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jueves, 15 de enero de 2015

Rosa Luxemburgo: La Rosa de la Revolución

Hoy se cumplen 96 años del infame asesinato de Rosa Luxemburgo, una mujer con una firme creencia en la idea del socialismo, el feminismo y el antimilitarismo.

"¡El orden reina en Berlín!" ¡Estúpidos secuaces! Vuestro "orden" está construido sobre la arena. Mañana la revolución se levantará vibrante y anunciará con su fanfarria, para terror vuestro: ¡Yo fui, yo soy y yo seré!". (Últimas palabras de Rosa Luxemburgo escritas la misma noche de su asesinato).


ROSA LUXEMBURGO: REVOLUCIÓN, INTERNACIONALISMO Y EMANCIPACIÓN.

Rosa Luxemburg o Rosa Luxemburgo (Zamosc, parte polaca del Imperio Ruso, 5 de marzo de 1871 - Berlín, Alemania, 15 de enero de 1919), quizá fue la mujer y teórica marxista más importante del período revolucionario entre 1880 y 1918. Su padre fue Elías Luxemburg, comerciante de maderas judío, y su madre Line Löwenstein. Rosa tuvo cuatro hermanos mayores que ella y nació con un defecto en el crecimiento que la discapacitó físicamente toda su vida. 

Con apenas 22 años, Rosa Luxemburgo fundó en 1893 el periódico La causa de los trabajadores (Sprawa Robotnicza, junto a Leo Jogiches y Julian Marchlewski, alias 'Julius Karshi'), desde el que se criticaban las políticas nacionalistas del Partido Socialista de Polonia. Rosa Luxemburgo creía que una Polonia independiente sólo podía derivarse de una revolución proletaria en Alemania, Austria y Rusia. Ella mantenía que la lucha social frente al capitalismo era lo esencial, cuestionando en cierto modo el posterior concepto de derecho de autodeterminación de las naciones bajo el socialismo, desarrollado por Lenin, con quien sostuvo debates dialécticos al respecto. 

Militancia en el SPD alemán. Lucha frente al imperialismo y por el internacionalismo.

En 1898 Rosa Luxemburgo obtuvo la ciudadanía alemana al casarse con Gustav Lübeck y se mudó a Berlín. Su capacidad política y dialéctica la llevó pronto a ser una de las portavoces del partido. Temible tanto hacia el exterior, frente a sus enemigos políticos y de clase, como hacia el interior del movimiento socialdemócrata, donde denunció repetidamente el creciente conformismo parlamentario del SPD frente a la cada vez más probable situación de guerra. Rosa insistió en que el conflicto entre capital y trabajo sólo podía ser superado históricamente si el proletariado tomaba el poder y se producía un cambio revolucionario en todo el contexto de los medios de producción. Quería que los revisionistas abandonaran el SPD, lo cual no tuvo lugar, pero al menos consiguió que el líder del partido, Karl Kautsky, mantuviera el marxismo en el programa del SPD; aun cuando su intención era exclusivamente aumentar el número de escaños en el Reichstag. Desde 1900, Rosa Luxemburgo expresó sus opiniones sobre los problemas económicos y sociales en varios artículos en periódicos de toda Europa. Sus ataques al militarismo alemán y al imperialismo se volvieron más insistentes conforme vislumbraba la posibilidad de una guerra en Europa, e intentó persuadir al SPD en el sentido de tomar la dirección opuesta. Rosa Luxemburgo quería organizar una huelga general que uniera solidariamente a todos los trabajadores europeos y así evitar la Primera Guerra Mundial, pero el líder del partido se opuso y esto provocó la ruptura de Rosa con Kautsky en 1910.

Relaciones con Lenin y otros líderes obreros.

Entre 1904 y 1906 su trabajo se vio interrumpido a causa de tres encarcelamientos por motivos políticos. Sin embargo, Rosa Luxemburgo mantuvo su actividad política; en 1907 tomó parte en el V Congreso del Partido Obrero Socialdemócrata Ruso (POSDR) en Londres, donde se entrevistó con Lenin [el POSDR fue el partido de Lenin y los bolcheviques (sector mayoritario del partido) antes de su transformación en Partido Comunista a raíz de la Revolución Socialista de 1917 en Rusia]. En el Segundo Congreso Socialista Internacional en Stuttgart (Alemania), presentó una resolución -que fue aprobada- para que todos los partidos obreros europeos se unieran en el objetivo de evitar la guerra. 

Por esos años Rosa comenzó a enseñar marxismo y economía en el centro de formación del SPD en Berlín. Uno de sus alumnos fue el que más tarde se convertiría en líder del SPD y primer presidente de la República de Weimar, Friedrich Ebert, que tuvo mucho que ver en el desenlace final de la vida de Rosa Luxemburgo, como veremos más adelante.

En 1912, como representante del SPD, participó en los congresos socialistas europeos como el que tuvo lugar en París. Ella y el socialista francés Jean Jaurès propusieron que en el caso de que estallara la guerra, los partidos obreros de Europa debían declarar la huelga general. Al ocurrir el atentado de Sarajevo contra el archiduque Francisco Fernando y su mujer, que fueron asesinados el 28 de junio de 1914, y aparecer la guerra como algo ya inevitable, organizó varias manifestaciones (por ejemplo, la de Francfort) llamando a la objeción de conciencia en el servicio militar y a no obedecer las órdenes. A causa de esto fue acusada de "incitar a la desobediencia contra la ley y el orden de las autoridades" y sentenciada a un año de prisión. Su detención, sin embargo, no se produjo inmediatamente, lo que le permitió tomar parte en una reunión de la dirección socialista en julio, en la que confirmó desoladoramente que el sentimiento nacionalista de los partidos obreros era más fuerte que su conciencia de clase.

Su ruptura con el SPD: antimilitarismo y fundación de la 'Liga de Spartakus'.

