"(...) las instituticones conmemoran y celebran este día, mientras los restantes 364 que completan el año permanecen pasivos y en silencio cómplice mientras se vulneran los derechos de las mujeres y de las niñas, recortándolos o violentándolos; o incluso elaboran leyes que los recortan aún más. Se podrían enumerar un sinfín de ejemplos en que predominan prácticas sociales, costumbres e incluso leyes que vulneran, directa o indirectamente, nuestros derechos, convirtiéndolos en simple moneda de cambio a efectos partidistas o electoralistas (...)"
"Quiero un mundo sin fronteras, sin ejércitos disparando en las trincheras a otras personas asustadas, bajo leyes de gobiernos pacifistas disfrazados con oscuras ambiciones y sus cuentos tan baratos. Quiero un mundo sin mentiras que nos cuelan a diario gentes poderosas, que permiten que se mueran inocentes, quitándonos escuelas, medicinas, alimentos, viviendas... nuestros sueños, mientras alimentan la carrera de armamentos con descaro".
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miércoles, 11 de marzo de 2015
DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER
"(...) las instituticones conmemoran y celebran este día, mientras los restantes 364 que completan el año permanecen pasivos y en silencio cómplice mientras se vulneran los derechos de las mujeres y de las niñas, recortándolos o violentándolos; o incluso elaboran leyes que los recortan aún más. Se podrían enumerar un sinfín de ejemplos en que predominan prácticas sociales, costumbres e incluso leyes que vulneran, directa o indirectamente, nuestros derechos, convirtiéndolos en simple moneda de cambio a efectos partidistas o electoralistas (...)"domingo, 1 de febrero de 2015
Mary Shelley, la creadora de la primera novela de ciencia ficción: Frankenstein
Un día como hoy, pero de 1851, fallecía Mary Shelley, creadora de Frankenstein e hija de la escritora y feminista Mary Wollstonecraft, autora de Vindicación de los derechos de la mujer.
"Uno de esos seres que sólo aparecen una vez por generación, para arrojar sobre la humanidad un rayo de luz sobrenatural. Ella brilla, aunque parezca oscurecerse y los hombres crean que está apagada, pero se reanima de repente para brillar eternamente".
Mary Shelley (hija de Mary Wollstonecraft y autora de Frankestein)
Mary Wollstonecraft Godwin, más conocida como Mary Shelley (Londres, 30 de agosto de 1797 - ídem, 1 de febrero de 1851), fue una narradora, dramaturga, ensayista, filósofa y biógrafa británica, reconocida sobre todo por ser la autora de la novela gótica Frankenstein o el Moderno Prometeo (1818). También editó y promocionó las obras de su esposo, el poeta romántico y filósofo Percy Bysshe Shelley.
En 1818 publicó su primera novela, Frankenstein, considerada la más importante de sus obras y fundadora de la ciencia ficción; ésta la escribió por una apuesta que estableció con el poeta británico Lord Byron (1788-1824).
Mary Wollstonecraft Godwin, más conocida como Mary Shelley (Londres, 30 de agosto de 1797 - ídem, 1 de febrero de 1851), fue una narradora, dramaturga, ensayista, filósofa y biógrafa británica, reconocida sobre todo por ser la autora de la novela gótica Frankenstein o el Moderno Prometeo (1818). También editó y promocionó las obras de su esposo, el poeta romántico y filósofo Percy Bysshe Shelley.
Originaria de Londres, Inglaterra, Shelley nació el 30 de agosto de 1797, siendo hija del filósofo William Godwin y la escritora y filósofa feminista Mary Wollstonecraft, autora de The Vindication of the Rights of Woman (1792).
De acuerdo con sus biógrafos y biógrafas, su madre murió pocos días después de su nacimiento, dejando huérfana también a Fanny Imlay, su hermanastra de tres años y medio. Tiempo después, su padre contrajo matrimonio con una viuda, quien era madre de dos hijas, y juntos concibieron otro hijo.
Godwin llevó a sus dos hijas a la unión, sin embargo, Mary nunca se llevó bien con su madrastra, quien decidió que sólo su hermanastra fuera enviada a la escuela, cita el portal electrónico "biography.com".
Aunque no contó con una educación formal, Mary se acercó a los libros por propio interés, de tal manera que podía sentarse a leer junto a la tumba de su madre.
Poco a poco, la escritura se convirtió en su mejor pasatiempo y publicó su primer poema, Mounseer Nongtongpaw, en 1807.
A la edad de 16 años dejó su hogar, para partir a Francia y a Suiza con el poeta británico Percy Shelley (1792-1822), con quien mantenía una relación amorosa.
La pareja contrajo matrimonio en 1816, después de que la primera esposa del poeta se suicidara. Como resultado de la unión llegó su hijo Percy Florence.
En 1818 publicó su primera novela, Frankenstein, considerada la más importante de sus obras y fundadora de la ciencia ficción; ésta la escribió por una apuesta que estableció con el poeta británico Lord Byron (1788-1824).
