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domingo, 16 de noviembre de 2014

¿Quién era Dolores Ibarruri, "Pasionaria"?


"Las mujeres, sean de la condición que sean, son libres para elegir su destino".

Dolores Ibárruri, conocida como "La Pasionaria", entonó el famoso "No pasarán" (heredado del coronel Philippe Pétain) durante el largo Asedio a Madrid en lo que ya era una victoria anunciada. A pesar de ser derrotada como republicana en la Guerra Civil española, nunca lo hizo como mujer ni como comunista, y su férrea defensa de la igualdad de derechos la llevó a presidir el Partido Comunista de España en 1960.

Nació en Gallarta, Vizcaya, un 9 de diciembre de 1895, en el seno de una familia pobre y numerosa. El contexto que la rodea es la pérdida de la gran mayoría de colonias españolas.

La industria nacional española que estaba muy poco desarrollada, empieza a tratar de surgir. Para eso, proliferan las industrias textiles, siderúrgicas y mineras. Los dos centros más importantes de estas actividades son Cataluña y Vizcaya.

En Gallarta surge un importante centro minero, y de la mano van tomando fuerza también los movimientos obreros que defendían los derechos de los trabajadores y que se sustentaban con el comunismo.

Mientras tanto, Isidora Ibarruri Gómez (verdadero nombre de Pasionaria) había crecido y sus padres la habían empleado en una casa para hacer trabajos domésticos, a pesar de haber deseado seguir la carrera de maestra, sueño que los padres sintieron demasiado ambicioso para ella. Como ella misma decía: 
"¿Quién podría costearme los viajes, los libros, la comida, la matrícula?... / ... preparada para servir como criada o casarme y convertirme en la mujer de un minero, la larga historia de mi familia. A convertirse en una simple sirvienta, nada más despertar del inocente mundo infantil, cuando todavía era adolescente."
Vestida de negro siempre, Dolores aprendió costura y fue una verdadera adicta a la lectura, por lo que adquirió una importante preparación, gracias a la cual pudo llegar muy alto.

Debido a sus experiencias y a lo que estaba ocurriendo en su país, Dolores pronto se adscribió al Partido Comunista. A sus 20 años, en 1916, se casa con un líder minero socialista, Julián Ruiz, pero se negó a acatar el padecimiento de la esposa de la época, ilustrado por el refrán: "Madre, ¿qué es casar? Hija: hilar, parir y llorar". Su matrimonio no fue muy feliz, debido a que él pasaba la mayor parte del tiempo en diligencias o en la cárcel.

A pesar de esto, Dolores tuvo seis hijos (cinco niñas y un niño). La primera murió muy pequeña. Después tuvo a Rubén y luego trillizas, de las que sobrevive sólo una a la cual llamó Amaya, y la última llamada Eva, que también muere a temprana edad.

En 1918, publicó su primer artículo en el Minero Vizcaíno y lo firmó con el seudónimo de La Pasionaria, ya que este artículo fue publicado en Semana Santa, y desde entonces se la conoce con ese nombre. Y así se inició su gran acción social. Moviliza a los trabajadores, participa en manifestaciones y en 1930 es elegida miembro del Comité Central del Partido. 

El comité la envía como delegada al III Congreso del Partido Comunista Español. Por esta época se separa de Julián y se traslada a Madrid, donde trabajará en el periódico Mundo Obrero, a través del cual encauzará su vocación política. En 1932, la nombran durante el IV Congreso responsable de la Comisión Femenina del Partido.

Debido a sus fuertes y punzantes discursos, y a su activa militancia en las manifestaciones comunistas es encarcelada varias veces y perseguida por las autoridades. Poco tiempo después se destaca en las Cortes Constituyentes de la República Española, como diputada del Partido Comunista por Asturias. 


En ese momento, viaja por primera vez a Moscú donde se entrevista con Stalin. En 1934, preside el I Congreso del Comité de Mujeres, y luego participa en el Congreso Mundial de Mujeres en París. Debido a su gran participación política, no tiene tiempo suficiente para sus hijos, por lo que los envía a estudiar a Rusia.

Durante la Guerra Civil Española, su actividad fue fundamental, pues hablaba al pueblo, escribía, publicaba discursos y se desplazaba al frente. Fue aquí, en este momento, donde se hizo célebre su frase "Antes morir de pie que vivir de rodillas".

En 1937, es elegida vicepresidenta de las Cortes, donde lucha por defender a los católicos y el orden institucional. Además, colabora con el traslado de un sinnúmero de españoles a la Unión Soviética, e incluso ella misma se traslada al bloque comunista, donde es exiliada debido a la existencia del fascismo en España.
La Pasionaria y su hijo Rubén

En la Guerra de Stalingrado muere su hijo, golpe del cual le cuesta mucho recuperarse. Después, en el año de 1942 fue elegida Secretaria General del Partido, aprende ruso y logra entrevistarse con varias autoridades comunistas del mundo, entre ellos Stalin, quien la recibió por segunda vez.

Durante años, Dolores había mantenido un amorío con Francisco Antón, quien pertenecía al partido y era 17 años menor que ella. Cuando esto se hizo público el Partido se opuso, y ella se doblegó pues prefería sacrificar su vida sentimental a sus ideales políticos.

Después es enviada a Checoslovaquia para que transmita en la Radio España Independiente. Durante el VI Congreso renuncia a la Secretaría, sin embargo es elegida Presidenta del partido. A los pocos años, es galardona con el premio Lenin para la Paz y recibe un doctorado Honoris Causa en Historia de la Universidad de Moscú.

Por esa época, viaja a Cuba, a China, Italia, Suiza y Yugoslavia. Al año siguiente de la muerte del general Franco, Dolores decide regresar a España. En ese momento tiene 80 años, de los cuales 38 los ha vivido en el exilio, lejos de la tierra que la vio nacer.