Activa militante del SPD alemán hasta 1914, año en que abandona este partido al considerar la adhesión del SPD a la "guerra entre imperialistas" desde el nacionalismo alemán como una traición a los principios de la Internacional. En efecto, tras comenzar la Primera Guerra Mundial en agosto de 1914, el SPD hizo suya la política de Unión Sagrada, que consistía en colaborar con el Kaiser (emperador del II Reich alemán) y los jefes del ejército para llevar a cabo la guerra, incumpliendo de esa manera los acuerdos de los congresos de la II Internacional en el sentido de oponerse a la guerra por todos los medios. Otro tanto sucedió con los socialistas franceses pese a la oposición de su líder, Jean Jaurès. La II Internacional saltaba en pedazos. Sólo un pequeño grupo de la izquierda del partido alemán mantiene los postulados antibélicos, agrupados en torno al diputado Karl Liebknecht, Franz Mehering, Clara Zetkin, Leo Jogiches y donde destacaría la figura de Rosa Luxemburgo. A partir de 1916 este grupo es conocido con el nombre de la Liga de Spartakus (los espartakistas o espartaquistas en español) porque inicia la publicación de una revista que lleva por título Cartas de Spartacus (en memoria de Espartaco, héroe comunista de los esclavos sublevados en la antigua república de Roma hace más de veinte siglos).

El nuevo grupo rechazó el "alto el fuego" entre el SPD y el gobierno alemán del Káiser Guillermo II por la cuestión de la financiación de la guerra, luchando vehementemente en su contra e intentando provocar una huelga general. Como consecuencia de ello, el 28 de junio de 1916 Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht fueron sentenciados a dos años y medio de prisión. Durante este tiempo escribió varios artículos usando el seudónimo de 'Junius', los cuales fueron sacados clandestinamente de la cárcel y publicados ilegalmente. En ellos se incluía el titulado "La Revolución rusa", en el cual criticaba a los bolcheviques y con lúcida anticipación avisaba del peligro de que se desarrollase una dictadura si se seguía el criterio bolchevique (aunque, sin embargo, continuó utilizando el término "dictadura del proletariado"). Fue en este contexto en el que escribió su famosa frase: "Freiheit ist immer die Freiheit des Andersdenkenden" ("La libertad siempre ha sido y es la libertad para aquéllos  y aquéllas que piensan diferente"). 

En abril de 1917 se produce la escisión del SPD, surgiendo el USPD (Partido Socialdemócrata Independiente Alemán) que se opone a la guerra y propone una paz negociada. Los espartaquistas, aproximadamente un millar de militantes, se integran en el nuevo partido, que cuenta con unos cien mil afiliados. La gran mayoría de la clase obrera alemana y de las clases medias compartían el fervor nacionalista que se había suscitado al inicio de la guerra, sin embargo, las grandes perdidas humanas, las privaciones crecientes y el impacto de la Revolución rusa, fueron generando un gran descontento en el pueblo alemán. En 1917 se produjo un primer motín en la Flota de guerra. En enero de 1918 tuvo lugar una huelga general que siguieron un gran número de ciudades, formándose los primeros consejos obreros a semejanza de los soviets (consejos) rusos. El gobierno reaccionó mediante la represión de los trabajadores, pero hubo una nueva huelga en Berlín en abril en 1918 organizada por los llamados delegados revolucionarios, militantes independientes de los partidos, que gozaban de la confianza de sus compañeros.

La paz y la señal para la revolución... o la reforma.

En octubre de 1918 se sublevaron las tripulaciones de los barcos de guerra anclados en el puerto báltico de Kiel, lo que fue el detonador de una gran ola revolucionaria en toda Alemania. De Kiel la revolución se extiende a Hamburgo, Holstein, Hannover, Brunswick, Colonia, Munich, Rostock, Leipzig, Dresden, Stuttgart, Núremberg y otras ciudades... El dirigente del SPD, Scheidemann, proclama en el Reichstag la "República Alemana". Dos horas después, Liebknecht proclama ante los manifestantes la "República Socialista Libre de Alemania", pero pronto quedará claro que será la primera declaración la que prevalezca.

El surgimiento de los consejos de obreros y de soldados en toda Alemania es una creación espontánea de las masas, influidas -sin duda- por el ejemplo ruso, pero al mismo tiempo esos consejos, penetrados por oficiales burgueses del ejército, son mayoritariamente socialdemócratas en su composición y sus aspiraciones coincidían con los objetivos reformistas de las cúpulas del SPD y el USPD: conclusión inmediata de la paz, abolición de la monarquía, instauración de la república parlamentaria, reformas sociales, etc. Para superar la -para ellos- peligrosa fase revolucionaria, el SPD levantará la bandera de la unidad socialista (reunificación del SPD y del USPD), con un apoyo mayoritario en las asambleas multitudinarias que se suceden por toda Alemania.

Frente a esta "situación acomodaticia", se levantarán los espartaquistas y otros grupos de la izquierda revolucionaria alemana. Éstos, secundados en cierta medida por el ala izquierda del USPD, hacen un llamamiento a las masas a profundizar la revolución y a transformarla en socialista, explicando que, para alcanzar esos objetivos, es necesaria la lucha armada para hacer frente a los militares de la burguesía y a los propios dirigentes socialdemócratas, a los que califican de traidores y contrarrevolucionarios. Pero la correlación de fuerzas les es adversa. Entre el 16 y el 20 de diciembre de 1918 se reúne el I Congreso de consejos de soldados y obreros de Alemania. De 480 delegados; 292 son del SPD, 84 del USPD, 11 pertenecen al grupo de extrema izquierda Unión de Revolucionarios y 10 a la Liga Spartakus.