A decir de Mary Shelley, surgió de una pesadilla que tuvo a los 18 años, y al contarla en una reunión con el poeta, donde se leyeron cuentos de terror, formó el personaje que más tarde se convirtió en un notable éxito para la escritora.
La popularidad de Frankenstein, cuya historia gira en torno a una criatura creada por un estudiante a partir de cadáveres humanos, la llevó a ser adaptada para teatro y cine, incluso ha servido como inspiración para algunas parodias.
Cabe destacar, también, su novela El último hombre, publicada en 1826, que continuó en la línea de la ficción.
En 1822 murió su esposo, por lo que la autora comenzó a difundir las obras del también poeta, a través de Poemas póstumos (1824) y Obras poéticas (1839).
Mary Shelley falleció el 1 de febrero de 1851 en Londres, Inglaterra, a los 53 años de edad. Fue enterrada junto a sus padres en el cementerio de St Peter, en Bournemouth, Inglaterra.
A su muerte fue principalmente recordada como la esposa de Percy Bysshe Shelley y la autora de Frankenstein. Desde la primera adaptación teatral de esta novela en 1823 a las adaptaciones en el cine llevadas a cabo en el siglo XX, incluyendo las famosas versiones de James Whale en 1931, la de Mel Brooks en 1974 (El jovencito Frankenstein) y la de Kenneth Branagh de 1994, o Remando al viento de Gonzalo Suárez en 1987, el primer contacto con la obra para muchas audiencias ha sido a través de adaptaciones. Durante el siglo XIX, Mary Shelley comenzó a ser vista como la autora de una sola novela: Frankenstein.
En el prólogo que ella misma escribió en 1831 para Frankenstein, Mary Shelley (1797-1851) responde a una pregunta que le hacían con insistencia: ¿cómo se le había ocurrido una idea tan horrorosa? Cuenta allí la génesis de una obra que sería clásica y congrega altísimos valores literarios filosóficos y mitológicos. La novela narra cómo el joven científico Victor Frankenstein se propone combinar los adelantos de la química y la física para investigar el origen de la vida. Creyendo servir así a la humanidad e ignorando todo límite, crea en su laboratorio un ser humano compuesto con órganos y miembros de personas muertas. Una vez vivo, ese ser resulta monstruoso. Frankenstein, herido en su narcisismo y ciego a lo que ha producido, desprecia esa aberración. La bestia, despechada por la falta de amor y reconocimiento, escapa al control de su desquiciado creador y se transforma en una desbocada fuerza asesina. Sus crímenes (que incluyen a seres cercanos al científico) les serán adjudicados a personas inocentes, a quienes se condenará injustamente por ellos.
Frankenstein calla, pero vive torturado por una culpa y una angustia crecientes. Su criatura lo busca, finalmente se encuentran, el monstruo pide aceptación, el científico la niega y, en cambio, le enrostra su odio. Quiere alejarlo, pero no será posible, y aunque pudiera matarlo no eliminará ni apagará el infierno moral que encendió dentro de sí con su soberbia y su omnipotencia. “Soy su obra y le debo afecto y sumisión, por ley natural usted es mi dueño y señor”, le recuerda el monstruo. Y esto es lo que Víctor Frankenstein no soporta: sabe que es él, y nadie más, el verdadero culpable, aunque física y técnicamente no haya matado a nadie. Y deberá aceptar la presencia de su criatura, deberá escucharla, reconocerla y acompañarla, como ocurre en la novela, hasta el fondo de la oscuridad en la que ambos se arrojan, cada uno a su modo.
Publicada por primera vez en 1818, Frankenstein es una obra literaria mayor, inagotable, de una belleza sombría y una profundidad inquietante, escrita por una chica de 19 años, casada con el célebre poeta romántico Percy Shelley. Como todos los clásicos, se mantiene vigente porque periódicamente en las sociedades ocurren cosas que remiten a sus contenidos, los reavivan y los confirman. No dejan de aparecer los monstruos descontrolados creados por la soberbia, la prepotencia, la codicia, la inmoralidad, la psicopatía, la perversión o el narcisismo. Víctor Frankenstein resucita ocasionalmente como científico, como tecnócrata, como economista, como asesor, como ministro en la luz (o en la sombra) y como presidente o presidenta de un país.
