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domingo, 14 de diciembre de 2014

La ONU lo tiene claro: España tiene que juzgar o extraditar a los franquistas

El informe del Relator Especial de Naciones Unidas advirtió a España de que "sólo podrá denegarse la extradición de los acusados si la justicia española inicia las investigaciones y juzga a los responsables".



El nuevo ministro de Justicia, Rafael Catalá, no tiene dudas. A pesar de "no conocer" la orden cursada desde Argentina contra 19 franquistas (Antonio Barrera ha fallecido) se ha atrevido este miércoles a adelantar que en España hay "una Ley de Amnistía aprobada en Cortes" y que los delitos de los acusados están "prescritos". Pero la valentía del ministro no llegó hasta ahí. Acto seguido comparó el procedimiento anterior cursado contra Billy el Niño y Jesús Muñecas por presuntas torturas con la nueva lista de 19 franquistas, entre los que se encuentran ministros de la Transición como Martín Villa, imputado por la muerte de cinco obreros en una manifestación, y Utrera Molina (el suegro de Gallardón), por haber convalidado con su firma la sentencia de muerte de Salvador Puig Antich.

Para "no conocer la orden", el ministro de Justicia se lanzó bien a la piscina. Cabe recordar al ministro que un presunto delito de torturas no es lo mismo que convalidar una sentencia de muerte desde los sillones del Consejo de Ministros y que, por tanto, el procedimiento judicial no puede ser similar. Además, Catalá debería conocer que en el tiempo transcurrido entre las peticiones de extradición de Billy el Niño y Jesús Muñecas y la petición de extradición de 19 franquistas ha habido interesantes e importantes pronunciamientos internacionales sobre la interpretación que la Justicia española hace de la Ley de Amnistía de 1977 y que emplazan a España a cooperar con la llamada querella argentina.

El más importante de estos pronunciamientos fue, sin duda, el debate vivido en el XXVII Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas en el que España fue una de las grandes protagonistas. Allí se presentaron dos informes demoledores sobre la impunidad de la que goza el franquismo en España y sobre el obstruccionismo de la Justicia en relación a este tema. Los informes fueron elaborados por el Grupo de Trabajo sobre Desapariciones Forzadas, por una parte, y el Relator Especial sobre la promoción de la verdad, la justicia, la reparación y las garantías de no repetición, Pablo de Greiff.

Este último informe es clarividente. El Relator Especial de la ONU advirtió a España de que tiene "la obligación internacional" de "extraditar o juzgar" a los franquistas reclamados desde Argentina y que "sólo podrá denegarse la extradición de los acusados si la justicia española inicia las investigaciones y juzga a los responsables". Asimismo reclamó al Gobierno de Rajoy "asegurar la colaboración de la justicia española con procedimientos judiciales en el exterior". 

La recomendación de la ONU fue clara y taxativa. ¿Ha argumentado el ministro Catalá, por tanto, que las extradiciones no pueden producirse porque los implicados ya están siendo o ya han sido juzgados en España, tal y como reclama la ONU? No. El ministro argumenta, como ya hizo la Audiencia Nacional en el anterior procedimiento judicial referente a Jesús Muñecas y Billy el Niño, que los inculpados están protegidos por la Ley de Amnistía aprobada por las Cortes en octubre de 1977.


Pero, ¿qué dice la ONU sobre esta Ley de Amnistía y de la actitud del Estado y de la Justicia de utilizarla como justificante para no investigar los crímenes cometidos durante la dictadura, la Guerra Civil y la transición? El Relator Especial vuelve a ser contundente: España debe "privar de efecto las disposiciones de la Ley de Amnistía que obstaculizan todas las investigaciones y el acceso a la justicia sobre violaciones graves de los derechos humanos cometidas durante la Guerra Civil y el fraquismo". Dicho de otra manera, la Ley de Amnistía no puede ser jamás una excusa para no investigar violaciones de derechos humanos.

Contradice tratados internacionales

El Relator Especial de la ONU recalca, además, que la práctica del Estado español de archivar la "totalidad de los casos presentados ante la justicia española por crímenes cometidos durante la Guerra Civil y el franquismo (...) contradice las obligaciones internacionales en materia de derecho a la justicia" vulnerando también "el derecho a la verdad". Expresamente, la Ley de Amnistía contradice, entre otros compromisos internacionales, el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, que fue suscrito por España y publicado en el BOE el 30 de abril de 1977. Seis meses antes de que las Cortes aprobaran la Ley de Amnistía en octubre del 77. 

Este compromiso internacional señala en su artículo 15 que aquellas personas que cometieron actos delictivos conforme a los "principios generales del derecho reconocidos por la comunidad internacional" pueden ser juzgados y condenados aunque no fueran hechos delictivos según el derecho nacional en el momento en el que se cometieron. Es decir, los crímenes del franquismo pudieron ser legales conforme a la ley española del momento pero contradicen los principios del derecho internacional, por lo que pueden ser juzgados y condenados. El Estado español se comprometió a una cosa en el ámbito internacional y estableció una ley que operaba en sentido contrario en apenas seis meses.

Por último, el Relator Especial de la ONU concluye recordando a los profesionales de la Justicia española que en "países que no han derogado leyes de amnistía" (como es el caso de España), "algunos tribunales han encontrado interpretaciones (...) que no han impedido la investigación y el procesamiento de presuntos responsables de violaciones a los derechos humanos". Una bonita manera de recordar a los jueces españoles su responsabilidad en el hecho de que la Ley de Amnistía continúe siendo usada como parapeto para frenar el derecho a la justicia, la verdad y la reparación de cientos de miles de ciudadanos de todo el Estado.


FUENTE: Público

miércoles, 19 de noviembre de 2014

Comienzan los trabajos en busca de Lorca en la Vega de Granada


Los trabajos previos a los sondeos arqueológicos que llevará a cabo un grupo de expertos de distintas universidades nacionales e internaciones en la zona en la que se cree que puede encontrarse la fosa en la que está enterrado el poeta Federico García Lorca, en Alfacar (Granada), arrancaron ayer martes.
Las primeras tareas consistirán en remover unos 600 metros cúbicos de terreno, para lo que la Consejería de Fomento tendrá que instalar unas vallas que rodeen el perímetro de la zona a intervenir y usar maquinaria, lo que se prolongará por alrededor de unos cuatro o cinco días, dando paso a la intervención arqueológica en sí, según han informado a Europa Press fuentes del equipo, coordinado por el arqueólogo Javier Navarro.
Será en una superficie de unos 300 metros cuadrados del conocido como Peñón del Colorado, entre la carretera que une Víznar con Alfacar, en un lugar en el que el mes de diciembre del pasado año un equipo de expertos, liderado también por Navarro, ya localizó con georradar un camino coincidiendo con el antiguo cauce de un arroyo y dos anomalías en el terreno, una de ellas con profundidad suficiente para ser un enterramiento común, en el borde del mismo.
La ubicación de estas dos anomalías coincide con los testimonios recogidos en su día por el periodista Eduardo Molina Fajardo, que señalaban el posible enterramiento en un “pozo alargado” con un color de tierra gris, junto a un pequeño camino (el cauce del arroyo descubierto), hipótesis investigada además después por Miguel Caballero, autor del libro Las 13 últimas horas en la vida de Federico García Lorca.
Sin embargo, el director general de Memoria Democrática, Luis Naranjo, incidió, durante la presentación de los trabajos, en que el objetivo no es la búsqueda de los restos del poeta, sino la localización y delimitación de fosas de víctimas de la Guerra Civil, y aclaró que, como en cualquier otro caso, si se encuentran restos óseos se comunicará el hallazgo a un juzgado para que decida al respecto.
Según Navarro, después de conocer la estratigrafía del terreno, gracias al georradar, lo siguiente será ahora retirar el material que cubre la zona estudiada, para después realizar una intervención arqueológica manual para delimitar las anomalías detectadas y hacer sondeos para comprobar la presencia de restos humanos, trabajos que cuentan con un presupuesto de unos 15.000 euros y que podrían prolongarse por un alrededor de unos 10 días.
No se trata de una exhumación, según el arqueólogo, ya que la decisión de ejecutarla corresponde a las familias de las víctimas –los Lorca y los allegados del maestro Dióscoro Galindo y los banderilleros Joaquín Arcollas y Francisco Galadí, enterrados supuestamente junto a él– o a la administración competente, que podría actuar de oficio.
En el mismo enclave en el que ahora se va a intervenir ya trabajó el equipo de arqueólogos coordinados por Javier Navarro de finales de noviembre a diciembre del año pasado, a iniciativa de la Dirección General de Memoria Democrática, en un espacio ubicado frente al cortijo de Los Llanos de Corvera, conocido también como cortijo ‘Gazpacho’ o ‘Pepino’, a unos 500 metros del Barranco de Víznar, y a unos 400 metros del parque Federico García Lorca, donde la Junta de Andalucía ya lideró en 2009 otro proyecto para la búsqueda de fosas que acabó sin el hallazgo de evidencias de enterramiento alguno o esquirla de hueso.


