mujeres, La Red 21

miércoles, 15 de octubre de 2014

Thomas Sankara: 27 años de su asesinato


"Llaman provocación a las verdades que nosotros proclamamos, mientras que las mentiras que ellos cuentan se convierten en verdades absolutas. Nuestra lucha por la independencia y el bienestar de nuestros pueblos es tachada de insumisión, y el saqueo que ellos hacen de nuestras riquezas se llama obra civilizadora. Así escriben ellos la historia, y así se la aprende la mayor parte de la Humanidad. Por eso, yo prefiero sentir a mi lado al Ché antes que a cualquiera de ellos". Thomas Sankara.


Hoy, 15 de octubre, se cumple el 27º aniversario del asesinato del presidente de Burkina Faso, Thomas Sankara, a mano de los hombres de Blaise Compaoré, antiguo compañero de armas, que sigue siendo hoy el primer mandatario del país.

La historia del capitán de paracaidistas, Thomas Sankara, es fascinante. Su heroica y desgraciada peripecia vital se funde con la del propio continente africano, tan cerca y tan lejos de nosotros y nosotras, al mismo tiempo. No en vano, el revolucionario burkinabés fue conocido como el Che Guevara negro.

Thomas Isidore Noël Sankara nació el 21 de diciembre de 1949, en Yako, enclave situado en la colonia francesa de Alto Volta. Su país obtuvo la independencia formal en 1960, en plena era de la descolonización. Por aquel entonces el futuro presidente era sólo un niño.

En su juventud, Sankara se sintió fuertemente atraído por la figura de Jesucristo e, incluso, estuvo a punto de ordenarse sacerdote. Pero, finalmente, tuvo que dedicarse a la milicia para intentar aliviar la delicada situación económica de su familia.

Fue en la Academia Militar de Antsirabé (Madagascar) donde el joven soldado africano se hizo marxista. La guerra que enfrentó a su país con Malí en 1974 lo convirtió en un héroe nacional. 

En 1976, Sankara, junto con un grupo de jóvenes militares, fundó el Grupo de Oficiales Comunistas. Dos años después, conoció en Rabat al también capitán Blaise Compaoré, y desde entonces el destino de estos dos hombres quedaría unido para siempre.

En los años siguientes, Sankara ocupó diversos cargos en los gobiernos militares que regían la vida de Alto Volta, una ex colonia francesa que se gestionaba como una fuente de mano de obra barata para la vecina Costa de Marfil en beneficio de una pequeña clase gobernante y sus patrocinadores en París. En 1983 se convirtió en primer ministro, siendo derrocado por un golpe de estado derechista a las pocas semanas.

El 5 de agosto de ese mismo año, una insurrección cívico-militar, liderada por Compairé, liberó a Sankara de la prisión e inició el proceso revolucionario. El capitán Tom Sank, como lo llamaba su amado pueblo, se convirtió en Jefe del Estado, dando paso a la época más floreciente de Burkina Faso.

Precisamente, una de las primeras medidas del presidente Sankara, fue el cambio del nombre del país. A partir de entonces, la pequeña ex colonia francesa fue conocida como Burkina Faso, "la tierra de los hombres íntegros". La integridad del joven dirigente burkinabés le costaría la vida años más tarde.

Durante los escasos 4 años que duró su gobierno, Thomas Sankara se preocupó por liberar a su país de las históricas ligaduras que impedían su pleno desarrollo como nación independiente. Sankara intentó elevar el nivel de vida de sus habitantes, eliminar el hambre y alfabetizar a sus compatriotas.


