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martes, 30 de septiembre de 2014

Impugnando la impunidad. Las víctimas del franquismo frente al Estado


[El texto que se publica a continuación son las conclusiones del trabajo firmado por Ángel del Río y Félix Talego y que puede ser consultado íntegramente en la web todoslosnombres.org].

El análisis de algunos de los significados más relevantes que se ponen en juego en las dos acciones simbólicas descritas -el agravio de la figura del general Gonzalo Queipo de Llano por las mujeres activistas en la Macarena y la rememoranza de los represaliados por sus descendientes y por las asociaciones memorialistas en la Plaza de la Gavidia- pondrá de manifiesto que son ambos actos políticos de impugnación de la impunidad de la dictadura franquista y de denuncia de la transición al régimen democrático vigente. Su significación general es por tanto convergente, si bien algunos de los temas de ambas acciones son singulares y requieren una mirada más focal.

Ambas acciones constituyen procedimientos para invocar una categoría específica de antepasados, aquellos que fueron víctimas de la represión franquista. Este ejercicio de traer, de hacer presentes bajo la especie de ausentes a esas personas y rescatarlas así del olvido es seguramente el resorte que más contribuye a la fuerza impugnadora de las dos acciones, como de todas aquellas en las que se les hace presentes. Ellos son los testigos, el testimonio de crímenes sobre los que sigue pendiente la actuación de la Justicia, no tanto de la justicia positiva -que aquí y ahora tantas veces se les niega-, sino de la idea universal de Justicia que emana de las declaraciones de derechos de la modernidad y de la concepción universalista -monista en cierta forma- del ser humano como sujeto de dignidad inalienable. Tanto en el acto periódico de la Gavidia como en el puntual -en principio- de la Macarena, hemos visto que vivos y muertos actualizan la comunidad de los que esperan Justicia y acusan a los verdugos.

LA DIGNIDAD PROFANADA: UN CRIMEN NEFANDO

Pero podemos afirmar, más incisivamente, que son sobre todo las víctimas, a través de sus mediadores -familiares y activistas del memorialismo, el pacifismo y el feminismo de la resistencia y el cuidado- los que concentran la fuerza impugnadora. Porque sus espectros, materializados en reliquias, como nombres, fotos, objetos personales, murales, lugares de la memoria y, por supuesto, los propios deudos (el memorialismo ha desarrollado una etiqueta o norma de reliquias en las que no podemos detenernos aquí) son seres que expresan valor sagrado negativo o impuro, según el cosmos valorativo que encierra el Derecho Natural moderno sustanciado en las declaraciones y cartas de derechos. Esto es porque la dignidad inherente de las personas que son reconocidas y contadas como víctimas ha sido profanada; o se ha cometido con ellas un crimen nefando -si quieren evitarse términos que despierten suspicacia entre los que consideran que no es pertinente utilizar categorías religiosas en este contexto-. Por tanto, ha tenido lugar en ellas la vulneración de los fundamentos legítimos que inspìran las comunidades políticas modernas, de todo Estado que se predique democrático y de derecho. Hay un desorden, un caos que ellas testimonian y que no puede resolverse más que purificándolas, restituyéndoles su dignidad inherente. Ello solo puede ocurrir con la celebración de un gran ceremonial expiatorio que asuma la comunidad a la que interpelan y que señale a las víctimas propiciatorias, los profanadores.

Éste es el juicio que demanda el movimiento memorialista, que se erige en la voz de las víctimas. Los actos de denuncia descritos y otros del mismo tipo no son rituales, sino acciones simbólicas de las víctimas y sus portavoces por medio de las cuales interpelan a la comunidad exigiendo justicia, pidiendo lo que les pertenece, su dignidad. Mientras esa ceremonia expiatoria no tenga lugar no puede restituirse el orden sagrado en que se funda el derecho moderno por lo que continúa una ilegitimidad de origen, un baldón que se extiende sobre todo el corpus del derecho positivo y el orden legal.