Corre el año de 1977, Dolores vuelve a Asturias donde es reelegida diputada. Seis años después, se estrena en Madrid la película "Dolores" que retrata parte de su vida. Al final de su vida, participa en la manifestación que hacen las madres de la Plaza de Mayo en Argentina. La Pasionaria nunca abandonó su actividad y murió en 1989, año en que cayó irónicamente el Muro de Berlín, a la edad de noventa y cuatro años y en su ciudad natal.
"Dicen, Dolores, que has muerto. Qué tontería. Pervives en cada uno de los que te quieren y ¡son tantos! En cada imagen de la humana nobleza, en cada gesto de llaneza austera, en cada palabra de afirmación en la justicia, en cada voz de rotundidad sonora. Tu imagen, tus gestos, tu palabra, tu voz (...).
Mujer, cuánto has hecho por tus compañeras. Mujer, qué ejemplo para mujeres y hombres. Mujer, qué roca llena de ternura. Mujer, qué fragancia de firmeza. Dolores, ha sido muy largo y muy duro tu combate. Entorna los ojos y sueña en tu pueblo. Duerme, compañera Ibárruri. Reposa, camarada Pasionaria. Descansa, presidenta. Sueña dulcemente, madre Dolores".
Palabras de Julio Anguita, en el entierro de La Pasionaria.


Esta gran mujer es recordada por poetas del nivel de Rafael Alberti, Antonio Machado y Miguel Hernández. Además, sus múltiples publicaciones como "Me faltaba España" de 1984, "Pasionaria, la lucha y la vida" de 1985, y "Memorias de Dolores Ibarruri" entre 1936-77 dejan un buen rastro de lo que fue su lucha por los ideales socialistas de igualdad y de derechos para los oprimidos.

Obra poética dedicada a La Pasionaria.

"Una pasionaria para Dolores" (Rafael Alberti)

¿Quién no la mira? Es la entraña
del pueblo cántabro y minera.
Tan hermosa como si uniera
tierra y cielo en toda España.

¿Quién no la escucha? De los llanos
sube su voz hasta las cumbres,
y son los hombres más hermanos
y más altas las muchedumbres.

¿Quién no la sigue? Nunca el viento
dio una bandera más pasión
ni ardió más grande un corazón
al par de un mismo pensamiento.

¿Quién no la quiere? No es la hermana,
la novia ni la compañera. 
Es algo más: la clase obrera,
madre del sol de la mañana.

"Pasionaria" (Miguel Hernández)

Pasionaria
Moriré como el pájaro: cantando,
penetrado de pluma y entereza,
sobre la duradera claridad de las cosas.
Cantando ha de cogerme el hoyo blando,
tendida el alma, vuelta la cabeza
hacia las hermosuras más hermosas.

Una mujer que es un estepa sola
habitada de aceros y criaturas,
sube de espuma y atraviesa de ola
por este municipio de hermosuras.

Dan ganas de besar los pies y la sonrisa
a esta herida española, 
y aquel gesto que lleva de nación enlutada,
y aquella tierra que de pronto pisa
como si estuviera la tierra en la pisada.

Fuego la enciende, fuego la alimenta:
fuego que crece, quema y apasiona
desde el almendro en flor de su osamenta.
A sus pies, la ceniza más helada se encona.

Vasca de generosos yacimientos:
encina, piedra, vida, hierba noble,
naciste para dar dirección a los vientos,
naciste para ser esposa de algún roble.

Sólo los montes pueden sostenerte
grabada estás en tronco sensitivo,
esculpida en el sol de los viñedos.
El minero descubre por oírte y por verte
las sordas galerías del mineral cautivo,
y a través de la tierra les lleva hasta tus dedos.

Tus dedos y tus uñas fulgen como carbones,
amenazando fuego hasta a los astros
porque en mitad de la palabra pones
una sangre que deja fósforo entre sus rastros.

Claman tus brazos que hacen hasta espuma
al chocar contra el viento:
se desbordan tu pecho y tus arterias
porque tanta maleza se consuma,
porque tanto tormento,
porque tantas miserias.

Los herreros te cantan al son de la herrería,
Pasionaria el pastor escribe en la cayada
y el pescador a besos te dibuja en las velas.

Oscuro el mediodía,
la mujer redimida y agrandada,
naufragadas y heridas las gacelas
se reconocen al fulgor que envía
tu voz incandescente, manantial de candelas.

Quemando con el fuego de la cal abrasada,
hablando con la boca de los pozos mineros,
mujer, España, madre en infinito,
eres capaz de producir luceros,
eres capaz de arder de un solo grito.
Pierden maldad y sombra tigres y carceleros.

Por tu voz habla España la de las cordilleras,
la de los brazos pobres y explotados,
crecen los héroes llenos de palmeras
y mueren saludándote pilotos y soldados.

Oyendo rebatir como cubierta
de meridianos, yunques y cigarras,
el varón español sale a su puerta
a sufrir recorriendo llanuras de guitarras.

Ardiendo quedarás enardecida
sobre el arco nublado del olvido,
sobre el tiempo que teme sobrepasar tu vida
y toca como un ciego, bajo un puente
de ceño envejecido,
un violín lastimado e impotente.

Tu cincelada fuerza lucirá eternamente,
fogosamente plena de destellos. 
Y aquel que de la cárcel fue mordido
terminará su llanto en tus cabellos.

"La Pasionaria" (Nicolás Guillén)

Una paloma me dijo que volando sobre España
salir oyó esta canción del pecho de una guitarra.
Corre donde está Dolores, Paloma dile,
dile tú que yo te he dicho que España vive,
que el Manzanares sangriento, Paloma dile,
entre recuerdos de pólvora Dolores dice.

Que el mar deshecho en la playa, Paloma dile,
y el largo viento errabundo, los dos la siguen. 
Uno con su voz de espumas, Paloma dile,
otro cargado de rosas y de jazmines
que desde el llano a la sierra, Paloma dile,
pecho y pecho el pueblo junta y el tiempo mide.