A veces uno de estos Frankenstein reniega de su criatura e intenta matarla. Por ejemplo, decreta el final de un servicio de inteligencia capaz de producir asesinatos disfrazados de suicidio, misteriosas desapariciones u otras brutalidades. Cree que con el monstruo desaparecen sus propias huellas de creador e inspirador. Pero el Frankenstein de Shelley tiene una hondura de la que estos chatos émulos carecen. Conoce la culpa, tiene conciencia de lo que ha desatado. Sabe que la muerte de su criatura no eliminará la matriz que la creó, pues esa matriz está en él y, por lo tanto, puede provocar nuevas criaturas. Víctor Frankenstein sabe, y ésta es su tragedia, que ha cruzado una línea imborrable y sin retorno. Nada de esto roza siquiera la conciencia de quien, creyéndose la víctima y no la victimaria, anuncia que el monstruo murió, que no fue creado en su laboratorio y que, sencillamente, parirá otro, esta vez bondadoso y útil. Esta banalidad, esta incapacidad de conectar con la tragedia, esta patética, destructiva y cegadora voracidad de poder, marca la diferencia entre el Frankenstein de la novela y su copia chapucera. En Frankenstein había arte. Aquí sólo hay crimen. En lo único que se parecen, cuando se los compara bien, es en la letra k. Por lo demás, la obra de Mary Shelley ya probó ser inmortal, mientras estos personajes, más allá de su inmensa capacidad de daño, posiblemente se hundirán, a la larga, en el más negro y merecido de los olvidos.
FUENTE: EL SIGLO DE TORREÓN, PERFIL | SERGIO SINAY
A su muerte fue principalmente recordada como la esposa de Percy Bysshe Shelley y la autora de Frankenstein. Desde la primera adaptación teatral de esta novela en 1823 a las adaptaciones en el cine llevadas a cabo en el siglo XX, incluyendo las famosas versiones de James Whale en 1931, la de Mel Brooks en 1974 (El jovencito Frankenstein) y la de Kenneth Branagh de 1994, o Remando al viento de Gonzalo Suárez en 1987, el primer contacto con la obra para muchas audiencias ha sido a través de adaptaciones. Durante el siglo XIX, Mary Shelley comenzó a ser vista como la autora de una sola novela: Frankenstein.
En el prólogo que ella misma escribió en 1831 para Frankenstein, Mary Shelley (1797-1851) responde a una pregunta que le hacían con insistencia: ¿cómo se le había ocurrido una idea tan horrorosa? Cuenta allí la génesis de una obra que sería clásica y congrega altísimos valores literarios filosóficos y mitológicos. La novela narra cómo el joven científico Victor Frankenstein se propone combinar los adelantos de la química y la física para investigar el origen de la vida. Creyendo servir así a la humanidad e ignorando todo límite, crea en su laboratorio un ser humano compuesto con órganos y miembros de personas muertas. Una vez vivo, ese ser resulta monstruoso. Frankenstein, herido en su narcisismo y ciego a lo que ha producido, desprecia esa aberración. La bestia, despechada por la falta de amor y reconocimiento, escapa al control de su desquiciado creador y se transforma en una desbocada fuerza asesina. Sus crímenes (que incluyen a seres cercanos al científico) les serán adjudicados a personas inocentes, a quienes se condenará injustamente por ellos.
Frankenstein calla, pero vive torturado por una culpa y una angustia crecientes. Su criatura lo busca, finalmente se encuentran, el monstruo pide aceptación, el científico la niega y, en cambio, le enrostra su odio. Quiere alejarlo, pero no será posible, y aunque pudiera matarlo no eliminará ni apagará el infierno moral que encendió dentro de sí con su soberbia y su omnipotencia. “Soy su obra y le debo afecto y sumisión, por ley natural usted es mi dueño y señor”, le recuerda el monstruo. Y esto es lo que Víctor Frankenstein no soporta: sabe que es él, y nadie más, el verdadero culpable, aunque física y técnicamente no haya matado a nadie. Y deberá aceptar la presencia de su criatura, deberá escucharla, reconocerla y acompañarla, como ocurre en la novela, hasta el fondo de la oscuridad en la que ambos se arrojan, cada uno a su modo.
Publicada por primera vez en 1818, Frankenstein es una obra literaria mayor, inagotable, de una belleza sombría y una profundidad inquietante, escrita por una chica de 19 años, casada con el célebre poeta romántico Percy Shelley. Como todos los clásicos, se mantiene vigente porque periódicamente en las sociedades ocurren cosas que remiten a sus contenidos, los reavivan y los confirman. No dejan de aparecer los monstruos descontrolados creados por la soberbia, la prepotencia, la codicia, la inmoralidad, la psicopatía, la perversión o el narcisismo. Víctor Frankenstein resucita ocasionalmente como científico, como tecnócrata, como economista, como asesor, como ministro en la luz (o en la sombra) y como presidente o presidenta de un país.