VÍCTIMAS PENDIENTES DEL DUELO

En el caso del Estado español, esta ilegitimidad de origen que el memorialismo actualiza en sus actos en el espacio público o internos se orienta necesariamente, más allá incluso de la conciencia de los actores memorialistas, a la denuncia de la transición a la democracia y del mismo régimen democrático vigente. Entender esto requiere recordar que nuestras comunidades políticas, los estados, como todas las comunidades humanas, las constituye un tipo específico de trama y transacción entre los vivos y los muertos, que es el vínculo moral. Los muertos pertenecen a la comunidad, pero a condición de que transiten el rito del duelo según el canon que en cada comunidad esté establecido. Ese canon define y prescribe el lugar que ocupan, las categorías distinguibles y el modo de comunicación con los otros integrantes de la comunidad, los vivos. Y los duelos, como todo ritual, son actos colectivos, en los que participa y sanciona desde luego toda la comunidad, directamente o a través de sus jerarcas institucionalmente autorizados. Esto no ha ocurrido con las víctimas que el memorialismo invoca, continúan irredentos, pendientes del duelo.

Como queda dicho, los familiares y los activistas los están rescatando del olvido paciente y pertinazmente y nos los hacen presentes a todos en su condición de ausentes (muy otra a la de olvidados), exigiéndonos todos ellos que procedamos a ejecutar el duelo largamente postergado, para que ocupen el sitio que les corresponde entre todos los muertos reconocidos por la comunidad. Este pulso colectivo está suponiendo también, obviamente, un pulso por la redefinición de los valores sobre los que debe asentarse la comunidad y los fundamentos del derecho: el memorialismo representa una apuesta por la valorización de los principios de justicia y dignidad y soslayamiento de la dialéctica vencedores-vencidos. Porque el memorialismo no pide execrar o abominar a los torturadores y violadores, sino su relegación de los altares y frontispicios a la condición común de muertos anónimos, para que puedan incorporarse las víctimas al panteón común en la condición igual de personas.

DOS RITUALES IMPRESCINDIBLES

Son dos, pues, los rituales que tiene pendientes el régimen democrático español para hacer honor a los principios del derecho universal moderno: uno primero de expiación que señale a los profanadores e incorpore a las víctimas, y uno segundo que restituya a estos muertos al lugar que les corresponde. Adentrándonos más en las implicaciones de la expiación y duelo pendientes, observamos que la comunidad interpelada no es sólo ni fundamentalmente la comunidad que se articula institucionalmente en el Estado y que constituye a sus integrantes en ciudadanía. Lo es, pero no sólo: lo es también la comunidad humana universal, ese sujeto colectivo único y último que nos constituye a todos en persona, sujetos inalienables del derecho a la dignidad y a la integridad. El memorialismo se dirige a las dos y de las dos exige respuesta: una la representa el Estado y sus jerarcas, la otra se corporifica en ciertos organismos que entienden del derecho internacional y los tribunales nacionales o internacionales que entienden y reconocen los crímenes de lesa humanidad, es decir, los crímenes imprescriptibles, los crímenes profanadores, atentatorios de la condición esencial humana.


FUENTE: Andaluces.es

lunes, 1 de septiembre de 2014

30 de Agosto: Día Internacional de las Víctimas de Desapariciones Forzadas

Muchas víctimas de las desapariciones forzosas permanecen enterradas en tumbas anónimas. Foto: Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos.
"En este solemne día, quiero reiterar con la mayor firmeza que, con arreglo al derecho internacional, no debe someterse a nadie a una detención secreta... Las desapariciones forzadas constituyen una práctica que no puede tolerarse en el siglo XXI". (Mensaje del Secretario General de las Naciones Unidas, Día Internacional de las Víctimas de Desapariciones Forzadas 2014).
El 30 de Agosto -y desde el año 2011-, se conmemora el Día Internacional de las Víctimas de Desapariciones Forzadas, declarado por la Asamblea General de las Naciones Unidas en virtud de la resolución A/RES/65/209, de fecha 21 de diciembre de 2010.