Que al pie del árbol caído, Paloma dile,
otro árbol crece y su tronco, de verde viste.
Que en sótanos y desvanes, Paloma dile,
en subterráneos y minas, pozos y aljibes.

En el fondo de la tierra, Paloma dile,
cerca de los manantiales y las raíces
un guerrillero sin sueño, Paloma dile,
un guerrillero sin sueño carga su rifle.

"Pasionaria" (Ana Belén)

Sí, veremos a Dolores caminar
las calles de Madrid.

¿Quién te puede negar?
Si el tiempo transcurrido confirmó
que esto no daba más,
y que era inevitable la reconciliación.
Se gastan las palabras
golpeando contra el muro,
pero ahí están las tuyas 
cargadas de futuro.

Sí, veremos a Dolores caminar...

¿Quién te puede negar?
No hay tregua en el combate por la paz.
Desde el 56 
tendimos nuestra mano
a todos los demás.
Bandera infatigable
del hombre acorralado,
de un pueblo que no quiere
vivir amordazado.

Sí, veremos a Dolores caminar...

¿Quién nos puede negar?
¿Por qué nos regatean respirar?
Quién se atreve a explicar
que sea un beneficio
la clandestinidad.
Para otros los laureles,
la regalada historia,
que el único camino
nos lleve a la victoria.

"Pasionaria" (Antonio Pérez Morte)

Yo sé de dónde viene esta mujer enlutada.
Yo sé, labio del pueblo, mirada que habla.
Yo sé de dónde viene, yo sé a dónde marcha.
Yo sé, voz del obrero, luchadora sin armas,
por quién viste de negro Pasionaria de España.


"Pasionaria" (Vicente Huidobro)

Vas con tu voz de alma abierta en rosas
Vas en tu voz a todos los dolores y todas las esperanzas
Y llenas de madre el mundo
Te deshojas en fe y en entusiasmo y en piedad
Tus pétalos cierran las heridas
Y perfuman las lágrimas tan huérfanas como la pluma que se cayó de una                 [gaviota al mar
Vas con tu voz y tus pétalos dulces
Vas haciendo nidos con tu mirada llena de ángeles
Vas vestida de gloria junto a la muerte coronando muertos
Vas vestida de fuego junto a la vida despertando vida
Llegas primero como noticia de alba
Como nacer de un niño sol sobre miles de brazos extendidos
Llegas como el barco que trae tesoros y luz de islas remotas y rumores de                 [grandes ríos en lucha con océanos feroces
Es preciso sacudir al cielo
y despertar los mares y decirles todo lo que está pasando
Es preciso informar a las estrellas cuando bajan más cerca
O cuando una voz sube más alta
Hora es que el destino se haga carne y cálido prodigio
Tierra nuestra tierra España Pasionaria
Voz visible como inscripción de sueño
Voz en forma de luz ansiosa
En forma de agua para la sed y de pan para el hambre
Dolor de los siglos pasados
Para crear la alegría de los siglos futuros

Mujer de España labio de las tierras ofendidas
España en carne y nido y árbol
De qué honduras vienen tus escalofríos
Qué molinos de viento se hicieron arco-iris
Y qué alas batían el tiempo en tu garganta
Para que no se sintiera su dureza
Eres el hada de corazón interminable
Eres la cuna de las edades luminosas trepando al horizonte
Vas tan serena con tu destino a cuestas y tantos otros destinos sobre un camino          [de sangre con tu canasta de plumas suaves
Allí donde se mezcla la muerte con la vida
Apareces y estrujas tus racimos sobre las bocas de piedra comenzada
Tiendes las alas y sonríes de ternura sobre los ojos que van a hacerse estrellas            [de su gloria

Qué viento de muerte absorbes
Qué viento de vida exhalas
Mujer con la garganta llena de paisajes doloridos
Mujer de tierra firme y cielos hinchados de optimismo
Mujer de terciopelo y armaduras
Naciendo en cada ensueño visible en toda herida
Cruzada de palomas y de truenos
Vas y te acercas y todas las alas llegan
Y todas las bocas cantan en la marea que sube
El dolor de los tiempos pasados
Para crear la alegría de los tiempos futuros.



FUENTES: SOLONOSOTRAS, MUY INTERESANTE, TRIANA ARTS, ROSA BLINDADA, MEMÒRIA REPRESSIÓ FRANQUISTA.

miércoles, 12 de noviembre de 2014

DOLORES IBARRURI, "LA PASIONARIA": IN MEMORIAM


IN MEMORIAM DE DOLORES IBARRURI, "LA PASIONARIA" (9/12/1985 - 12/11/1989)

Hoy hace veinticinco años que Pasionaria nos dejó... Que decir que ya no lo dijeran miles de personas que escribieron sobre ella: una mujer libre y comprometida con la revolución socialista, que nunca aceptó la dominación masculina ni la explotación del campesinado y la clase obrera. Demasiado para los nostálgicos y las nostálgicas de una dictadura que cometió un horrible genocidio, por eso la odian... Yo reivindico ahora más que nunca la frase que la hizo célebre: 
"Es preferible morir de pie que vivir de rodillas".

Rafael Alberti lo escribe en su poema "Una Pasionaria para Dolores"

"¿Quién no la mira? Es de la entraña
del pueblo cántabro y minera.
Tan hermosa como si uniera
tierra y cielo de toda España.

¿Quién no la escucha? De los llanos
sube su voz hasta las cumbres,
y son los hombres más hermanos
y más altas las muchedumbres.

¿Quién no la sigue? Nunca al viento
dio una bandera más pasión
ni ardió más grande un corazón
al par de un mismo pensamiento.

¿Quién no la quiere? No es la hermana,
la novia ni la compañera.
Es algo más: la clase obrera,
madre del sol de la mañana."