La división estratégica entre ambos bloques, reformista-parlamentarista y revolucionario-bolchevique se fraguó antes, en noviembre, cuando el SPD consigue, en el marco del proceso de transición hacia la república tras la abdicación del Káiser Guillermo II, dos importantes iniciativas políticas: la primera que es el socialdemócrata Ebert quien asume el cargo de canciller alemán de manos del príncipe Max de Bade, presidente interino tras la abdicación de Guillermo II. La segunda iniciativa consistió en lograr atraer al USPD hacia un gobierno unitario dejando fuera a los espartaquistas. El 10 de noviembre Ebert anuncia la formación de un nuevo gobierno con tres ministros de cada partido que presenta en un gran mitín en el Circo Busch de Berlín. En ese mismo acto Karl Liebknecht, líder junto a Rosa Luxemburgo de los espartaquistas ocupa la tribuna para -entre otras cosas- afirmar que la Revolución Alemana "está amenazada por los que hoy marchan con la revolución y ayer estaban contra ella". En alusión a los príncipes, generales y dirigentes socialdemócratas que habían pactado la salida republicana parlamentaria. También manifiesta que "los enemigos de la revolución utilizan pérfidamente para sus propios fines la organización de los soldados", aludiendo a la hegemonía del SPD entre los consejos de soldados que incluían a mandos de alto grado que se habían pasado al campo republicano, frente a los consejos de los obreros, con mayor predominio revolucionario ... pero voces de "¡unidad!", "¡unidad!" ahogaron las palabras de Liebknecht.

Situada en el centro de Berlín, la 'Karl-Liebknecht-Haus' fue la sede del Comité Central del KPD de 1926 a 1933. En la actualidad es la sede de Die Linke ('La Izquierda'). Este edificio histórico está situado entre Alexanderplatz y Rosa-Luxemburg-Platz. 

Rosa Luxemburgo y los espartaquistas fundan el Partido Comunista de Alemania.

Los espartaquistas permanecen un mes y medio más en el USPD, para a finales de diciembre de 1918 lanzar un ultimátum a su dirección para romper con el proceso farsa liderado por los generales y el SPD. El ultimátum es rechazado y en las navidades de 1918 la Liga Espartaquista celebra una Conferencia Nacional en la que decide formar, junto a otros pequeños grupos, el Partido Comunista de Alemania (KPD Spartakusbund, en alemán) que celebra su congreso fundacional el 30 de diciembre, con su órgano de expresión Die Rote Fahne (La Bandera Roja) y varios miles de militantes distribuidos por toda Alemania, pero poca fuerza aún en Berlín.

En el Congreso triunfan los planteamientos de Rosa Luxemburgo, quien plantea la lucha por el poder revolucionario sobre la base de ganar previamente el apoyo mayoritario de la clase trabajadora, que mayoritariamente confiaba en la socialdemocracia. La tarea inmediata de los espartaquistas (ya comunistas) debía consistir en impulsar las luchas parciales de los trabajadores y difundir entre ellos el programa revolucionario socialista. Otros, que con el tiempo ganarían para su causa a Liebknecht, abogan por una conquista inmediata del poder, al modelo ruso, olvidando que en Alemania en noviembre ya se había firmado la paz, con lo que esa bandera, además de la de los campesinos, netamente conservadores en Alemania, les privaba de las mismas condiciones que habían tenido en Rusia los seguidores de Lenin. Estas diferencias estratégicas tuvieron su consecuencia en las decisiones tácticas; por ejemplo, en la decisión final, frente a la opinión de Rosa Luxemburgo, de no participación en las elecciones a la Asamblea Nacional constituyente de la República alemana de Weimar. [El KPD fue, ya entrada la década de 1930, el partido comunista más poderoso y masivo de Europa Occidental, con una fuerza creciente en relación con el SPD. Los comunistas alemanes consiguieron 100 escaños en el Reichstag en las elecciones de 1932].

La revolución que no pudo ser... "Una 'mujer diabólica' y un tipo 'dispuesto a jugarse el todo por el todo' al frente de los espartaquistas".

En enero una segunda ola revolucionaria sacudió Alemania, aunque algunos de los líderes del KPD -incluida Rosa Luxemburgo- no la deseaban promover previendo que iba a acabar mal (aunque otros intentaron aprovecharse). La situación se precipita cuando, tras una crisis de gobierno con la USPD, el canciller Ebert decide destituir a principios de 1919 al prefecto de policía de Berlín (Eichhorn, del USPD). El comité berlinés del USPD, los delegados revolucionarios y el KPD convocan una manifestación de protesta el 5 de enero en Berlín que cuenta con decenas de miles de participantes. Los representantes de las tres organizaciones convocantes deciden continuar la acción y los manifestantes ocupan los locales de varios diarios y algunas dependencias del gobierno como la prefectura de Policía. Se declara la Huelga General y se convoca una manifestación para el día siguiente.

En respuesta al levantamiento, el líder socialdemócrata Friedrich Ebert utilizó a la milicia nacionalista, los "Cuerpos libres" [Freikorps, posteriormente el germen de los primeros grupos nazi-fascistas alemanes], para sofocarlo. El SPD da "plenos poderes" a Gustav Noske, gobernador de Berlín y miembro del ala derecha del SPD, para organizar la represión en colaboración con los jefes militares a través de los cuerpos libres, milicias paramilitares con oficiales de confianza y mercenarios a sueldo. Uno de los jefes de esos cuerpos libres, el general Maercker arenga a sus hombres dándonos algunas claves sobre el conflicto: "Yo soy un viejo soldado. Durante 34 años he servido a tres emperadores. Amo y venero a[l Káiser] Guillermo II igual que el día en el que le presté juramento. Pero ahora el gobierno imperial ha sido reemplazado por el del canciller Ebert. Y este gobierno se encuentra en una situación muy difícil. Esa Rosa Luxemburgo es una mujer diabólica y Karl Liebknecht un tipo decidido a jugarse el todo por el todo [...]".

