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jueves, 15 de enero de 2015

Rosa Luxemburgo: La Rosa de la Revolución

Hoy se cumplen 96 años del infame asesinato de Rosa Luxemburgo, una mujer con una firme creencia en la idea del socialismo, el feminismo y el antimilitarismo.

"¡El orden reina en Berlín!" ¡Estúpidos secuaces! Vuestro "orden" está construido sobre la arena. Mañana la revolución se levantará vibrante y anunciará con su fanfarria, para terror vuestro: ¡Yo fui, yo soy y yo seré!". (Últimas palabras de Rosa Luxemburgo escritas la misma noche de su asesinato).


ROSA LUXEMBURGO: REVOLUCIÓN, INTERNACIONALISMO Y EMANCIPACIÓN.

Rosa Luxemburg o Rosa Luxemburgo (Zamosc, parte polaca del Imperio Ruso, 5 de marzo de 1871 - Berlín, Alemania, 15 de enero de 1919), quizá fue la mujer y teórica marxista más importante del período revolucionario entre 1880 y 1918. Su padre fue Elías Luxemburg, comerciante de maderas judío, y su madre Line Löwenstein. Rosa tuvo cuatro hermanos mayores que ella y nació con un defecto en el crecimiento que la discapacitó físicamente toda su vida. 

Con apenas 22 años, Rosa Luxemburgo fundó en 1893 el periódico La causa de los trabajadores (Sprawa Robotnicza, junto a Leo Jogiches y Julian Marchlewski, alias 'Julius Karshi'), desde el que se criticaban las políticas nacionalistas del Partido Socialista de Polonia. Rosa Luxemburgo creía que una Polonia independiente sólo podía derivarse de una revolución proletaria en Alemania, Austria y Rusia. Ella mantenía que la lucha social frente al capitalismo era lo esencial, cuestionando en cierto modo el posterior concepto de derecho de autodeterminación de las naciones bajo el socialismo, desarrollado por Lenin, con quien sostuvo debates dialécticos al respecto. 

Militancia en el SPD alemán. Lucha frente al imperialismo y por el internacionalismo.

En 1898 Rosa Luxemburgo obtuvo la ciudadanía alemana al casarse con Gustav Lübeck y se mudó a Berlín. Su capacidad política y dialéctica la llevó pronto a ser una de las portavoces del partido. Temible tanto hacia el exterior, frente a sus enemigos políticos y de clase, como hacia el interior del movimiento socialdemócrata, donde denunció repetidamente el creciente conformismo parlamentario del SPD frente a la cada vez más probable situación de guerra. Rosa insistió en que el conflicto entre capital y trabajo sólo podía ser superado históricamente si el proletariado tomaba el poder y se producía un cambio revolucionario en todo el contexto de los medios de producción. Quería que los revisionistas abandonaran el SPD, lo cual no tuvo lugar, pero al menos consiguió que el líder del partido, Karl Kautsky, mantuviera el marxismo en el programa del SPD; aun cuando su intención era exclusivamente aumentar el número de escaños en el Reichstag. Desde 1900, Rosa Luxemburgo expresó sus opiniones sobre los problemas económicos y sociales en varios artículos en periódicos de toda Europa. Sus ataques al militarismo alemán y al imperialismo se volvieron más insistentes conforme vislumbraba la posibilidad de una guerra en Europa, e intentó persuadir al SPD en el sentido de tomar la dirección opuesta. Rosa Luxemburgo quería organizar una huelga general que uniera solidariamente a todos los trabajadores europeos y así evitar la Primera Guerra Mundial, pero el líder del partido se opuso y esto provocó la ruptura de Rosa con Kautsky en 1910.

Relaciones con Lenin y otros líderes obreros.

Entre 1904 y 1906 su trabajo se vio interrumpido a causa de tres encarcelamientos por motivos políticos. Sin embargo, Rosa Luxemburgo mantuvo su actividad política; en 1907 tomó parte en el V Congreso del Partido Obrero Socialdemócrata Ruso (POSDR) en Londres, donde se entrevistó con Lenin [el POSDR fue el partido de Lenin y los bolcheviques (sector mayoritario del partido) antes de su transformación en Partido Comunista a raíz de la Revolución Socialista de 1917 en Rusia]. En el Segundo Congreso Socialista Internacional en Stuttgart (Alemania), presentó una resolución -que fue aprobada- para que todos los partidos obreros europeos se unieran en el objetivo de evitar la guerra. 

Por esos años Rosa comenzó a enseñar marxismo y economía en el centro de formación del SPD en Berlín. Uno de sus alumnos fue el que más tarde se convertiría en líder del SPD y primer presidente de la República de Weimar, Friedrich Ebert, que tuvo mucho que ver en el desenlace final de la vida de Rosa Luxemburgo, como veremos más adelante.

En 1912, como representante del SPD, participó en los congresos socialistas europeos como el que tuvo lugar en París. Ella y el socialista francés Jean Jaurès propusieron que en el caso de que estallara la guerra, los partidos obreros de Europa debían declarar la huelga general. Al ocurrir el atentado de Sarajevo contra el archiduque Francisco Fernando y su mujer, que fueron asesinados el 28 de junio de 1914, y aparecer la guerra como algo ya inevitable, organizó varias manifestaciones (por ejemplo, la de Francfort) llamando a la objeción de conciencia en el servicio militar y a no obedecer las órdenes. A causa de esto fue acusada de "incitar a la desobediencia contra la ley y el orden de las autoridades" y sentenciada a un año de prisión. Su detención, sin embargo, no se produjo inmediatamente, lo que le permitió tomar parte en una reunión de la dirección socialista en julio, en la que confirmó desoladoramente que el sentimiento nacionalista de los partidos obreros era más fuerte que su conciencia de clase.

Su ruptura con el SPD: antimilitarismo y fundación de la 'Liga de Spartakus'.

Activa militante del SPD alemán hasta 1914, año en que abandona este partido al considerar la adhesión del SPD a la "guerra entre imperialistas" desde el nacionalismo alemán como una traición a los principios de la Internacional. En efecto, tras comenzar la Primera Guerra Mundial en agosto de 1914, el SPD hizo suya la política de Unión Sagrada, que consistía en colaborar con el Kaiser (emperador del II Reich alemán) y los jefes del ejército para llevar a cabo la guerra, incumpliendo de esa manera los acuerdos de los congresos de la II Internacional en el sentido de oponerse a la guerra por todos los medios. Otro tanto sucedió con los socialistas franceses pese a la oposición de su líder, Jean Jaurès. La II Internacional saltaba en pedazos. Sólo un pequeño grupo de la izquierda del partido alemán mantiene los postulados antibélicos, agrupados en torno al diputado Karl Liebknecht, Franz Mehering, Clara Zetkin, Leo Jogiches y donde destacaría la figura de Rosa Luxemburgo. A partir de 1916 este grupo es conocido con el nombre de la Liga de Spartakus (los espartakistas o espartaquistas en español) porque inicia la publicación de una revista que lleva por título Cartas de Spartacus (en memoria de Espartaco, héroe comunista de los esclavos sublevados en la antigua república de Roma hace más de veinte siglos).

El nuevo grupo rechazó el "alto el fuego" entre el SPD y el gobierno alemán del Káiser Guillermo II por la cuestión de la financiación de la guerra, luchando vehementemente en su contra e intentando provocar una huelga general. Como consecuencia de ello, el 28 de junio de 1916 Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht fueron sentenciados a dos años y medio de prisión. Durante este tiempo escribió varios artículos usando el seudónimo de 'Junius', los cuales fueron sacados clandestinamente de la cárcel y publicados ilegalmente. En ellos se incluía el titulado "La Revolución rusa", en el cual criticaba a los bolcheviques y con lúcida anticipación avisaba del peligro de que se desarrollase una dictadura si se seguía el criterio bolchevique (aunque, sin embargo, continuó utilizando el término "dictadura del proletariado"). Fue en este contexto en el que escribió su famosa frase: "Freiheit ist immer die Freiheit des Andersdenkenden" ("La libertad siempre ha sido y es la libertad para aquéllos  y aquéllas que piensan diferente"). 