Una de sus principales metas fue lograr la igualdad del hombre y la mujer: puso un gran énfasis en la liberación de la mujer, pues vio la emancipación de la mujer como vital para romper el control del sistema feudal que mantenía en el país. Por ello, abolió la ablación, prohibió la poligamia, poniendo fin a la presión sobre las mujeres para contraer matrimonio, incluyó la contratación de mujeres en todas las profesiones, incluidas la carrera militar y el gobierno, y promovió el uso de anticonceptivos, para luchar contra el fatal virus del SIDA. Y eso significaba la participación de las mujeres en el centro de la movilización popular revolucionaria. Él vio la lucha de las mujeres de Burkina Faso como "parte de la lucha mundial de las mujeres".
"No hablamos de la emancipación de la mujer como un acto de caridad o de una oleada de compasión humana. Es una necesidad básica para la revolución; sin ellas la revolución no podrá triunfar".
El presidente Sankara se movía por su país en un humilde Renault 5, el coche más barato del mercado automovilístico burkinabés. Era una persona decente, querida por su pueblo y admirada por gentes de toda África. Francia nunca se lo perdonó.

La lucha contra la corrupción fue uno de los grandes retos -y también de los grandes logros- del sankarismo. Los Tribunales Populares Revolucionarios fueron un instrumento fundamental para erradicar una lacra que azotaba a la totalidad del continente africano. Pero su estilo de gobierno lo llevó a mantener actitudes personales extremadamente llamativas: nada más llegar al poder, vendió las limusinas del Estado y las cambió por el modesto Renault 5, convertido en coche presidencial. Su sueldo como presidente siguió siendo el mismo que el del cargo de capitán que ejercía antes de llegar al poder, y a su muerte, su única posesión era una modesta vivienda cuya hipoteca no había sido aún enteramente liquidada. Su madre seguía ejerciendo, siendo él presidente, como vendedora de especias en un puesto de un mercado de Uagadugú.

Pero la obra política de Sankara no se detuvo en la lucha contra la corrupción. Fue un firme defensor, como ya hemos dicho antes, de la igualdad entre el hombre y la mujer, y dictó leyes contra la ablación, la poligamia, e incorporó a la mujer a los más altos cargos de la administración del país. La erradicación del analfabetismo fue otro de sus grandes logros, con resultados espectaculares en sus cuatro años de gobierno y la construcción de centenares de escuelas rurales.


En el campo de la sanidad, la obra de Sankara fue también notable. Puso en marcha acciones espectaculares, como los "comandos de vacunación", encargados de vacunar a millones de niños en todo el país, con la ayuda -como en otras muchas iniciativas sociales- de voluntarios venidos de distintos países.

La obsesión de Sankara -y para él el principal objetivo de cualquier revolución- era mejorar las condiciones de vida de su pueblo. Que la gente pudiera alimentarse  correctamente, vivir dignamente, acceder a la educación, expresarse libremente era el objetivo de su trabajo diario. Dio un giro radical a la economía de su país, centrando todos sus esfuerzos en el desarrollo de la agricultura y la ganadería, creando centenares de mini-embalses, promoviendo y protegiendo la producción local frente a los productos importados que sangraban la economía nacional. Rechazó de plano cualquier ayuda internacional que se pareciera a una limosna y sólo estuvo de acuerdo en gestionar aquella que contribuyera a facilitar los objetivos que su gobierno se había marcado -para satisfacción de muchas ONG's que veían en esa actitud un modelo de gestión de la ayuda externa. 

Pero todo ello se tuvo que hacer desoyendo las consignas de los organismos financieros internacionales -FMI y Banco Mundial- y de la Francia de Mitterrand, que le cortaron, todos ellos y de forma repetida, el acceso a los créditos necesarios para su programa. Los enfrentamientos con el presidente francés fueron, por otra parte, sonados. Sankara, en efecto, no tenía ningún reparo, y lo hizo en alguna ocasión teniendo a Mitterrand a su vera, en reprochar a la antigua metrópoli su pasado colonial y el empeño en seguir manteniendo el control sobre los recursos naturales africanos y, para ello, también ejercer el control político por la vía interpuesta de jefes de Estado locales corruptos y sumisos.


El nuevo nombre que dio Sankara al país, Burkina Faso -la tierra de los hombres íntegros-, no fue en vano. La población recuperó una dignidad perdida a lo largo de un siglo de sumisión al poder extranjero, de vejaciones, de miseria, de represión. Ser burkinabé se convirtió en sinónimo de orgullo en todo el continente africano. La lucha de Sankara fue asumida por la juventud de todo el continente, donde se convirtió en un héroe, un líder carismático, el presidente valiente y honrado que todos los pueblos africanos querían para sí.