A veces uno de estos Frankenstein reniega de su criatura e intenta matarla. Por ejemplo, decreta el final de un servicio de inteligencia capaz de producir asesinatos disfrazados de suicidio, misteriosas desapariciones u otras brutalidades. Cree que con el monstruo desaparecen sus propias huellas de creador e inspirador. Pero el Frankenstein de Shelley tiene una hondura de la que estos chatos émulos carecen. Conoce la culpa, tiene conciencia de lo que ha desatado. Sabe que la muerte de su criatura no eliminará la matriz que la creó, pues esa matriz está en él y, por lo tanto, puede provocar nuevas criaturas. Víctor Frankenstein sabe, y ésta es su tragedia, que ha cruzado una línea imborrable y sin retorno. Nada de esto roza siquiera la conciencia de quien, creyéndose la víctima y no la victimaria, anuncia que el monstruo murió, que no fue creado en su laboratorio y que, sencillamente, parirá otro, esta vez bondadoso y útil. Esta banalidad, esta incapacidad de conectar con la tragedia, esta patética, destructiva y cegadora voracidad de poder, marca la diferencia entre el Frankenstein de la novela y su copia chapucera. En Frankenstein había arte. Aquí sólo hay crimen. En lo único que se parecen, cuando se los compara bien, es en la letra k. Por lo demás, la obra de Mary Shelley ya probó ser inmortal, mientras estos personajes, más allá de su inmensa capacidad de daño, posiblemente se hundirán, a la larga, en el más negro y merecido de los olvidos.
FUENTE: EL SIGLO DE TORREÓN, PERFIL | SERGIO SINAY
Concepción Arenal, la fuerza de un ideal.
Hoy se cumplen 195 años del nacimiento de una mujer que, sin pretenderlo, fue indispensable en la lucha por la emancipación de las mujeres en España.
"La sociedad no puede en justicia prohibir el ejercicio honrado de sus facultades a la mitad del género humano".
Nacida mujer en una época adversa para su género, Concepción Arenal supo enfrentarse con valor a la sociedad de su tiempo, convirtiendo la reivindicación de la capacidad intelectual de la mujer y su derecho a una educación igual a la del hombre en una lucha sin tregua, lo que hizo de su vida una auténtica cruzada feminista. El único "pero" que se le puede poner a sus planteamientos, sin empañar su importante papel en pro de la emancipación de la mujer, es que jamás cuestionó los roles sexuales establecidos. Pero, aún así, podemos decir que Concepción Arenal es uno de los nombres propios del feminismo en España, y una de las primeras mujeres que dedicó su vida a defender los derechos de los grupos sociales más desfavorecidos y marginados, y entre ellos los de las mujeres, a las que consideró como ser humano marginado a quien hay que ayudar, estimular y respetar, pero no con sentimientos paternalistas de galanteo y protección, sino educándolas en la dignidad de su propia condición. Y lo hizo escribiendo textos cercanos, escribiendo para que la leyeran, para que la entendieran, para que sus lectores participaran en sus ideales.
Concepción Arenal Ponte vio la luz un 31 de enero de 1820, en El Ferrol (A Coruña), en el seno de una familia acomodada y de convicciones liberales. Su madre, María Concepción de Ponte, era descendiente de una familia noble, hermana del conde de Vigo. Su padre, Ángel del Arenal, sargento del ejército, era un firme defensor del liberalismo, que sería encarcelado en varias ocasiones por enfrentarse a la monarquía absoluta de Fernando VII, lo que le condenaría a una muerte prematura; dejando a Concepción huérfana de padre a la temprana edad de 8 años. Fuertemente influenciada por la ideología paterna, Concepción creció convencida de que debía defender sus convicciones personales y luchar por sus ideales, actuando en consecuencia.
domingo, 25 de enero de 2015
Los 5 textos de Virginia Woolf que toda mujer debe leer
Un día como hoy, pero de 1882, nacía en la ciudad de Londres, Inglaterra, Virginia Woolf, la autora de Una habitación propia. Y queremos, desde aquí, rendirle homenaje recordando cinco de sus posibles mejores obras que toda mujer debe leer.
Virginia Woolf (1882-1941), sin duda, ha sido una de las escritoras más distintivas del siglo XX. Esta novelista, hija de padre filósofo, nació un 25 de enero en la ciudad de Londres, Inglaterra. El amor de Virginia por el arte y las letras se hizo evidente hasta 1917 con la editorial The Hogarth Press, que fundó junto con su esposo Leonard Woolf. La escritura de esta ensayista británica tiene una gran influencia del ambiente intelectual y liberal de Bloomsbury (Inglaterra), y sobre todo del filósofo George Edward Moore, cuyo principio filosófico consistía en tener una postura ética dependiente del placer estético, o mejor dicho, en que los aspectos personales y el goce estético deben constituir los más grandes bienes a los que puede aspirar el ser humano.
Mrs. Dalloway es una de las novelas más representativas escrita por Virginia Woolf, y a pesar de que ya han pasado más de 85 años de su publicación, el trabajo de esta escritora sigue vigente en la literatura y en el pensamiento feminista de hoy.
Como un breve recorrido por las letras de Virginia Woolf, seleccionamos cinco de sus posibles mejores obras que toda mujer debe leer. Fragmentos o capítulos que integran algunas de sus novelas; en su mayoría, textos autobiográficos que permiten descubrir el universo interior de la autora mientras pone de manifiesto las dificultades de ser mujer en una época dominada por el sexo masculino.