En abril de 1917 se produce la escisión del SPD, surgiendo el USPD (Partido Socialdemócrata Independiente Alemán) que se opone a la guerra y propone una paz negociada. Los espartaquistas, aproximadamente un millar de militantes, se integran en el nuevo partido, que cuenta con unos cien mil afiliados. La gran mayoría de la clase obrera alemana y de las clases medias compartían el fervor nacionalista que se había suscitado al inicio de la guerra, sin embargo, las grandes perdidas humanas, las privaciones crecientes y el impacto de la Revolución rusa, fueron generando un gran descontento en el pueblo alemán. En 1917 se produjo un primer motín en la Flota de guerra. En enero de 1918 tuvo lugar una huelga general que siguieron un gran número de ciudades, formándose los primeros consejos obreros a semejanza de los soviets (consejos) rusos. El gobierno reaccionó mediante la represión de los trabajadores, pero hubo una nueva huelga en Berlín en abril en 1918 organizada por los llamados delegados revolucionarios, militantes independientes de los partidos, que gozaban de la confianza de sus compañeros.

La paz y la señal para la revolución... o la reforma.

En octubre de 1918 se sublevaron las tripulaciones de los barcos de guerra anclados en el puerto báltico de Kiel, lo que fue el detonador de una gran ola revolucionaria en toda Alemania. De Kiel la revolución se extiende a Hamburgo, Holstein, Hannover, Brunswick, Colonia, Munich, Rostock, Leipzig, Dresden, Stuttgart, Núremberg y otras ciudades... El dirigente del SPD, Scheidemann, proclama en el Reichstag la "República Alemana". Dos horas después, Liebknecht proclama ante los manifestantes la "República Socialista Libre de Alemania", pero pronto quedará claro que será la primera declaración la que prevalezca.

El surgimiento de los consejos de obreros y de soldados en toda Alemania es una creación espontánea de las masas, influidas -sin duda- por el ejemplo ruso, pero al mismo tiempo esos consejos, penetrados por oficiales burgueses del ejército, son mayoritariamente socialdemócratas en su composición y sus aspiraciones coincidían con los objetivos reformistas de las cúpulas del SPD y el USPD: conclusión inmediata de la paz, abolición de la monarquía, instauración de la república parlamentaria, reformas sociales, etc. Para superar la -para ellos- peligrosa fase revolucionaria, el SPD levantará la bandera de la unidad socialista (reunificación del SPD y del USPD), con un apoyo mayoritario en las asambleas multitudinarias que se suceden por toda Alemania.

Frente a esta "situación acomodaticia", se levantarán los espartaquistas y otros grupos de la izquierda revolucionaria alemana. Éstos, secundados en cierta medida por el ala izquierda del USPD, hacen un llamamiento a las masas a profundizar la revolución y a transformarla en socialista, explicando que, para alcanzar esos objetivos, es necesaria la lucha armada para hacer frente a los militares de la burguesía y a los propios dirigentes socialdemócratas, a los que califican de traidores y contrarrevolucionarios. Pero la correlación de fuerzas les es adversa. Entre el 16 y el 20 de diciembre de 1918 se reúne el I Congreso de consejos de soldados y obreros de Alemania. De 480 delegados; 292 son del SPD, 84 del USPD, 11 pertenecen al grupo de extrema izquierda Unión de Revolucionarios y 10 a la Liga Spartakus.

La división estratégica entre ambos bloques, reformista-parlamentarista y revolucionario-bolchevique se fraguó antes, en noviembre, cuando el SPD consigue, en el marco del proceso de transición hacia la república tras la abdicación del Káiser Guillermo II, dos importantes iniciativas políticas: la primera que es el socialdemócrata Ebert quien asume el cargo de canciller alemán de manos del príncipe Max de Bade, presidente interino tras la abdicación de Guillermo II. La segunda iniciativa consistió en lograr atraer al USPD hacia un gobierno unitario dejando fuera a los espartaquistas. El 10 de noviembre Ebert anuncia la formación de un nuevo gobierno con tres ministros de cada partido que presenta en un gran mitín en el Circo Busch de Berlín. En ese mismo acto Karl Liebknecht, líder junto a Rosa Luxemburgo de los espartaquistas ocupa la tribuna para -entre otras cosas- afirmar que la Revolución Alemana "está amenazada por los que hoy marchan con la revolución y ayer estaban contra ella". En alusión a los príncipes, generales y dirigentes socialdemócratas que habían pactado la salida republicana parlamentaria. También manifiesta que "los enemigos de la revolución utilizan pérfidamente para sus propios fines la organización de los soldados", aludiendo a la hegemonía del SPD entre los consejos de soldados que incluían a mandos de alto grado que se habían pasado al campo republicano, frente a los consejos de los obreros, con mayor predominio revolucionario ... pero voces de "¡unidad!", "¡unidad!" ahogaron las palabras de Liebknecht.

Situada en el centro de Berlín, la 'Karl-Liebknecht-Haus' fue la sede del Comité Central del KPD de 1926 a 1933. En la actualidad es la sede de Die Linke ('La Izquierda'). Este edificio histórico está situado entre Alexanderplatz y Rosa-Luxemburg-Platz. 

Rosa Luxemburgo y los espartaquistas fundan el Partido Comunista de Alemania.

Los espartaquistas permanecen un mes y medio más en el USPD, para a finales de diciembre de 1918 lanzar un ultimátum a su dirección para romper con el proceso farsa liderado por los generales y el SPD. El ultimátum es rechazado y en las navidades de 1918 la Liga Espartaquista celebra una Conferencia Nacional en la que decide formar, junto a otros pequeños grupos, el Partido Comunista de Alemania (KPD Spartakusbund, en alemán) que celebra su congreso fundacional el 30 de diciembre, con su órgano de expresión Die Rote Fahne (La Bandera Roja) y varios miles de militantes distribuidos por toda Alemania, pero poca fuerza aún en Berlín.

En el Congreso triunfan los planteamientos de Rosa Luxemburgo, quien plantea la lucha por el poder revolucionario sobre la base de ganar previamente el apoyo mayoritario de la clase trabajadora, que mayoritariamente confiaba en la socialdemocracia. La tarea inmediata de los espartaquistas (ya comunistas) debía consistir en impulsar las luchas parciales de los trabajadores y difundir entre ellos el programa revolucionario socialista. Otros, que con el tiempo ganarían para su causa a Liebknecht, abogan por una conquista inmediata del poder, al modelo ruso, olvidando que en Alemania en noviembre ya se había firmado la paz, con lo que esa bandera, además de la de los campesinos, netamente conservadores en Alemania, les privaba de las mismas condiciones que habían tenido en Rusia los seguidores de Lenin. Estas diferencias estratégicas tuvieron su consecuencia en las decisiones tácticas; por ejemplo, en la decisión final, frente a la opinión de Rosa Luxemburgo, de no participación en las elecciones a la Asamblea Nacional constituyente de la República alemana de Weimar. [El KPD fue, ya entrada la década de 1930, el partido comunista más poderoso y masivo de Europa Occidental, con una fuerza creciente en relación con el SPD. Los comunistas alemanes consiguieron 100 escaños en el Reichstag en las elecciones de 1932].

La revolución que no pudo ser... "Una 'mujer diabólica' y un tipo 'dispuesto a jugarse el todo por el todo' al frente de los espartaquistas".

