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lunes, 15 de diciembre de 2014

SOCIALISMO DEMOCRÁTICO


Por Rosa Luxemburgo


"Sin elecciones generales, una prensa no cohibida, la libertad de asociación y la libre lucha de las opiniones, la vida de toda institución pública desaparece, se convierte en una vida ficticia en la que la burocracia se mantiene como el único elemento activo. La vida pública comienza a adormecerse, unas docenas de líderes de partido, de energías inagotables e idealismos sin límites, dirigen y gobiernan, debajo de ellos hay una docena de cabezas sobresalientes que dirigen de verdad y una élite de obreros, convocada de vez en cuando a las asambleas, para aplaudir los discursos de los líderes, aprobar en forma unánime las resoluciones presentadas, es decir, en el fondo, una sociedad de camarillas -de hecho una dictadura, aunque no la dictadura del proletariado, sino la dictadura de un puñado de políticos- una dictadura en el sentido burgués puro, en el sentido del dominio de los jacobinos... Se trata de una ley predominante, objetiva, una ley a la que ningún partido político podrá escapar" (Rosa Luxemburgo)
Para Rosa Luxemburgo, la política tradicional en una época de dominio burgués era asunto de políticos profesionales que actuaban exclusivamente en el interés de una parte de la sociedad con el fin de obtener y asegurarle privilegios económicos y culturales. Según la opinión de Rosa Luxemburgo, tanto del SPD (partido socialdemócrata alemán -nota de la trad.) de orientación reformista-parlamentaria, como los bolcheviques, de tendencia revolucionaria-dictatorial, se habían estancado en esta tradición política burguesa: ninguno de ellos se identificaron como parte de los desfavorecidos, sino más bien como sus representantes.

Para Rosa Luxemburgo, el socialismo no era un servicio para los demás o el regalo de un partido político a los oprimidos y explotados. En su opinión, la política socialista y el socialismo debían surgir del movimiento conjunto, voluntario y consciente, de todos los desfavorecidos. En 1904, escribió que este movimiento fue "el primero en la historia de las sociedades de clases en ser concebido en todas sus fases, en todo su desarrollo, en función de la organización y la acción independiente y directa de la masa". Aceptaba a los políticos profesionales y los partidos políticos apenas como la parte del movimiento que estaba a cargo de la organización y la formación política.

Con la creciente agresividad del militarismo alemán, así como las guerras por una nueva repartición del mundo y, sobre todo, la Guerra Mundial que estalló en 1914, la cuestión de la paz adquirió un peso especial. Para Rosa Luxemburgo, la sociedad socialista a la que se aspiraba era profundamente pacífica. La concebía como una forma de convivencia humana en la cual se debían eliminar todas las causas de la guerra y de la barbarie. Fue también su anhelo profundo de paz el que motivó a Rosa Luxemburgo a luchar por el socialismo con toda su pasión.

Rosa Luxemburgo no tuvo la intención de emplear la fuerza física contra los elementos opresores y explotadores: 
"La revolución proletaria no requiere de terror para lograr sus objetivos; odia y repudia el asesinato. No precisa de estos instrumentos de lucha porque no lucha contra individuos sino contra instituciones, porque no entra al combate con ilusiones ingenuas cuya frustración tendría que vengar con sangre. No es un intento desesperado de una minoría de moldear el mundo a su ideal mediante la violencia, sino la acción de la gran masa del pueblo...".
Al igual que Marx, entendía la "reestructuración social" como un derrocamiento de todas las condiciones "en las cuales el ser humano es un ser humillado, subyugado, abandonado, despreciado". Quería lograr esta reestructuración social mediante una lucha permanente por la hegemonía, con cuya ayuda esperaba lograr un desplazamiento sostenible de las relaciones de poder dentro de la sociedad. De esta manera pensaba no sólo alcanzar la expropiación de los expropiadores, sino dejar infértil para siempre el terreno social para la explotación y opresión. Consideraba que esta era la vía adecuada para superar el capitalismo. Rechazaba todo acto de terror contra los dueños del capital y, en vez de ello, abogaba a favor de un socialismo sostenido por la mayoría de los desfavorecidos, un socialismo desde el cual el nuevo surgimiento del capitalismo no resultara atrayente.