Por eso, al día siguiente de su muerte, millones de africanos salieron a la calle enfurecidos; por ello, aún hoy en las calles de toda África, en los taxis y en las motocicletas, en los cuadernos escolares, el nombre y la foto de Sankara están presentes y en los mercadillos se pueden adquirir grabaciones de sus discursos; por ello, campus y comedores universitarios de toda África han tomado el nombre de Thomas Sankara.

El 15 de octubre de 1987, hoy hace 27 años, Sankara fue asesinado junto a doce oficiales en un golpe de estado organizado por su sucesor y antiguo colaborador Blaise Compaoré. El deterioro de las relaciones con los países vecinos fue una de las razones dadas por Compaoré, afirmando que Sankara había puesto en peligro las relaciones exteriores con la antigua potencia colonial francesa y la vecina Costa de Marfil. Compaoré se autoproclamó presidente y acabó con la obra de Tom Sank; y ha sido, desde entonces, un fiel aliado del imperialismo francés y un alumno aplicado del FMI y del Banco Mundial. Aún hoy, continúa en la presidencia del país.
"Los asesinos de Sankara fueron guiados por el imperialismo, que no podía permitir que un hombre con las ideas y acciones de Sankara liderara un país en un continente tan explotado durante cientos de años por el imperialismo internacional, el colonialismo, y los gobiernos neocoloniales que hacen lo que se les antoja. Las ideas políticas de Sankara perdurarán, al igual que las de Patrice Lumumba del Congo y Amílcar Cabral, de Guinea-Bissau, también asesinado por traidores a petición del imperio" (Ulises Estrada, uno de los principales organizadores de la misión de la guerrilla del Che Guevara en Bolivia, 1966-1967).
El cuerpo de Sankara fue desmembrado y enterrado rápidamente en una tumba anónima, mientras su viuda y sus dos hijos huyeron del país. Compaoré revocó inmediatamente las estatizaciones, anuló casi todas las políticas de Sankara, regresó al país bajo el acorralamiento del FMI y del Banco Mundial, y rechazó en última instancia la mayor parte del legado de Sankara. Aún hoy, continúa en la presidencia del país. 


Una semana antes de su muerte, Sankara se dirigió a la gente y dijo lo que sería su propio epitafio, remarcando que "aunque los revolucionarios, como los individuos, puedan ser asesinados, nunca se podrán matar sus ideas". Más de dos décadas después del crimen, Sankara continúa siendo un ídolo para la juventud africana.
"África y el mundo están todavía recuperándose del asesinato de Sankara. Del mismo modo, que aún tiene que recuperarse de la pérdida de Patrice Lumumba, Kwame Nkrumah, Eduardo Mondlane, Amílcar Cabral, Steve Biko, Samora Machel, y, más recientemente, John Garang, por nombrar sólo unos pocos. Si bien las fuerzas malévolas no han utilizado los mismos métodos para eliminar a cada uno de estos grandes panafricanistas, se han guiado por el mismo motivo: MANTENER A ÁFRICA EN LAS CADENAS" (Antonio de Figueiredo, Febrero de 2008).


FUENTES: Wikipedia, auditoriaciudadana.net, La Mancha Obrera 

Hannah Arendt: Una judía que entendió la crueldad nazi

Hoy, 14 de octubre, se cumple el 108º aniversario del nacimiento de esta gran filósofa alemana. Y, por ello, nos vamos a acercar, aunque brevemente y desde esta pequeña zona de recuperación del saber y del conocimiento feminista y de las mujeres, a su vida y a sus obras.



Hannah Arendt, nacida Johanna Arendt (Hannover, Alemania, 14 de octubre de 1906 - Nueva York, Estados Unidos, 4 de diciembre de 1975) fue una filósofa política alemana, de origen judío, y una de las más influyentes del siglo XX, que estudió en las universidades de Marburgo, Friburgo y Heidelberg, obteniendo en esta última el doctorado en filosofía bajo la dirección de K. Jaspers.