FUENTE: andalucesdiario.es

viernes, 24 de octubre de 2014

La pisada del franquismo se enquista

La simbología del régimen de Franco pervive en escudos, calles y cruces en multitud de Ayuntamientos gallegos aunque la ley obligue a retirarlos.


Escudo preconstitucional en el edificio de Aduanas, en Ferroll Vello


A Galicia le está costando agrias polémicas políticas y judiciales borrar de su patrimonio la dolorosa huella de cuatro décadas de franquismo incluso 39 años después de la muerte del dictador. Ni siquiera la Ley de Memoria Histórica (52/2007), que hace siete años dejó claro que las Administraciones públicas están obligadas a retirar cualquier vestigio del régimen preconstitucional, ha puesto fin a una controversia que se reabre cada dos por tres.

Escudos preconstitucionales en la fachada de inmuebles o colegios públicos, placas con el yugo y las flechas, símbolo de la Falange, adheridos a grupos de viviendas o en docenas de fuentes o lavaderos repartidos por toda la orografía gallega y calles que aún llevan el nombre de los militares que armaron el golpe de Estado contra la II República en 1936: General Sanjurjo, Almirante Vierna, Francisco y Salvador Moreno Fernández, son algunos ejemplos frecuentes.

El último caso en alimentar este debate es la Cruz "a los caídos" del monte de O Castro que el alcalde de Vigo, Abel Caballero, se niega a retirar aunque una sentencia reciente se lo ordena. Disconforme con el fallo, el regidor socialista anunció que lo recurrirá hasta donde haga falta para que la cruz franquista se quede donde está. Este ostentoso monolito de piedra, con sus 12 metros clavados en vertical en la falda del monte vigués, lo erigió la Falange para honrar a las víctimas de un solo bando, el nacional, y a su inauguración, en 1961, acudió Franco en persona.

La cruz está en el centro de la pelea administrativa que enfrenta al gobierno con la Asociación Viguesa por la Memoria Histórica, que lleva tres años pugnando para que el Ayuntamiento se pliegue a la ley y la retire. La primera negativa de Caballero a quitar el monolito de O Castro fue una resolución del Gobierno local fechada el 1 de marzo de 2013 que la entidad recurrió en los tribunales. El juez, Antonio Marínez Quintanar, titular del Contencioso número dos de Vigo, les ha dado la razón en una sentencia fechada el 4 de septiembre que ordena al Gobierno local su retirada inmediata. El socialista se resiste aduciendo que es un símbolo religioso sin apellido y limpio de connotaciones fascistas, y vuelve a sintonizar con el PP, su inesperado socio presupuestario, que tampoco ve mayor problema en dejar la cruz en su sitio. Se excusa, Caballero, en el lavado de cara que le hicieron en los ochenta -fue una decisión de la primera corporación democrática en junio de 1981- para retirar los escudos y placas que adornaban la base con loas al régimen. No dice lo mismo la sentencia, que dedica dos de las 19 páginas a analizar la simbología de la cruz y cita el informe pericial del historiador José Ramón Rodríguez Lago, doctor en Historia Contemporánea de la Universidad de Vigo, para concluir que su naturaleza es ineludiblemente franquista, además de una "humillación innecesaria y un sufrimiento añadido" para sus víctimas.

La cruz de Vigo no es un caso aislado ni el último rescoldo del franquismo que Galicia tiene pendiente de eliminar aunque probablemente es el más ostentoso de todos los que quedan. El choque entre el Ayuntamiento y las asociaciones de la memoria histórica tienen su réplica en otros municipios gallegos. No hace mucho que Ferrol, ciudad natal de Franco, batallaba con el mismo dilema que Vigo. La Cruz de los Caídos de la plaza de Amboage, en pleno centro urbano hasta 2010, se retiró aprovechando una reforma urbanística y fue uno de los últimos vestigios en salir de un espacio público en una urbe que los tenía por docenas y que aún tiene deberes pendientes en el callejero del Arsenal militar para rebautizar la glorieta del Generalísimo, la avenida Salvador Moreno, la plaza Marqués de Alborán y las calles Carrero Blanco, Honorio Cornejo, Almirante Vierna y Crucero Baleares, que rinden homenaje a los golpistas y las fuerzas que arroparon a Franco para derrocar la II República.

La cruz de Amboage era más pequeña que la de O Castro pero compartía la misma naturaleza falangista y era el blanco favorito de las pintadas independentistas. La polémica quedó empequeñecida por el trasiego que ya supuso, en julio de 2002, quitar la enorme estatua ecuestre de Franco que presidía la entrada a Ferrol por la plaza de España. Se la llevaron en una jaula, entre aplausos y abucheos, y la aparcaron ochos años en la entrada del Museo Naval hasta que el Ministerio de Defensa, en marzo de 2010, se decidió a esconderla dentro de un recinto militar, tapada por una lona, para alejarla de turistas y curiosos que se dejaban caer para hacerse una foto. El Gobierno ferrolano ya retiró el escudo preconstitucional de la escalinata del consistorio y otro más de la biblioteca. Queda pendiente uno que preside la puerta del edificio de Aduanas, en Ferrol Vello. 