Para Rosa Luxemburgo, la lucha por la hegemonía era una lucha permanente para conseguir la aprobación y el apoyo de mayorías cualificadas. Ésta fue una de las razones por las cuales para ella la libertad y la democracia no eran un lujo otorgado o negado a discreción de los políticos socialistas, sino la condición de toda política socialista:
"La libertad únicamente para los seguidores del Gobierno, únicamente para los miembros del partido -por numerosos que sean- no es libertad. La libertad es siempre la libertad de los disidentes. No por un fanatismo de justicia, sino porque todo lo que la libertad política tiene de vital, benéfica y purificadora depende de esta característica y deja de tener efecto si la libertad se convierte en privilegio". 



FUENTE: Fundación Rosa Luxemburg

viernes, 5 de diciembre de 2014

Caddy Adzuba, "Una voz contra el silencio"


Esta periodista congoleña y militante pro-derechos humanos denuncia, desde hace años, la violación utilizada como arma de guerra en la República Democrática del Congo. Tuve la suerte -la gran suerte- de conocerla en persona -hacía tiempo que iba siguiendo su trayectoria- durante una Conferencia que impartió en mi ciudad, Valencia, sobre "La Violencia Sexual en la R.D. del Congo y el Periodismo como Arma". Los datos sobre la barbarie del conflicto que se está desarrollando en la R.D. del Congo desde hace ya 18 años, inertes en un papel, ya son demoledores, tremendos, pero ocultan las historias de vida de miles, de muchos miles de mujeres que han sufrido, sufren y -si se sigue mirando para otro lado- sufrirán los peores ultrajes. A estas historias les puso su voz Caddy Adzuba; en dos horas hizo encogerse hasta al más insensible corazón: los datos, las cifras inertes, empezaron a cobrar vida clamando justicia, rompiendo el silencio en el que, intencionadamente, se encuentra envuelto este conflicto. 
"(...) Es más que violencia sexual, porque el objetivo de estos actos de violencia es exterminar a una parte de la comunidad. Si pensamos en la definición jurídica de genocidio, se refiere al acto planificado y organizado de acabar con una comunidad o una población completa. Aunque no se sabe con certeza el número de mujeres que ha sufrido estos abusos, podemos decir que hay una planificación porque las cifras son absolutamente desorbitantes. La cuestión no es que sean violadas, sino que después de que esto ocurre quedan destruidas, se convierten en población inútil que no puede volver a su ocupación previa. Muchísimas de ellas han muerto a consecuencia de la violencia sexual. Entonces, ¿por qué no podemos hablar de genocidio contra las mujeres? A mí me parece que encaja con la definición de derecho internacional sobre genocidio. A nosotros nos gustaría que se hablara de feminicidio" (Caddy Adzuba).

"Una personalidad que simboliza la lucha pacífica contra la violencia a las mujeres, a los pobres y contra la discriminación". Así presentó el jurado del Premio Príncipe de Asturias a Caddy Adzuba, al entregarle el Premio de la Concordia.


Caddy nace en Bukavu, República Democrática del Congo, en 1981. Licenciada en Derecho por la Universidad Oficial de Bukavu y miembro fundadora de la red "Un Altavoz para el Silencio" -proyecto de la Fundación Euroárabe-, Caddy Adzuba ejerce el periodismo en Radio Okapi, emisora de la Misión de Naciones Unidas en la República Democrática del Congo -MONUC-, que emite en todo el territorio de este país.

Adzuba es miembro de la Asociación de Mujeres de Medios de Comunicación del Este del Congo, gracias a la cual se han realizado distintas alegaciones a la Corte Penal Internacional y al Senado de los Estados Unidos, denunciando la violencia sexual que sufren las mujeres de República Democrática del Congo, un país que vive en guerra desde 1996 y en el que se cifra una media de cuarenta violaciones diarias a mujeres desde el inicio del conflicto, lo que ha provocado que esté amenazada de muerte: "Tengo miedo cuando me despierto, cuando trabajo, cuando vuelvo a casa, cuando voy a dormir... Es un ciclo"; pero a pesar de ello sigue rompiendo el silencio que, incomprensiblemente, se mantiene sobre el conflicto y la violencia contra las mujeres en la R.D. del Congo.
"Las mujeres periodistas congoleñas nos hemos asociado para investigar las causas del conflicto congoleño y hemos llegado a la conclusión de que no es un problema local, sino internacional. Las grandes multinacionales financian grupos armados como el FDLR, como yo pude comprobar en el terreno, para que sigan atemorizando a la población. Eso tiene que terminar. Sólo queremos la paz. Si no hay reporteros, no existe conflicto. Los periodistas son más importantes que las autoridades estatales, ya que durante un conflicto armado, éstas desaparecen y sólo quedan los medios de comunicación".
En la trayectoria profesional de Caddy Adzuba, Premio Internacional de Periodismo Julio Anguita Parrado 2009, destaca su compromiso en la defensa de los derechos humanos y la construcción de la paz desde su labor como periodista en uno de los conflictos más atroces del mundo, y su denuncia de la violencia que se ejerce contra las mujeres, de la utilización de las niñas y niños como soldados y de la defensa de la libertad de expresión.