En enero una segunda ola revolucionaria sacudió Alemania, aunque algunos de los líderes del KPD -incluida Rosa Luxemburgo- no la deseaban promover previendo que iba a acabar mal (aunque otros intentaron aprovecharse). La situación se precipita cuando, tras una crisis de gobierno con la USPD, el canciller Ebert decide destituir a principios de 1919 al prefecto de policía de Berlín (Eichhorn, del USPD). El comité berlinés del USPD, los delegados revolucionarios y el KPD convocan una manifestación de protesta el 5 de enero en Berlín que cuenta con decenas de miles de participantes. Los representantes de las tres organizaciones convocantes deciden continuar la acción y los manifestantes ocupan los locales de varios diarios y algunas dependencias del gobierno como la prefectura de Policía. Se declara la Huelga General y se convoca una manifestación para el día siguiente.

En respuesta al levantamiento, el líder socialdemócrata Friedrich Ebert utilizó a la milicia nacionalista, los "Cuerpos libres" [Freikorps, posteriormente el germen de los primeros grupos nazi-fascistas alemanes], para sofocarlo. El SPD da "plenos poderes" a Gustav Noske, gobernador de Berlín y miembro del ala derecha del SPD, para organizar la represión en colaboración con los jefes militares a través de los cuerpos libres, milicias paramilitares con oficiales de confianza y mercenarios a sueldo. Uno de los jefes de esos cuerpos libres, el general Maercker arenga a sus hombres dándonos algunas claves sobre el conflicto: "Yo soy un viejo soldado. Durante 34 años he servido a tres emperadores. Amo y venero a[l Káiser] Guillermo II igual que el día en el que le presté juramento. Pero ahora el gobierno imperial ha sido reemplazado por el del canciller Ebert. Y este gobierno se encuentra en una situación muy difícil. Esa Rosa Luxemburgo es una mujer diabólica y Karl Liebknecht un tipo decidido a jugarse el todo por el todo [...]".

Entre los días 11 y 14 de enero de 1919 se produjeron duros combates en Berlín. El gobernador Noske lanza a los cuerpos francos en ofensiva el día 11, recuperando en los días siguientes los bastiones de los revolucionarios y la Prefectura de Policía. Tanto Rosa Luxemburgo como Liebknecht fueron capturados en Berlín el 15 de enero de 1919, siendo asesinados ese mismo día. Rosa Luxemburgo fue golpeada a culatazos hasta morir y su cuerpo arrojado a un canal cercano. Liebknecht recibió un tiro en la nuca, y su cuerpo fue enterrado en una fosa común. Otros cientos de miembros del KPD fueron asesinados y sus comités suprimidos.

Monumento actual a Rosa Luxemburgo en la orilla de un canal del distrito de Tiergarten (sur de Berlín), lugar donde fue arrojado el cadáver de la líder comunista tras ser asesinada junto a su camarada Karl Liebknecht. El artista quiso plasmar el nombre de Rosa emergiendo de las aguas del canal como una alegoría del futuro.


Algunas consecuencias de la Revolución alemana: la Historia rectifica a Marx.

La historia demostró que Marx subvaloró las fuerzas del imperialismo y del nacionalismo para que la revolución no triunfase en la industrializada Alemania y sí en la depauperada y campesina Rusia. La desaparición en enero de 1919 de la figura de Rosa Luxemburgo nos privó prematuramente de una de las mujeres con más relieve en la historia de los teóricos e intelectuales del socialismo. Quizá por compartir con Carlos Marx un origen judío, liberada de falsos chauvinismos, entendió de una manera muy precisa el internacionalismo como estrategia fundamental para la causa de la clase trabajadora, enfrentada en su época a penosas condiciones de explotación y al imperialismo, y combatiendo asimismo las desviaciones nacionalistas y reformistas del movimiento socialdemócrata. La muerte de Rosa Luxemburgo privó al socialismo internacional de una de sus más eminentes teóric@s marxistas y facilitó, por el contrario, el desarrollo de tendencias sectarias en el seno del KPD y de la propia Internacional. Sus críticas al menosprecio por ciertos aspectos formales de la democracia (participación de los comunistas en asambleas, elecciones, etc.) y a las estrategias que condujeron al triunfo de la teoría del "socialismo en un solo país" que terminó imponiendo Stalin tras la muerte de Lenin, marcaban un contrapunto cuya evolución hubiera sido interesante para el movimiento comunista internacional. Pero habrá otros hombres y mujeres que retomaron su antorcha.

Rosa Luxemburgo fue una de las primeras mujeres intelectuales del movimiento obrero. Junto a Clara Zetkin, o la española Dolores Ibárruri y un escaso pero significativo número de otras mujeres que, en lo que hoy calificaríamos como una sociedad terriblemente machista, se atrevieron a compartir debates, luchas y aventuras con sus homólogos masculinos.

Algunas de las obras de Rosa Luxemburgo publicadas en castellano son Reforma o Revolución (1900), Huelga de masas, partido y sindicato (1906), La Acumulación del Capital (1913) y La revolución rusa (1918), donde plantea una crítica constructiva a la misma y sostiene que la forma soviética de hacer la revolución no puede ser exportada a otros países; aunque defiende al mismo tiempo la vigencia de la "dictadura del proletariado" como estadio histórico previo al comunismo.


TEXTO: José Gabriel Zurbano* | FUENTE: Ciudad Futura

*Historiador.
Referencias biográficas y bibliográficas: Octubre Rojo. Oleadas revolucionarias en Europa (1917-1921), Historia 16, Temas de Hoy (1997) y Wikipedia.
Ilustración: "Rosa roja" ·Paco Arnau /Ciudad futura.

jueves, 11 de diciembre de 2014

Dolores Ibárruri: Vivir de pie

Hoy volvemos a repasar la vida de La Pasionaria, dentro de su contexto histórico, como nos la descubre el historiador José Gabriel Zurbano.


En este texto, José Gabriel Zurbano realiza un interesante resumen sobre la intensa y dilatada vida de la dirigente comunista internacional Dolores Ibárruri en su contexto histórico; desde sus inicios en su amada Euskadi natal, cuna de Dolores y de las primeras organizaciones obreras en España; hasta los últimos años de su larga vida, ya de vuelta a su patria en los primeros años de la Transición tras un largo exilio en Moscú. Todo ello sin olvidar el eminente papel que Pasionaria y su partido representaron durante la Guerra de España (1936-1939) frente a la sublevación fascista contra la legalidad democrática republicana de una parte del generalato con el apoyo imprescindible de la jerarquía y la mayor parte del clero de la Iglesia Católica, los terratenientes, el poder financiero y las potencias nazi-fascistas europeas de la época. De la misma manera que el PCE fue la columna vertebral del ejército popular de la República española durante la guerra, tras la derrota republicana Dolores Ibárruri fue la cabeza visible -primero como secretaria general y luego como presidenta- del partido que encarnó la única fuerza política relevante de oposición a la dictadura franquista durante casi cuatro décadas. Por todo ello, Pasionaria se convirtió, ya desde finales de los años 30, en la figura femenina internacional más destacada -como símbolo internacional que traspasó océanos y continentes- de las dos grandes pasiones que protagonizaron la vida de Dolores Ibárruri: el comunismo y la pionera lucha de los pueblos de España frente al fascismo, primero en los campos de batalla y después en la soledad de las trincheras de una ejemplar e inquebrantable lucha clandestina del PCE frente a la dictadura... Vivir de pie: todo un ejemplo para nuestras generaciones.

DOLORES IBÁRRURI, MADRE CORAJE, PALABRA, VOZ, FIGURA Y OBRA DEL ANTIFASCISMO ESPAÑOL.

La forja de un carácter (1895-1917).