A Coruña: la dictadura en 52 huellas

L. B.
A Galicia le está costando agrias polémicas políticas y judiciales borrar de su patrimonio la dolorosa huella de cuatro décadas de franquismo incluso 39 años después de la muerte del dictador. Ni siquiera la Ley de Memoria Histórica (52/2007), que hace siete años dejó claro que las Administraciones públicas están obligadas a retirar cualquier vestigio del régimen preconstitucional, ha puesto fin a una controversia que se reabre cada dos por tres.
Escudos preconstitucionales en la fachada de inmuebles o colegios públicos, placas con el yugo y las flechas, símbolo de la Falange, adheridos a grupos de viviendas o en docenas de fuentes o lavaderos repartidos por toda la orografía gallega y calles que aún llevan el nombre de los militares que armaron el golpe de Estado contra la II República en 1936: General Sanjurjo, Almirante Vierna, Francisco y Salvador Moreno Fernández, son algunos ejemplos frecuentes.
El último caso en alimentar este debate es la Cruz “a los caídos” del monte de O Castro que el alcalde de Vigo, Abel Caballero, se niega a retirar aunque una sentencia reciente se lo ordena. Disconforme con el fallo, el regidor socialista anunció que lo recurrirá hasta donde haga falta para que la cruz franquista se quede donde está. Este ostentoso monolito de piedra, con sus 12 metros clavados en vertical en la falda del monte vigués, lo erigió la Falange para honrar a las víctimas de un solo bando, el nacional, y a su inauguración, en 1961, acudió Franco en persona.
La cruz está en el centro de la pelea administrativa que enfrenta al gobierno con la Asociación Viguesa pola Memoria Histórica, que lleva tres años pugnando para que el Ayuntamiento se pliegue a la ley y la retire. La primera negativa de Caballero a quitar el monolito de O Castro fue una resolución del Gobierno local fechada el 1 de marzo de 2013 que la entidad recurrió en los tribunales. El juez, Antonio Martínez Quintanar, titular del Contencioso número dos de Vigo, les ha dado la razón en una sentencia fechada el 4 de septiembre que ordena al Gobierno local su retirada inmediata. El socialista se resiste aduciendo que es un símbolo religioso sin apellido y limpio de connotaciones fascistas, y vuelve a sintonizar con el PP, su inesperado socio presupuestario, que tampoco ve mayor problema en dejar la cruz en su sitio. Se excusa, Caballero, en el lavado de cara que le hicieron en los ochenta —fue una decisión de la primera corporación democrática en junio de 1981— para retirar los escudos y placas que adornaban la base con loas al régimen. No dice lo mismo la sentencia, que dedica dos de las 19 páginas a analizar la simbología de la cruz y cita el informe pericial del historiador José Ramón Rodríguez Lago, doctor en Historia Contemporánea de la Universidad de Vigo, para concluir que su naturaleza es ineludiblemente franquista, además de una “humillación innecesaria y un sufrimiento añadido” para sus víctimas.
La cruz de Vigo no es un caso aislado ni el último rescoldo del franquismo que Galicia tienen pendiente de eliminar aunque probablemente es el más ostentoso de todos lo que quedan. El choque entre el Ayuntamiento y las asociaciones de la memoria histórica tienen su réplica en otros municipios gallegos. No hace mucho que Ferrol, ciudad natal de Franco, batallaba con el mismo dilema que Vigo. La Cruz de los Caídos de la plaza de Amboage, en pleno centro urbano hasta 2010, se retiró aprovechando una reforma urbanística y fue uno de los últimos vestigios en salir de un espacio público en una urbe que los tenía por docenas y que aún tiene deberes pendientes en el callejero del Arsenal militar para rebautizar la glorieta del Generalísimo, la avenida Salvador Moreno, la plaza Marqués de Alborán y las calles Carrero Blanco, Honorio Cornejo, Almirante Vierna y Crucero Baleares, que rinden homenaje a los golpistas y las fuerzas que arroparon a Franco para derrocar la II República.
La cruz de Amboage era más pequeña que la de O Castro pero compartía la misma naturaleza falangista y era el blanco favorito de las pintadas independentistas. La polémica quedó empequeñecida por el trasiego que ya supuso, en julio de 2002, quitar la enorme estatua ecuestre de Franco que presidía la entrada a Ferrol por la plaza de España. Se la llevaron en una jaula, entre aplausos y abucheos, y la aparcaron ocho años en la entrada del Museo Naval hasta que el Ministerio de Defensa, en marzo de 2010, se decidió a esconderla dentro de un recinto militar, tapada por una lona, para alejarla de turistas y curiosos que se dejaban caer para hacerse una foto. El Gobierno ferrolano ya retiró el escudo preconstitucional de la escalinata del consistorio y otro más de la biblioteca. Queda pendiente uno que preside la puerta del edificio de Aduanas, en Ferrol Vello.


FUENTE: EL PAÍS

jueves, 9 de octubre de 2014

La Memoria Histórica, Rajoy y el Franquismo

El borrón y cuenta nueva que supuso la vegonzosa Ley de Amnistía, convirtiendo a los asesinos en intocables ante la justicia, para nada impide que el daño causado por ellos se repare en la medida de lo posible.


A nadie puede engañar el PP en el tema de la Memoria Histórica. Un año más la ley (LMH) queda sin presupuesto, sin dotación económica en los Presupuestos Generales. Antes de llegar al poder, Rajoy ya anticipó que no iba a dar ni un solo euro para que esta Ley pudiese cumplirse. Ya en 2007, recién aprobada la ley, prometió derogarla cuando llegase al poder, finalmente, de momento, no la ha derogado pero la ha dejado sin presupuesto desde que llegó a Moncloa, que para el caso es lo mismo, y suprimió la Oficina de Víctimas de la Guerra Civil y la Dictadura, encargada de coordinar las exhumaciones de los restos de los desaparecidos.

La escusa esgrimida de la situación económica no tiene defensa alguna, máxime si tenemos en cuenta las subvenciones que se dan cada año a "fundaciones" como FAES (758.000 euros) o la Pablo Iglesias del PSOE (405.000 euros). Si lo anterior no es suficiente, por poner otro ejemplo de los muchos que hay, para nada influye la crisis en la donación anual (con dinero de todos) a la Iglesia Católica, una donación con la que con el importe de un solo mes ya se supera el total recibido por la LMH desde 200, en siete años.

Quiero incidir también en mi rechazo total a la repugnante calificación como "ayudas" a las víctimas, de un dinero destinado a cubrir unos gastos de exhumación e identificación que deberían correr íntegramente a cargo del Estado, ya que es el Estado el responsable de hacer justicia y reparar los daños ocasionados por esa España que lo sigue siendo.

Buena parte de la opinión pública se manifiesta en contra de destinar partidas económicas para un asunto al que incluso califican de, no sólo innecesario, sino también de suponer la apertura de unas heridas que deberíamos haber cerrado en 1978. Los que esto predican no se encuentran entre los herederos de las víctimas, la mayoría se encuentran entre los herederos de los verdugos. Cuarenta años tuvo el franquismo para hacer "justicia" a sus víctimas, todas fueron reconocidas y sus herederos y familias debidamente pensionados por el Estado, incluso haciéndoles merecedores de ciertos privilegios de todo tipo. Unas pensiones y unos privilegios que pagamos entre todos los españoles. No parece pues razonable que hoy se obstaculice a los herederos de las víctimas republicanas de la guerra civil y del franquismo al menos la posibilidad de dar digna sepultura a sus antepasados. Hacerlo como lo hace el Partido Popular sí que, desde luego, supone no ya la apertura de heridas, sino aumentar la ya de por sí extrema gravedad de las mismas.


El borrón y cuenta nueva que supuso la vergonzosa Ley de Amnistía, convirtiendo a los asesinos en intocables ante la justicia, para nada impide que el daño causado por ellos se repare en la medida de lo posible. Es más, en dicha Ley, se debería haber incluido el reconocimiento a las víctimas, su localización, exhumación e identificación, que menos a cambio de "archivar" cientos de miles de crímenes. Si me apuran, los llamados padres de la Constitución, teniendo en cuenta de donde veníamos y venimos, bien podrían haber articulado en su texto los derechos de esas víctimas que lo fueron y que lo siguen siendo. Pero no, ni una cosa ni la otra, tuvimos que esperar 30 años desde el perdón oficial a Franco y a los franquistas para que el PSOE sacara adelante la Ley de Memoria Histórica, una ley con muchas carencias y errores pero que al menos promovía, entre otras cuestiones, la dignificación de los injustamente asesinados y hechos desaparecer.