5. El tiempo pasa, segunda parte de la novela Al faro (1927)
Al faro es una novela dividida en tres partes: La ventana, El tiempo pasa y El faro. La historia gira alrededor de la familia Ramsay, conformada por los padres y sus ocho hijos. Esta obra narra las vivencias y las emociones que enredan a la familia mientras vive en su casa de verano, frente al faro. La importancia de esta novela consiste en la carga social que tiene el papel de la mujer: responsable de mantener el ambiente familiar y la belleza como sus fuentes de poder.
Al faro es, sin duda, una novela autobiográfica. La escritora afirma que gracias a esta obra es que pudo por fin encontrar su poética y el momento en el que la libertad y su alma daban frutos. Esta novela explora la emotividad que encierra el acto de esperar, y sobre permanecer en el transcurrir del tiempo.
4. La mancha en la pared, de la obra Lunes o Martes (1921)
Este capítulo forma parte del único volumen de cuentos que sacó a la luz la autora durante su vida. En esta historia deja claro que el arte no emerge necesariamente de lo más complicado, sino que, a veces, se encuentra entre las cosas más insignificantes de la vida.
Como conclusión está que los misterios de la vida se pueden encontrar en los escenarios más casuales de la cotidianidad. Da a entender que el arte, a pesar de su dilema, debe tener como respaldo una idea que trascienda.
3. El vestido nuevo, de la obra La casa encantada (1944)
Esta obra particularmente se concentra en el sentimiento de contradicción que la mujer se crea a partir de las presiones sociales, que la obligan a pertenecer a un grupo determinado, y en el que precisamente no está del todo a favor.
Esta incomodidad que ha persistido a lo largo de la historia de la mujer es provocada por el choque producido entre los valores e ideales éticos y morales que la han formado, con los de una sociedad que depende de las superficialidades.
El vestido nuevo es la historia de una chica que se enfrenta a lo superfluo de la moda. Este cuento plantea la problemática en la que se enreda una mujer al desear usar un vestido que la hará sentir única, al mismo tiempo que, también, será su condena.
2. Bocetos del pasado, de la obra Momentos de vida (1976)
Esta obra autobiográfica de Virginia Woolf se integra por seis textos encontrados tras la muerte de su marido. Momentos de vida son los sucesos en el camino de la autora contados de manera cronológica; en ésta se puede apreciar el paso del tiempo y el proceso de madurez espiritual y poética de la escritora británica.
Bocetos del pasado es un texto que evoca el sensible paso de cobrar conciencia de los aprendizajes que deja el ser parte de este mundo. Es un escrito que reflexiona acerca de la condición del arte y del sentido del ser respecto a nuestra realidad. Woolf explora lo más íntimo de la relación entre la sensibilidad humana y la naturaleza; su poética muestra un punto de vista en el que la naturaleza forma parte del dolor humano. Por otra parte, deja en claro que la naturaleza del hombre constituye el arte que lo rodea.
1. Toughts of peace in an air raid, de la obra La muerte de la polilla y otros ensayos (1940)
Este escrito, elaborado como un discurso universitario, habla acerca del poder de las ideas, de cómo el tener la capacidad de pensar puede ser la mejor arma para luchar y mantener los valores morales intactos.
En este ensayo Virginia Woolf pone al descubierto la cruda verdad de la violencia, mostrando su aspecto más distintivo: ser una cobardía del hombre, y el último recurso que tiene para poder defenderse.
La fuerza de las ideas se ejerce en el acto de llevarlas a cabo, en el coraje de convertirlas en el acto puro; es la mejor forma en la que el ser humano puede ejercer su bondad o su maldad.
La figura y obra de Virginia Woolf fue el principio para generar el pensamiento feminista de la edad moderna. Su manera poética de transformar los momentos efímeros de la vida a una concepción espiritual y artística es su herencia a la literatura.
Más sobre Virginia Woolf:
- Libro: Una Habitación Propia
FUENTE: Culturacolectiva.com
martes, 6 de enero de 2015
Rosa Luxemburgo: su aporte al feminismo y a las mujeres de izquierda
Por medio de un extracto del libro Rosa Luxemburg y el arte de la política, de Frigga Haug (*) quisiéramos visibilizar un poco del aporte de Rosa Luxemburgo al feminismo y a las mujeres de izquierda.
Cómo Rosa Luxemburgo estudiaba los acontecimientos mundiales, cómo informaba sobre ellos, qué método seguía para descomponer los sucesos, cómo unía las doctrinas con los pensamientos habituales entre la población y así los animaba a pensar críticamente por sí mismos. Lo que hay que analizar es su método de exposición, de educación popular y de agitación.
