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lunes, 15 de diciembre de 2014

SOCIALISMO DEMOCRÁTICO


Por Rosa Luxemburgo


"Sin elecciones generales, una prensa no cohibida, la libertad de asociación y la libre lucha de las opiniones, la vida de toda institución pública desaparece, se convierte en una vida ficticia en la que la burocracia se mantiene como el único elemento activo. La vida pública comienza a adormecerse, unas docenas de líderes de partido, de energías inagotables e idealismos sin límites, dirigen y gobiernan, debajo de ellos hay una docena de cabezas sobresalientes que dirigen de verdad y una élite de obreros, convocada de vez en cuando a las asambleas, para aplaudir los discursos de los líderes, aprobar en forma unánime las resoluciones presentadas, es decir, en el fondo, una sociedad de camarillas -de hecho una dictadura, aunque no la dictadura del proletariado, sino la dictadura de un puñado de políticos- una dictadura en el sentido burgués puro, en el sentido del dominio de los jacobinos... Se trata de una ley predominante, objetiva, una ley a la que ningún partido político podrá escapar" (Rosa Luxemburgo)
Para Rosa Luxemburgo, la política tradicional en una época de dominio burgués era asunto de políticos profesionales que actuaban exclusivamente en el interés de una parte de la sociedad con el fin de obtener y asegurarle privilegios económicos y culturales. Según la opinión de Rosa Luxemburgo, tanto del SPD (partido socialdemócrata alemán -nota de la trad.) de orientación reformista-parlamentaria, como los bolcheviques, de tendencia revolucionaria-dictatorial, se habían estancado en esta tradición política burguesa: ninguno de ellos se identificaron como parte de los desfavorecidos, sino más bien como sus representantes.

Para Rosa Luxemburgo, el socialismo no era un servicio para los demás o el regalo de un partido político a los oprimidos y explotados. En su opinión, la política socialista y el socialismo debían surgir del movimiento conjunto, voluntario y consciente, de todos los desfavorecidos. En 1904, escribió que este movimiento fue "el primero en la historia de las sociedades de clases en ser concebido en todas sus fases, en todo su desarrollo, en función de la organización y la acción independiente y directa de la masa". Aceptaba a los políticos profesionales y los partidos políticos apenas como la parte del movimiento que estaba a cargo de la organización y la formación política.

Con la creciente agresividad del militarismo alemán, así como las guerras por una nueva repartición del mundo y, sobre todo, la Guerra Mundial que estalló en 1914, la cuestión de la paz adquirió un peso especial. Para Rosa Luxemburgo, la sociedad socialista a la que se aspiraba era profundamente pacífica. La concebía como una forma de convivencia humana en la cual se debían eliminar todas las causas de la guerra y de la barbarie. Fue también su anhelo profundo de paz el que motivó a Rosa Luxemburgo a luchar por el socialismo con toda su pasión.

Rosa Luxemburgo no tuvo la intención de emplear la fuerza física contra los elementos opresores y explotadores: 
"La revolución proletaria no requiere de terror para lograr sus objetivos; odia y repudia el asesinato. No precisa de estos instrumentos de lucha porque no lucha contra individuos sino contra instituciones, porque no entra al combate con ilusiones ingenuas cuya frustración tendría que vengar con sangre. No es un intento desesperado de una minoría de moldear el mundo a su ideal mediante la violencia, sino la acción de la gran masa del pueblo...".
Al igual que Marx, entendía la "reestructuración social" como un derrocamiento de todas las condiciones "en las cuales el ser humano es un ser humillado, subyugado, abandonado, despreciado". Quería lograr esta reestructuración social mediante una lucha permanente por la hegemonía, con cuya ayuda esperaba lograr un desplazamiento sostenible de las relaciones de poder dentro de la sociedad. De esta manera pensaba no sólo alcanzar la expropiación de los expropiadores, sino dejar infértil para siempre el terreno social para la explotación y opresión. Consideraba que esta era la vía adecuada para superar el capitalismo. Rechazaba todo acto de terror contra los dueños del capital y, en vez de ello, abogaba a favor de un socialismo sostenido por la mayoría de los desfavorecidos, un socialismo desde el cual el nuevo surgimiento del capitalismo no resultara atrayente.