El Partido Popular luchó con todas sus fuerzas para que la LMH no viera la luz, una vez aprobada sigue luchando con todos los medios a su alcance para que no se cumpla, no ya en lo relativo a las exhumaciones sino también en lo que atañe a la provocadora presencia en nuestras calles y edificios de los más rancios símbolos de la dictadura, símbolos que son ilegalmente protegidos por aquellos alcaldes nostálgicos del franquismo que abundan y mucho en las filas del Partido Popular y casos aislados entre los del PSOE como el del alcalde de Vigo.

Desde mi ignorancia jurídica me atrevería decir que el Gobierno que preside Rajoy está cometiendo un delito de prevaricación cuando impide que una ley se pueda desarrollar y cumplir sin más motivos que sus propios intereses. Acudir a la falta de medios económicos es una escusa burda. La dotación inicial que el PSOE fijó para esta ley en 2008 fue de 6 millones de euros, una cantidad que hoy representa escasamente un 0,6% de los presupuestos generales, dotación sobre la que se pueden admitir recortes en base a la situación económica, pero que de ninguna manera dichos recortes pueden ser del 100%.


Una actuación, la del Gobierno de Rajoy, que no puede ser más que el fruto de su vocación franquista, tardofranquista o neofranquista, no hay otra explicación posible. Los organismos internacionales condenan unánimemente que aún hoy en día existan fosas comunes repartidas por toda la geografía española y de forma contundente exigen al Gobierno español que se ponga fin a esta situación. La respuesta del Gobierno ha sido, una vez más, dejar la LMH sin dotación presupuestaria. Para ellos las víctimas republicanas de la guerra civil no existen. Existen para ellos las de ETA, las del 11M..., producto de acciones terroristas, pero no las provocadas por el franquismo en ejercicio de un auténtico terrorismo de Estado que se prolongó durante 40 años, vulnerando desde principio a fin la Declaración Universal de Derecho Humanos.

Ante este nuevo agravio, ¿qué debemos hacer? ¿Callar y padecerlo? Desde 2011 un pequeño grupo de ciudadanos y ciudadanas se reúnen cada jueves en la Puerta del Sol de Madrid manifestándose por la impunidad de los crímenes franquistas, reclamando justicia y reparación para las víctimas, apenas un par de docenas de personas pidiendo justicia para cientos de miles de españoles y españolas. Nadie les hace caso, pero desde sus convicciones y su inalterable memoria saben que son necesarios y necesarias, que son todo un ejemplo moral y así, con su tenacidad, hacen realidad la frase de Bertolt Brecht:
"Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años, y son muy buenos. Pero hay los que luchan toda la vida, esos son los imprescindibles".
Las calles españolas no exigen que la LMH se cumpla. Hay "mareas" que justamente reivindican derechos y libertades de todo tipo, pero ninguna que reclame la dignificación de los republicanos/as arrojados/as a fosas comunes y cunetas con un tiro en la nuca. La solidaridad con estas víctimas simplemente no existe. Los medios de comunicación callan, los políticos también. Sólo los descendientes de las víctimas luchan a través de las asociaciones para la Memoria Histórica (con mayúsculas), una lucha que ya debería haber terminado y que se presume interminable.

Si las fuerzas políticas de la oposición lo estiman "conveniente" bueno sería que por todos los medios a su alcance forzaran al Gobierno a incluir la dotación para la LMH en los presupuestos que se están debatiendo en el Congreso, no hacerlo les convierte en cómplices de esta, para mí, prevaricación. 


Benito Sacaluga


sábado, 30 de agosto de 2014

Olvido, recuerdo, heridas y víctimas.

30 de agosto de 2014, Día Internacional de las víctimas de desapariciones forzadas. 

En días como éste es una obligación democrática recordar a quienes, en España, "fueron" desaparecidos por defender la República.

Ha pasado ya muchos años desde que el fascismo, por medio de un golpe de estado, hizo su entrada en este país. Han transcurrido casi 40 años, desde que cerramos en falso con el régimen franquista e iniciamos la "modélica transacción española".

Este año, la Organización de Naciones Unidas ha advertido al gobierno español sobre graves incumplimientos en relación a la verdad, justicia, reparación y garantías de no repetición con las víctimas del franquismo, y da un plazo de 90 días para que el ejecutivo exponga cómo va a cumplir con nuestra memoria democrática. Estos incumplimientos hacen que nuestra herida continúe abierta y que sangre en cada cuneta, barranco o fosa común donde yacen enterrados aquéllos que, plantando cara al fascismo, lucharon por la República hasta desaparecer en las entrañas del país que les vio nacer.

A algunos no les pareció suficiente el trabajo que realizaron durante la dictadura no sólo para que olvidáramos sino también para que tuviésemos miedo de recordar. Esa gente, que tantos años nos atemorizó, continúa diciéndonos que olvidemos a nuestras víctimas, que no debemos reabrir viejas heridas. Una herida que lleva sangrando, y supurando durante 78 años hay que tratarla y desinfectarla para que algún día pueda llegar a desaparecer.

Nos hablan de olvidar aquéllos que se empeñan en que recordemos que ganaron la guerra: rindiendo homenajes a los que sembraron el terror en cada punto de España, dedicando calles a quienes asesinaron a miles de republicanos, dando dinero a fundaciones que jamás debieran existir en un país democrático, protegiendo a los que debieran ser juzgados por torturas y genocidio... Nos hablan de olvidar quienes más trabajan para que les recordemos.

Las víctimas del franquismo no olvidan a sus torturadores; no porque no quieran sino porque no pueden. Nuestras víctimas van envejeciendo con la tristeza de ver que siguen siendo olvidadas. Nos van dejando discreta y silenciosamente sin haber recibido la justicia que se les prometió durante años. Nosotros nos quedamos solos, huérfanos de luchadores. Es, por ello, que el informe de la ONU urge a España a que "adopte como inmediata prioridad la búsqueda de la verdad y en particular sobre la suerte y el paradero de las personas desaparecidas".

¿Tomará nota el gobierno de ésta y otras recomendaciones o seguirá mirando hacia otro lado y echando sal en nuestra herida abierta?

Silvia Gambarte



lunes, 25 de agosto de 2014

DIEZ COSAS QUE DEBERÍAS SABER SOBRE LOS CRÍMENES DEL FRANQUISMO


1.- El 18 de julio de 1936 no comenzó una guerra civil. Lo que ocurrió fue que un grupo de militares dio un golpe de estado contra un gobierno elegido democráticamente.

2.- El golpe de estado fue apoyado de forma militar, ideológica y económica por la Alemania de Hitler. Cuando la rebelión no triunfó en todo el territorio, la Alemania nazi empezó a probar su armamento contra civiles indefensos, en un ensayo de lo que haría posteriormente en Europa.

3.- Cientos de miles de personas murieron como resultado de la contienda. Todavía siguen enterradas en fosas comunes más de 100.000 personas, que fueron asesinadas por quienes se levantaron contra el orden constitucional.

4.- La mayoría de las personas que siguen sin identificar en las fosas no había ido a ninguna guerra. Fueron exterminadas dentro de la estrategia del golpe militar de eliminar cualquier posible disidencia y atemorizar al conjunto de la población.

5.- Pinochet confesó su admiración por esta forma de alzamiento militar y la aplicó en Chile. Fue uno de los pocos jefes de Estado que acudió al funeral de Franco.