En este año, 2014, Caddy Adzuba recibe merecidamente el Premio Príncipe de Asturias a la Concordia, reconociendo así su lucha por la libertad de prensa, la reconstrucción de la paz y los derechos humanos, especialmente los de la infancia y las mujeres en zonas de conflicto. Con su denuncia, a través del periodismo, de las torturas y violaciones de las que son víctimas las mujeres y las niñas congoleñas y su trabajo por la reinserción de estas mujeres en una sociedad en la que son, por este hecho, repudiadas, quiere dar visibilidad a un conflicto que lo sufre especialmente la población civil desde hace casi dos décadas y permanece olvidado por los grandes medios de comunicación de todo el mundo, salvo esporádicas secuencias informativas cuando el conflicto se recrudece.

Y así lo ha reivindicado Caddy Adzuba al recibir el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia, en un discurso que ha convertido su presencia en un altavoz y en el que ha invocado a "todas las activistas del mundo" y especialmente a las de su país, R.D. del Congo, escenario de una guerra cruel que durante 18 años ha condenado a las mujeres a "la esclavitud sexual y el rechazo de su propia comunidad".
"Las guerrillas saben que si quieren destruir a un pueblo tienen que destruir a la mujer primero"

Discurso de Caddy Adzuba en la Entrega del Premio Príncipe de Asturias de la Concordia:

"Con profunda gratitud y gran humildad me presento ante ustedes en este día, para darles las gracias desde lo más profundo de mi corazón.

Mediante este prestigioso galardón, han elegido reconocer la labor pacífica de lucha contra la violencia sexual de la que son víctimas las mujeres en tiempos de guerra, en la zona oriental de la República Democrática del Congo, y la lucha contra la pobreza. Honorables miembros del Jurado, acepten nuestro sincero agradecimiento por esta distinción. 

Es un gran honor para mi humilde persona.

Hubiese querido que este honor fuera recibido por las miles de mujeres congoleñas, víctimas de la guerra y de la violencia sexual y despojadas de todo honor desde que sus cuerpos fueron transformados en campos de batalla. Y quiero compartir este honor con las mujeres activistas de todo el mundo, y en especial con las de la República Democrática del Congo que, día y noche, luchan para defender los derechos humanos, con el exclusivo fin de establecer la justicia.

Majestades, Distinguidos invitados, Señoras y Señores:

Hoy, la mujer congoleña víctima de los conflictos armados, violentada y violada, ha perdido toda su dignidad y vive en la deshonra. Ella, cuyos órganos genitales fueron sometidos a los ultrajes más viles, condenada a la esclavitud sexual y rechazada por su propia comunidad, lleva 18 años sufriendo: 18 años de destrucción, 18 años de huida errante y desplazamiento, 18 años de pobreza extrema. 

Los niños nacidos de esta atrocidad, que es la esclavitud sexual en tiempos de guerra, son a su vez víctimas de violaciones cuando son niñas, y reclutados a la fuerza en las bandas armadas cuando son niños: un círculo vicioso de sufrimiento y desolación que pone directamente en peligro el futuro de la nación congoleña, a causa de los miles de niños sin educación y traumatizados por los horrores de la guerra. 