Signos del día, 1963...

HASTA SIEMPRE CAMARADA!!!!!!!



martes, 5 de agosto de 2014

Las Trece Rosas: ¿Quiénes eran?


"Trece rosas rojas, las trece rosas,
eran trece las llevaba en camión, 
las bajaron a golpes y nerviosas
estrecharon sus manos en el paredón.

Trece rosas rojas, las trece rosas
y delante los fusiles del pelotón
iban a matarlas y victoriosas
gritaron: ¡República y Revolución!

Blanca, Carmen, Virtudes, Avelina,
Dionisia, Luisa, Martina, Victoria,
Pilar, Julia, Ana, Elena, Joaquina.

Trece rosas rojas, en la memoria,
trece rosas rojas en la retina,
roja sangre que escribió la historia.

Aitor Cuervo Taboada

En el ambiente de ese verano de posguerra -trístisimo para un@s y glorioso para otr@s-, se mezclaban las ruinas de los edificios y la pobreza de sus poblador@s con las dolorosas secuelas físicas y psicológicas de la contienda. Y, sobre todo, abundaban ya la propaganda y la represión. El día a día de la capital estaba marcado por las denuncias constantes de vecin@s, amig@s y familiares; por la delación, los procesos de depuración en la Administración, en la Universidad y en las empresas; por las redadas, los espías infiltrados en todas partes, las detenciones y las ejecuciones sumarias. En junio habían comenzado, incluso, los fusilamientos de mujeres -el 24 de junio, con el fusilamiento de las hermanas Guerra Basanta, Manuela y Teresa-. "Españoles, alerta. España sigue en pie de guerra contra todo enemigo del interior o del exterior, perpetuamente fiel a sus caídos. España, con el favor de Dios, sigue en marcha, una, grande, libre, hacia su irrenunciable destino...", voceaban las radios de Madrid. "Juro aplastar y hundir al que se interponga en nuestro camino", advertía Franco en sus discursos. 

"Reunido el Consejo de Guerra Permanente número 9 para ver y fallar la causa número 30.426 que por el procedimiento sumarísimo de urgencia se ha seguido contra l@s procesad@s (...) responsables de un delito de adhesión a la rebelión (...) Fallamos que debemos condenar y condenamos a cada un@ de l@s acusad@s (...) a la pena de muerte", dice la Sentencia. A Julia Conesa la acusaban hasta de haber sido "cobradora de tranvías durante la dominación marxista".

Y apenas 24 horas más tarde, 13 de aquellas mujeres (tendrían que haber sido 14, pero un error mecanográfico salvó temporalmente de la muerte a Antonia Torre Yela, que sería ejecutada meses después, el 19 de febrero de 1940) y 43 hombres fueron ejecutad@s ante las tapias del Cementerio del Este (el Cementerio de la Almudena). El momento lo recuerdan así algunas compañeras de presidio: "Yo estaba asomada a la ventana de la celda y las vi salir. Pasaban repartidores de leche con sus carros y la Guardia Civil los apartaba. Las presas iban de dos en dos y tres guardias escoltaban a cada pareja, parecían tranquilas".

"Algunas permanecimos arrodilladas desde que se las llevaron, durante un tiempo que me parecieron horas, sin que nadie dijera nada. Hasta que María Teresa Igual, la funcionaria que las acompañó, se presentó para decirnos que habían muerto muy serenas y que una de ellas, Anita, no había fallecido con la primera descarga y gritó a sus verdugos:'¿es que a mí no me matan?'".

"Si fue terrible perderlas, verlas salir, tener que soportarlo con aquella impotencia, más lo fue ver la sangre fría de Teresa Igual relatando cómo habían caído. Entre las cosas que nos dijo, fue que las chicas iban muy ilusionadas porque pensaban que iban a verse con los hombres (con sus novios y maridos, también condenados) antes de ser ejecutadas, pero se encontraron que ya habían sido fusilados".

La mayoría de estas mujeres eran menores de edad, entonces establecida en los 21 años. Y por su juventud recibieron el nombre de "las trece rosas", y su historia se convirtió pronto en una de las más conmovedoras de aquel tiempo de odio fratricida y fascismo. 

Las trece rosas eran mujeres que sabían bien lo que hacían, y que con gran valentía y clarividencia lucharon contra el régimen antidemocrático que se avecinaba. Se afiliaron a las Juventudes Socialistas Unificadas (JSU) de forma consciente; pudiendo quedarse en casa, salieron a la calle y optaron por luchar y defender la II República española, desempeñando diversas labores durante la defensa de Madrid y poniendo en riesgo sus propias vidas.

El régimen franquista adoptaba un tono paternalista con las mujeres en sus mensajes, pero trató con igual inquina a hombres y a mujeres. La miliciana era para los vencedores la antítesis de la mujer, cuya misión en la vida era ser madre y reposo del guerrero. Por ello, el régimen de Franco hizo todo lo posible por destruir el espíritu de libertad de las mujeres que se había creado con la República.


Eran modistas, pianistas, sastras, amas de casa, militantes todas, menos Blanca Brisac, de las JSU. El suyo se considera uno de los castigos más duros a l@s vencid@s de la posguerra.

Aunque las detenciones y las ejecuciones habían empezado mucho antes. "El número de detenciones diarias en la capital era muy variable en 1939, aunque muchos días la información titulada 'Detención de autores de asesinato' estaba formada por más de cien nombres...".

"Los peores meses fueron junio, con 227 fusilad@s; julio, con 193; septiembre, con 106; octubre, con 123, y noviembre, con 201. Por días, los más sangrientos fueron el 14 de junio: 80 fusilados; 24 de junio, 102; 24 de julio, 48; el 5 de agosto, 56 (...) Ese día, y 48 horas después de dictar sentencia, fueron fusiladas las 'trece rosas', de entre 18 y 29 años, que habían intentado reconstruir las JSU en la clandestinidad".