6.- La represión no terminó en 1939. Los crímenes, torturas y graves violaciones de derechos humanos se prolongaron durante décadas, hasta el final del franquismo. El prestigioso historiador Paul Preston ha señalado que no existe equivalente en Europa respecto a la intensidad y duración de estas atrocidades de Estado.

7.- España es el segundo lugar del mundo con más desaparecidos, por detrás de Camboya. La ONU ha exigido a nuestros poderes estatales que protejan los derechos de los familiares de las víctimas del franquismo.

8.- El Tribunal Supremo consideró que ya no podían ser investigados penalmente los crímenes del franquismo. Remitió a los familiares de las víctimas a la Ley de la Memoria Histórica, para que por parte de la administración pública se procediera a las exhumaciones de los restos mortales. El Gobierno actual paralizó al comenzar su mandato el plan de exhumaciones que se inició en su momento.

9.- Resulta vergonzoso que un Estado democrático mantenga sin identificar y sin una sepultura digna a las víctimas mortales de un régimen totalitario.

10.- Ante esta situación todos podemos hacer mucho. Es perfectamente posible que los muertos por sus convicciones democráticas salgan por fin de las fosas. Generemos un amplio estado de opinión a favor de las exhumaciones. Reclama al Gobierno que respete el derecho de los familiares a recuperar los restos de sus seres queridos. No olvidemos a quienes dieron su vida por una sociedad más justa. Pásalo.



JOAQUIM BOSCH
Magistrado y portavoz de Jueces para la Democracia

martes, 19 de agosto de 2014

Homenaje falangista, en 1937, a Federico García Lorca


He intentado averiguar quién era Luis Hurtado Álvarez, sin resultado, lo único claro es que debía pertenecer a la Falange. Y le hizo su particular homenaje, en una sentida elegía, al poeta del pueblo, a Federico García Lorca, que se publicó el 11 de marzo de 1937, en el semanario Antorcha, cuyo director Nemesio Sabugo Gallego, poeta y catedrático de instituto, fue detenido por las autoridades militares franquistas por su publicación.

Mi intención al transcribir este relato es simplemente dar a conocer este homenaje del bando falangista, quizá desconocido para la mayoría de lectores. Ni juzgo ni opino. 

A LA ESPAÑA IMPERIAL LE HAN ASESINADO SU MEJOR POETA

Conmovido por esta sucesión de formas que sólo la vida puede ofrecernos, en estos días furiosos de lluvia, de sol encadenado, en lo más íntimo de mi ser ha empezado a dolerme tu muerte. He podido, al fin, encontrarme; de vuelta de la guerra. He hallado de nuevo mi sensibilidad olvidada en mi pozo de hombre.

De librería en librería, he ido buscando tus libros, tus poemas.

De una me llevaba el último ejemplar de tu Romancero gitano; de otra, Bodas de Sangre; en esta me decían que hacía unos días, habían vendido los pocos libros tuyos que quedaban; en aquélla -la última-, compro cierta Antología que contiene tus más bellos poemas. Cuántas veces hemos reído juntos al hojear este libro, ese revoltijo de poetastros de todas clases. Mi peregrinación era como un homenaje a tu muerte. Algo así como la alegría que he sentido y no podré jamás escribir.


Yo firmo solemnemente nuestra amistad de entonces, por mi sangre derramada en la más altiva intemperie de un campo de batalla, que Falange Española, ni el ejército de España tomaron parte en tu muerte. La Falange perdona siempre; y olvida. Tú hubieras sido su mejor poeta, porque tus sentimientos eran los de Falange. Querías Patria, Pan y Justicia para todos. Quien se atreva a negarlo miente; su negación es el testimonio más exacto de quien jamás quiso saber de ti. Los hombres sólo nos conocemos cuando hemos llorado juntos muchas veces; cuando hemos convivido durante largo tiempo en la intimidad de las trincheras, allí donde florece la vida más alta. Te sabías poseedor del fuego, de la luz y de la risa. Tu calidad divina de poeta te elevaba sobre las mezquindades de la tierra y, sin embargo, rescatar a los hombres de la impiadosa realidad, redimir su triste vida, condensar en ti el dolor de todos, era una de tus mayores preocupaciones y el eje de tu filosofía. Pero no todos podían comprenderte.

El crimen fue en Granada; sin luz que iluminara ese cielo andaluz que ya posees. Los cien mil violines de la envidia se llevaron tu vida para siempre. Tu cuerpo gigantesco se derrumbó, medroso, ante el golpe brutal de adormidera de los cuchillos de tus enemigos; tu cuerpo gigantesco, faraónico se batió con la inercia en dos mitades y caíste a los pies de tu asesino, tal vez en una isla evidente de poesía. Eras poeta, vivías en tu mundo. Amabas a los hombres, a los pájaros, las naranjas de sal y los corales. Tenías que morir o claudicar tu luz; volver a sus dominios de bandera y de estímulo o entregar tu mirada y tu corcel poético a los verdugos de la poesía, a esos dueños del cieno que no ven más que el mundo, y odiaban a muerte tu frente cuajada de luceros.

Tenías que morir... Eras poeta. Como en tu "Elogio a Doña Juana la Loca". Granada era tu lecho de muerte/Los cipreses tus cirios/La sierra tu retablo.

Se desplomó tu cuerpo para siempre y se borró tu risa de los mapas: y la tierra tembló a través de tus manos de agonía al sentir la llegada de tu espíritu.

Y sin embargo no puedo resignarme a creer que has muerto; tú no puedes morir. La Falange te espera; y su bienvenida es bíblica. Camarada, tu fe te ha salvado: Nadie como tú para sintonizar con la doctrina política y religiosa de la Falange, para glosar sus puntos, sus aspiraciones.

A la España Imperial le han matado su mejor poeta, García Lorca. Falange española, con el brazo en alto, rinde homenaje a tu recuerdo lanzando a los cuatro vientos su PRESENTE más potente.

Tu cuerpo ya es silencio, silencio mudo y sombrío; pero sigues viviendo intensamente vivo, en las formas que laten y en la vida que canta; apóstol de la luz y de la risa. Andalucía y Grecia te recuerdan. ¡Arriba España!


Luis Hurtado Álvarez

lunes, 18 de agosto de 2014

78 Años del Fusilamiento de Federico García Lorca (II). El asesinato de García Lorca. Reconstrucción de un crimen

Por Antonio Rivero Machina


Federico García Lorca, el poeta español más reconocido internacionalmente, símbolo de la mejor época de la poesía española, fue asesinado en Granada en agosto de 1936. Su delito: ser republicano, homosexual y, sobre todo, una voz prodigiosa erigida en contra de las tradiciones más injustas.

Apartando el morbo histórico y el posicionamiento político que aún persiste -sorprendentemente, por otra parte- , el asesinato de Federico García Lorca y de miles de granadinos en las afueras de la ciudad es un hecho que nos debe llenar de indignación y de tristeza a todos. Estallada la sublevación de los militares en Marruecos, comienza el episodio más traumático de nuestra historia. La gente alza el puño o la mano derecha y comienzan a matarse los unos a los otros por ello. Fueron años de barbarie en los que en ambos bandos se asesinaba a sangre fría en fusilamientos colectivos.