[...] Rosa Luxemburg era comunista, judía, polaca, mujer, razones más que suficientes para que, tras su asesinato (en 1919), la recordemos como alguien que fue oprimida de múltiples formas. A decir verdad, en los países socialistas de Estado por de pronto tras la muerte de Lenin fue rodeada de "un anillo de silencio", como dijera Lelio Basso (1969). La publicación de sus obras que empezara Clara Zetkin y Adolf Warski en 1923 -en 1925 publicó Paul Levi la Introducción a la economía política- no se prosiguió en la República Democrática Alemana hasta los años setenta; la correspondencia con Kostia Zetkin apareció en 1993, tras el hundimiento del socialismo. Su nombre permanece en el recuerdo, cada vez círculos más amplios se refieren a ella de un modo más positivo, cada vez en más países, en casi todos los continentes, se pronuncian conferencias sobre ella. Su nombre, que durante tanto tiempo estuvo asociado a la violencia, la sangre y el dogmatismo, se ha convertido en una palabra de esperanza, ligado a la "libertad para quien piensa de otra forma", ligado a la democracia o incluso a un socialismo alternativo.
¿Qué podemos aprender de Rosa Luxemburgo sobre la cuestión de una política de intervención de las mujeres y para ellas? En 1902 escribió en el Leipziger Volkszeitung:
"La emancipación política de las mujeres tendría que hacer soplar una fuerte oleada de viento fresco incluso en la vida política y espiritual [de la socialdemocracia], que eliminará el hedor de la hipócrita vida familiar actual que, de modo inequívoco, permea incluso a los miembros de nuestro partido, tanto trabajadores como dirigentes".
En aquella época se trataba ante todo del derecho de las mujeres al sufragio. Hoy peleamos por las cuotas, aunque también seguimos haciéndolo por ahuyentar el mismo hedor que, de modo inequívoco, impregna a los representantes masculinos de los partidos y que, envolviéndola en una niebla de prejuicios personales, burocratiza las cúpulas de los partidos, las direcciones sindicales o cualesquiera otros espacios públicos de la sociedad, no hay duda de que en esas condiciones sería posible otra política -al menos ésta es nuestra esperanza a pesar de todas las imperfecciones de nuestro sexo-: una política más cercana a las necesidades de las personas, menos tecnocrática, despiadada, derrochadora y belicista. Detrás de estas nociones no se oculta la idea de que las mujeres sean "por naturaleza" seres de buen corazón, tiernos, amistosos y pacíficos, al contrario que el otro sexo, sino que nuestra esperanza sobre la dimensión femenina en la política procede de nuestro análisis de la división sexual del trabajo. Ésta consiste, en el fondo, en la separación capitalista entre un ámbito de actividades que corresponden al trabajo social general, orientado a objetivos de lucro -el trabajo asalariado o el trabajo pagado- atribuido en su gran mayoría a los varones, dejando todas las demás actividades a cargo de las mujeres -especialmente el cuidado de los propios seres humanos- sin pagarlas por ello y haciendo que queden protegidas por los varones que traen el dinero a casa (1). De ahí deriva una posterior división según la cual una comunidad dividida de tal suerte queda regulada por un sector de políticos profesionales que cobran por ello y que es, de nuevo, un espacio de varones. En este contexto nosotras pensábamos que, al intervenir en la política oficial, las mujeres no podrían dejar de introducir las experiencias procedentes de los ámbitos concretos de su actividad, con lo que harían que lo político descendiera al vivir desde las alturas de los parágrafos y las resoluciones hostiles a éste. Por supuesto que sabíamos que la intervención en las estructuras de dominación masculina conduciría, en un primer momento, a la apropiación e interiorización de las formas de comportamiento dominantes pero, pese a ello, esperábamos que la incorporación femenina en los dominios masculinos alterase hasta tal punto la estructura de la división del trabajo, que la reproducción general del dominio y la opresión no podrían proseguir como si tal cosa (2).
Para llenar de contenido concreto tales ideas queríamos estudiar a Rosa Luxemburgo, su forma de intervención política, y plantearnos qué exigencias nos suponía una vida política como la suya.
En el movimiento de las mujeres de los años 70 su nombre apenas aparecía. Había sucumbido a la sentencia de ser una "mujer masculinizada", o sea una figura que había renegado de todo lo femenino, se había adaptado a un mundo masculino en el que logró abrirse camino. Donde sea que las mujeres sobresalen en la historia, sucumben, básicamente, bajo ese veredicto. Las mujeres del movimiento buscaban los rasgos fuertes de las mujeres en sus debilidades específicas y en su subordinación, no en su presencia en la galería masculina de la importancia social. Esta lógica es comprensible, pero aún así, nuestra idea de que las mujeres, aquí y hoy, pueden hacer una política distinta, implica también la suposición de que toda mujer que, de hecho, interviene políticamente -o sea que no es sólo una figura representativa en las estructuras dadas- altera hasta tal punto la división histórica del trabajo entre los sexos que la separación de ámbitos no puede mantenerse tal como estaba. Ya sea que cambien la imagen que, en tanto que mujeres, nos hacemos del mundo, ya sea que sus propias imágenes del orden del mundo incluyan los espacios de mujeres.