La privación de derechos y persecución en Alemania de personas de origen judío tras la subida de Hitler al poder, a partir de 1933, así como su breve encarcelamiento ese mismo año, contribuyeron a que decidiera emigrar; primero se exiliaría a París, de donde tuvo que huir en 1940, estableciéndose posteriormente en Nueva York. El régimen nacionalsocialista le retiró la nacionalidad en 1937, por lo que fue apátrida hasta que consiguió la nacionalidad estadounidense en 1951.

Trabajó, entre otras cosas, como periodista y maestra de escuela superior y publicó obras importantes sobre filosofía política; sin embargo, rechazaba ser clasificada como "filósofa" y también se distanciaba del término "filosofía política"; prefería que sus publicaciones fueran clasificadas dentro de la "teoría política". Arendt defendía un concepto de "pluralismo" en el ámbito político. Gracias al pluralismo, se generaría el potencial de una libertad e igualdad políticas entre las personas. Importante es la perspectiva de la inclusión del Otro. En acuerdos políticos, convenios y leyes deben trabajar a niveles prácticos personas adecuadas y dispuestas. Como fruto de estos pensamientos, Arendt se situaba de forma crítica frente a la democracia representativa y prefería un sistema de consejos o formas de democracia directa.

A menudo, continúa siendo estudiada como filósofa, en gran parte, debido a sus discusiones críticas de filósofos como Sócrates, Platón, Aristóteles, Immanuel Kant, Martin Heidegger y Karl Jaspers, además de representantes importantes de la filosofía política moderna como Maquiavelo y Montesquieu. Precisamente gracias a su pensamiento independiente, la teoría del totalitarismo (Theorie der totalen Herrschaft), sus trabajos sobre filosofía existencial y su reivindicación de la discusión política libre, tiene Arendt un papel central en los debates contemporáneos.

Como fuentes de sus disquisiciones, Arendt emplea, además de documentos filosóficos, políticos e históricos, biografías y obras literarias. Estos textos son interpretados de forma literal y confrontados con el pensamiento de Arendt. Su sistema de análisis -parcialmente influido por Heidegger- la convierte en una pensadora original situada entre diferentes campos de conocimiento y especialidades universitarias. Su devenir personal y el de su pensamiento muestran un importante grado de coincidencia.

Conocida principalmente como ensayista política, Hannah Arendt también fue una crítica literaria sutil y atenta. Entre 1924 y 1929 cursó estudios de filosofía y teología, primero en Marburgo y en Friburgo y, finalmente, en Heidelberg. Tuvo por maestros a Edmund Husserl, Martin Heidegger y Karl Jaspers. Con este último se licenció en 1928. Obligada a abandonar la Alemania Hitleriana, se trasladó a Francia. Internada en 1940 con otros emigrados, consiguió huir durante la ocupación, instalándose en Estados Unidos. Allí colaboró en numerosas revistas y, tras haber sido invitada sucesivamente por las universidades de Berkeley y Chicago, enseñó teoría política en la School for Social Research de Nueva York.

Autora de numerosas obras, se dio a conocer en 1951 con un trabajo titulado Los orígenes del totalitarismo, su obra más reconocida, en la que sostiene que los totalitarismos se basan en la interpretación de la ley como "ley natural", visión con la que justifican la exterminación de las clases y razas teóricamente "condenadas" por la naturaleza y la historia; mediante el análisis del imperialismo del siglo XIX y de los regímenes totalitarios del XX, intentaba reconstruir las vicisitudes histórico-políticas que desembocaron en el antisemitismo. De todos modos, este aspecto fundamental de su obra siempre se halla inserto en el cuadro de una reflexión más general sobre la noción de política en el mundo moderno, como sucede en La condición humana (1958), obra en la que la autora se interroga sobre los núcleos esenciales de los conceptos políticos clave, como los de democracia, poder, violencia o dominio.