Entre los días 11 y 14 de enero de 1919 se produjeron duros combates en Berlín. El gobernador Noske lanza a los cuerpos francos en ofensiva el día 11, recuperando en los días siguientes los bastiones de los revolucionarios y la Prefectura de Policía. Tanto Rosa Luxemburgo como Liebknecht fueron capturados en Berlín el 15 de enero de 1919, siendo asesinados ese mismo día. Rosa Luxemburgo fue golpeada a culatazos hasta morir y su cuerpo arrojado a un canal cercano. Liebknecht recibió un tiro en la nuca, y su cuerpo fue enterrado en una fosa común. Otros cientos de miembros del KPD fueron asesinados y sus comités suprimidos.

Monumento actual a Rosa Luxemburgo en la orilla de un canal del distrito de Tiergarten (sur de Berlín), lugar donde fue arrojado el cadáver de la líder comunista tras ser asesinada junto a su camarada Karl Liebknecht. El artista quiso plasmar el nombre de Rosa emergiendo de las aguas del canal como una alegoría del futuro.


Algunas consecuencias de la Revolución alemana: la Historia rectifica a Marx.

La historia demostró que Marx subvaloró las fuerzas del imperialismo y del nacionalismo para que la revolución no triunfase en la industrializada Alemania y sí en la depauperada y campesina Rusia. La desaparición en enero de 1919 de la figura de Rosa Luxemburgo nos privó prematuramente de una de las mujeres con más relieve en la historia de los teóricos e intelectuales del socialismo. Quizá por compartir con Carlos Marx un origen judío, liberada de falsos chauvinismos, entendió de una manera muy precisa el internacionalismo como estrategia fundamental para la causa de la clase trabajadora, enfrentada en su época a penosas condiciones de explotación y al imperialismo, y combatiendo asimismo las desviaciones nacionalistas y reformistas del movimiento socialdemócrata. La muerte de Rosa Luxemburgo privó al socialismo internacional de una de sus más eminentes teóric@s marxistas y facilitó, por el contrario, el desarrollo de tendencias sectarias en el seno del KPD y de la propia Internacional. Sus críticas al menosprecio por ciertos aspectos formales de la democracia (participación de los comunistas en asambleas, elecciones, etc.) y a las estrategias que condujeron al triunfo de la teoría del "socialismo en un solo país" que terminó imponiendo Stalin tras la muerte de Lenin, marcaban un contrapunto cuya evolución hubiera sido interesante para el movimiento comunista internacional. Pero habrá otros hombres y mujeres que retomaron su antorcha.

Rosa Luxemburgo fue una de las primeras mujeres intelectuales del movimiento obrero. Junto a Clara Zetkin, o la española Dolores Ibárruri y un escaso pero significativo número de otras mujeres que, en lo que hoy calificaríamos como una sociedad terriblemente machista, se atrevieron a compartir debates, luchas y aventuras con sus homólogos masculinos.

Algunas de las obras de Rosa Luxemburgo publicadas en castellano son Reforma o Revolución (1900), Huelga de masas, partido y sindicato (1906), La Acumulación del Capital (1913) y La revolución rusa (1918), donde plantea una crítica constructiva a la misma y sostiene que la forma soviética de hacer la revolución no puede ser exportada a otros países; aunque defiende al mismo tiempo la vigencia de la "dictadura del proletariado" como estadio histórico previo al comunismo.


TEXTO: José Gabriel Zurbano* | FUENTE: Ciudad Futura

*Historiador.
Referencias biográficas y bibliográficas: Octubre Rojo. Oleadas revolucionarias en Europa (1917-1921), Historia 16, Temas de Hoy (1997) y Wikipedia.
Ilustración: "Rosa roja" ·Paco Arnau /Ciudad futura.

martes, 6 de enero de 2015

Rosa Luxemburgo: su aporte al feminismo y a las mujeres de izquierda


Por medio de un extracto del libro Rosa Luxemburg y el arte de la política, de Frigga Haug (*) quisiéramos visibilizar un poco del aporte de Rosa Luxemburgo al feminismo y a las mujeres de izquierda.

Cómo Rosa Luxemburgo estudiaba los acontecimientos mundiales, cómo informaba sobre ellos, qué método seguía para descomponer los sucesos, cómo unía las doctrinas con los pensamientos habituales entre la población y así los animaba a pensar críticamente por sí mismos. Lo que hay que analizar es su método de exposición, de educación popular y de agitación.

[...] Rosa Luxemburg era comunista, judía, polaca, mujer, razones más que suficientes para que, tras su asesinato (en 1919), la recordemos como alguien que fue oprimida de múltiples formas. A decir verdad, en los países socialistas de Estado por de pronto tras la muerte de Lenin fue rodeada de "un anillo de silencio", como dijera Lelio Basso (1969). La publicación de sus obras que empezara Clara Zetkin y Adolf Warski en 1923 -en 1925 publicó Paul Levi la Introducción a la economía política- no se prosiguió en la República Democrática Alemana hasta los años setenta; la correspondencia con Kostia Zetkin apareció en 1993, tras el hundimiento del socialismo. Su nombre permanece en el recuerdo, cada vez círculos más amplios se refieren a ella de un modo más positivo, cada vez en más países, en casi todos los continentes, se pronuncian conferencias sobre ella. Su nombre, que durante tanto tiempo estuvo asociado a la violencia, la sangre y el dogmatismo, se ha convertido en una palabra de esperanza, ligado a la "libertad para quien piensa de otra forma", ligado a la democracia o incluso a un socialismo alternativo.

¿Qué podemos aprender de Rosa Luxemburgo sobre la cuestión de una política de intervención de las mujeres y para ellas? En 1902 escribió en el Leipziger Volkszeitung:

"La emancipación política de las mujeres tendría que hacer soplar una fuerte oleada de viento fresco incluso en la vida política y espiritual [de la socialdemocracia], que eliminará el hedor de la hipócrita vida familiar actual que, de modo inequívoco, permea incluso a los miembros de nuestro partido, tanto trabajadores como dirigentes". 