Dolores Ibárruri Gómez (La Pasionaria, Gallarta, Vizcaya, 9 de diciembre de 1895 - Madrid, 12 de noviembre de 1989) nació en la zona minera de Vizcaya, la provincia más industrializada y populosa del País Vasco. Su padre, Antonio Ibárruri, era minero y carlista. Su madre, Dolores Gómez, castellana católica y devota también trabajó en la mina antes de casarse. "Soy pues, de pura cepa minera. Nieta, hija, mujer y hermana de mineros... yo no he olvidado nada" [1] De niña tuvo su rebeldía. Asistió a la escuela hasta los 15 años, albergando el deseo de ingresar en la Escuela Normal de Maestras, pero sus esperanzas quedaron frustradas por las necesidades económicas de su familia. Al finalizar sus estudios tuvo que ingresar en una academia de corte y confección que le permitió hallar empleo como sirvienta en la casa de una familia acomodada... el trabajo era agotador, se levantaba a las seis de la mañana y no se acostaba hasta las dos de la madrugada. El 15 de febrero de 1916, se casó en la iglesia de San Antonio de Padua de Gallarta con un minero socialista, Julián Ruiz: pero, como ella misma relata en su autobiografía hasta la guerra civil El único camino, no fue feliz en esta relación dadas las duras condiciones de la vida de las familias mineras y el machismo de su marido. Julián fue detenido tras la Huelga General revolucionaria en la España de 1917 y Dolores se encontró sola con la pequeña Esther, nacida el 29 de noviembre de 1916. La noticia de la Revolución socialista de Octubre de 1917 en Rusia representó para ella un potente rayo de esperanza. 

El primer artículo que publicó en el periódico obrero El Minero Vizcaíno fue escrito en la Semana Santa de 1918. Usó el seudónimo de Pasionaria para firmarlo. Vivió con emoción la revolución de los espartaquistas alemanes de Rosa Luxemburgo en enero de 1919 y cuando en 1921 se produjo la escisión en el PSOE que condujo a la fundación del Partido Comunista de España, Dolores Ibárruri estuvo entre los militantes socialistas vascos fundadores del nuevo partido comunista, siendo elegida rápidamente miembro del Comité Provincial de Vizcaya. En esa época siguieron deteniendo a su marido Julián con cada huelga... Cuando salía de prisión, Dolores solía quedar embarazada; su segundo hijo y único varón, Rubén, nació el 9 de enero de 1920, el mismo año en el que moriría la primogénita Esther. En julio de 1923 tuvo trillizas: Amaya, Amagoya y Azucena. El parto fue difícil y asistido por sus vecinas. Amagoya murió unos días más tarde y Azucena sobrevivió sólo dos años... Eva nació en 1928 y vivió apenas dos meses. La imposibilidad de pagar cuidados médicos y alimentar adecuadamente a sus hijos contribuyó a la muerte prematura de cuatro de los seis que tuvo. A pesar de ello trabajó muy duramente para su familia: plantaba hortalizas y hacía costura para el sastre del pueblo con el fin de incrementar los magros ingresos que provenían del salario de su marido.

Izquierda: Dolores y su hijo, Rubén Ruiz Ibárruri, posan felices en un parque de Moscú ya iniciada la Segunda Guerra Mundial. Rubén murió combatiendo en Stalingrado el 14 de septiembre de 1942, siendo miembro del 62º Cuerpo del Ejército Rojo, durante una encarnizada batalla con los nazis en los alrededores de la Estación Central de la ciudad del Volga. Militante comunista como su madre, Rubén Ruiz recibió a título póstumo la más alta condecoración de la URSS, la de Héroe de la Unión Soviética. Derecha: Dolores saluda al lado de su hija Amaya a la llegada de ambas al aeropuerto de Madrid el 13 de mayo de 1977 en un vuelo de Aeroflot procedente de Moscú. Esta histórica imagen, primera página de todos los diarios de la época, simbolizó la nueva etapa política que se iniciaba en España y el final de 38 largos años de exilio para Pasionaria.

viernes, 28 de noviembre de 2014

La filosofía de la praxis en el pensamiento de Rosa Luxemburgo


Por Michael Lowy

En la presentación de las Tesis sobre Feuerbach (1845) de Marx, que publicó a título póstumo en 1888, Engels las calificó como "primer documento que registra el germen genial de una nueva concepción del mundo". Así es, en este pequeño texto Marx supera dialécticamente -la famosa Aufhebung: negación/conservación/elevación- el materialismo y el idealismo anteriores, y formuló una nueva teoría que podría llamarse filosofía de la praxis.

Mientras los materialistas franceses del siglo XVIII insistían en la necesidad de cambiar las circunstancias materiales para que se transformaran los seres humanos, los idealistas alemanes aseguraban que la sociedad sería cambiada gracias a la formación de una nueva conciencia entre los individuos. En contra de estas dos percepciones unilaterales, que conducían a un callejón sin salida -y a la búsqueda de un "Gran Educador" o un "Supremo Salvador"-. Marx afirmó en la Tesis III: 
"La coincidencia del cambio de las circunstancias y de la actividad humana o autotransformación sólo puede ser considerada y comprendida racionalmente en tanto que práctica (praxis) revolucionaria".(1)
En otras palabras: en la práctica revolucionaria, en la acción colectiva emancipadora, el sujeto histórico -las clases oprimidas- transforma al mismo tiempo las circunstancias materiales y su propia conciencia. Marx volvió a esta problemática en La ideología Alemana (1846), al escribir:
"Esta revolución se ha hecho necesaria no sólo por ser el único medio de derribar a la clase dominante, sino también porque sólo una revolución permitirá a la clase que derriba a la otra barrer toda la podredumbre del viejo sistema que se le ha quedado pegada y volverse capaz de fundar la sociedad sobre bases nuevas".(2)
Esto quiere decir que la autoemancipación revolucionaria es la única forma posible de liberación: sólo por su propia praxis, por su experiencia en la acción, pueden las clases oprimidas cambiar su conciencia, al mismo tiempo que subvierten el poder del capital. Es verdad que en textos posteriores -por ejemplo, la famosa introducción de 1857 a la Crítica de la Economía Política- encontramos una versión mucho más determinista, considerando la revolución como el resultado inevitable de la contradicción entre fuerzas y relaciones de producción; pero como lo demuestran sus principales escritos políticos, el principio de la autoemancipación de los trabajadores continúan inspirando su pensamiento y su acción.

Fue Antonio Gramsci, en sus Cuadernos de Prisión de los años 1930, quien utilizó por primera vez la expresión "filosofía de la praxis" para referirse al marxismo. Algunos pretenden que era sólo de un ardid para engañar a sus carceleros fascistas, recelosos de cualquier referencia a Marx; pero esto no explica por qué Gramsci escogió esta fórmula y no otra, como podría ser "dialéctica racional" o "filosofía crítica". En realidad, con esta expresión definió, de manera precisa y coherente, lo que distingue al marxismo como visión específica del mundo, y se disocia, de manera radical, de las lecturas positivistas y evolucionistas del materialismo histórico.

Pocos marxistas del siglo XX fueron más cercanos que Rosa Luxemburgo al espíritu de esta filosofía marxista de la praxis. Ciertamente, ella no escribía textos filosóficos ni elaboraba teorías sistemáticas; como observa con razón Isabel Loureiro, "sus ideas, dispersas en artículos periodísticos, folletos, discursos, cartas... son respuestas inmediatas a la coyuntura más que una teoría lógica e internamente coherente" (3). Eso no quita para que la filosofía de la praxis marxiana, que interpretó de forma original y creadora, fuera el hilo conductor -en el sentido eléctrico de la palabra- de su obra y de su acción como revolucionaria. Pero su pensamiento no era estático: era una reflexión en movimiento, enriquecida con la experiencia histórica. Intentaremos reconstruir aquí la evolución de su pensamiento por medio de algunos ejemplos.