Para Rosa Luxemburgo, la lucha por la hegemonía era una lucha permanente para conseguir la aprobación y el apoyo de mayorías cualificadas. Ésta fue una de las razones por las cuales para ella la libertad y la democracia no eran un lujo otorgado o negado a discreción de los políticos socialistas, sino la condición de toda política socialista:
"La libertad únicamente para los seguidores del Gobierno, únicamente para los miembros del partido -por numerosos que sean- no es libertad. La libertad es siempre la libertad de los disidentes. No por un fanatismo de justicia, sino porque todo lo que la libertad política tiene de vital, benéfica y purificadora depende de esta característica y deja de tener efecto si la libertad se convierte en privilegio". 



FUENTE: Fundación Rosa Luxemburg

domingo, 16 de noviembre de 2014

El asesinato de Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht, hubo una vez una revolución en Alemania


Por David Arrabali (*)
Mundo Obrero


La noche del 15 de enero de 1919, en Berlín, fue detenida Rosa Luxemburgo: una mujer indefensa con cabellos grises, demacrada y exhausta. Una mujer mayor, que aparentaba mucho más de los 48 años que tenía.

Uno de los soldados que la rodeaban, le obligó a seguir a empujones, y la multitud burlona y llena de odio que se agolpaba en el vestíbulo del Hotel Eden le saludó con insultos. Ella alzó su frente ante la multitud y miró a los soldados y a los huéspedes del hotel que se mofaban de ella con sus ojos negros y orgullosos. Y aquellos hombres en sus uniformes desiguales, soldados de la nueva unidad de las tropas de asalto, se sintieron ofendidos por la mirada desdeñosa y casi compasiva de Rosa Luxemburgo, "la rosa roja", "la judía".

Le insultaron: "Rosita, ahí viene la vieja puta". Ellos odiaban todo lo que esta mujer había representado en Alemania durante dos décadas: la firme creencia en la idea del socialismo, el feminismo, el antimilitarismo y la oposición a la guerra, que ellos habían perdido en noviembre de 1918. En los días previos, los soldados habían aplastado el levantamiento de trabajadores en Berlín. Ahora ellos eran los amos. Y Rosa les había desafiado en su último artículo:

"¡El orden reina en Berlín! ¡Ah! ¡Estúpidos e insensatos verdugos! No os dais cuenta de que vuestro orden está levantado sobre arena. La revolución se erguirá mañana con su victoria y el terror asomará en vuestros rostros al oírle anunciar con todas sus trompetas: ¡Yo fui, yo soy, yo seré!".

La empujaron y golpearon. Rosa se levantó. Para entonces casi habían alcanzado la puerta trasera del hotel. Fuera esperaba un coche lleno de soldados, quienes, según le habían comunicado, la conducirían a la prisión. Pero uno de los soldados se fue hacía ella levantando su arma y le golpeó en la cabeza con la culata. Ella cayó al suelo. El soldado le propinó un segundo golpe en la sien.

El hombre se llamaba Runge. El rostro de Rosa Luxemburgo chorreaba sangre. Runge obedecía órdenes cuando golpeó a Rosa Luxemburgo. Poco antes él había derribado a Karl Liebknecht con la culata de su fusil. También a él le habían arrastrado por el vestíbulo del Hotel Eden.

Los soldados levantaron el cuerpo de Rosa. La sangre brotaba de su boca y nariz. La llevaron al vehículo. Sentaron a Rosa entre los dos soldados en el asiento de atrás. Hacía poco que el coche había arrancado cuando le dispararon un tiro a quemarropa. Se pudo escuchar en el hotel.


La noche del 15 de enero de 1919 los hombres del cuerpo de asalto asesinaron a Rosa Luxemburgo. Arrojaron su cadáver desde un puente al canal. Al día siguiente todo Berlín sabía ya que la mujer que en los últimos veinte años había desafiado a todos los poderosos y que había cautivado a los asistentes de innumerables asambleas, estaba muerta. Mientras se buscaba su cadáver, un Bertold Brecht de 21 años escribía:

La Rosa roja ahora también ha desaparecido.
Dónde se encuentra es desconocido.
Porque ella a los pobres la verdad ha dicho
Los ricos del mundo la han extinguido.

Pocos meses después, el 31 de mayo de 1919, se encontró el cuerpo de una mujer junto a una esclusa del canal. Se podía reconocer los guantes de Rosa Luxemburgo, parte de su vestido, un pendiente de oro. Pero la cara era irreconocible, ya que el cuerpo hacía tiempo que estaba podrido. Fue identificada y se le enterró el 13 de junio.