Majestades, Distinguidos invitados, Señoras y Señores:

No es secreto para nadie. Varios informes de Organizaciones No Gubernamentales internacionales y de expertos de las Naciones Unidas han denunciado la masacre organizada y planificada en el este de la República Democrática del Congo. Los diversos encuentros de paz y acuerdos firmados por el gobierno congoleño y los beligerantes nos llevaron a confiar en un final inminente del conflicto. Pero, lamentablemente, las mujeres siguen siendo violadas, los niños siguen siendo reclutados a la fuerza en los grupos armados, las familias siguen errando por los caminos del exilio, aldeas enteras siguen siendo incendiadas, los bienes de la población siguen siendo saqueados.


No, nuestra guerra no ha terminado. Estamos en guerra. Una guerra que, intencionadamente, se ha relegado en el olvido.

Ante esta situación, nos tenemos que preguntar: ¿Por qué esta guerra? ¿Por qué tanto sufrimiento para las mujeres violadas? La paz y la dignidad humana, ¿son un lujo para las mujeres pobres? ¿Están condenadas a sufrir los horrores de una guerra que no han planificado?

Estas preguntas atañen a todos los que estamos en esta sala. Las causas del conflicto en la República Democrática del Congo son múltiples. Los actores, responsables directos e indirectos, se conocen y han sido detallados en los informes que he mencionado anteriormente. De ellos se desprende que la República Democrática del Congo es víctima de la inmensa riqueza de su subsuelo.

Permítanme pedir cuentas a ciertas empresas multinacionales que, en busca de sus propios intereses, han contribuido a asolar a sangre y fuego este gran y hermoso país de Congo, arrebatándoles la vida a más de 6 millones de personas y su dignidad y su honor a más de 500.000 mujeres violadas.


Majestades, Distinguidos invitados, Señoras y Señores:

¿Durante cuánto tiempo vamos a seguir insensibles al dolor de las mujeres violadas en la República Democrática del Congo?

Las mujeres congoleñas heridas en cuerpo y alma, reclaman justicia y reparación; que se persiga tanto a los autores indirectos y ocultos en la sombra, como a los autores materiales. Es justo y necesario que todos aquellos que financian y alimentan este horror por razones económicas respondan de sus actos. 

España, uno de los pocos países europeos que ha vivido los horrores de la dictadura en un pasado reciente y que ha logrado construir en tan poco tiempo un país de derechos humanos, en el que los derechos de las mujeres son respetados a escala nacional e internacional, un remanso de paz, un país de justicia... España -decía- sabrá intervenir con todo su peso ante la comunidad internacional en favor de esas mujeres congoleñas que sólo piden poder vivir en paz en su país y satisfacer las necesidades de sus hijos. Esta justicia requiere instituciones fuertes y competentes. Por ello sugerimos que se cree un Tribunal Penal Internacional (TPI) para la República Democrática del Congo como el que se creó para Ruanda. De manera que los crímenes cometidos contra las mujeres congoleñas en estos últimos 18 años no queden impunes y para reforzar al mismo tiempo el mandato de la Corte Penal Internacional.

Majestades, Distinguidos invitados, Señoras y Señores:

El prestigioso Premio Príncipe de Asturias de la Concordia 2014 con el que nos han honrado, es para nosotros una gran oportunidad de difundir aún con más fuerza y proyección nuestros mensajes de sensibilización, nuestras reivindicaciones y nuestras alegaciones. Este premio servirá de altavoz para la defensa de la causa de las mujeres violadas en el mundo en general y en particular en la República Democrática del Congo. Por ello queremos dar las gracias muy sinceramente: a la Corona de España por haber instaurado este Premio Príncipe de Asturias, a los miembros del jurado por haber confiado en nuestra causa, a las organizaciones que han presentado nuestra candidatura a este galardón, a las Organizaciones de la sociedad civil española que nos han apoyado y acompañado en nuestra sensibilización a nivel internacional. 

Sin olvidar el muy importante papel que desempeña el periodismo en el mundo. Nuestros pensamientos van a todos los periodistas que están arriesgando su vida para que se conozca la verdad en las zonas de conflicto. Penamos en Ghislaine Dupont de RFI; pensamos también en el español Julio Anguita que ha muerto buscando la verdad. Y pensamos especialmente en los periodistas de Radio Okapi que trabajan día y noche, buscando la paz en este hermoso país que es la República Democrática del Congo.

Permítanme concluir mi mensaje con un poema español que dice:

'Necesitamos dos manos para escribir / dos para acariciar / dos para aplaudir / y todas las manos del mundo / para la paz'.