___
(*) Haugg, Friga (2007). Rosa Luxemburg y el arte de la política. Publidisa. Madrid.
(1) Es evidente que ese modo de ver las cosas se refiere a una división sexual del trabajo en la que el varón, sostén de la familia, y el ama de casa configuran la vida de la familia de un modo relativamente incontestado; se trata pues de la época anterior al final del fordismo y del tipo de vida determinado por la globalización neoliberal. Sea como fuere, el neoliberalismo ha terminado con el varón como sostén de la familia a lo largo de su vida gracias a un puesto de trabajo fijo, pero no con el sueño de tal figura. La ruptura cultural se prolonga en el interior de las propias familias a destiempo, por lo que se deben politizar las consecuencias conflictivas de tal división del trabajo. Por lo demás el concepto de tal división básica del trabajo se sigue manteniendo: o sea, las mujeres tienen de nuevo que ocuparse más de los niños y niñas y no quitar a los varones los pocos puestos de trabajo disponibles. En Austria, ante una crítica a la "reforma de pensiones", según la cual se prevé calcular a partir de ahora la cuantía de las pensiones sobre un período de 40 años, que conlleva que las mujeres que han interrumpido su trabajo para educar a los hijos e hijas ya no podrán pretender una pensión propia cuando lleguen a la edad de la jubilación, ante la crítica a esa medida el Ministerio para las Mujeres dijo que lo que éstas debían hacer era asegurarse de buscar una pareja que se ganara bien la vida.
(2) De modo semejante a como la incorporación de mujeres en el ejército, esa poderosa instancia para la educación de los "varones", ha puesto en cuestión la reproducción de la masculinidad dominante.
FUENTE: Fundación Rosa Luxemburgo
lunes, 24 de noviembre de 2014
25 Noviembre: Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer
Dos décadas después de este atroz asesinato, en Julio de 1981, en el Primer Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe, celebrado en Bogotá, surge la propuesta para que el 25 de noviembre sea un día de reflexión y denuncia contra las diferentes formas de violencia que sufren las mujeres; surgiendo el compromiso de impulsar en los respectivos países la celebración de esa fecha.
En este mismo año, 1981, entra en vigor -casualidad o simple coincidencia- la Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra las mujeres (CEDAW), que ha recibido la denominación de Carta de Derechos de las Mujeres. Si bien en ella no se aborda de manera explícita el problema de la violencia contra las mujeres y niñas.
Posteriormente, en la Conferencia Internacional de la Mujer organizada por Terre de Hommes (RFA), celebrada del 6 al 15 de mayo de 1987 en Taunus, República Federal Alemana, se analizó la situación de las mujeres, constatándose la existencia de problemas que eran consecuencia de crisis económicas, políticas, o bien resultado de la militarización y de la explotación. Y en esa misma Conferencia, las participantes acordaron el 15 de mayo de 1987 declarar el 25 de noviembre como "DÍA INTERNACIONAL POR LA NO VIOLENCIA CONTRA LA MUJER".
Seis años después, en 1993, la Conferencia de Viena sobre Derechos Humanos aprobó la Declaración sobre la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, en la que se definió la "violencia contra la mujer" como
Todo acto de violencia basado en el género que tiene como resultado posible o real un daño físico, sexual o psicológico, incluidas las amenazas, la coerción o la prohibición arbitraria de la libertad, ya sea que ocurra en la vida pública o en la vida privada.
En dicha Asamblea se reconoció que eran necesarios "una clara declaración de los derechos que se deben aplicar para asegurar la eliminación de toda violencia contra la mujer en todas sus formas, y un compromiso de los Estados y de la Comunidad Internacional en general para eliminar la violencia contra la mujer". Esta Declaración reconocerá las violaciones a los derechos de las mujeres y las niñas como violaciones a los derechos humanos, haciendo visible la violencia de género, muy especialmente en las situaciones de conflicto armado, donde las violencias contra las mujeres se reconocerán como violaciones de los principios fundamentales de los derechos humanos y del Derecho Humanitario Internacional.
Dos años después, en la Conferencia Mundial sobre la Mujer, celebrada en Beijing en 1995, se volverá a reiterar la consideración de los derechos de las mujeres como derechos humanos, dedicándose un apartado específico donde se detallarán todos los problemas relacionados con la violencia contra las mujeres, y elaborándose una definición clara y completa de esta violencia, en la que se distingue una dimensión pública y otra privada, y se destaca la responsabilidad del Estado tanto por ejercer esa violencia como por tolerarla, instando a todos los Estados partes, entre otras medidas, a introducir sanciones penales, civiles, laborales, administrativas, con el fin de castigar a todos los agresores y reparar los daños causados a las mujeres y las niñas "víctimas" de cualquier tipo de violencia, en el hogar, en el lugar de trabajo, la comunidad o la sociedad, revisando periódicamente las leyes pertinentes para asegurar su eficacia, con gran énfasis en su prevención (Capítulo D, de la Plataforma de Acción de Beijing).