La desaparición forzada se ha usado a menudo como estrategia para infundir el terror en la ciudadanía. La sensación de inseguridad que aquélla genera no se limita a la familia próxima de la persona desaparecida, sino que afecta a su comunidad y al conjunto de la sociedad. 

Asimismo, la desaparición forzada se ha convertido en un problema mundial, sin que afecte únicamente a una región concreta del planeta. Las desapariciones forzadas, que en su día fueron principalmente el producto de las dictaduras militares -y que lo continúa siendo-, pueden perpetrarse hoy día en situaciones complejas de conflicto interno y/o en contextos políticos dictatoriales o regímenes no democráticos, especialmente como método de represión política de la oposición, y ello con casi total impunidad. 


Pero, ¿en qué consisten las desapariciones forzadas? ¿Cómo se producen?

Según la Declaración sobre la protección de todas las personas contra las desapariciones forzadas, proclamada por la Asamblea General de la ONU en su resolución 47/133, de 18 de diciembre de 1992, como conjunto de principios que deben ser aplicados por todos los Estados, se producen desapariciones forzadas siempre que: 
"se arreste, detenga o traslade contra su voluntad a las personas, o que éstas resulten privadas de su libertad de alguna otra forma por agentes gubernamentales de cualquier sector o nivel, por grupos organizados o por particulares que actúan en nombre del Gobierno o con su apoyo directo o indirecto, su autorización o su asentimiento, y que luego se niegan a revelar la suerte o el paradero de esas personas o a reconocer que están privadas de la libertad, sustrayéndolas así a la protección de la ley". 
Y ¿a quiénes afecta o puede afectar la práctica de estas desapariciones forzadas? Unos párrafos más arriba señalaba que la sensación de inseguridad que éstas generan se extiende no sólo a la familia más próxima de la persona desaparecida sino también a la comunidad y a la sociedad en su conjunto; pero, sobre todo, la primera persona afectada serán las propias víctimas. Por tanto, la práctica de las desapariciones forzadas, como grave violación de los derechos humanos, afectará a las propias víctimas, a l@s amigos y familiares de la victima y a la comunidad.

Las propias víctimas. Éstas, muchas veces torturadas y siempre temerosas de perder la vida, y para los miembros de la familia, que no saben la suerte corrida por sus seres queridos y cuyas emociones oscilan entre la esperanza y la desesperación, cavilando y esperando, a veces durante años, noticias que acaso nunca lleguen. Las víctimas saben bien que sus familias desconocen su paradero y que son escasas las posibilidades de que alguien venga a ayudarlas. Al habérselas separado del ámbito protector de la ley y al haber "desaparecido" de la sociedad, se encuentran, de hecho, privadas de todos sus derechos y a merced de sus aprehensores.

Incluso si la muerte no es el desenlace final y, tarde o temprano, terminada la pesadilla, quedan libres, las víctimas pueden sufrir durante largo tiempo las cicatrices físicas y psicológicas de esa forma de deshumanización y de la brutalidad y la tortura que con frecuencia la acompañan.   

Amig@s y familiares de las víctimas. La familia y l@s amig@s de las personas desaparecidas sufren una angustia mental lenta, ignorando si la víctima vive aún y, de ser así, dónde se encuentra recluida, en qué condiciones y cuál es su estado de salud. Además, conscientes de que ellos también están amenazad@s, saben que pueden correr la misma suerte y que el mero hecho de indagar la verdad tal vez les exponga a un peligro aún mayor.

La angustia de la familia se ve intensificada con frecuencia por las consecuencias materiales que tiene la desaparición. El/la desaparecid@ suele ser el principal sostén económico de la familia. También puede ser el único miembro de la familia capaz de cultivar el campo o administrar el negocio familiar. La conmoción emocional resulta, pues, agudizada por las privaciones materiales, agravadas a su vez por los gastos que hay que afrontar si l@s familiares deciden emprender la búsqueda. Además, no saben cuándo va a regresar, si es que regresa, el ser querido, lo que dificulta su adaptación a la nueva situación. En algunos casos, la legislación nacional puede hacer imposible recibir pensiones u otras ayudas si no existe un certificado de defunción. El resultado es a menudo la marginación económica y social.