Unan, pues, sus manos a nuestras manos para que podamos reconstruir la paz y la concordia en la República Democrática del Congo, y devolver su honor y dignidad a las mujeres violadas.

Muchas gracias".




FUENTES: Fundación Princesa de Asturias, Fundación Mainel, RTVE, En positivo, Frases y pensamientos.

domingo, 16 de noviembre de 2014

El asesinato de Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht, hubo una vez una revolución en Alemania


Por David Arrabali (*)
Mundo Obrero


La noche del 15 de enero de 1919, en Berlín, fue detenida Rosa Luxemburgo: una mujer indefensa con cabellos grises, demacrada y exhausta. Una mujer mayor, que aparentaba mucho más de los 48 años que tenía.

Uno de los soldados que la rodeaban, le obligó a seguir a empujones, y la multitud burlona y llena de odio que se agolpaba en el vestíbulo del Hotel Eden le saludó con insultos. Ella alzó su frente ante la multitud y miró a los soldados y a los huéspedes del hotel que se mofaban de ella con sus ojos negros y orgullosos. Y aquellos hombres en sus uniformes desiguales, soldados de la nueva unidad de las tropas de asalto, se sintieron ofendidos por la mirada desdeñosa y casi compasiva de Rosa Luxemburgo, "la rosa roja", "la judía".

Le insultaron: "Rosita, ahí viene la vieja puta". Ellos odiaban todo lo que esta mujer había representado en Alemania durante dos décadas: la firme creencia en la idea del socialismo, el feminismo, el antimilitarismo y la oposición a la guerra, que ellos habían perdido en noviembre de 1918. En los días previos, los soldados habían aplastado el levantamiento de trabajadores en Berlín. Ahora ellos eran los amos. Y Rosa les había desafiado en su último artículo:

"¡El orden reina en Berlín! ¡Ah! ¡Estúpidos e insensatos verdugos! No os dais cuenta de que vuestro orden está levantado sobre arena. La revolución se erguirá mañana con su victoria y el terror asomará en vuestros rostros al oírle anunciar con todas sus trompetas: ¡Yo fui, yo soy, yo seré!".

La empujaron y golpearon. Rosa se levantó. Para entonces casi habían alcanzado la puerta trasera del hotel. Fuera esperaba un coche lleno de soldados, quienes, según le habían comunicado, la conducirían a la prisión. Pero uno de los soldados se fue hacía ella levantando su arma y le golpeó en la cabeza con la culata. Ella cayó al suelo. El soldado le propinó un segundo golpe en la sien.

El hombre se llamaba Runge. El rostro de Rosa Luxemburgo chorreaba sangre. Runge obedecía órdenes cuando golpeó a Rosa Luxemburgo. Poco antes él había derribado a Karl Liebknecht con la culata de su fusil. También a él le habían arrastrado por el vestíbulo del Hotel Eden.

Los soldados levantaron el cuerpo de Rosa. La sangre brotaba de su boca y nariz. La llevaron al vehículo. Sentaron a Rosa entre los dos soldados en el asiento de atrás. Hacía poco que el coche había arrancado cuando le dispararon un tiro a quemarropa. Se pudo escuchar en el hotel.


La noche del 15 de enero de 1919 los hombres del cuerpo de asalto asesinaron a Rosa Luxemburgo. Arrojaron su cadáver desde un puente al canal. Al día siguiente todo Berlín sabía ya que la mujer que en los últimos veinte años había desafiado a todos los poderosos y que había cautivado a los asistentes de innumerables asambleas, estaba muerta. Mientras se buscaba su cadáver, un Bertold Brecht de 21 años escribía:

La Rosa roja ahora también ha desaparecido.
Dónde se encuentra es desconocido.
Porque ella a los pobres la verdad ha dicho
Los ricos del mundo la han extinguido.

Pocos meses después, el 31 de mayo de 1919, se encontró el cuerpo de una mujer junto a una esclusa del canal. Se podía reconocer los guantes de Rosa Luxemburgo, parte de su vestido, un pendiente de oro. Pero la cara era irreconocible, ya que el cuerpo hacía tiempo que estaba podrido. Fue identificada y se le enterró el 13 de junio.