"Franco se proponía destruir hasta la simiente de los rojos en este país... y al decir rojos, estoy diciendo los simples demócratas, los liberales, cualquier recuerdo de los tiempos en que España había sido libre".

Las Trece Rosas fueron elegidas para morir entre las 4.000 reclusas hacinadas en Ventas en un espacio pensado para 400 (más de 280.000 presos políticos se contaban en 1939 en España). ¿Por qué ellas y no otras? Pasaron a la historia como "Las Trece Rosas", aunque sus compañeras de prisión las conocían como "las menores" y sus nombres eran Ana López Gallego, Victoria Muñoz García, Martina Barroso García, Virtudes González García, Luisa Rodríguez de la Fuente, Julia Conesa Conesa, Elena Gil Olaya, Dionisia Manzanero Sala, Joaquina López Laffite, Carmen Barrero Aguado, Pilar Bueno Ibáñez, Blanca Brisac Vázquez y Adelina García Casillas. En realidad, deberían haber sido 14, pero Antonia Torre Yela, asistió sorprendida a una "saca" a la estaba destinada pero para la que no la reclamaban. Un error mecanográfico en la orden de ejecución al escribir su nombre, Antonio por Antonia, le permitió eludir aquella tétrica ceremonia; que debería protagonizar unos meses después, al ser ejecutada el 19 de febrero de 1940.

CARMEN BARRERO AGUADO (24 años, modista). Comunista, natural y vecina de Madrid. Afiliada al PCE desde diciembre de 1936, durante la guerra estuvo trabajando en talleres de intendencia de Valencia. Trabajaba desde los 12 años, tras la muerte de su padre, para ayudar a mantener a su familia, que contaba con 8 hermanos más, 4 menores que ella. Encargada por los dirigentes del Comité Nacional clandestino de elaborar un plan de trabajo político destinado a las mujeres, el programa elaborado la señala como una mujer interesada no sólo por la creación de espacios exclusivamente femeninos y especializados en tareas de solidaridad y asistencia -como la propuesta de creación de la "Unión de Mujeres contra la Guerra"-, sino por el desarrollo político de las militantes. Detenida, el 17 de mayo de 1939 ingresó en la cárcel de Ventas. 

MARTINA BARROSO AGUADO (22 años, modista). Natural de Gilbuena (Ávila); vecina de Chamartín de la Rosa (Madrid). En marzo de 1937 entró en las JSU. Hasta finales de 1938 estuvo cosiendo en un taller de su organización y, posteriormente, trabajó en un comedor social hasta el final de la guerra. Integrante de un grupo creado en Chamartín de la Rosa, Madrid, por Julián Muñoz Tarraga, al mando de Sergio Ortiz González, para tomar parte en los trabajos clandestinos de las JSU (iba al abandonado frente de la Ciudad Universitaria a buscar armas y municiones -lo que estaba prohibido-). Ingresó el 6 de junio de 1939 en la cárcel de Ventas, siendo enviada al departamento habilitado para menores de edad.

BLANCA BRISAC VÁZQUEZ (29 años, pianista). Natural de San Sebastián, y vecina de Madrid. Era la única casada, con Enrique García Mazas, y tenía un hijo. No militaba en ninguna fuerza política. Era católica y votante de derechas. De profesión pianista tocaba junto a su esposo en una pequeña orquesta que amenizaba las proyecciones de las películas del Cine Alcalá. La ayuda económica que la pareja hizo a un músico militante del Partido Comunista, Juan Cánepa, tras la guerra hizo que fueran detenidos. El marido de Blanca también estuvo en la saca del día 5 de agosto de 1939. Escribió una carta a su hijo pocas horas antes de ser fusilada, que le fue entregada por su familia (todos de derechas) 16 años después. La carta aún se conserva y dice así:

"Querido, muy querido hijo de mi alma. En estos últimos momentos tu madre piensa en ti. Sólo pienso en mi niñito de mi corazón que es un hombre, un hombrecito, y sabrá ser todo lo digno que fueron sus padres. Perdóname, hijo mío, si alguna vez he obrado mal contigo. Olvídalo, hijo, no me recuerdes así, y ya sabes que bien pesarosa estoy.
     Voy a morir con la cabeza alta. Sólo por ser buena: tú mejor que nadie lo sabes, Quique mío.
     Sólo te pido que seas muy bueno, muy bueno siempre. Que quieras a todos y que no guardes nunca rencor a los que dieron muerte a tus padres, eso nunca. Las personas buenas no guardan rencor y tú tienes que ser un hombre bueno, trabajador. Sigue el ejemplo de tu papachín. ¿Verdad, hijo, que en mi última hora me lo prometes? Quédate con mi adorada Cuca y sé siempre para ella y mis hermanas un hijo. El día de mañana, vela por ellas cuando sean viejitas. Hazte el deber de velar por ellas cuando seas un hombre. No te digo más. Tu padre y yo vamos a la muerte orgullosos. No sé si tu padre habrá confesado y comulgado, pues no le veré hasta mi presencia ante el piquete. Yo sí lo he hecho.
     Enrique, que no se te borre nunca el recuerdo de tus padres. Que te hagan hacer la comunión, pero bien preparado, tan bien cimentada la religión como me la enseñaron a mí. Te seguiría escribiendo hasta el mismo momento, pero tengo que despedirme de todos. Hijo, hijo, hasta la eternidad. Recibe después de una infinidad de besos el beso eterno de tu madre. Blanca."