Los niños y niñas también pueden ser víctimas de las desapariciones, tanto directa -conocidos son los casos de bebés robados, tanto en España como en Argentina- como indirectamente. La desaparición de un niño o una niña conculca claramente varias disposiciones de la Convención sobre los Derechos del Niño, incluso su derecho a una identidad personal. Privar al niño o a la niña de sus progenitores a causa de una desaparición es también violar gravemente sus derechos. 



Comunidades. Se ven directamente afectadas por la desaparición de sostén de la familia, y la degradación de la situación de las familias económica y su marginación social. 

En párrafos anteriores, he concebido la práctica de las desapariciones forzadas como una grave violación de los derechos humanos de todas las personas, porque, al habérselas separado del ámbito protector de la ley y al haber "desaparecido" de la sociedad, se encuentran, de hecho, privadas de todos sus derechos y en manos de sus aprehensores. Pero, ¿qué derechos humanos violan estas desapariciones forzadas? Entre otros, los más importantes por su regularidad son los siguiente:

  • El derecho al reconocimiento de la personalidad jurídica;
  • El derecho a la libertad y seguridad de la persona;
  • El derecho a no ser sometido a torturas ni a otros tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes;
  • El derecho a la vida, en caso de muerte de la persona desaparecida;
  • El derecho a una identidad;
  • El derecho a un juicio imparcial y a las debidas garantías judiciales;
  • El derecho a un recurso efectivo, con reparación e indemnización;
  • El derecho a conocer la verdad sobre las circunstancias de la desaparición.
  • En caso de que sea una mujer la persona desaparecida, también puede verse violado su derecho a una vida libre de violencia y sus derechos sexuales y reproductivos.
Las desapariciones también suponen, en general, una violación de diversos derechos de carácter económico, social y cultural, tanto para las víctimas, así como para sus familias; entre otros:

  • El derecho a la protección y a la asistencia a la familia;
  • El derecho a un nivel de vida adecuado;
  • El derecho a la salud;
  • El derecho a la educación.
Por otra parte, tanto el Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional (CPI), que entró en vigor el 1 de julio de 2002, como la Convención Internacional para la protección de todas las personas contra las desapariciones forzadas (en adelante, la Convención), aprobada por la Asamblea General de la ONU el 20 de diciembre de 2006, y que entró en vigor en diciembre de 2010, establecen que, cuando como parte de un ataque generalizado o sistemático dirigido a cualquier población civil, se cometa una "desaparición forzada", ésta se calificará como un crimen contra la humanidad y, por tanto, no prescribirá. Se dará a las familias de las víctimas el derecho a obtener reparación y a exigir la verdad sobre la desaparición de sus seres queridos. 



La Convención proporciona, según palabras del propio Secretario General de la ONU, una base sólida para luchar contra la impunidad, proteger a las personas desaparecidas y sus familias y fortalecer las garantías ofrecidas por el estado de derecho, entre ellas la investigación, la justicia y la reparación. Sin embargo, y hasta la fecha, la Convención ha sido firmada por 93 Estados y ratificada sólo por 43; y continúa siendo una práctica persistente en muchos países, mientras que en otros todavía se las cubre con un velo de vergüenza que imposibilita la investigación, la justicia y la reparación.

Un claro ejemplo de ello es el caso de España, donde aún seguimos clamando justicia por las, al menos, 114.266 personas desaparecidas durante la Guerra Civil española y la dictadura franquista.


Foto: Reuters


FUENTES: ONU, RT, Amnistía Internacional

sábado, 30 de agosto de 2014

Olvido, recuerdo, heridas y víctimas.

30 de agosto de 2014, Día Internacional de las víctimas de desapariciones forzadas. 

En días como éste es una obligación democrática recordar a quienes, en España, "fueron" desaparecidos por defender la República.