En aquella época se trataba ante todo del derecho de las mujeres al sufragio. Hoy peleamos por las cuotas, aunque también seguimos haciéndolo por ahuyentar el mismo hedor que, de modo inequívoco, impregna a los representantes masculinos de los partidos y que, envolviéndola en una niebla de prejuicios personales, burocratiza las cúpulas de los partidos, las direcciones sindicales o cualesquiera otros espacios públicos de la sociedad, no hay duda de que en esas condiciones sería posible otra política -al menos ésta es nuestra esperanza a pesar de todas las imperfecciones de nuestro sexo-: una política más cercana a las necesidades de las personas, menos tecnocrática, despiadada, derrochadora y belicista. Detrás de estas nociones no se oculta la idea de que las mujeres sean "por naturaleza" seres de buen corazón, tiernos, amistosos y pacíficos, al contrario que el otro sexo, sino que nuestra esperanza sobre la dimensión femenina en la política procede de nuestro análisis de la división sexual del trabajo. Ésta consiste, en el fondo, en la separación capitalista entre un ámbito de actividades que corresponden al trabajo social general, orientado a objetivos de lucro -el trabajo asalariado o el trabajo pagado- atribuido en su gran mayoría a los varones, dejando todas las demás actividades a cargo de las mujeres -especialmente el cuidado de los propios seres humanos- sin pagarlas por ello y haciendo que queden protegidas por los varones que traen el dinero a casa (1). De ahí deriva una posterior división según la cual una comunidad dividida de tal suerte queda regulada por un sector de políticos profesionales que cobran por ello y que es, de nuevo, un espacio de varones. En este contexto nosotras pensábamos que, al intervenir en la política oficial, las mujeres no podrían dejar de introducir las experiencias procedentes de los ámbitos concretos de su actividad, con lo que harían que lo político descendiera al vivir desde las alturas de los parágrafos y las resoluciones hostiles a éste. Por supuesto que sabíamos que la intervención en las estructuras de dominación masculina conduciría, en un primer momento, a la apropiación e interiorización de las formas de comportamiento dominantes pero, pese a ello, esperábamos que la incorporación femenina en los dominios masculinos alterase hasta tal punto la estructura de la división del trabajo, que la reproducción general del dominio y la opresión no podrían proseguir como si tal cosa (2).

Para llenar de contenido concreto tales ideas queríamos estudiar a Rosa Luxemburgo, su forma de intervención política, y plantearnos qué exigencias nos suponía una vida política como la suya.

En el movimiento de las mujeres de los años 70 su nombre apenas aparecía. Había sucumbido a la sentencia de ser una "mujer masculinizada", o sea una figura que había renegado de todo lo femenino, se había adaptado a un mundo masculino en el que logró abrirse camino. Donde sea que las mujeres sobresalen en la historia, sucumben, básicamente, bajo ese veredicto. Las mujeres del movimiento buscaban los rasgos fuertes de las mujeres en sus debilidades específicas y en su subordinación, no en su presencia en la galería masculina de la importancia social. Esta lógica es comprensible, pero aún así, nuestra idea de que las mujeres, aquí y hoy, pueden hacer una política distinta, implica también la suposición de que toda mujer que, de hecho, interviene políticamente -o sea que no es sólo una figura representativa en las estructuras dadas- altera hasta tal punto la división histórica del trabajo entre los sexos que la separación de ámbitos no puede mantenerse tal como estaba. Ya sea que cambien la imagen que, en tanto que mujeres, nos hacemos del mundo, ya sea que sus propias imágenes del orden del mundo incluyan los espacios de mujeres.


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(*) Haugg, Friga (2007). Rosa Luxemburg y el arte de la política. Publidisa. Madrid.

(1) Es evidente que ese modo de ver las cosas se refiere a una división sexual del trabajo en la que el varón, sostén de la familia, y el ama de casa configuran la vida de la familia de un modo relativamente incontestado; se trata pues de la época anterior al final del fordismo y del tipo de vida determinado por la globalización neoliberal. Sea como fuere, el neoliberalismo ha terminado con el varón como sostén de la familia a lo largo de su vida gracias a un puesto de trabajo fijo, pero no con el sueño de tal figura. La ruptura cultural se prolonga en el interior de las propias familias a destiempo, por lo que se deben politizar las consecuencias conflictivas de tal división del trabajo. Por lo demás el concepto de tal división básica del trabajo se sigue manteniendo: o sea, las mujeres tienen de nuevo que ocuparse más de los niños y niñas y no quitar a los varones los pocos puestos de trabajo disponibles. En Austria, ante una crítica a la "reforma de pensiones", según la cual se prevé calcular a partir de ahora la cuantía de las pensiones sobre un período de 40 años, que conlleva que las mujeres que han interrumpido su trabajo para educar a los hijos e hijas ya no podrán pretender una pensión propia cuando lleguen a la edad de la jubilación, ante la crítica a esa medida el Ministerio para las Mujeres dijo que lo que éstas debían hacer era asegurarse de buscar una pareja que se ganara bien la vida.

(2) De modo semejante a como la incorporación de mujeres en el ejército, esa poderosa instancia para la educación de los "varones", ha puesto en cuestión la reproducción de la masculinidad dominante. 