PILAR BUENO IBÁÑEZ (26 años, modista). Natural de Sos del Rey Católico (Zaragoza), viviendo desde los cuatro años en casa de sus tíos, en la calle Príncipe de Vergara. Modista de profesión, trabajaba en un taller que cosía para gente "bien" por un escaso jornal que la obligaba a prolongar su jornada en casa si quería llegar a fin de mes, ya que la muerte de su tío había convertido su salario en el único ingreso de la familia. Nada más iniciada la guerra, Pilar se ofreció voluntaria para trabajar en una de las numerosas casas-cuna que se abrieron en la ciudad para acoger a los niños huérfanos y atender a los hijos de los milicianos que iban al frente. El 25 de noviembre de 1936 ingresó en el PCE. Empezó a llevar las cuentas del Radio Norte, siendo elegida para formarse como dirigente en la Escuela de Cuadros del partido, de donde salió como secretaria de organización del Radio Norte (zona de Cuatro Caminos). Al acabar la guerra entró en contacto con Federico Bascuñana, trabajando con éste en la dirección del sector Norte. En una reunión celebrada en un descampado, cerca del depósito de aguas del Lozoya, a la que asistió entre otros Enrique Castro, se decidió crear un Comité Provincial, determinándose que el sector Norte, ante la desorganización existente, asumiera sus funciones. Pilar fue nombrada responsable de organización del Comité de Madrid, encargándose de elegir enlaces y dirigentes para los sectores. Una labor complicada por la feroz represión que vivía la ciudad. Su domicilio se convirtió en el centro de reunión de la nueva dirección del partido. Fue detenida el 15 de mayo de 1939 junto a Federico Bascuñana, ingresando en la cárcel de Ventas dos días más tarde (el 17 de mayo).

JULIA CONESA CONESA (19 años, modista). Nacida en Oviedo. Vivía en Madrid con su madre y sus dos hermanas. Una de ellas murió de pena (por la muerte de su novio en las guerrillas) estando ella detenida. Se afilió a las JSU por las instalaciones deportivas que presentaban a finales de 1937, donde se ocupó de la monitorización de éstas. Pronto se empleó como cobradora de tranvías, ya que su familia necesitaba dinero, y dejó el contacto con las JSU. Fue detenida en mayo de 1939 siendo denunciada por un compañero de su "novio". La detuvieron cosiendo en su casa. En una de sus últimas cartas escribió: "Que mi nombre no sea borrado de la historia".

Última carta a su madre:

     "Madre, hermanos, con todo el cariño y entusiasmo os pido que no me lloréis nadie. Salgo sin llorar. Cuidar a mí madre. Me matan inocente, pero muero como debe morir una inocente. 
     Madre, madrecita, me voy a reunir con mi hermana y papá al otro mundo, pero ten presente que muero por persona honrada.
     Adiós, madre querida, adiós para siempre.
     Tu hija, que ya jamás te podrá besar ni abrazar.
     Julia Conesa.
     Besos para todos, que ni tú ni mis compañeros lloréis.
     QUE MI NOMBRE NO SE BORRE EN LA HISTORIA".



ADELINA GARCÍA CASILLAS (19 años, activista). Era conocida como la mulata por su piel morena y sus labios gruesos. Amiga de Julia Conesa y militante también de las JSU, desde principios del año 1937. Hija de un guardia civil viudo. Le mandaron una carta a su casa afirmando que sólo querían hacerle un interrogatorio rutinario. Se presentó de manera voluntaria, pero no regresó a su casa. Ingresó en prisión el 18 de mayo de 1939; donde trabajó como cartera del penal. 

ELENA GIL OLAYA (20 años, activista). Ingresó en las JSU en 1937. El final de la guerra le pilló en Murcia, desde donde regresó a Madrid a primeros de abril de 1939. Una vez en la capital, su amigo Rafael Muñoz Coutado le propuso continuar trabajando para el partido. Se integró junto a Victoria Muñoz en uno de los grupos creados en el sector de Chamartín de la Rosa, que era dirigido por Sergio Ortiz.

VIRTUDES GONZÁLEZ GARCÍA (18 años, modista). Amiga de María del Carmen Cuesta (15 años, perteneciente a las JSU y superviviente de la prisión de Ventas). Se afilió a las JSU en 1936, al poco de estallar la guerra; donde conoció a Vicente Ollero, que terminó siendo su novio, el cual fue nombrado responsable del Radio Oeste de las juventudes al acabar la contienda y ella hizo de enlace entre éste y la dirección madrileña de las mismas. Fue detenida el 16 de mayo de 1939 denunciada por un compañero suyo bajo tortura.



ANA LÓPEZ GALLEGO (21 años, modista). Era la mayor de cuatro hermanos. Militante de las JSU, durante la guerra fue secretaria femenina del Radio de Chamartín de la Rosa. Su novio, que también era comunista, le propuso irse a Francia, pero ella decidió quedarse con sus tres hermanos menores en Madrid. Tras la entrada de las tropas nacionales en Madrid, su amigo Julián Muñoz Tárrega le propuso que se reincorporara a las juventudes como miembro de un grupo dirigido por Sergio Ortiz, del que también formaba parte otras tres 'rosas': Martina Barroso, Victoria Muñoz y Elena Gil Olaya. Fue detenida el 16 de mayo, pero no fue llevada a la cárcel de Ventas hasta el 6 de junio. Se cuenta que no murió en la primera descarga y que preguntó: "¿Es que a mí no me matan?".


JOAQUINA LÓPEZ LAFFITE (23 años, secretaria). Asturiana. La más pequeña de cinco hermanos huérfanos de padre y madre desde 1931. Estudiante. En septiembre de 1936 se afilió a las JSU. Se le encomendó la secretaría femenina del Comité Provincial clandestino. Fue denunciada por Severino Rodríguez (número dos en las JSU). La detuvieron el 18 de abril de 1939 en su casa, junto a sus hermanos. La llevaron a un chalet. La acusaron de ser comunista, pero ignoraban el cargo que ostentaba. Joaquina reconoció su militancia durante la guerra, pero no la actual. No fue conducida a Ventas hasta el 3 de junio, a pesar de ser de las primeras detenidas.