Puesto que el carácter público de la felicidad y la libertad, que Hannah Arendt identificaba respectivamente con las revoluciones francesa y americana (así en Sobre la revolución, 1963), se ha perdido en nuestra tradición, su proyecto se inserta en el ámbito casi utópico de una democracia radical que no se base sobre el principio de soberanía. En su último trabajo, La vida del espíritu, en tres volúmenes y que quedó inacabado, es evidente la referencia cada vez más clara a la influencia del pensamiento de Martin Heidegger, y a la renovación de las reflexiones de la tradición hebraica sobre las nociones de voz, escritura y trazo.


La finalidad de Los orígenes del totalitarismo (obra que sería reelaborada y traducida al alemán por su misma autora para una edición de 1955, prologada por Karl Jaspers) es demostrar que el nacionalsocialismo y el bolcheviquismo son distintos del despotismo y la tiranía, las formas de ejercicio autoritario del poder conocidas desde la antigüedad. Las condiciones y los procesos sociales que condujeron al totalitarismo y al sistema burocrático terrorista de los campos de concentración se analizan sirviéndose de abundante material documental. La autora divide su investigación en tres partes: antisemitismo, imperialismo y totalitarismo.

Según Arendt, los orígenes del totalitarismo se hallan "en la ruina y disgregación de los estados nacionales y en el desarrollo anárquico de las modernas sociedades de masas". Los distintos elementos desencadenados en este proceso de disgregación son presentados en las dos primeras partes del libro hasta llegar a sus orígenes históricos, para ser descritos, en la tercera, en su "cristalizada forma totalitaria". Arendt afirma que el antisemitismo (como concepción política, producto de los últimos decenios del siglo XIX) no puede explicarse simplemente como "odio por los judíos"; las ideas de dominio y persecución nacieron de los lugares comunes antisemitas de la ideología política burguesa cuando se disgregó el estado nacional con sus mecanismos de control.

En el desarrollo de la emancipación política de la burguesía hacia "la alianza entre capital y plebe" y en la sociedad dominada por el concepto seudocientífico de raza, con su máquina burocrática para la aniquilación, Arendt reconoce el resultado "de la propaganda y la organización totalitaria". El aparato estatal se independiza, la política secreta substituye a las leyes y la justicia y los campos de concentración y exterminio "sirven al régimen totalitario como laboratorios para la comprobación de su pretensión de dominio absoluto sobre el hombre". El nacionalsocialismo y la dictadura de los soviets sólo son posibles, según la autora, porque en estos sistemas "cada persona es reducida a una inmutable identidad de reacciones, de manera que cada uno de estos haces de reacciones puede intercambiarse por cualquier otro"; y uno de los motivos por los cuales el hombre moderno se convierte tan fácilmente en víctima de los movimientos totalitarios es "su creciente distanciamiento". 

Como periodista, la pensadora escandalizó a la opinión pública cuando, tras cubrir para The New Yorker el juicio de Adolf Eichmann, publicó un tratado en el que retrató al acusado como una persona normal, no como un demonio, fruto de su tiempo.

Hannah Arendt fue enviada a Jerusalén, ya bien entrado el año 1961, por el diario The New Yorker para cubrir el juicio contra el jerarca nazi Otto Adolf Eichmann. Después de asistir durante tres semanas, de abril a mayo, al proceso judicial -Arendt se marchó antes del interrogatorio y no llegó a escuchar la defensa de Eichmann-, regresó a América y, con calma, redactó sus conclusiones en un tratado que tituló Eichmann en Jerusalén: informe sobre la banalidad del mal. Sus artículos, publicados en 1962, provocaron un enorme alboroto. En ellos, la pensadora judía, que volvió a Europa habiendo "entendido" la crueldad del nazismo, no sólo intentó explicar el mal como fruto de unas circunstancias y una época concreta, sino que, además, acusó a los Consejos judíos, en concreto, a sus presidentes, de colaborar de hecho con los nazis. Y desató el escándalo.