Es verdad que sus escritos están atravesados por una tensión entre el determinismo histórico -la inevitabilidad del derrumbamiento del capitalismo- y el voluntarismo de la acción emancipadora. Esto se aplica en particular a sus primeros trabajos (antes de 1914). Reforma o Revolución (1899), el libro por el que es conocida en el movimiento obrero alemán e internacional, es un ejemplo claro de esta ambivalencia. En contra de Bernstein, proclamaba que la evolución del capitalismo llevaba necesariamente al derrumbamiento (Zusammenbruch) del sistema, y que este hundimiento era la vía histórica que llevaba a la realización del socialismo. En última instancia era una variante socialista de la ideología del progreso inevitable que dominó el pensamiento occidental desde la Filosofía de las Luces. Lo que salvaba su argumento de un economicismo fatalista era la pedagogía revolucionaria de la acción: "sólo en el curso de largas y persistentes luchas adquirirá el proletariado el grado de madurez política que le permitirá obtener la victoria definitiva de la revolución" (4). 

Esta concepción dialéctica de la educación por la lucha fue también uno de los principales ejes de su polémica con Lenin en 1904: "sólo en el curso de la lucha se recluta el ejército del proletariado y toma conciencia de los objetivos de esta lucha. La organización, los progresos de la conciencia (Aufklärung) y el combate no son frases particulares, separadas en el tiempo y de forma mecánica (...) sino, por el contrario, aspectos diversos de un solo y mismo proceso" (5).

Desde luego, reconocía Rosa Luxemburgo, la clase puede equivocarse en el curso de este combate, pero en última instancia, "los errores cometidos por un movimiento obrero verdaderamente revolucionario son históricamente mucho más fecundos y más preciosos que la infalibilidad del mejor 'Comité Central'". La autoemancipación de los oprimidos implica la autotransformación de la clase revolucionaria por medio de su experiencia práctica; ésta, a su vez, no sólo produce la conciencia -tema clásico del marxismo- sino también la voluntad:
"El movimiento histórico universal (Wltgeschichtlich) del proletariado hacia su emancipación integral es un proceso cuya particularidad reside en que, por primera vez desde que existe la sociedad civilizada, las masas del pueblo hacen valer su voluntad conscientemente y en contra de todas las clases gobernantes (...) Ahora bien, las masas sólo pueden adquirir y reforzar esta voluntad en la lucha cotidiana contra el orden constituido, es decir, en los límites de este orden" (6).
Podría compararse la visión de Lenin con la de Rosa Luxemburgo por medio de la siguiente imagen: para Vladimir Illich, redactor del periódico Iskra, la chispa revolucionaria la aporta la vanguardia política organizada, desde fuera hacia el interior de las luchas espontáneas del proletariado; para la revolucionaria judía/polaca, la chispa de la conciencia y de la voluntad revolucionaria prende en el combate, en la acción de masas. Es verdad que su concepción del partido como expresión orgánica de la clase se correspondía más a la situación en Alemania que en Rusia o Polonia, donde se planteaba ya la cuestión de la diversidad de partidos referidos al socialismo.

Los acontecimientos revolucionarios de 1905 en el Imperio zarista ruso confirmaron a Rosa Luxemburgo en su concepción de que el proceso de toma de conciencia de las masas obreras era menos el resultado de la actividad educadora -Aufklärung- del partido que de la experiencia de acción directa y autónoma de los trabajadores:
"El brusco levantamiento general del proletariado en enero, desencadenado por los acontecimientos de San Petesburgo, fue, en su acción exterior, un acto político revolucionario, una declaración de guerra al absolutismo. Pero esta primera lucha general y directa de las clases tuvo un impacto aún más poderoso en su interior, despertando por primera vez, como una sacudida eléctrica (einen elektrischen Schlag), el sentimiento y la conciencia de clase en millones y millones de individuos (...) El absolutismo deberá ser derribado en Rusia por el proletariado. Pero el proletariado necesitará para ello un alto grado de educación política, conciencia de clase y organización. No puede aprender todo esto en folletos o en octavillas, sino que adquirirá esta educación en la escuela política viva, en la lucha y por la lucha, en el curso de la revolución en marcha" (7).
La polémica referencia a "los folletos y las octavillas" parece subestimar la importancia de la teoría revolucionaria en el proceso; por otra parte, la actividad política de Rosa Luxemburgo, consistente en gran medida en redactar artículos periodísticos y folletos -por no hablar de sus obras teóricas en el campo de la economía política- demuestra sin ninguna duda el decisivo significado que concedía al trabajo teórico y a la polémica política en el proceso de preparación de la revolución.

En este famoso folleto de 1906 sobre la huelga de masas, la revolucionaria polaca seguía utilizando todavía los tradicionales argumentos deterministas: la revolución tendrá lugar "con la necesidad de una ley de la naturaleza". Pero su visión concreta del proceso revolucionario coincidía con la teoría de la revolución de Marx, tal como la presentó en La Ideología Alemana (obra que no podía conocer, ya que no fue publicada hasta después de su muerte): la conciencia revolucionaria sólo puede generalizarse en el curso de un movimiento "práctico", la transformación "masiva" de los oprimidos, en el curso de la propia revolución. La categoría de la praxis -que para ella, como para Marx, es la unidad dialéctica entre lo objetivo y lo subjetivo, la mediación por la cual la clase en sí se convierte en clase para sí- le permitió superar el dilema paralizante y metafísico de la socialdemocracia alemana, entre el moralismo abstracto de Bernstein y el economicismo mecánico de Kautsky: para el primero, el cambio "subjetivo", moral y espiritual, de los "seres humanos" era la condición para el advenimiento de la justicia social, mientras que para el segundo la evolución económica objetiva conducía "fatalmente" al socialismo. Esto permite comprender mejor por qué Rosa Luxemburgo se opuso no sólo a los revisionistas neo-kantianos, sino también, desde 1905, a la estrategia de "atentismo" pasivo defendida por el así denominado "centro ortodoxo" del partido.

Esta misma visión dialéctica de la praxis le permitió, también, superar el tradicional dualismo encarnado por el Programa de Erfurt del SPD, entre las reformas, o "programa mínimo", y la revolución, "el objetivo final". Con la estrategia de huelga de masas que propuso en Alemania en 1906 -en contra de la burocracia sindical- y en 1910 -en contra de Karl Kautsky- Rosa Luxemburgo esbozó un camino capaz de transformar las luchas económicas o el combate por el sufragio universal en un movimiento revolucionario general.

Al contrario que Lenin, que distingue entre la "conciencia trade-unionista (sindical)" y la "conciencia socialdemócrata (socialista)", ella sugiere una distinción entre la conciencia teórica latente, característica del movimiento obrero en los períodos de dominación del parlamentarismo burgués, y la conciencia práctica y activa, que surge en el curso del proceso revolucionario, cuando las propias masas -y no sólo los diputados y dirigentes del partido- aparecen en la escena política; gracias a esta conciencia práctica-activa las capas menos organizadas y más atrasadas pueden llegar a ser, en período de lucha revolucionaria, el elemento más radical. De esta premisa deriva su crítica a quienes basan su estrategia política en una estimación exagerada del papel de la organización en la lucha de clases -acompañada por lo general de una subestimación del proletariado no organizado- olvidando el papel pedagógico de la lucha revolucionaria:
"Seis meses de revolución harán más por la educación de estas masas hoy desorganizadas que diez años de reuniones públicas y distribuciones de octavillas" (8).
¿Era Rosa Luxemburgo espontaneista? No del todo... En su folleto Huelga general, partido y sindicatos (1906) insiste, refiriéndose a Alemania, en que el papel de "la vanguardia más esclarecida" no es esperar "con fatalismo" a que el movimiento espontáneo "caiga del cielo". Al contrario, la función de esta vanguardia es precisamente "anticipar (vorauseilen) el curso de las cosas, intentar precipitarlo". Reconoce que el partido socialista debe tomar la dirección política de la huelga de masas, lo cual consiste en "proporcionar al proletariado alemán una táctica y objetivos para el período de luchas por venir": llega a proclamar que la organización socialista es "la vanguardia de toda la masa de los trabajadores" y que "el movimiento obrero obtiene su fuerza, su unidad, su conciencia política de esta misma organización" (9).