En medio de todo esto encontramos personas como Federico, un hombre querido por todos, o más bien por casi todos, los que lo conocían. Un hombre dicharachero, lleno de un ingenio capaz de bordar una magistral alocución sobre la repostería patria, un hombre que no militaba en ningún partido político -"yo soy del partido de los pobres", dijo-, un hombre que mantenía frescas las flores sobre su piano. Pero Lorca también era un hombre que reconocía sin una militancia dogmática su homosexualidad, un hombre que escribía el drama de mujeres que tenían que sacrificar sus vidas por sus maridos, un hombre que iba por los pueblos acercando la cultura y las obras de los clásicos a la gente, un hombre que venía a representar los odios del Movimiento Nacional "restaurador de aquellas tradiciones". Lorca cantó a los negros de Nueva York, a gitanos ajusticiados por guardias civiles, a mujeres aplastadas por el peso de los valores tradicionales. Y lo hacía sin militancia ni dogmatismo, lo hacía con la sinceridad de su voz.

Reconstrucción de su muerte

Intentaré reconstruir cómo le llegó la muerte según la versión más aceptada hoy. Pero no es más que una versión, basada en testimonios y en episodios que, no obstante, no son, en algunos casos, probados de modo absoluto. Aún hoy día, algunos puntos de sus últimas horas siguen siendo un hecho lleno de incógnitas. Pero primero relataremos la muerte como se cree que fue y después podremos interrogarnos sobre qué hay de cierto y qué de especulación en el relato, así como cuáles son las preguntas obvias e inquietantes que se puede hacer un@.

Estalla la guerra civil y Lorca decide abandonar Madrid para volver a Granada, una ciudad más tranquila, con su familia. La ciudad de Granada no fue tomada por los nacionales hasta dos días después del 18 de julio de 1936, quedando aislada, ya que todos los pueblos de alrededor se sumaron o rindieron al ejército sublevado. Una vez tomada Granada, las primeras semanas fueron precarias para las tropas. Se esperaba un fuerte contraataque de los republicanos. Por esto, los sublevados comenzaron una caza de brujas para eliminar a cualquier enemigo en potencia, es decir, los sospechosos de simpatizar con el Frente Popular. Durante los meses que siguieron a la toma de la ciudad, como en tantas otras ciudades, miles de civiles fueron detenidos en sus casas, llevados a lugares de hacinamiento y después fusilados en grupos de unos veinte. En Granada los "paseos" se daban en las afueras, en el Camino del Arzobispo, en el actual término municipal de Alfacar y cerca de Víznar. Las razones de los fusilamientos fueron en muchos casos personales. Bastaba tener cierta credibilidad entre los falangistas y acusar al vecino de ser espía soviético para condenarlo.

García Lorca veía como las detenciones se sucedían y los fusilamientos eran constantes. Por esto decidió refugiarse en el lugar que le pareció más seguro, la casa de la familia Rosales. Luis Rosales, poeta reconocido y apreciado, y José Rosales, jefe de la Falange de las Jons en Granada, eran profundos amigos de Federico. El acto de los Rosales debe tomarse como un acto de valentía y de fidelidad que quizás no todas las personas hubiéramos sabido asumir.

Pasó todo un mes desde la caída de Granada hasta el 16 de agosto, una tropilla derechista, como tantas otras que visitaron tantos hogares españoles con su dedo de guadaña, se presentó en casa de los Rosales para llevarse a Federico. La tropilla estaba liderada por el ex-diputado católico radical por la CEDA -fue diputado de la coalición liderada por Gil Robles entre el 1933 y el 35- Ramón Ruíz Alonso y por su "compadre" Juan Trescastro. Debió de ser muy tensa aquella escena ocurrida en la casa de una familia falangista que protegía a un poeta republicano de conocida homosexualidad. De nada sirvió la oposición de los Rosales, Ramón Ruíz Alonso y los suyos se llevaron al mejor poeta español del siglo XX camino de la muerte. Granadino sombrío, de profesión tipógrafo, Ramón Ruíz Alonso militó en el partido conservador católico "Acción Popular". A él se le atribuye la denuncia y la iniciativa del arresto. Las causas fueron probablemente personales, pero todo es posible en aquellos días de odio. Lorca fue acusado de ser un espía soviético al servicio de Moscú.

Estamos a 16 de agosto. A pocos metros de la casa de los Rosales se encontraba la sede del Gobierno Civil instalado por los rebeldes. A pesar de la cercanía, Lorca fue trasladado en coche y fuertemente escoltado. Entraron por el acceso de la calle Duquesa. Al poeta lo encerraron en una de las habitaciones de la primera planta. Ante el gobernador civil José Valdés, las múltiples gestiones del músico Manuel de Falla para que lo indultaran y las súplicas de Luis Rosales. José Rosales llegó a encañonar con una pistola al gobernador para pedirle que dejara en libertad a Federico, pero todo fue inútil. Valdés, ante estas presiones, consultó a Quiepo de Llano, quien contesta con un "que le den café, mucho café".

La noche del 17 o del 18 de agosto se llevaron a García Lorca del Gobierno Civil. Salió esposado junto al maestro de Pulianas, José Dióscoro Galindo. Escoltado por guardias y falangistas de la llamada "Escuadra Negra", fueron empujados hacia el interior de un coche. A unos nueve kilómetros de la capital se encuentran las localidades de Víznar y Alfacar. Los rebeldes establecieron allí un puesto militar para controlar una posible contraofensiva republicana. Finalmente, el barranco entre estos dos pueblos se convirtió en el lugar de fusilamiento de miles de civiles. Los vehículos que partían del Gobierno Civil ascendían, tras una parada ante el Palacio del Arzobispo Moscoso y Peralta, convertido en cuartel general, hacia Alfacar. Encima de Víznar se encontraba Villa Concha, una residencia de verano para los niños granadinos, que era conocida en el pueblo como La Colonia. La edificación fue empleada como cárcel provisional, un corredor de la muerte fatal. Se cree que durante los días en que Lorca esperaba la muerte fue duramente torturado. Fueron tres días horribles, inhumanos. En la madrugada del 19 al 20 de agosto de aquel 1936, Lorca junto con el maestro José Dióscoro y dos banderilleros miembros de la CNT, uno de ellos era Francisco Galadí, fue conducido a una cuneta del camino de Alfacar, ante un viejo olivar, cerca de la Fuente Grande -los árabes la llamaban Aynadamar o "Fuente de las lágrimas"-. Ahí Lorca fue fusilado junto a los otros y enterrado como tantos en una fosa común sin nombre ni cruz.

Pero son muchas las dudas que un@ se plantea. ¿Quién era Ramón Ruíz Alonso? ¿Qué tenía contra el poeta? ¿Qué pasaba en la Falange granadina? ¿Hubiera sido ignorado Lorca de no ser por la insistencia del tipógrafo? Ruíz Alonso se atribuyó en su día el crimen orgulloso diciendo "no era más que un intelectual rojo, amigo de rojos y además marica". Años más tarde el ex-diputado del CEDA dijo que la detención no fue por iniciativa suya y para muchos cobra fuerza la idea de que alguien le ordenó la detención.

Nada se sabe de modo certero. Nadie implicado ha hablado claro hasta hoy. En cuanto a los Rosales, fueron fuertemente multados y amenazados por su protección y ayuda al poeta. El padre de Federico, rico propietario, designó un abogado para realizar las gestiones de la excarcelación de su hijo, sin saber que ya estaba muerto. Los falangistas difundieron una falsa acta de defunción en la que decía que la causa del fallecimiento fueron heridas de guerra, un mes después de la toma de la ciudad.