Según Hannah Arendt, la cifra de judíos muertos en Europa, durante la primera mitad del siglo XX, hubiese sido significativamente inferior si los encargados de estos Consejos no hubiesen entregado a los líderes nazis, para salvar su propia piel, inventarios de sus congregaciones. Estas acusaciones de "colaboración" en la masacre se sumaron al cuestionamiento que añadió Arendt de la legalidad jurídica de Israel para sentar en el banquillo a Eichmann. Pero lo más inquietante del relato de Hannah Arendt, lo que más ampollas levantó en los lectores, es que la filósofa mostró a Eichmann, oficial de las SS encargado de los transportes en masa de los judíos a los campos de exterminio, como un hombre normal, un funcionario que declaraba cumplir con su deber y se enorgullecía de sus convicciones religiosas cristianas. Insinuó Arendt que el jefe nazi, a quien el fiscal de Jerusalén había retratado como un monstruo, era un hombre como tantos, un producto de su tiempo, del régimen que le tocó vivir. Ni siquiera una mala persona.

Hannah Arendt respondió como nunca se hubiese esperado de una judía, revisó la causa de su pueblo desde otra perspectiva que poco o nada gustó a la sociedad estadounidense, se deshizo de sus prejuicios, encaró un proceso desde una posición racional, no emocional, e instauró un concepto, el de la banalización del mal, que fue discutido, defendido y rechazado a partes iguales, años después una y mil veces. El hecho de definir a individuos que hacen el mal, que cometen crímenes, que hacen daño a otros, como personas normales, o, explicado de otra forma, de intentar entender como alguien completamente común llega a cometer hechos brutales, fue un movimiento interesante que muchos, sin embargo, vieron erróneamente ejemplificado en las palabras de Arendt. Pero la judía, en realidad, conocía a la perfección la historia de Eichmann. Sabía de lo que hablaba. Estaba al tanto de su antisemitismo feroz, de su voluntad de hacer el mal. Lo que intentaba explicar Arendt, mal entendido por muchos, es el abandono a un corriente, a un régimen, el rechazo a las decisiones personales, la renuncia al juicio propio.

La tesis de Hannah Arendt -convertida en 73 páginas en The New Yorker- volvió a abrir viejas heridas el año pasado, medio siglo después de su enunciación, culpa de la película de la realizadora alemana Margarethe von Trotta, ganadora de la Espiga de Plata en la Seminci (Semana de Cine de Valladolid). Y la que fue una de las grandes polémicas intelectuales del siglo XX volvió a monopolizar conversaciones mientras los alemanes se revolvieron de nuevo en su historia, demasiado reciente todavía. ¿Se convirtió este señor alemán, formado y serio, en el mayor criminal de su tiempo por pura vocación o porque alguien se lo impuso? Actualmente no vivimos ese terror nazi con el que tuvo que lidiar Hannah Arendt, pero, por su frecuencia y presencia mediática, el mal se vuelve una realidad cotidiana y constituye la atmósfera de una amenaza suspendida sobre nuestras cabezas. Hoy, la banalización del mal se alcanza por hacer de lo extraordinario algo que se repite a diario. Todos nos volvemos temerosos de los enemigos de la sociedad abierta en la que vivimos, a lo que ayuda hablar indiscriminadamente del mal.

Esta masividad del mal provoca que, por el hartazgo, caigamos en la indiferencia. No tenemos tiempo para el dolor ni espacio para el duelo. Antes de haber terminado de oír una luctuosa noticia, la siguiente está en la antesala. No queda lugar para el olvido porque no tenemos tiempo para el recuerdo. La memoria ya no es necesaria. Pero esto no es sin efectos: el mayor de ellos es que el discurso actual vuelve la existencia de cada uno de nosotros una mera contingencia. Si la vida ya no necesita tener un sentido, ¿por qué la muerte, producto del desencadenamiento de las fuerzas del mal, habría de ser justificada?

El aparato psíquico humano no está hecho para el sobresalto, para lo enigmático, para lo inexplicable. Por eso necesita consumir sentido y es por ello que una de las formas que adquiere la banalización del mal es la que consiste en explicarlo, proporcionándole sentido. Frente a esto es necesario afirmar que el mal, aunque sea inevitable, no tiene sentido. No tiene sentido pero sí tiene causa, causa que no es otra que la del goce destructivo del propio sujeto, el agente del mal. Porque el mal es un sinsentido actuado.


FUENTES: Wikipedia, Biografías y vidas, La Voz de Galicia