Ha pasado ya muchos años desde que el fascismo, por medio de un golpe de estado, hizo su entrada en este país. Han transcurrido casi 40 años, desde que cerramos en falso con el régimen franquista e iniciamos la "modélica transacción española".

Este año, la Organización de Naciones Unidas ha advertido al gobierno español sobre graves incumplimientos en relación a la verdad, justicia, reparación y garantías de no repetición con las víctimas del franquismo, y da un plazo de 90 días para que el ejecutivo exponga cómo va a cumplir con nuestra memoria democrática. Estos incumplimientos hacen que nuestra herida continúe abierta y que sangre en cada cuneta, barranco o fosa común donde yacen enterrados aquéllos que, plantando cara al fascismo, lucharon por la República hasta desaparecer en las entrañas del país que les vio nacer.

A algunos no les pareció suficiente el trabajo que realizaron durante la dictadura no sólo para que olvidáramos sino también para que tuviésemos miedo de recordar. Esa gente, que tantos años nos atemorizó, continúa diciéndonos que olvidemos a nuestras víctimas, que no debemos reabrir viejas heridas. Una herida que lleva sangrando, y supurando durante 78 años hay que tratarla y desinfectarla para que algún día pueda llegar a desaparecer.

Nos hablan de olvidar aquéllos que se empeñan en que recordemos que ganaron la guerra: rindiendo homenajes a los que sembraron el terror en cada punto de España, dedicando calles a quienes asesinaron a miles de republicanos, dando dinero a fundaciones que jamás debieran existir en un país democrático, protegiendo a los que debieran ser juzgados por torturas y genocidio... Nos hablan de olvidar quienes más trabajan para que les recordemos.

Las víctimas del franquismo no olvidan a sus torturadores; no porque no quieran sino porque no pueden. Nuestras víctimas van envejeciendo con la tristeza de ver que siguen siendo olvidadas. Nos van dejando discreta y silenciosamente sin haber recibido la justicia que se les prometió durante años. Nosotros nos quedamos solos, huérfanos de luchadores. Es, por ello, que el informe de la ONU urge a España a que "adopte como inmediata prioridad la búsqueda de la verdad y en particular sobre la suerte y el paradero de las personas desaparecidas".

¿Tomará nota el gobierno de ésta y otras recomendaciones o seguirá mirando hacia otro lado y echando sal en nuestra herida abierta?

Silvia Gambarte



sábado, 2 de agosto de 2014

¿Qué es la Memoria Histórica?

Por JOSÉ Mª PEDREÑO
Pueblos



En estos últimos años, todo el mundo ha oído hablar en España de algo llamado "Recuperación de la Memoria Histórica". La mayor parte sabe que se trata de algo que hace referencia a la guerra civil y a la represión franquista, pero todo son ideas vagas. Desde los medios de comunicación se dan noticias sobre actividades y opiniones sesgadas de especialistas en diversas materias que dan una imagen distorsionada del tema. Casi todo se está viendo reducido a reivindicaciones nostálgicas y privadas de familiares y protagonistas de una época que no sólo se ha pretendido olvidar, sino que, en la actualidad, se trata de mostrar como algo histórico que nada tiene que ver con nuestro presente.