En busca de la verdad

La muerte de Lorca fue cantada por poetas y denunciada en todo el mundo. También la Historia clama por el atroz crimen. El primero en investigar el suceso fue el también poeta, traductor de Nicolás Guillén y profesor universitario Claude Couffon, quien entre 1945 y 1950 viajó a Granada. En pleno apogeo del régimen franquista no fue tarea fácil. La muerte de Lorca ha cobrado vigencia en la actualidad por iniciativa entre otros de su biógrafo, el hispanista Ian Gibson. "En Federico García Lorca -señala- confluían todas las circunstancias para ser una presa de alto valor para los fascistas que impusieron el terror en Granada a partir de julio del 36: era de izquierdas, tenía gran éxito como escritor y era homosexual".

La Asociación para la Memoria Histórica, que se encarga de exhumar las fosas de la guerra civil a petición de los familiares que desean dar sepultura digna a sus parientes fusilados, ha comenzado las tareas para hacerlo en Víznar. Lo hacen a petición de Nieves Galindo, nieta de Dióscoro, el maestro de Pulianas, que relata: "Mi padre tenía 27 años cuando se llevaron a mi abuelo. Intentó evitarlo y acabó en la cárcel. Siempre quiso enterrar dignamente a su padre. Tenemos derecho". También el nieto del banderillero Francisco Galadí reclama la exhumación de los cuerpos. La familia del poeta no desea desenterrar el cuerpo de Federico y pide respeto por un lugar sagrado. Sin embargo, añaden que no se van a oponer a los deseos de las otras familias.

Los trámites han comenzado. El alcalde socialista de Alfacar, Juan Caballero, y la Junta de Andalucía quieren seguir adelante con la exhumación. Gibson dice que los restos aportarían importantes datos sobre las circunstancias de la muerte de Lorca y que "Lorca no pertenece a su familia, pertenece a la humanidad". El antropólogo de la Universidad de Granada, Miguel Botella, dice que no será difícil reconocer los cuerpos ya que el banderillero era muy joven y el maestro cojo tras un accidente de tranvía.


Desmemoria histórica

En la actualidad hay quienes quieren mantener la tierra donde está y no removerla. No voy a entrar en consideraciones políticas -porque aunque a quien tenga un poco de sentido común le sorprenda, aún hay quienes justifican, edulcoran o defienden matanzas como las de Granada. [...]-. De lo que sí que voy a hablar, ni siquiera lo voy a juzgar porque pienso que los textos no deben juzgar por los lectores, es del merchandising y el morbo histórico que algunos avispados comerciantes explotan. En el Hotel donde antes estuvo la residencia de los Rosales, se precian en su propaganda de ser el lugar donde "Lorca pasó sus últimos días". También en un restaurante que hay en la tristemente célebre carretera a Alfacar se sirven "lorquianitos" y "brochetas lorquianas".

Pero estos asuntos son ridículas injusticias poéticas. Más triste es ver que a día de hoy aquel Gobernador Civil responsable de la muerte del genio de Fuente Vaqueros, José Valdés, tenga una calle en su honor en el pueblo granadino de Churriana de la Vega.

Apenas quedarán un par de calles para el criminal. Sin embargo, Lorca sigue vivo. Lo está y lo estará siempre, porque la palabra es la única arma que no se oxida, la única arma que merece la pena empuñar.


Publicado entre 2003-2007

78 Años del Fusilamiento de Federico García Lorca (I)


Hoy se cumplen 78 años que estamos, que nos dejaron sin un gran poeta, sin una gran persona; 78 años de un crimen, de uno más entre otros miles... que sesgaba la vida de unos de los grandes poetas y dramaturgos de las letras españolas, máxime figura de la Generación del 27.

Desde aquí, queremos hacerle un pequeño homenaje a este poeta que, aunque internacionalmente conocido, supo llevar la cultura al pueblo, y supo decir como nadie las grandes miserias de España. 

En la madrugada del 18 de agosto de 1936, hoy hace 78 años, Federico García Lorca fue fusilado junto a un olivo en la carretera que une las localidades de Víznar y Alfacar. Se trataba del final de una historia llena de rivalidades políticas en la ciudad en la que habitaba "la peor burguesía de España", como dijo el poeta. También fue el comienzo de otra historia plagada de silencio, un tiempo de fosas cerradas sobre las que se dejaban piedras, desmemoria y vergüenza (El País, 10 de diciembre de 2009). 

Para rendir este pequeño homenaje nos vamos a servir de una de las obras más estremecedoras que se hayan escrito sobre el hecho de su muerte, el poema "El crimen fue en Granada", escrito por otro grande de la literatura española, Don Antonio Machado, en 1937:

EL CRIMEN FUE EN GRANADA: A FEDERICO GARCÍA LORCA

          1.El Crimen

     Se le vio, caminando entre fusiles,
por una calle larga,
salir al campo frío,
aún con estrellas de la madrugada.
Mataron a Federico
cuando la luz asomaba.
El pelotón de verdugos
no osó mirarle la cara.
Todos cerraron los ojos; 
rezaron: ¡ni Dios te salva!
Muerto cayó Federico
-sangre en la frente y plomo en las entrañas-
... Que fue en Granada el crimen
sabed -¡pobre Granada!-, en su Granada.

          2.  El poeta y la muerte

     Se le vio caminar solo con Ella,
sin miedo a su guadaña.
-Ya el sol en torre y torre, los martillos
en yunque- yunque y yunque de las fraguas.
Hablaba Federico,
requebrando a la muerte. Ella escuchaba.
"Porque ayer en mi verso, compañera,
sonaba el golpe de tus secas palmas,
y diste el hielo a mi cantar, y el filo
a mi tragedia de tu hoz de plata,
te cantaré la carne que no tienes,
los ojos que te faltan,
tus cabellos que el viento sacudía,
los rojos labios donde te besaban...
Hoy como ayer, gitana, muerte mía,
qué bien contigo a solas,
por estos aires de Granada, ¡mi Granada!".

           3.

     Se le vio caminar...
                          Labrad, amigos,
de piedra y sueño en el Alhambra,
un túmulo al poeta,
sobre una fuente donde llore el agua,
y eternamente diga:
el crimen fue en Granada, ¡en su Granada!




FUENTES: El País, Wikipedia, Google, federicogarcialorca.net

viernes, 8 de agosto de 2014

Los topos del franquismo

Por ANJE RIBERA 

Cientos de republicanos españoles optaron por vivir ocultos tras la Guerra Civil para escapar de la represión de los vencedores.

Protasio Montalvo

Protasio Montalvo fue el último. Permaneció escondido en la localidad madrileña de Cercedilla desde 1939 hasta 1977. Había sido su alcalde. Él, como otros muchos, fue protagonista de una historia de miedo, del gran miedo. El que produce el odio, la incultura, la falta de libertad... Porque fue el miedo el que condenó a estos hombres a vivir como topos, siempre en las tinieblas.

Al final de la guerra civil, entre represiones, venganzas y detenciones arbitrarias, algunos de los derrotados optaron por el camino del exilio. Pero para otros, muchos más, el destierro lo constituyó un agujero que ellos mismos habían construido en un patio, un pozo, un pequeño espacio en un palomar, una galería subterránea o hasta un ataúd donde esconderse.

Un confinamiento que en algunos casos sería de más de treinta años. Se escondieron de la furia de los ganadores. Fueron los topos del franquismo y constituyeron la cara oculta de la Guerra civil y la postguerra. Sin ocultarse no hubieran sobrevivido a los llamados "comités de exterminio", que recogían a sus víctimas y les invitaban a un "paseo" hasta su último destino.