Hay que añadir que la organización polaca dirigida por Rosa Luxemburgo, el Partido Socialdemócrata del Reino de Polonia y de Lituania (SDKPiL), clandestino y revolucionario, se parecía más al partido bolchevique que a la socialdemocracia alemana... Hay que considerar también un aspecto poco conocido de Rosa Luxemburgo: su actitud hacia la Internacional (sobre todo después de 1914), que concebía como un partido mundial centralizado y disciplinado. Resulta una gran ironía que Karl Liebnecht, en una carta a Rosa Luxemburgo, critique su concepción de la Internacional como "demasiado centralista-mecánica", con "demasiada 'disciplina' y demasiado poca espontaneidad", considerando a las masas "demasiado como instrumentos de la acción, no como portadoras de la voluntad; como instrumentos de la acción deseada y decidida por la Internacional, y no en tanto que quieren y desean por sí mismas" (10).

Paralelamente a este voluntarismo activista, el optimismo determinista (económico) de la teoría del Zusammenbruch, el hundimiento del capitalismo víctima de sus contradicciones, no desapareció de sus escritos, al contrario: se encuentra en el centro mismo de su gran obra económica, La acumulación del capital (1911). Sólo después de 1914, en el folleto La crisis de la socialdemocracia, escrito en prisión en 1915 -y publicado en Suiza en enero de 1916 bajo el seudónimo de "Junius"- superó esta visión tradicional del movimiento socialista de comienzos de siglo. Este documento, gracias al lema "socialismo o barbarie", representó un giro en la historia del pensamiento marxista. Curiosamente, la argumentación de Rosa Luxemburgo comienza refiriéndose a las "leyes inalterables de la historia"; reconoce que la acción del proletariado "contribuye a determinar la historia", pero parece creer que se trata sólo de acelerar o retardar el proceso histórico. Hasta ahí, nada nuevo.

Pero en las líneas siguientes compara la victoria del proletariado con "un salto que hace pasar a la humanidad del reino animal al reino de la libertad", añadiendo: este salto sólo será posible "si, del conjunto de las premisas materiales acumuladas por la evolución, se enciende la chispa incendiaria (zündende Funke) de la voluntad consciente de la gran masa popular". Encontramos aquí la famosa Iskra, la chispa de la voluntad revolucionaria capaz de hacer estallar la pólvora seca de las condiciones materiales. ¿Qué produce esta zündende Funke? Sólo gracias a una "larga serie de enfrentamientos hará el proletariado internacional su aprendizaje bajo la dirección de la socialdemocracia e intentará tomar las riendas de su propia historia (seine Geschichte)..." (11). En otras palabras: sólo en la experiencia práctica prende la chispa de la conciencia revolucionaria de los oprimidos y explotados.

Introduciendo la expresión socialismo o barbarie, "Junius" acude a la autoridad de Engels, en un escrito de "hace una cuarentena de años" -una referencia sin duda al Anti-Duhring (1878)-: "Friedrich Engels dijo una vez: 'La sociedad burguesa se encuentra ante un dilema: o paso al socialismo o recaída en la barbarie'" (12). De hecho, lo que escribió Engels es bastante diferente:
"Las fuerzas productivas engendradas por el modo de producción capitalista moderno, y el sistema de distribución de los bienes que ha creado, han entrado en contradicción flagrante con el propio modo de producción, hasta que hace necesario un cambio radical del modo de producción y distribución, si no se quiere ver desaparecer toda la sociedad moderna" (13).
El argumento de Engels -fundamentalmente económico y no político, como el de "Junius"- era más bien retórico, una especie de demostración por el absurdo de la necesidad del socialismo, para evitar la "la desaparición" de la sociedad moderna -una fórmula vaga cuyo alcance no se llega a entender bien. De hecho, fue Rosa Luxemburgo quien inventó, en el sentido estricto de la palabra, la expresión "socialismo o barbarie", que tanto impacto tendrá a lo largo del siglo XX. La referencia a Engels pretendía dar más legitimidad a una tesis bastante heterodoxa. La guerra mundial, y el hundimiento del movimiento obrero internacional en agosto de 1914, acabó por quebrar su convicción en la victoria inevitable del socialismo.

En los siguientes párrafos, "Junius" desarrolló su innovador punto de vista:
"Nos situamos ante esta disyuntiva: o triunfo del imperialismo y decadencia de toda civilización, y como consecuencia, como en la antigua Roma, la despoblación, la desolación, la degeneración, un gran cementerio; o victoria del socialismo, es decir, de la lucha consciente del proletariado internacional contra el imperialismo y contra su método de acción: la guerra. Es un dilema de la historia del mundo, un todavía indeciso 'o esto -o lo otro', cuyos platillos se balancean ante la decisión del proletariado consciente" (14).
Se puede discutir el significado del concepto de "barbarie": se trata sin duda de una barbarie moderna, "civilizada" -la comparación con la antigua Roma no es muy pertinente-, y en este caso la afirmación del folleto de "Junius" se reveló profética: el fascismo alemán, manifestación suprema de la barbarie moderna, pudo tomar el poder gracias a la derrota del socialismo. Pero lo más importante de la fórmula "socialismo o barbarie" es el término "o": se trata del reconocimiento de que la historia es proceso abierto, que el futuro no está todavía decidido -por las "leyes de la historia" o de la economía- sino que depende, en definitiva, de los factores "subjetivos": la conciencia, la decisión, la voluntad, la iniciativa, la acción, la praxis revolucionaria. Es cierto, como señala Isabel Loureiro en su excelente libro, que incluso en el folleto de "Junius" -y en los textos posteriores de Rosa Luxemburgo- se siguen encontrando referencias al hundimiento inevitable del capitalismo, a la "dialéctica de la historia" y a la "necesidad histórica del socialismo" (15). Pero en última instancia, la fórmula "socialismo o barbarie" sienta las bases de otra concepción de la "dialéctica de la historia", distinta del determinismo económico y de la ideología iluminista del progreso inevitable.

Volvemos a encontrar la filosofía de la praxis en el centro de la polémica de 1918 sobre la Revolución rusa, otro texto capital redactado detrás de los barrotes. La trama esencial de este documento es bien conocida: por una parte, el apoyo a los bolcheviques, y a sus dirigentes, Lenin y Trotsky, que han salvado el honor del socialismo internacional al atreverse a llevar a cabo la Revolución de Octubre; por otra parte, un conjunto de críticas, algunas de ellas -sobre la cuestión agraria y la cuestión nacional- muy discutibles, mientras que otras -el capítulo sobre la democracia- resultan proféticas. Lo que inquietaba a la revolucionaria judía/polaca/alemana era sobre todo la supresión, por los bolcheviques, de las libertades democráticas -libertad de prensa, de asociación, de reunión-, que son precisamente la garantía de la actividad política de las masas obreras; sin ellas, "la dominación de las amplias capas populares es absolutamente impensable". Las gigantescas tareas de la transición al socialismo "a las que se han dedicado los bolcheviques con coraje y determinación", no pueden ser realizadas sin que "las masas reciban una educación política muy intensiva y acumulen experiencias", lo que no es posible sin libertades democráticas. La construcción de una nueva sociedad es un terreno virgen que plantea "mil problemas" imprevistos; ahora bien, "sólo la experiencia permite las correcciones y la apertura de nuevas vías". El socialismo es un producto histórico "surgido de la escuela misma de la experiencia": el conjunto de las masas populares (Volksmassen) debe participar de esta experiencia, si no "el socialismo es decretado, otorgado por una docena de intelectuales reunidos alrededor de un tapete verde". El único remedio para los inevitables errores del proceso de transición es la propia práctica revolucionaria: "la revolución en sí y su principio renovador, la vida intelectual, la actividad y la autorresponsabilidad (Selbsvergantwortung) de las masas, en una palabra, la revolución bajo la forma de la más amplia libertad política es el único sol que salva y purifica" (16).