DIONISIA MANZANERO SALAS (20 años, modista). Tercera por edad de los seis hijos de una familia del barrio de Cuatro Caminos. Su padre era militante de la UGT. Se afilió al Partido Comunista (PCE) en abril de 1938, después de que un obús matara a su hermana Pepita y a unos chicos que jugaban en un descampado próximo al domicilio familiar. Amiga de Pilar Bueno, al acabar la guerra fue elegida para que hiciera de enlace entre los dirigentes del partido que quedaron en la capital. Fue detenida el 16 de mayo de 1939. Así se despedía Dionisia de sus padres y hermanos:

     "Queridísimos padres y hermanos,

     Quiero en estos momentos tan angustiosos para mí poder mandaros las últimas letras para que durante toda la vida os acordéis de vuestra hija y hermana, a pesar de que pienso que no debiera hacerlo, pero las circunstancias de la vida lo exigen.
     Como habéis visto a través de mi juicio, el señor fiscal me conceptúa como un ser indigno de estar en la sociedad de la Revolución Nacional Sindicalista. Pero no os apuréis, conservar la serenidad y la firmeza hasta el último momento, que no os ahoguen las lágrimas, a mí no me tiembla la mano al escribir. Estoy serena y firme hasta el último momento. Pero tened en cuenta que no muero por criminal ni ladrona, sino por una idea.
     A Bautista le he escrito, si le veis algún día darle ánimos y decirle que puede estar orgulloso de mí, como anteriormente me dijo.
     A toda la familia igual, como no puedo despedirme de todos en varias cartas, lo hago a través de ésta. Que no se preocupen, que el apellido Manzanero brillará en la historia, pero no por crimen.
     Nada más, no tener remordimiento y no perder la serenidad, que la vida es muy bonita y por todos los medios hay que conservarla. Madre, ánimo y no decaiga. Vosotros ayudar a que viva madre, padre y los hermanos. Padre, firmeza y tranquilidad.
     Dar un apretón de manos a toda la familia, fuertes abrazos, como también a mis amigas, vecinos y conocidos.
    Mis cosas ya os las entregarán, conservar algunas de las que os dejo. Muchos besos y abrazos de vuestra hija y hermana, que muere inocente.

Dioni".

VICTORIA MUÑOZ GARCÍA (18 años, activista). Natural y vecina de Madrid. En 1936 se incorporó a las Juventudes Socialistas Unificadas (JSU). Al acabar la guerra, su amigo Julián Muñoz Tárrega la incorporó al grupo que dirigía Sergio Ortiz en el sector de Chamartín de la Rosa, del que también formaron parte Ana López, Elena Gil, Luisa Rodríguez y Martina Barroso. Victoria era la hermana de Gregorio Muñoz "Goyo", responsable "militar" del sector, y no costó mucho convencerla. Tenía dieciocho años al ingresar en la cárcel de Ventas el 6 de junio de 1939. Su hermano Juan había muerto en comisaría a consecuencia de las palizas recibidas y su otro hermano, Gregorio, había sido fusilado el 18 de mayo. 

LUISA RODRÍGUEZ DE LA FUENTE (18 años, sastra). Comunista, natural y vecina de Chamartín de la Rosa (Madrid). Ingresó en las Juventudes Socialistas Unificadas (JSU) al declararse la guerra, colaborando en trabajos de retaguardia. Al acabar la guerra se encontró un día con Julián Muñoz mientras paseaba por la que había sido Avenida de la Libertad, en el barrio de Tetuán, junto a su amiga Antonia Torres. Julián les informó que las JSU se habían vuelto a organizar, animándolas a unirse al grupo dirigido por Sergio Ortiz en Chamartín de la Rosa, del que también formarían parte Ana López, Victoria Muñoz, Elena Gil y Martina Barroso. Fue detenida el 28 de abril de 1939, denunciada por el agente de Policía Manuel Fernández, que conocía de su filiación comunista durante la guerra. Según sus declaraciones, Julián le habría ofrecido el cargo de jefe de un grupo del sector de Chamartín de la Rosa, para el que tenía que buscar a cinco jóvenes dispuestos a formar parte de él. Cuando fue detenida tan sólo había tenido tiempo de convencer a su primo Isidro Hernández de la Fuente, secretario del Círculo de Vicente Barrios. Ingresó en la cárcel de Ventas en mayo de 1939, siendo la primera de las Trece Rosas en entrar en la prisión.

ANTONIA TORRE YELA (18 años, trabajadora de una fábrica). Comunista, natural y vecina de Madrid. Trabajadora de una fábrica de sobres. En octubre de 1936 ingresó en las Juventudes Socialistas Unificadas (JSU). Tras la guerra civil, formó parte de un grupo, al mando de Sergio Ortiz, organizado en Chamartín de la Rosa (Madrid), para tomar parte en los trabajos clandestinos de las JSU pero no llegaron a realizar ninguno porque fueron detenidos rápidamente. Fue encarcelada en la prisión madrileña de Ventas el 3 de junio de 1939. Era la "rosa decimocuarta". Por un error de transcripción, en el oficio entregado al piquete de ejecución figuraba como Antonio, no fue ejecutada con las demás el 5 de agosto de 1939, sino que lo sería el 19 de febrero de 1940.

Antonia Torre Yela figura erróneamente en diversos listados y documentos oficiales como Antonia Torres Llera, según informó un familiar suyo en carta a El País ya hace algunos años (pp. 328-329 de la tesis doctoral de Fernando Hernández Holgado). 



FUENTES: Trece Rosas Rojas, de Carlos Fonseca; El Mundo, de 19 de octubre de 2007; La Historia en la Memoria; Quienes eran.

IMÁGENES: Google.