Bajo el amparo de la Ley de Responsabilidades Políticas, durante los años inmediatamente posteriores al final del enfrentamiento bélico fueron fusiladas casi 165.000 personas, en un ensañamiento sin parangón en otras guerras anteriores.

¿De qué se escondían en realidad durante esos treinta y más años de emparedamiento? ¿Cómo funcionaron los mecanismos del miedo, del instinto de conservación, del temor a las represalias para llevar a unos hombres a abandonar el mundo de los vivos y refugiarse en la oscuridad de la inexistencia? ¿Por qué? Simplemente porque aunque los libros de historia cuentan que la contienda acabó en 1939, el último parte de guerra no significó el final de la violencia. Los tiros continuaron y muchos cargos públicos y simpatizantes de la vencida república tuvieron que esconderse para preservar sus vidas. ¿Fueron sólo ellos o fue España entera la que estuvo bajo tierra durante cuarenta años?

Manuel Cortés Quero

Manuel Cortés Quero, el último alcalde republicano de Mijas, que permaneció oculto en una habitación durante dieciocho años; Ángel Blázquez, veinte años escondido en Béjar con la sola compañía de tres libros que se aprendió de memoria; Saturnino de Luca, que tuvo que volver a aprender a andar tras pasar 33 años en un hueco de 63 centímetros de altura que no le permitía ponerse de pie; Juan Jiménez Sánchez "El cazallero", Eulogio de Vega, exregidor de Rueda que estuvo oculto hasta 1964; Manuel Corral, que tembló durante décadas tumbado sobre un saco de paja; o Andrés Ruíz, veinte años recluido en un agujero por el pecado de haber votado al Frente Popular, dan nombre a un ejército de vivos de cuerpo presente que desde su clandestinidad pusieron de relieve los límites de la resistencia humana. Sobrevivieron alimentados por familiares o por amigos, por su círculo más cercano. Pero, incluso para los suyos, eran fantasmas. No para la Guardia Civil, que periódicamente preguntaba por ellos y hasta ofrecía recompensas a los allegados si los delataban. 

Apenas queda ninguno para contar su experiencia. Por ello hay que recurrir a testimonios pasados. La mayoría de ellos negaron sentir rencor y culparon de sus años de oscuridad "al modo de pensar de la gente de derechas". Incluso justifican con neutralidad sus dolorosas experiencias. "Siempre tiene uno un enemigo, alguien que intenta hacer daño. Soy una víctima de esa clase, una persona a la que un chivato peligroso trató de hacer daño. Estuve doce años escondido en casa de mi novia, María Teresa, en el hueco de un poyete que había en el patio. Es triste que sin meterte con nadie, se metieran con uno", relataba en 1977 'El cazallero' a un medio de comunicación.

Topera de Manuel Cortés

El último hombre de las partidas de la sierra malagueña puede ser el arquetipo de los protagonistas de este relato de las dos Españas. "Era sargento de la quinta brigada de carabineros cuando me hicieron prisionero. Al terminar mi campaña, me lancé a la guerrilla. Cuando nos disolvieron, solo y enfermo, decidí, junto con mi novia María Teresa, esconderme por el peligro que me acechaba", prosigue 'El cazallero'.

El ex alcalde de Rueda Eulogio de Vega, que durante veintiocho años se ocultó en un huerto de Valladolid, aislado como un ermitaño, culpa de sus largos años de soledad "al convencimiento de que tenían los franquistas de imponerse y hacer víctimas. Era su idiosincrasia. Si me cogían me hacían salchichas", comentó con la llegada de la democracia.

El récord de ocultamiento está en manos de Protasio Montalvo, con 38 años. Fue primer edil de Cercedilla. Abandonó su escondrijo con 77 años. No quiso hacerlo hasta que algún dirigente del PSOE le devolviera su nuevo carné. "Entonces tendré la seguridad de que nada me podrá ocurrir", dijo momentos antes de recobrar la libertad. Una comitiva encabezada por Gregorio Peces Barba y Javier Solana tuvieron que trasladarse hasta su domicilio de Collado del Hoyo, donde se escondía entre conejos, para hacerle entrega del documento de su filiación socialista. Sólo entonces quedó convencido de que Franco había muerto.

Secundino Angulo, apodado 'Tifón' y burgalés del Valle de Losa, era un labrador socialista, 'fichado' por uno de los 'comités' el verano de 1936. Pero pudo escapar del camión en el que se le trasladó al alto de la Horca, donde fueron 'ejecutados' sus compañeros de viaje. Luego permaneció hasta diez años escondido en un agujero que él mismo cavó en una cuadra de ovejas. Cuando se producían en su casa las periódicas visitas de la Benemérita, su padre cubría el foso con estiércol. Sólo abandonaba su refugio por las noches.

Como era de prever, pronto cogió una infección de orina. Como no se podía llamar al médico, su padre se hizo pasar por enfermo y la medicación que le recetaban la consumía su hijo.


Los hubo también con menos suerte y que fueron descubiertos pronto. Fue el caso de Manuel Montes, secretario de la CNT en La Coruña. Durante dos años estuvo oculto en un doble fondo de la cocina de su casa hasta que fue descubierto por un descuido. Forma parte de la relación de desaparecidos. 

Y hasta se produjeron casos esperpénticos como los protagonizados por 'topos' que dejaron embarazadas a sus esposas. Ellas tuvieron que añadir a su condición de 'enemigas' del régimen la condena de ser madres solteras en una sociedad nacional católica como la española de la dictadura. Eran consideradas 'viudas' ligeras y, por supuesto, sufrieron la persecución de la Iglesia y de sus vecinos.

La mayoría de los topos salieron como hongos después de la lluvia tras el decreto de amnistía concedido por el dictador en 1969, pero también fueron muchos los que desconfiaron de ese ejercicio de bondad de Francisco Franco Bahamonde y decidieron seguir sin ver el sol. Tuvieron que esperar a la muerte del Generalísimo escondidos en los sitios más inhóspitos.

El libro Los topos, de Jesús Torbado y el siempre añorado colega periodista Manuel Leguineche, tras ocho años de investigación desafió hasta amenazas de muerte para trasladar en 1977 a lectores todavía impregnados del miedo postbélico estremecedores testimonios de quienes fueron perseguidos por un enemigo invisible que los enterró en vida. También el hispanista Roland Fraser ahondó en el tema con su obra pionera Escondido, de 1972.



El cine español hace poco que ha comenzado a reflejar la realidad de la Guerra Civil y sus consecuencias. Hasta ahora no había pasado el suficiente tiempo desde el fin de la dictadura para que la imparcialidad pudiera trasladarse al celuloide con el fin de contar historias presas del silencio, que no del olvido.

Hace tres años el director onubense Manuel H. Martín rindió homenaje a los topos en su ópera prima 30 años de oscuridad, una novela gráfica llevada a la gran pantalla. El protagonista es Manuel Cortés, el anteriormente referido alcalde de Mijas, que no pudo huir al extranjero al acabar la Guerra Civil.

Sabedor de que era candidato al fusilamiento, ayudado por su esposa Juliana, decidió ocultarse en su propia casa, que se convirtió en un zulo. Construyó un pequeño hueco detrás de una pared y allí vivió escondido hasta marzo de 1969, cuando escuchó en la radio que el Gobierno concedía el perdón para los delitos cometidos del 18 de julio de 1936 al 1 de abril de 1939. Las pocas veces que abandonó su cárcel particular, lo hizo disfrazado. Sabía que no podía encontrar ayuda en nadie, ni en sus propios familiares.


FUENTE: El Correo