Este argumento es mucho más importante que el debate sobre la Asamblea Constituyente, donde se concentraron las objeciones "leninistas" al texto de 1918. Sin libertades democráticas, la praxis revolucionaria de las masas, la autoeducación popular por la experiencia, la autoemancipación de los oprimidos y el ejercicio del poder mismo por la clase de los trabajadores, son imposibles.

György Lukacs, en su importante ensayo "Rosa Luxemburg marxista" (enero 1921), mostró con gran agudeza cómo, gracias a la unidad de la teoría y la praxis -formulada por Marx en sus Tesis sobre Feuerbarch- la gran revolucionaria había conseguido superar el dilema de la impotencia de los movimientos socialdemócratas, "el dilema del fatalismo de las leyes puras y de la ética de las intenciones puras". ¿Qué significa esta unidad dialéctica?
"Así como el proletariado como clase sólo puede conquistar y conservar su conciencia de clase, elevarse al nivel de su tarea histórica -objetivamente dada-, en el combate y la acción, de igual medida el partido y el militante individual sólo pueden apropiarse realmente su teoría realizando esta unidad en su praxis" (17).

Resulta por tanto sorprendente que, apenas un año más tarde, Lukacs redactase el ensayo -formando también parte de Historia y Conciencia de Clase (1923)- titulado "Comentarios críticos sobre la crítica de la revolución rusa en Rosa Luxemburg" (enero 1922), rechazando en bloque el conjunto de comentarios disidentes de la fundadora de la Liga Spartacus, pretendiendo que "se representa la revolución proletaria bajo las formas estructurales de las revoluciones burguesas" (18) -una acusación poco creíble, como lo demuestra Isabel Loudeiro (19). ¿Cómo explicar la diferencia, en el tono y en el contenido, entre el ensayo de enero de 1921 y el de enero de 1922? ¿Una conversión rápida al leninismo ortodoxo? Tal vez, pero lo más probable es la posición de Lukacs respecto a los debates en el seno del comunismo alemán. Paul Levi, el principal dirigente del KPD (Partido Comunista Alemán), se había opuesto a la "Acción de Marzo de 1921", una tentativa fracasada de levantamiento comunista en Alemania, sostenida con entusiasmo por Lukacs (aunque criticada por Lenin...); excluido del partido, Paul Levi decidió en 1922 publicar el manuscrito de Rosa Luxemburgo sobre la Revolución Rusa, que la autora le había confiado en 1918. La polémica de Lukacs con este documento es también, indirectamente, un ajuste de cuentas con Paul Levi.

En realidad, el capítulo sobre la democracia de este documento de Luxemburgo es uno de los textos más importantes del marxismo, del comunismo, de la teoría crítica y del pensamiento revolucionario en el siglo XX. Es difícil imaginar una refundación del socialismo en el siglo XXI que no tenga en cuenta los argumentos desarrollados en estas febriles páginas. Los representantes más lúcidos del leninismo y del trotskismo, como Ernest Mandel o Daniel Bensaid, han reconocido que esta crítica de 1918 al bolchevismo, en lo que se refiere a la cuestión de las libertades democráticas, estaba justificada. Por supuesto, la democracia a la que se refería Rosa Luxemburgo es la ejercida por los trabajadores en un proceso revolucionario, no la "democracia de baja intensidad" del parlamentarismo burgués, donde las decisiones importantes son tomadas por banqueros, empresarios, militares y tecnócratas, fuera de cualquier control popular.

La zündende Funke, la chispa incendiaria de Rosa Luxemburgo, brilló una última vez en diciembre de 1918, en su conferencia al Congreso de fundación del KPD (Liga Spartacus). En este texto también se encuentran referencias a la "ley de desarrollo objetivo y necesario de la revolución socialista", pero se trata en realidad de la "amarga experiencia" que deben hacer las diversas fuerzas del movimiento obrero antes de encontrar el camino revolucionario. Las últimas palabras de esta memorable conferencia están directamente inspiradas por la perspectiva de la praxis autoemancipadora de los oprimidos: "La masa aprende a ejercer el poder ejerciéndolo. No hay otra manera de aprender. Hemos superado ya el tiempo en que se trataba de enseñar el socialismo al proletariado. Este tiempo no se ha cumplido al parecer para los marxistas de la escuela de Kautsky. Con 'educar a las masas proletarias' se quiere decir: hacerles discursos, difundir octavillas y folletos. No, la escuela socialista de los proletarios no necesita eso. Su educación se realiza cuando pasan a la acción (zur Tat greifen)". Rosa Luxemburgo se refiere aquí a una famosa cita de Goethe: "Am Anfang war die Tat!" (¡Al comienzo no era el Verbo, sino la Acción!). En palabras de la revolucionaria marxista: "Al comienzo era la Acción, ésta es nuestra divisa; y la acción consiste en que los consejos de obreros y de soldados se sientan llamados a convertirse en la única potencia pública en el país y que aprendan a serlo" (20). Algunos días más tarde, Rosa Luxemburgo sería asesinada por los Freikorps -"cuerpos francos" paramilitares- movilizados por el gobierno socialdemócrata, bajo la batuta del Ministro Gustav Noske, contra el levantamiento de los obreros de Berlín.

Rosa Luxemburgo no era infalible, cometió errores, como cualquier ser humano y cualquier militante, y sus ideas no constituyen un sistema teórico cerrado, una doctrina dogmática aplicable en cualquier lugar y en cualquier época. Pero su pensamiento es una valiosa caja de herramientas para intentar desmontar la maquinaria capitalista y para pensar en alternativas radicales. No es casualidad que se haya convertido en estos últimos años en una de las referencias más importantes, sobre todo en América Latina, en el debate sobre un socialismo del siglo XXI, capaz de superar los atolladeros de las experiencias que se reclamaron del socialismo en el pasado siglo; tanto la socialdemocracia como el estalinismo. Su concepción de un socialismo al mismo tiempo revolucionario y democrático -en oposición irreconciliable al capitalismo y al imperialismo- basado en la praxis autoemancipadora de los trabajadores, en la autoeducación por la experiencia y por la acción de las grandes masas populares alcanza una sorprendente actualidad. El socialismo del futuro no podrá prescindir de la luz de esta chispa ardiente.