El intento de igualar a los muertos de ambas zonas, sin profundizar en las causas del conflicto, la situación política nacional e internacional, los principios y valores defendidos por unos y otros, etc., tan sólo sirve para arrojar más oscuridad sobre el asunto y, en vez de explicar, se confunde, todavía más, a la sociedad española. En lo cultural, los estudios rigurosos se entremezclan con libros redactados de forma oportunista y acercamientos científicos, inconexos y aislados de la sociedad civil, nos llevan a un tratamiento del tema que transforma la Memoria Histórica en objeto de museo alejado de la realidad social actual. La Recuperación de la Memoria Histórica se ha transformado, en nuestra sociedad, para unos, en una reivindicación privada, para otros, en un gran negocio de venta de libros, un instrumento para dar satisfacción a una curiosidad científica e, incluso, en una forma de obtener votos. Y a las pruebas debemos remitirnos viendo cómo el acuerdo parlamentario del 20 de noviembre de 2002 respecto a la Memoria Histórica no se ha sustanciado, salvo excepciones puntuales y localizadas territorialmente, en ninguna medida concreta, ni el homenaje a las víctimas del franquismo, realizado por todos los grupos de la oposición el 1 de diciembre de 2003, ha servido para que la situación se aclare. Y no es que pensemos que la Recuperación de la Memoria Histórica no debe tener un uso instrumental, sino que se hace necesario realizar un acercamiento al tema desde un punto de vista ideológico capaz de romper con la dinámica en la que ese uso instrumental se ha anclado en los valores individualistas y de mercado que el neoliberalismo ideológico propugna. Vamos a hablar, pues, de lo que es la Memoria Histórica y de su instrumentalización para fortalecer la democracia, como elemento de lucha contra la impunidad, como arma para la defensa de los derechos humanos y como elemento ideológico de construcción y vertebración de la sociedad.


El concepto de Memoria Histórica

Hay una frase que, equivocadamente, pretende resumir todo el contenido y el concepto de Memoria Histórica. Nos referimos a "el pueblo que no conoce su historia está condenado a repetirla". Para que evoque realmente lo que es la Memoria Histórica, deberíamos matizarla añadiendo que "el pueblo que no conoce su historia no comprende su presente y, por lo tanto, no lo domina, por lo que son otros los que lo hacen por él". Ese dominio se manifiesta en lo ideológico-cultural, en lo económico y en lo político. El desconocimiento provoca falta de comprensión sobre los procesos históricos que han dado como resultado nuestro presente, generando un profundo déficit democrático que se sustancia día a día en una sociedad despolitizada y poco participativa. Vivimos una democracia de bajo nivel y una de las causas es que está asentada sobre el olvido. Estamos construyendo nuestra historia como pueblo no con nuestro guión, sino con el de los que promovieron (y promueven) el olvido. No somos, realmente, dueños de nuestro presente, porque sólo conocemos nuestro pasado vagamente.

Si quisiéramos resumir el concepto "Recuperación de la Memoria Histórica", en breves palabras, podríamos decir que es un movimiento socio-cultural, nacido en el seno de la sociedad civil, para divulgar, de forma rigurosa, la historia de la lucha contra el franquismo y sus protagonistas, con el objetivo de que se haga justicia y recuperar referentes para luchar por los derechos humanos, la libertad y la justicia social. Y cuando hablamos de justicia, hablamos de reconocimiento y reparación, en ningún caso de actitudes revanchistas. Hay que hacer esta puntualización porque, en muchas ocasiones, se ha querido tildar a este movimiento de revanchista y no es lo mismo buscar la justicia y la verdad que la revancha. Además hay una necesidad de establecer la verdad histórica y, hasta ahora, tan sólo el bando vencedor de la guerra civil tuvo acceso a los medios de difusión y el apoyo institucional necesario para acometer esta tarea. El franquismo tuvo su "comisión de la verdad" con la instrucción de la "Causa General", nada más terminar la guerra civil, y aún no se ha dado a la otra parte la posibilidad de llegar a conocer y divulgar la verdadera naturaleza y magnitud de la represión que se ejerció sobre los defensores de la legalidad republicana y, ni mucho menos, acceder a la justicia.

Sin embargo, esta definición tampoco profundiza demasiado en la cuestión. Se hace necesaria una mayor disección del asunto para que el lector pueda adentrarse en el tema y comprenderlo. En un primer acercamiento, descubrimos que la memoria debe ser tratada desde todos los aspectos culturales y aspectos políticos claramente perceptibles.