En el año 1962, 43 años después de su muerte, el Gobierno Federal alemán declaró que su asesinato había sido una "ejecución acorde con la ley marcial". Hace sólo nueve años que una investigación oficial concluyó que las tropas de asalto, que habían recibido órdenes y dinero de los gobernantes socialdemócratas, fueron los autores materiales de su muerte y la de Karl Liebknecht.

La actualidad del pensamiento de Rosa Luxemburgo

"Qué extraordinario es el tiempo que vivimos", escribía Rosa Luxemburgo en 1906. "Extraordinario tiempo que propone problemas enormes y espolea el pensamiento, que suscita la crítica, la ironía y la profundidad, que estimula las pasiones y, ante todo, un tiempo fructífero, preñado".

Rosa Luxemburgo vivió y murió en un tiempo de transición, como el nuestro, en el que un mundo viejo se hundía y otro surgía de los escombros de la guerra. Sus compañeros intentaron construir el socialismo, sus asesinos y enemigos ayudaron a Adolf Hitler a subir al poder.

Hoy, cuando el capitalismo demuestra una vez más que la guerra no es un accidente, sino una parte irrenunciable de su estrategia. Cuando los partidos y organizaciones "tradicionales" se ven en la obligación de cuestionar sus formas de actuar ante el abandono de las masas. Cuando la izquierda transformadora aboga exclusivamente por el parlamentarismo como vía para el cambio social. Cuando nos encontramos ante una enorme crisis del modelo de democracia representativa y los argumentos políticos se reducen al "voto útil". Hoy, decimos, Rosa Luxemburgo se convierte en referente indispensable en los grandes debates de la izquierda. No es sino su voz la que se escucha bajo el lema, aparentemente novedoso: "Otro mundo es posible". Ella lo formuló con un poco más de urgencia: "Socialismo o barbarie".


Su pensamiento, su compromiso y su desbordante humanidad nos sirven de referencia en nuestra lucha para que este nuevo siglo, del que ya llevamos 14 años, no sea también el de la barbarie. 

(*) David Arrabati es miembro del Consejo de Redacción de la Revista Mundo Obrero y Máster en Materialismo Histórico y Teoría Crítica por la Universidad Complutense de Madrid (UCM).


FUENTE: REBELIÓN.

martes, 11 de noviembre de 2014

Rosa Luxemburgo: La flor más roja del socialismo (I)


 "La libertad no es nada cuando se convierte en un privilegio".

Rosa Luxemburgo (Zamosc, Imperio ruso, 5 de marzo de 1871 - Berlín, Alemania, 15 de enero de 1919), fue una teórica marxista de origen judío; una de las grandes revolucionarias del siglo XX y una de las fundadoras de la corriente de pensamiento del socialismo democrático. 

Hija de un comerciante de Varsovia, su brillante inteligencia le permitió estudiar a pesar de los prejuicios que imperaban contra las mujeres en ese entonces, y pese a la discriminación antisemita que existía en Europa contra los judíos. Rosa Luxemburg hizo un doctorado en una época en la que poquísimas mujeres iban a la universidad. Se dice que hablaba once idiomas. Pronto destacó como una de los principales dirigentes de la socialdemocracia europea.

En 1889, a los 18 años, abandonó Polonia a consecuencia de la persecución de la policía debido a su militancia socialista, refugiándose en Suiza. Allí terminó sus estudios, entró en contacto con revolucionarios exiliados y se unió a la dirección del joven Partido Socialdemócrata Polaco. Contrajo matrimonio en 1895 con Gustav Lübeck para adquirir la nacionalidad alemana y poder trabajar con el movimiento obrero en este país.

Junto al político alemán Karl Liebknecht, fundó la liga de Spartacus, que más adelante se convertiría en el Partido Comunista Alemán. Fue redactora del periódico teórico marxista "Neue Zeit" y autora de varios libros. Fue sentenciada (1903-1904) a nueve meses de prisión acusada de "insultar al Kaiser" (emperador). Participó directamente en la revolución de 1905 en Polonia. En marzo de 1906 fue arrestada y encarcelada en Varsovia durante cuatro meses.