NOTAS

(1) K. Marx, "Tesis sobre Feuerbach", 1845, en La ideología alemana.
(2) K. Marx, G. Engels, La ideología alemana.
(3) Isabel Loureiro, Rosa Luxemburg, Os dilemas da açâo revolucionaria, S. Paulo, Unesp, 1995, p. 23.
(4) Rosa Luxemburg, ¿Reforma o revolución?, 1899.
(5) Rosa Luxemburg, "Cuestiones de organización de la socialdemocracia rusa" (1904), en Marxisme contre dictadure, París, Spartacus, 1946, p. 21.
(6) Ibid. pp. 22-23. Cf. Rosa Luxemburg, “Organisationsfragen der russischen Sozialdemokratie” (1904), en Die Russische Revolution, Frankfurt, Europäische Verlaganstalt, 1963, pp. 27-28, 42, 44.
(7) Rosa Luxemburg, “Huelga de masas, partido y sindicatos”, 1906. Traducción revisada según el original: “Massentreik, Partei und Gewerkschaften”, en Gewerkschaftskampf und Massentreik, Eingeleitet und Bearbeitet von Paul Frölich, Vereinigung Internationaler Verlagsanstalten, Berlin, 1928, pp. 426-427. Se trata de una recopilación de ensayos de Rosa Luxemburg sobre la huelga de masas, organizada por su discípulo y biógrafo Paul Frölich, excluido del Partido Comunista Alemán en los años 1920. Encontré este libro en un anticuario en… Tel Aviv; el ejemplar llevaba un sello: “Kibbutz Ein Harod, Seminario de Ideas, Biblioteca Central”. El propietario del libro era sin duda un judío alemán de izquierdas emigrado a Palestina hacia 1933 y lo dio a la biblioteca del kibbutz en el que se había establecido. Con la muerte de los viejos militantes del kibbutz, y como la nueva generación no leía alemán, el bibliotecario vendió a un librero de viejo su stock de libros en la lengua de Marx…
(8) Ibid. P. 150.
(9) Ibid. P. 147, 150.
(10) Ver K. Liebknecht: “A Rosa Luxemburg: Remarques à propos de son projet de thèses pour le groupe « Internationale», en Partisans, nº 45, enero 1969, p- 113.
(11) Rosa Luxemburg, La crisis de la socialdemocracia.
(12) Ibid.
(13) F. Engels, Anti-Dühring.
(14) Ibid
(15) I. Loureiro, Rosa Luxemburg, p. 123.
(16) Rosa Luxemburg, La revolución rusa. 
(17) G. Lukacs, Historia y Conciencia de clase (1923).
(18) Ibid
(19) I. Loureiro, Rosa Luxemburg, p. 85-88
(20) Rosa Luxemburg, “Nuestro programa y la situación política. Discurso en el Congreso de fundación del PCA (Liga Spartacus)”. Recogido del original alemán, “Rede zum Programm der KPD (Spartakusbund)”, Ausgewählten Reden un Schriften, Berlín, Dietz Verlag, 1953, Band II, p. 687. El ejemplar de la edición alemana que utilizo aquí tiene una curiosa historia. Se trata de una recopilación de textos de Rosa Luxemburg, editada por el “Marx-Engels-Lenin-Stalin Institut boim ZA der SED”, con un prólogo de Wilhelm Pieck, dirigente estalinista de la RDA, seguida de introducciones de Lenin y Stalin, criticando los “errores” de la autora. Compré este libro a un anticuario y descubrí que llevaba una dedicatoria escrita a mano, en inglés, fechada en 1957, pidiendo excusas por no haber encontrado otra edición sin todas esas “introducciones” superfluas. La dedicatoria está firmada por “Tamara e Isaac”, sin duda Tamara e Isaac Deutscher…


FUENTE: Marx Desde Cero

jueves, 9 de octubre de 2014

El asesinato de Ernesto “Che” Guevara

El 9 de octubre de 1967, hoy hace 47 años, y un día después de ser capturado por el ejército boliviano, el "Che" Guevara fue asesinado en la localidad de La Higuera, Bolivia. Lo que sigue a continuación es la carta que dirigió Juan Domingo Perón al Movimiento peronista al confirmarse la caída en combate del guerrillero.


Fuente: Revista Sala 2, Año 1, Nº 5.


Compañeros:

Con profundo dolor he recibido la noticia de una irreparable pérdida para la causa de los pueblos que luchan por su liberación. Quienes hemos abrazado este ideal, nos sentimos hermanados con todos aquellos que, en cualquier lugar del mundo y bajo cualquier bandera, luchan contra la injusticia, la miseria y la explotación. Nos sentimos hermanados con todos los que con valentía y decisión enfrentan la voracidad insaciable del imperialismo, que con la complicidad de las oligarquías apátridas apuntaladas por militares títeres del Pentágono mantienen a los pueblos oprimidos.

Hoy ha caído en esa lucha, como un héroe, la figura joven más extraordinaria que ha dado la revolución en Latinoamérica: ha muerto el Comandante Ernesto "Che" Guevara.

Su muerte me desgarra el alma porque era uno de los nuestros, quizás el mejor: un ejemplo de conducta, desprendimiento, espíritu de sacrificio, renunciamiento. La profunda convicción en la justicia de la causa que abrazó, le dio la fuerza, el valor, el coraje que hoy lo eleva a la categoría de héroe y mártir.

He leído algunos cables que pretenden presentarlo como enemigo del peronismo. Nada más absurdo. Suponiendo que fuera cierto que en 1951 haya estado ligado a un intento golpista, ¿qué edad tenía entonces? Yo mismo, siendo un joven oficial, participé del golpe que derrocó al gobierno popular de Hipólito Yrigoyen. Yo también en ese momento fui utilizado por la oligarquía. Lo importante es darse cuenta de esos errores y enmendarlos. ¡Vaya si el "Che" los enmendó! 

En 1954, cuando en Guatemala lucha en defensa del gobierno popular de Jacobo Arbenz ante la prepotente intervención armada de los yanquis, yo personalmente di instrucciones a la cancillería para que le solucionaran la difícil situación que se le planteaba a ese valiente joven argentino; y fue así como salió de México.

Su vida, su epopeya, es el ejemplo más puro en que se deben mirar nuestros jóvenes, los jóvenes de toda América Latina.

No faltarán quienes pretendan empalidecer su figura: el imperialismo, temeroso del enorme prestigio que ya había ganado en las masas populares; otros, los que no viven las realidades de nuestros pueblos sojuzgados. Ya me han llegado noticias de que el Partido Comunista Argentino, solapadamente, está en campaña de desprestigio. No nos debe sorprender, ya que siempre se ha caracterizado por marchar a contramano del proceso histórico nacional. Siempre ha estado en contra de los movimientos nacionales y populares. De eso podemos dar fe los peronistas.

La hora de los pueblos ha llegado y las revoluciones nacionales en latinoamérica son un hecho irreversible. El actual equilibrio será roto porque es infantil pensar que se pueden superar sin revolución las resistencias de las oligarquías y de los monopolios inversionistas del imperialismo. Las revoluciones socialistas se tienen que realizar; que cada uno haga la suya, no importa el sello que ella tenga. Por eso y para eso, deben conectarse entre sí todos los movimientos nacionales, en la misma forma en que son solidarios entre sí los usufructuarios del privilegio. La mayoría de los gobiernos de América Latina no van a resolver los problemas nacionales sencillamente porque no responden a los intereses nacionales. Ante esto, no creo que las expresiones revolucionarias verbales basten. Es necesario entrar a la acción revolucionaria, con base organizativa, con un programa estratégico y tácticas que hagan viable la concreción de la revolución. Y esta tarea, la deben llevar adelante quienes se sientan capaces. La lucha será dura, pero el triunfo definitivo será de los pueblos.

Ellos tendrán la fuerza material circunstancialmente superior a las nuestras, pero nosotros contamos con la extraordinaria fuerza moral que nos da la convicción en la justicia de la causa que abrazamos y la razón histórica que nos asiste.

El peronismo, consecuente con su tradición y con su lucha, como Movimiento Nacional, Popular y Revolucionario, rinde su homenaje emocionado al idealista, al revolucionario, al Comandante Ernesto "Che" Guevara, guerrillero argentino muerto en acción empuñando las armas en pos del triunfo de las revoluciones nacionales en Latinoamérica.

Juan Domingo Perón
Madrid, 24 de octubre de 1967