FUENTE: Fundación Rosa Luxemburgo

lunes, 15 de diciembre de 2014

SOCIALISMO DEMOCRÁTICO


Por Rosa Luxemburgo


"Sin elecciones generales, una prensa no cohibida, la libertad de asociación y la libre lucha de las opiniones, la vida de toda institución pública desaparece, se convierte en una vida ficticia en la que la burocracia se mantiene como el único elemento activo. La vida pública comienza a adormecerse, unas docenas de líderes de partido, de energías inagotables e idealismos sin límites, dirigen y gobiernan, debajo de ellos hay una docena de cabezas sobresalientes que dirigen de verdad y una élite de obreros, convocada de vez en cuando a las asambleas, para aplaudir los discursos de los líderes, aprobar en forma unánime las resoluciones presentadas, es decir, en el fondo, una sociedad de camarillas -de hecho una dictadura, aunque no la dictadura del proletariado, sino la dictadura de un puñado de políticos- una dictadura en el sentido burgués puro, en el sentido del dominio de los jacobinos... Se trata de una ley predominante, objetiva, una ley a la que ningún partido político podrá escapar" (Rosa Luxemburgo)
Para Rosa Luxemburgo, la política tradicional en una época de dominio burgués era asunto de políticos profesionales que actuaban exclusivamente en el interés de una parte de la sociedad con el fin de obtener y asegurarle privilegios económicos y culturales. Según la opinión de Rosa Luxemburgo, tanto del SPD (partido socialdemócrata alemán -nota de la trad.) de orientación reformista-parlamentaria, como los bolcheviques, de tendencia revolucionaria-dictatorial, se habían estancado en esta tradición política burguesa: ninguno de ellos se identificaron como parte de los desfavorecidos, sino más bien como sus representantes.

Para Rosa Luxemburgo, el socialismo no era un servicio para los demás o el regalo de un partido político a los oprimidos y explotados. En su opinión, la política socialista y el socialismo debían surgir del movimiento conjunto, voluntario y consciente, de todos los desfavorecidos. En 1904, escribió que este movimiento fue "el primero en la historia de las sociedades de clases en ser concebido en todas sus fases, en todo su desarrollo, en función de la organización y la acción independiente y directa de la masa". Aceptaba a los políticos profesionales y los partidos políticos apenas como la parte del movimiento que estaba a cargo de la organización y la formación política.

Con la creciente agresividad del militarismo alemán, así como las guerras por una nueva repartición del mundo y, sobre todo, la Guerra Mundial que estalló en 1914, la cuestión de la paz adquirió un peso especial. Para Rosa Luxemburgo, la sociedad socialista a la que se aspiraba era profundamente pacífica. La concebía como una forma de convivencia humana en la cual se debían eliminar todas las causas de la guerra y de la barbarie. Fue también su anhelo profundo de paz el que motivó a Rosa Luxemburgo a luchar por el socialismo con toda su pasión.

Rosa Luxemburgo no tuvo la intención de emplear la fuerza física contra los elementos opresores y explotadores: 
"La revolución proletaria no requiere de terror para lograr sus objetivos; odia y repudia el asesinato. No precisa de estos instrumentos de lucha porque no lucha contra individuos sino contra instituciones, porque no entra al combate con ilusiones ingenuas cuya frustración tendría que vengar con sangre. No es un intento desesperado de una minoría de moldear el mundo a su ideal mediante la violencia, sino la acción de la gran masa del pueblo...".
Al igual que Marx, entendía la "reestructuración social" como un derrocamiento de todas las condiciones "en las cuales el ser humano es un ser humillado, subyugado, abandonado, despreciado". Quería lograr esta reestructuración social mediante una lucha permanente por la hegemonía, con cuya ayuda esperaba lograr un desplazamiento sostenible de las relaciones de poder dentro de la sociedad. De esta manera pensaba no sólo alcanzar la expropiación de los expropiadores, sino dejar infértil para siempre el terreno social para la explotación y opresión. Consideraba que esta era la vía adecuada para superar el capitalismo. Rechazaba todo acto de terror contra los dueños del capital y, en vez de ello, abogaba a favor de un socialismo sostenido por la mayoría de los desfavorecidos, un socialismo desde el cual el nuevo surgimiento del capitalismo no resultara atrayente.

Para Rosa Luxemburgo, la lucha por la hegemonía era una lucha permanente para conseguir la aprobación y el apoyo de mayorías cualificadas. Ésta fue una de las razones por las cuales para ella la libertad y la democracia no eran un lujo otorgado o negado a discreción de los políticos socialistas, sino la condición de toda política socialista:
"La libertad únicamente para los seguidores del Gobierno, únicamente para los miembros del partido -por numerosos que sean- no es libertad. La libertad es siempre la libertad de los disidentes. No por un fanatismo de justicia, sino porque todo lo que la libertad política tiene de vital, benéfica y purificadora depende de esta característica y deja de tener efecto si la libertad se convierte en privilegio". 



FUENTE: Fundación Rosa Luxemburg

jueves, 11 de diciembre de 2014

Dolores Ibárruri: Vivir de pie

Hoy volvemos a repasar la vida de La Pasionaria, dentro de su contexto histórico, como nos la descubre el historiador José Gabriel Zurbano.


En este texto, José Gabriel Zurbano realiza un interesante resumen sobre la intensa y dilatada vida de la dirigente comunista internacional Dolores Ibárruri en su contexto histórico; desde sus inicios en su amada Euskadi natal, cuna de Dolores y de las primeras organizaciones obreras en España; hasta los últimos años de su larga vida, ya de vuelta a su patria en los primeros años de la Transición tras un largo exilio en Moscú. Todo ello sin olvidar el eminente papel que Pasionaria y su partido representaron durante la Guerra de España (1936-1939) frente a la sublevación fascista contra la legalidad democrática republicana de una parte del generalato con el apoyo imprescindible de la jerarquía y la mayor parte del clero de la Iglesia Católica, los terratenientes, el poder financiero y las potencias nazi-fascistas europeas de la época. De la misma manera que el PCE fue la columna vertebral del ejército popular de la República española durante la guerra, tras la derrota republicana Dolores Ibárruri fue la cabeza visible -primero como secretaria general y luego como presidenta- del partido que encarnó la única fuerza política relevante de oposición a la dictadura franquista durante casi cuatro décadas. Por todo ello, Pasionaria se convirtió, ya desde finales de los años 30, en la figura femenina internacional más destacada -como símbolo internacional que traspasó océanos y continentes- de las dos grandes pasiones que protagonizaron la vida de Dolores Ibárruri: el comunismo y la pionera lucha de los pueblos de España frente al fascismo, primero en los campos de batalla y después en la soledad de las trincheras de una ejemplar e inquebrantable lucha clandestina del PCE frente a la dictadura... Vivir de pie: todo un ejemplo para nuestras generaciones.