Participó activamente tanto en el Congreso del Partido Socialdemócrata alemán en 1906 como en el Congreso Socialista Internacional celebrado en Stuttgart un año después, en el que intervino en nombre del partido ruso y polaco. Su pensamiento representaba a las opciones más radicales en el seno de la II Internacional. Gran teórica, realizó importantes contribuciones al desarrollo del marxismo, en especial en lo referente a las relaciones entre nacionalismo y socialismo, y sobre el socialismo democrático.

Hizo también aportes teóricos originales en torno al imperialismo y al derrumbe del capitalismo, en su obra La acumulación del capital, de 1913. Su crítica a Marx se basa en las predicciones de éste acerca de las crisis cíclicas del capitalismo. Marx pensaba que el capitalismo, como sistema económico y político basado en el crecimiento y la búsqueda constante del beneficio, debía colapsar en algún momento, por saturación. Sin embargo, muchas décadas después de muerto Marx, las crisis periódicas del capitalismo parecían aplazarse o solventarse sin producir convulsiones en el sistema. Rosa Luxemburgo encontró la explicación a este hecho en el colonialismo, hallando que el crecimiento de las potencias capitalistas encontró una vía de expansión en las colonias, las cuales, al tiempo que procuraban materias primas a muy bajo costo, servían también de mercado donde colocar los productos manufacturados. En el mismo sentido, expuso las primeras teorías sobre el imperialismo, que más tarde desarrollaría Lenin. Rosa Luxemburgo creía en una opción socialista internacional, esto es, alejada de particularismos y nacionalismos, en la que las masas obreras, solidariamente, tomaran el poder. 

Lenin también fue objeto de críticas por parte de Rosa Luxemburgo, en especial en lo referente a las concepciones que tenía sobre la democracia en el partido y la dictadura del proletariado. Rosa Luxemburgo postulaba un menor dirigismo y una mayor integración de las bases en la dinámica partidista, y se oponía a la concepción del "centralismo democrático" de un partido de revolucionarios profesionales que defendían Lenin.

Al estallar la I Guerra Mundial en 1914, el grupo parlamentario socialdemócrata alemán (SPD) apoya unánimemente a los créditos de guerra. Rosa Luxemburgo, pacifista convencida, forma parte de la oposición interna en el SPD, que difunde centenares de miles de folletos para movilizar a la población contra la guerra. Ella es arrestada de nuevo el 20 de febrero, esta vez acusada de incitar a los soldados a la rebelión. Se la sentencia a un año de prisión, pero al salir del tribunal se dirige de inmediato a un mitín popular, en el que repite su revolucionaria propaganda anti bélica. El conflicto alrededor de los créditos de guerra pedidos por el Kaiser para financiar la actividad bélica acaba llevando a la escisión del partido en enero de 1917, con la fundación, el 6 de abril, del USPD (Socialdemócratas Independientes).

En 1918 hay vientos de revolución en Alemania, cuyas fuerzas de izquierda miran hacia el ejemplo ruso y cuya población está cansada de la guerra. El 28 de enero se declara la huelga general y se inicia la formación de Consejos Obreros. El 31 de enero la huelga es prohibida y se declara el estado de sitio, extendiéndose la represión. En marzo, Rosa Luxemburgo es encarcelada conjuntamente con Leo Jogiches y otros militantes espartaquistas que difundían propaganda revolucionaria en el ejército. El 9 de noviembre, a raíz de un levantamiento de marinos en Kiel, estalla la "Revolución de Noviembre" con la conformación de Consejos Obreros y Soldados en todo el territorio nacional. El emperador Guillermo II abdica. Se pretende la refundación de Alemania como democracia socialista con una nueva Constitución. Rosa Luxemburgo, liberada dos días antes, llega a Berlín y coedita "Bandera Roja", el periódico de la liga de Spartacus, con Karl Liebknecht, para poder influir a diario en los sucesos políticos. En los últimos día del año 1918, participa en la fundación del Partido Comunista Alemán, KPD. Sin embargo, las fuerzas radicales de izquierda no logran imponerse frente a la tendencia reformista del socialdemócrata Friedrich Ebert.

El 15 de enero de 1919, Rosa Luxemburgo y su coideario Karl Liebknecht son asesinados en Berlín por los soldados que reprimen el levantamiento. Sus cuerpos son arrojados a un canal. Estos asesinatos desatan una ola de protestas violentas en todo el país, que se extienden hasta mayo de 1919, y cuya represión militar lleva a varios miles de muertos.




FUENTE: Rosalux.org