Los aspectos humanos

Son los seres humanos los que construyen la historia (de forma consciente o inconsciente) y son los que se ven afectados por la misma. Cuando hablamos de la guerra civil y la dictadura franquista estamos hablando de personas que fueron asesinadas, perseguidas, encarceladas, humilladas... Ha pasado demasiado tiempo, disfrutamos de un régimen de libertades imperfecto -pero régimen de libertades al fin y al cabo- desde hace veintiséis años y, sin embargo, estas personas no han sido atendidas debidamente. Han sufrido, tras la represión, el silencio y la falta de reconocimiento, si cabe tan (o más) doloroso que la anterior. La atención a las personas debe estar en la primera página de cuestiones a resolver. El homenaje, la localización y recuperación de los restos de personas asesinadas, la explicación de la verdad a los familiares, la atención psicológica, el reconocimiento social e institucional y la justicia reparadora, tanto en lo moral como en lo material, son tareas que forman parte de la Recuperación de la Memoria Histórica.

El miedo sigue siendo dueño de muchas de estas personas, en especial en medio rurales, un profundo miedo que lleva a la negación de la verdad. Hemos encontrado casos de militantes asesinados, con documentación probatoria de su militancia, de su actividad política en defensa de la legalidad republicana y, en un alto porcentaje de ocasiones, nos hemos encontrado con la negación de los hechos por parte de los familiares. Hemos constatado que existe un miedo planificado por el franquismo para derrotar cultural y psicológicamente a todo el pueblo español. Cuando las familias niegan, se avergüenzan, intentan despolitizar la cuestión... ¿no nos estamos encontrando ante la victoria ideológica del franquismo?

La atención a colectivos de supervivientes (presos políticos, exguerrilleros, exmilitares leales, exiliados...) es otra de las cuestiones de las que se ocupa la Recuperación de la Memoria Histórica. ¿Cómo puede una sociedad defender la libertad y la democracia si a los que lo hicieron en otro tiempo se les castiga con la amargura del silencio y con la vergüenza? La Recuperación de la Memoria Histórica, al atender estos aspectos, entra de lleno en la recuperación de la dignidad de todas estas personas y, por tanto, en la recuperación de nuestra dignidad como pueblo.

Sin embargo, la atención exclusiva a los aspectos humanos no nos da la verdadera dimensión de la Recuperación de la Memoria Histórica. Si no avanzamos más, nos quedamos en una primera fase que sólo atiende reivindicaciones individuales o de colectivos aislados. Sin tratamiento desde el punto de vista cultural aún no estamos hablando de Memoria Histórica, sino de memoria privada y de cuestiones exclusivamente humanitarias.


La vertiente cultural

Respecto a los aspectos culturales, en un primer estadio, se encuentra la investigación histórica y científica, no como elementos aislados, sino como instrumentos interrelacionados con los demás aspectos. El derecho a saber la verdad tanto por las familias como por la sociedad española no podría satisfacerse sin el conocimiento riguroso de los hechos. La labor de los historiadores, archiveros, documentalistas, arqueólogos, antropólogos, sociólogos, etc. se transforma en herramienta para conocer la verdad. En un segundo estadio, se encontrarían los medios de divulgación: los libros y publicaciones, los documentales, las exposiciones, los seminarios, charlas y debates para dar a conocer los hechos. Y, por último, en un tercer estadio, la creación artística: la novela, la película, la obra de teatro, la poesía, la pintura, la escultura, etc.

Sumando los aspectos humanos y los culturales, empezamos a tener parte del rompecabezas de la Memoria Histórica. El problema comienza cuando la investigación histórica determina que el tema tratado es, también, profundamente político. Hablamos de una lucha profundamente ideológica, de persecuciones políticas, de asesinatos -en su mayor parte- políticos, de presos antifascistas, de guerrillas antifranquistas, etc., etc., etc.


La dimensión política

Quizás la parte más compleja y la que más escollos ha encontrado hasta ahora sea el tratamiento de los aspectos políticos de la Memoria. Para abordarlos adecuadamente, los hemos dividido en institucionales, jurídicos, ideológicos y sociales.