En el año 1962, 43 años después de su muerte, el Gobierno Federal alemán declaró que su asesinato había sido una "ejecución acorde con la ley marcial". Hace sólo nueve años que una investigación oficial concluyó que las tropas de asalto, que habían recibido órdenes y dinero de los gobernantes socialdemócratas, fueron los autores materiales de su muerte y la de Karl Liebknecht.

La actualidad del pensamiento de Rosa Luxemburgo

"Qué extraordinario es el tiempo que vivimos", escribía Rosa Luxemburgo en 1906. "Extraordinario tiempo que propone problemas enormes y espolea el pensamiento, que suscita la crítica, la ironía y la profundidad, que estimula las pasiones y, ante todo, un tiempo fructífero, preñado".

Rosa Luxemburgo vivió y murió en un tiempo de transición, como el nuestro, en el que un mundo viejo se hundía y otro surgía de los escombros de la guerra. Sus compañeros intentaron construir el socialismo, sus asesinos y enemigos ayudaron a Adolf Hitler a subir al poder.

Hoy, cuando el capitalismo demuestra una vez más que la guerra no es un accidente, sino una parte irrenunciable de su estrategia. Cuando los partidos y organizaciones "tradicionales" se ven en la obligación de cuestionar sus formas de actuar ante el abandono de las masas. Cuando la izquierda transformadora aboga exclusivamente por el parlamentarismo como vía para el cambio social. Cuando nos encontramos ante una enorme crisis del modelo de democracia representativa y los argumentos políticos se reducen al "voto útil". Hoy, decimos, Rosa Luxemburgo se convierte en referente indispensable en los grandes debates de la izquierda. No es sino su voz la que se escucha bajo el lema, aparentemente novedoso: "Otro mundo es posible". Ella lo formuló con un poco más de urgencia: "Socialismo o barbarie".


Su pensamiento, su compromiso y su desbordante humanidad nos sirven de referencia en nuestra lucha para que este nuevo siglo, del que ya llevamos 14 años, no sea también el de la barbarie. 

(*) David Arrabati es miembro del Consejo de Redacción de la Revista Mundo Obrero y Máster en Materialismo Histórico y Teoría Crítica por la Universidad Complutense de Madrid (UCM).


FUENTE: REBELIÓN.

martes, 11 de noviembre de 2014

Rosa Luxemburgo: La flor más roja del socialismo (I)


 "La libertad no es nada cuando se convierte en un privilegio".

Rosa Luxemburgo (Zamosc, Imperio ruso, 5 de marzo de 1871 - Berlín, Alemania, 15 de enero de 1919), fue una teórica marxista de origen judío; una de las grandes revolucionarias del siglo XX y una de las fundadoras de la corriente de pensamiento del socialismo democrático. 

Hija de un comerciante de Varsovia, su brillante inteligencia le permitió estudiar a pesar de los prejuicios que imperaban contra las mujeres en ese entonces, y pese a la discriminación antisemita que existía en Europa contra los judíos. Rosa Luxemburg hizo un doctorado en una época en la que poquísimas mujeres iban a la universidad. Se dice que hablaba once idiomas. Pronto destacó como una de los principales dirigentes de la socialdemocracia europea.

En 1889, a los 18 años, abandonó Polonia a consecuencia de la persecución de la policía debido a su militancia socialista, refugiándose en Suiza. Allí terminó sus estudios, entró en contacto con revolucionarios exiliados y se unió a la dirección del joven Partido Socialdemócrata Polaco. Contrajo matrimonio en 1895 con Gustav Lübeck para adquirir la nacionalidad alemana y poder trabajar con el movimiento obrero en este país.

Junto al político alemán Karl Liebknecht, fundó la liga de Spartacus, que más adelante se convertiría en el Partido Comunista Alemán. Fue redactora del periódico teórico marxista "Neue Zeit" y autora de varios libros. Fue sentenciada (1903-1904) a nueve meses de prisión acusada de "insultar al Kaiser" (emperador). Participó directamente en la revolución de 1905 en Polonia. En marzo de 1906 fue arrestada y encarcelada en Varsovia durante cuatro meses.

Participó activamente tanto en el Congreso del Partido Socialdemócrata alemán en 1906 como en el Congreso Socialista Internacional celebrado en Stuttgart un año después, en el que intervino en nombre del partido ruso y polaco. Su pensamiento representaba a las opciones más radicales en el seno de la II Internacional. Gran teórica, realizó importantes contribuciones al desarrollo del marxismo, en especial en lo referente a las relaciones entre nacionalismo y socialismo, y sobre el socialismo democrático.