DOLORES IBÁRRURI, MADRE CORAJE, PALABRA, VOZ, FIGURA Y OBRA DEL ANTIFASCISMO ESPAÑOL.

La forja de un carácter (1895-1917).

Dolores Ibárruri Gómez (La Pasionaria, Gallarta, Vizcaya, 9 de diciembre de 1895 - Madrid, 12 de noviembre de 1989) nació en la zona minera de Vizcaya, la provincia más industrializada y populosa del País Vasco. Su padre, Antonio Ibárruri, era minero y carlista. Su madre, Dolores Gómez, castellana católica y devota también trabajó en la mina antes de casarse. "Soy pues, de pura cepa minera. Nieta, hija, mujer y hermana de mineros... yo no he olvidado nada" [1] De niña tuvo su rebeldía. Asistió a la escuela hasta los 15 años, albergando el deseo de ingresar en la Escuela Normal de Maestras, pero sus esperanzas quedaron frustradas por las necesidades económicas de su familia. Al finalizar sus estudios tuvo que ingresar en una academia de corte y confección que le permitió hallar empleo como sirvienta en la casa de una familia acomodada... el trabajo era agotador, se levantaba a las seis de la mañana y no se acostaba hasta las dos de la madrugada. El 15 de febrero de 1916, se casó en la iglesia de San Antonio de Padua de Gallarta con un minero socialista, Julián Ruiz: pero, como ella misma relata en su autobiografía hasta la guerra civil El único camino, no fue feliz en esta relación dadas las duras condiciones de la vida de las familias mineras y el machismo de su marido. Julián fue detenido tras la Huelga General revolucionaria en la España de 1917 y Dolores se encontró sola con la pequeña Esther, nacida el 29 de noviembre de 1916. La noticia de la Revolución socialista de Octubre de 1917 en Rusia representó para ella un potente rayo de esperanza. 

El primer artículo que publicó en el periódico obrero El Minero Vizcaíno fue escrito en la Semana Santa de 1918. Usó el seudónimo de Pasionaria para firmarlo. Vivió con emoción la revolución de los espartaquistas alemanes de Rosa Luxemburgo en enero de 1919 y cuando en 1921 se produjo la escisión en el PSOE que condujo a la fundación del Partido Comunista de España, Dolores Ibárruri estuvo entre los militantes socialistas vascos fundadores del nuevo partido comunista, siendo elegida rápidamente miembro del Comité Provincial de Vizcaya. En esa época siguieron deteniendo a su marido Julián con cada huelga... Cuando salía de prisión, Dolores solía quedar embarazada; su segundo hijo y único varón, Rubén, nació el 9 de enero de 1920, el mismo año en el que moriría la primogénita Esther. En julio de 1923 tuvo trillizas: Amaya, Amagoya y Azucena. El parto fue difícil y asistido por sus vecinas. Amagoya murió unos días más tarde y Azucena sobrevivió sólo dos años... Eva nació en 1928 y vivió apenas dos meses. La imposibilidad de pagar cuidados médicos y alimentar adecuadamente a sus hijos contribuyó a la muerte prematura de cuatro de los seis que tuvo. A pesar de ello trabajó muy duramente para su familia: plantaba hortalizas y hacía costura para el sastre del pueblo con el fin de incrementar los magros ingresos que provenían del salario de su marido.

Izquierda: Dolores y su hijo, Rubén Ruiz Ibárruri, posan felices en un parque de Moscú ya iniciada la Segunda Guerra Mundial. Rubén murió combatiendo en Stalingrado el 14 de septiembre de 1942, siendo miembro del 62º Cuerpo del Ejército Rojo, durante una encarnizada batalla con los nazis en los alrededores de la Estación Central de la ciudad del Volga. Militante comunista como su madre, Rubén Ruiz recibió a título póstumo la más alta condecoración de la URSS, la de Héroe de la Unión Soviética. Derecha: Dolores saluda al lado de su hija Amaya a la llegada de ambas al aeropuerto de Madrid el 13 de mayo de 1977 en un vuelo de Aeroflot procedente de Moscú. Esta histórica imagen, primera página de todos los diarios de la época, simbolizó la nueva etapa política que se iniciaba en España y el final de 38 largos años de exilio para Pasionaria.

domingo, 16 de noviembre de 2014

El asesinato de Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht, hubo una vez una revolución en Alemania


Por David Arrabali (*)
Mundo Obrero


La noche del 15 de enero de 1919, en Berlín, fue detenida Rosa Luxemburgo: una mujer indefensa con cabellos grises, demacrada y exhausta. Una mujer mayor, que aparentaba mucho más de los 48 años que tenía.

Uno de los soldados que la rodeaban, le obligó a seguir a empujones, y la multitud burlona y llena de odio que se agolpaba en el vestíbulo del Hotel Eden le saludó con insultos. Ella alzó su frente ante la multitud y miró a los soldados y a los huéspedes del hotel que se mofaban de ella con sus ojos negros y orgullosos. Y aquellos hombres en sus uniformes desiguales, soldados de la nueva unidad de las tropas de asalto, se sintieron ofendidos por la mirada desdeñosa y casi compasiva de Rosa Luxemburgo, "la rosa roja", "la judía".

Le insultaron: "Rosita, ahí viene la vieja puta". Ellos odiaban todo lo que esta mujer había representado en Alemania durante dos décadas: la firme creencia en la idea del socialismo, el feminismo, el antimilitarismo y la oposición a la guerra, que ellos habían perdido en noviembre de 1918. En los días previos, los soldados habían aplastado el levantamiento de trabajadores en Berlín. Ahora ellos eran los amos. Y Rosa les había desafiado en su último artículo:

"¡El orden reina en Berlín! ¡Ah! ¡Estúpidos e insensatos verdugos! No os dais cuenta de que vuestro orden está levantado sobre arena. La revolución se erguirá mañana con su victoria y el terror asomará en vuestros rostros al oírle anunciar con todas sus trompetas: ¡Yo fui, yo soy, yo seré!".