La implicación institucional es clara. Sin ella, ha sido prácticamente imposible realizar ninguna labor de Recuperación de la Memoria Histórica. Sólo desde las instituciones se puede legislar y librar los recursos necesarios para acometer la tarea. La eliminación de los símbolos y callejeros franquistas, la inclusión en los libros de texto de lo que supuso la larga lucha por las libertades en nuestro país y arbitrar medidas de reconocimiento institucional y justicia reparadora en lo económico sólo puede hacerse desde las instituciones. La deslegitimación de la dictadura franquista sólo podrá verse realizada totalmente cuando se sustancie en la legislación adecuada. 

Adentrándonos en lo jurídico, comenzamos a hablar, de forma inmediata, de "Derechos Humanos" y "Lucha contra la Impunidad". Son los tribunales de justicia los que deben investigar los asesinatos, aplicando la legislación y convenios internacionales que el Estado español ha asumido como suyos.

En lo ideológico, entendemos que, mientras que el franquismo acabó con un régimen democrático de libertades y derechos, sus víctimas eran defensoras de ese régimen. Eso sin entrar en los distintos matices ideológicos de las víctimas, que formaría parte de la memoria de sus correligionarios actuales. Hablamos claramente de socialistas, comunistas, anarquistas, republicanos, nacionalistas periféricos, sindicalistas, incluso de conservadores de fuertes convicciones democráticas (que los hubo y fueron asesinados por oponerse al golpe de estado), etc., todos ellos de ideas contrarias a las fuerzas alzadas militarmente contra la II República. Hablamos, también, del uso de banderas propias de las víctimas, defensores de la libertad, la justicia social y la legalidad republicana; de la necesidad de rituales de memoria propios, vinculados a lo político-social, dando cabida a lo privado, pero compatibilizándolo con lo público y dando prioridad a esto último, toda vez que estamos hablando de víctimas por causas sociales y políticas. Estas personas fueron perseguidas, humilladas, encarceladas o asesinadas no por el hecho de ser padres, abuelos, hermanos, maridos, sino por su condición política y social, por sus prácticas políticas y sociales. Si esto no se tiene en cuenta, el franquismo habrá triunfado plenamente en lo ideológico al enterrarse a sus víctimas no de la forma que ellas hubieran deseado, sino con los rituales propios de sus verdugos. Se trataría de la destrucción del franquismo ideológico que todavía subyace en nuestra sociedad.

En lo social, hablamos de fortalecer los valores democráticos, de libertad, de justicia social, de articulación y vertebración de la sociedad civil alrededor de estas actividades. Se trataría de dar cohesión al pueblo español usando como crisol la exaltación de esos valores.


La suma de todos los elementos

La suma de todos estos elementos, en los que hay que seguir profundizando, da como resultado el que la Memoria Histórica sea algo más que la búsqueda de un familiar desaparecido, el logro de una pensión para un ex-preso político, la publicación de un libro, la excavación arqueológica de una fosa común. Sólo la suma de todos estos elementos nos da su verdadera dimensión. Cada aspecto individualizado y separado del resto no podemos considerarlo Recuperación de la Memoria Histórica. La búsqueda de un familiar desaparecido con el objetivo de llevar los restos al cementerio, sin tener en cuenta las causas de la desaparición, las implicaciones ideológicas, la investigación histórica rigurosa, la judicialización de la investigación, la participación institucional y el homenaje con rituales que respeten los pensamientos del muerto, se transforma en memoria privada. La excavación arqueológica de una fosa común, los estudios antropológicos, por muy rigurosos que sean, si no van acompañados del resto de elementos humanos, jurídicos, institucionales, ideológicos y sociales se transformarán en simples investigaciones científicas, pero poco más. Solamente cuando se tengan en cuenta todos los aspectos relacionados, en todos y cada uno de los casos, estaremos hablando de verdadera Recuperación de la Memoria Histórica. Es la suma de todos los elementos la que nos da algo más que el todo y ese algo más es la Memoria Histórica


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José Mª Pedreño es presidente del Foro por la Memoria. Este artículo fue publicado en el n° 12 (especial sobre derechos humanos) de la edición impresa de la revista Pueblos, verano de 2004, pp. 10-12.