Hizo también aportes teóricos originales en torno al imperialismo y al derrumbe del capitalismo, en su obra La acumulación del capital, de 1913. Su crítica a Marx se basa en las predicciones de éste acerca de las crisis cíclicas del capitalismo. Marx pensaba que el capitalismo, como sistema económico y político basado en el crecimiento y la búsqueda constante del beneficio, debía colapsar en algún momento, por saturación. Sin embargo, muchas décadas después de muerto Marx, las crisis periódicas del capitalismo parecían aplazarse o solventarse sin producir convulsiones en el sistema. Rosa Luxemburgo encontró la explicación a este hecho en el colonialismo, hallando que el crecimiento de las potencias capitalistas encontró una vía de expansión en las colonias, las cuales, al tiempo que procuraban materias primas a muy bajo costo, servían también de mercado donde colocar los productos manufacturados. En el mismo sentido, expuso las primeras teorías sobre el imperialismo, que más tarde desarrollaría Lenin. Rosa Luxemburgo creía en una opción socialista internacional, esto es, alejada de particularismos y nacionalismos, en la que las masas obreras, solidariamente, tomaran el poder. 

Lenin también fue objeto de críticas por parte de Rosa Luxemburgo, en especial en lo referente a las concepciones que tenía sobre la democracia en el partido y la dictadura del proletariado. Rosa Luxemburgo postulaba un menor dirigismo y una mayor integración de las bases en la dinámica partidista, y se oponía a la concepción del "centralismo democrático" de un partido de revolucionarios profesionales que defendían Lenin.

Al estallar la I Guerra Mundial en 1914, el grupo parlamentario socialdemócrata alemán (SPD) apoya unánimemente a los créditos de guerra. Rosa Luxemburgo, pacifista convencida, forma parte de la oposición interna en el SPD, que difunde centenares de miles de folletos para movilizar a la población contra la guerra. Ella es arrestada de nuevo el 20 de febrero, esta vez acusada de incitar a los soldados a la rebelión. Se la sentencia a un año de prisión, pero al salir del tribunal se dirige de inmediato a un mitín popular, en el que repite su revolucionaria propaganda anti bélica. El conflicto alrededor de los créditos de guerra pedidos por el Kaiser para financiar la actividad bélica acaba llevando a la escisión del partido en enero de 1917, con la fundación, el 6 de abril, del USPD (Socialdemócratas Independientes).

En 1918 hay vientos de revolución en Alemania, cuyas fuerzas de izquierda miran hacia el ejemplo ruso y cuya población está cansada de la guerra. El 28 de enero se declara la huelga general y se inicia la formación de Consejos Obreros. El 31 de enero la huelga es prohibida y se declara el estado de sitio, extendiéndose la represión. En marzo, Rosa Luxemburgo es encarcelada conjuntamente con Leo Jogiches y otros militantes espartaquistas que difundían propaganda revolucionaria en el ejército. El 9 de noviembre, a raíz de un levantamiento de marinos en Kiel, estalla la "Revolución de Noviembre" con la conformación de Consejos Obreros y Soldados en todo el territorio nacional. El emperador Guillermo II abdica. Se pretende la refundación de Alemania como democracia socialista con una nueva Constitución. Rosa Luxemburgo, liberada dos días antes, llega a Berlín y coedita "Bandera Roja", el periódico de la liga de Spartacus, con Karl Liebknecht, para poder influir a diario en los sucesos políticos. En los últimos día del año 1918, participa en la fundación del Partido Comunista Alemán, KPD. Sin embargo, las fuerzas radicales de izquierda no logran imponerse frente a la tendencia reformista del socialdemócrata Friedrich Ebert.

El 15 de enero de 1919, Rosa Luxemburgo y su coideario Karl Liebknecht son asesinados en Berlín por los soldados que reprimen el levantamiento. Sus cuerpos son arrojados a un canal. Estos asesinatos desatan una ola de protestas violentas en todo el país, que se extienden hasta mayo de 1919, y cuya represión militar lleva a varios miles de muertos.




FUENTE: Rosalux.org