Como colofón a todas estas declaraciones, que tienden a garantizarnos a las mujeres una vida libre de violencia y con pleno desarrollo de nuestros derechos humanos, el 17 de diciembre de 1999 -como ya hemos dicho más arriba-, y a través de la resolución 54/134, la Asamblea General de la ONU declaró el 25 DE NOVIEMBRE como el DÍA INTERNACIONAL DE LA ELIMINACIÓN DE LA VIOLENCIA CONTRA LA MUJER, invitando a los gobiernos, a las organizaciones internacionales y a las organizaciones no gubernamentales a que organicen en ese día actividades dirigidas a sensiblizar a la opinión pública respecto al problema de la violencia contra la mujer.
Pero, ¿sólo en este Día, el 25 de Noviembre, deben concentrarse las actividades o actos tendentes a sensibilizar a la opinión pública sobre la violencia de género, cuando ésta se ha convertido en la primera causa de muerte de mujeres y niñas entre los 15 y 44 años de edad? Las cifras y, sobre todo, las historias de mujeres que nos ofrece la realidad parece requerirnos más actividades, más acciones, más esfuerzos para detener la epidemia en que se ha convertido la violencia contra las mujeres. Sin ánimos de ser exhaustiva, algunas de las cifras son éstas:
- Casi una cuarta parte de las niñas de 15 a 19 años de todo el mundo (aproximadamente, 70 millones) han sido víctimas de alguna forma de violencia física desde los 15 años.
- Alrededor de 120 millones de niñas menores de 20 años en todo el mundo (cerca de 1 de cada 10) han sido víctimas de relaciones sexuales forzadas u otro tipo de actos sexuales forzados.
- 1 de cada 3 adolescentes de 15 a 19 años (84 millones) que alguna vez estuvieron casadas han sido víctimas de actos de violencia emocional, física o sexual cometidos por sus maridos o sus compañeros.
- En algunos países, por lo menos 7 de cada 10 niñas de 15 a 19 años que han sido víctimas de abusos físicos y/o sexuales nunca han procurado ayuda: muchas dijeron que no creían que fuera un caso de abuso o no lo consideraban un problema.
- En todo el mundo, más de 700 millones de mujeres vivas hoy en día se casaron antes de cumplir los 18 años. Más de 1 de cada 3 (alrededor de 250 millones) iniciaron la unión antes de cumplir los 15 años.
- En todo el mundo, cerca de la mitad de las niñas de 15 a 19 años cree que está justificado que un hombre golpee a su mujer bajo determinadas circunstancias, como por ejemplo si rechaza tener relaciones sexuales.
- Hasta el 70 por ciento de las mujeres experimenta violencia en el transcurso de su vida.
- Las mujeres entre 15 y 44 años de edad corren mayor riesgo de ser violadas o maltratadas en casa que de sufrir cáncer, accidentes de vehículos, guerra y malaria, según estadísticas del Banco Mundial.
- La violencia contra mujeres detenidas por la policía es común y abarca casos de violencia sexual, prácticas inapropiadas de vigilancia, registros al desnudo realizados por hombres, y la exigencia de actos sexuales a cambio de privilegios o necesidades básicas.
- Entre 500.000 y 2 millones de personas se calcula que son víctimas cada año de trata, lo que las lleva a la prostitución, a realizar trabajos forzados, a la esclavitud o a la servidumbre. Las mujeres y las niñas representan alrededor del 80% de esas víctimas.
- Se calcula que más de 130 millones de mujeres y niñas que viven hoy en día han sido sometidas a la mutilación/ablación genital femenina, sobre todo en África y en algunos países de Oriente Medio.
Un día como el de mañana, un día internacional para la erradicación de la violencia machista, debe dedicarse a reflexionar y denunciar las diferentes formas de violencia que sufrimos las mujeres, para reivindicar las medidas que sean necesarias para acabar con esta pandemia -como la califica la ONU- y dar visibilidad a una violencia que tiene lugar -la mayoría de veces- tras el velo de la impunidad que supone el hogar. Pero también es muy necesario que los restantes 364 días sigamos reivindicando, sigamos trabajando para que la erradicación de la violencia machista sea una realidad. NO PODEMOS PERMITIR QUE LA VIDA DE MÁS MUJERES SIGA SIENDO SESGADA POR ESTE TERRORISMO MACHISTA. LA VIOLENCIA MACHISTA MATA, PERO NUESTRO SILENCIO LA NORMALIZA.
FUENTES: ONU, ONU Mujeres, Wikipedia, Declaración sobre la eliminación de la violencia contra la mujer, Declaración y Plataforma de Acción de Beijing.
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