Las Trece Rosas. 5 de agosto: el fin de sus días y el nacimiento de un símbolo para la lucha

Ya había acabado el día 4 de agosto, habían ganado un día más a la muerte, eso pensaron, cuando dadas las 12 de la noche y a una hora inusual, fueron a buscarlas. Se armó un gran revuelo en toda la prisión de Ventas, murmurándose las unas a las otras que venían a por las menores; los llantos de impotencia por la injusticia que empezaba a hacerse realidad fueron acompañando el trasiego de mujeres de aquí para allá, abrazando los últimos momentos de vida que quedaban a un grupo de mujeres, que morían por buenas, por honestas, por luchar por la libertad.

Fueron trece las mujeres que aquella noche dejaron la prisión hacinada de otras muchas que también esperaban: su indulto, su juicio, su ejecución (desde el 24 de junio de ese mismo año, no había semana en que no ejecutaran a alguna mujer) o, simplemente, cumplir su condena como es el caso de la única joven de esa maldita causa 30.426 que se salvó de la "pepa", Julia Vellisca, que eludió la pena capital a cambio de doce años y un día de reclusión temporal, como una especie de concesión a la defensa, o como un acto de magnanimidad del Caudillo, como queriendo dejar un testigo de aquel castigo ejemplar, como un toque de atención tanto a l@s roj@s como a las mujeres: no se iba a tolerar más que una opinión, un pensamiento, el Único, el impuesto por los vencedores, y toda aquella persona que osase ir en contra de él, teniendo pensamientos libres, podría acabar pagándolo con su vida; así como tampoco se iba a tolerar otro comportamiento en las mujeres que no fuese el impuesto por el nuevo régimen, como una mujer casta, amante esposa y madre; toda aquella conducta que se saliera de estos viejos roles a los que volvían a verse abocadas las mujeres, sería castigada hasta con la muerte. 


Mientras esperaban al destartalado y viejo camión que las conduciría hasta la muerte, unas rezaban y otras aprovecharon para despedirse de sus seres más queridos: Blanca Brisac, la mayor de las trece rosas, se despedía de su hijo, de once años, al que sólo en una noche las fuerzas franquistas iban a dejar huérfano de padre y de madre:

"Querido, muy querido hijo de mi alma. En estos últimos momentos tu madre piensa en ti. Sólo pienso en mi niñito de mi corazón que es un hombre, un hombrecito, y sabrá ser todo lo digno que fueron sus padres. Perdóname, hijo mío, si alguna vez he obrado mal contigo. Olvídalo, hijo, no me recuerdes así, y ya sabes que bien pesarosa estoy.
     Voy a morir con la cabeza alta. Sólo por ser buena: tú mejor que nadie lo sabes, Quique mío...."

Dionisia Manzanero, se despedía de sus padres y hermanos: "Queridísimos padres y hermanos: 
     Quiero en estos momentos tan angustiosos para mí poder mandaros las últimas letras para que durante toda la vida os acordéis de vuestra hija y hermana, a pesar de que pienso que no debiera hacerlo, pero las circunstancias de la vida lo exigen.
     Como habéis visto a través de mi juicio, el señor fiscal me conceptúa como un ser indigno de estar en la sociedad de la Revolución Nacional Sindicalista.
     Pero no os apuréis, conservar la serenidad y la firmeza hasta el último momento, que no os ahoguen las lágrimas, a mí no me tiembla la mano al escribir. Estoy serena y firme hasta el último momento.
     Pero tened en cuenta que no muero por criminal ni ladrona, sino por una idea.
     (...)
      Muchos besos y abrazos de vuestra hija y hermana que muere inocente".

Y Julia Conesa Conesa también se despedía de los suyos, con estas palabras:

     "Madre, hermanos, con todo el cariño y entusiasmo os pido que no me lloréis nadie. Salgo sin llorar. Cuidar a mi madre. Me matan inocente, pero muero como debe morir una inocente.
     Madre, madrecita, me voy a reunir con mi hermana y papá al otro mundo, pero ten presente que muero por persona honrada.
     Adiós, madre querida, adiós para siempre.
     Tu hija, que ya jamás te podrá besar ni abrazar.
     Julia Conesa.

     Besos para todos, que ni tú ni mis compañeras lloréis.
     Que mi nombre no se borre en la historia".

A las 4 de la madrugada llegó el viejo camión, que poco tiempo después y en silencio fueron ocupando las trece jóvenes, para recorrer los escasos 500 metros que separaban la prisión del Cementerio del Este. "Despuntaba de manera tímida en el horizonte la línea de un sol de verano cuando se apearon del camión, y siguiendo las instrucciones de sus guardianes se dirigieron hacia una tapia habilitada en el mismo camposanto como lugar de ejecución. Todo era silencio...". Había llegado el final de las Trece Rosas, ahora sabían que que habían llegado a su destino... 

"Las colocaron en línea, hombro con hombro. Transcurrieron unos instantes interminables, de un silencio espeso, interrumpido por el amartillar de las armas del pelotón de ejecución y las voces de mando del oficial que ordenaba cada paso de aquella ceremonia. Sonó entonces una descarga atronadora..."; las cortas vidas de las trece rosas acababan de ser sesgadas por la Justicia de Franco. "Después, con una cadencia monótona, sonaban uno a uno los tiros de gracia, que el jefe del pelotón descargaba sobre las cabezas de las víctimas, y que aquella madrugada las presas contaron para confirmar la muerte de sus compañeras. Uno, dos, tres... trece". 

Frente a las tapias del Cementerio del Este, aquella mañana del día 5 de agosto de 1939 quedaron truncadas las vidas de trece jóvenes, que apenas comenzaban a vivir; y ese mismo día empezó a forjarse la "leyenda de las menores" o "las Trece Rosas", "que incorporó a la realidad histórica el acervo de quienes hicieron de esta historia un ejemplo de la lucha de las mujeres contra el franquismo. Y así ha perdurado hasta nuestros días...".




FUENTE: Trece Rosas Rojas, Carlos Fonseca.