La empujaron y golpearon. Rosa se levantó. Para entonces casi habían alcanzado la puerta trasera del hotel. Fuera esperaba un coche lleno de soldados, quienes, según le habían comunicado, la conducirían a la prisión. Pero uno de los soldados se fue hacía ella levantando su arma y le golpeó en la cabeza con la culata. Ella cayó al suelo. El soldado le propinó un segundo golpe en la sien.

El hombre se llamaba Runge. El rostro de Rosa Luxemburgo chorreaba sangre. Runge obedecía órdenes cuando golpeó a Rosa Luxemburgo. Poco antes él había derribado a Karl Liebknecht con la culata de su fusil. También a él le habían arrastrado por el vestíbulo del Hotel Eden.

Los soldados levantaron el cuerpo de Rosa. La sangre brotaba de su boca y nariz. La llevaron al vehículo. Sentaron a Rosa entre los dos soldados en el asiento de atrás. Hacía poco que el coche había arrancado cuando le dispararon un tiro a quemarropa. Se pudo escuchar en el hotel.


La noche del 15 de enero de 1919 los hombres del cuerpo de asalto asesinaron a Rosa Luxemburgo. Arrojaron su cadáver desde un puente al canal. Al día siguiente todo Berlín sabía ya que la mujer que en los últimos veinte años había desafiado a todos los poderosos y que había cautivado a los asistentes de innumerables asambleas, estaba muerta. Mientras se buscaba su cadáver, un Bertold Brecht de 21 años escribía:

La Rosa roja ahora también ha desaparecido.
Dónde se encuentra es desconocido.
Porque ella a los pobres la verdad ha dicho
Los ricos del mundo la han extinguido.

Pocos meses después, el 31 de mayo de 1919, se encontró el cuerpo de una mujer junto a una esclusa del canal. Se podía reconocer los guantes de Rosa Luxemburgo, parte de su vestido, un pendiente de oro. Pero la cara era irreconocible, ya que el cuerpo hacía tiempo que estaba podrido. Fue identificada y se le enterró el 13 de junio.


En el año 1962, 43 años después de su muerte, el Gobierno Federal alemán declaró que su asesinato había sido una "ejecución acorde con la ley marcial". Hace sólo nueve años que una investigación oficial concluyó que las tropas de asalto, que habían recibido órdenes y dinero de los gobernantes socialdemócratas, fueron los autores materiales de su muerte y la de Karl Liebknecht.

La actualidad del pensamiento de Rosa Luxemburgo

"Qué extraordinario es el tiempo que vivimos", escribía Rosa Luxemburgo en 1906. "Extraordinario tiempo que propone problemas enormes y espolea el pensamiento, que suscita la crítica, la ironía y la profundidad, que estimula las pasiones y, ante todo, un tiempo fructífero, preñado".

Rosa Luxemburgo vivió y murió en un tiempo de transición, como el nuestro, en el que un mundo viejo se hundía y otro surgía de los escombros de la guerra. Sus compañeros intentaron construir el socialismo, sus asesinos y enemigos ayudaron a Adolf Hitler a subir al poder.

Hoy, cuando el capitalismo demuestra una vez más que la guerra no es un accidente, sino una parte irrenunciable de su estrategia. Cuando los partidos y organizaciones "tradicionales" se ven en la obligación de cuestionar sus formas de actuar ante el abandono de las masas. Cuando la izquierda transformadora aboga exclusivamente por el parlamentarismo como vía para el cambio social. Cuando nos encontramos ante una enorme crisis del modelo de democracia representativa y los argumentos políticos se reducen al "voto útil". Hoy, decimos, Rosa Luxemburgo se convierte en referente indispensable en los grandes debates de la izquierda. No es sino su voz la que se escucha bajo el lema, aparentemente novedoso: "Otro mundo es posible". Ella lo formuló con un poco más de urgencia: "Socialismo o barbarie".


Su pensamiento, su compromiso y su desbordante humanidad nos sirven de referencia en nuestra lucha para que este nuevo siglo, del que ya llevamos 14 años, no sea también el de la barbarie. 

(*) David Arrabati es miembro del Consejo de Redacción de la Revista Mundo Obrero y Máster en Materialismo Histórico y Teoría Crítica por la Universidad Complutense de Madrid (UCM).


FUENTE: REBELIÓN.

miércoles, 12 de noviembre de 2014

DOLORES IBARRURI, "LA PASIONARIA": IN MEMORIAM


IN MEMORIAM DE DOLORES IBARRURI, "LA PASIONARIA" (9/12/1985 - 12/11/1989)

Hoy hace veinticinco años que Pasionaria nos dejó... Que decir que ya no lo dijeran miles de personas que escribieron sobre ella: una mujer libre y comprometida con la revolución socialista, que nunca aceptó la dominación masculina ni la explotación del campesinado y la clase obrera. Demasiado para los nostálgicos y las nostálgicas de una dictadura que cometió un horrible genocidio, por eso la odian... Yo reivindico ahora más que nunca la frase que la hizo célebre: 
"Es preferible morir de pie que vivir de rodillas".

Rafael Alberti lo escribe en su poema "Una Pasionaria para Dolores"

"¿Quién no la mira? Es de la entraña
del pueblo cántabro y minera.
Tan hermosa como si uniera
tierra y cielo de toda España.

¿Quién no la escucha? De los llanos
sube su voz hasta las cumbres,
y son los hombres más hermanos
y más altas las muchedumbres.

¿Quién no la sigue? Nunca al viento
dio una bandera más pasión
ni ardió más grande un corazón
al par de un mismo pensamiento.

¿Quién no la quiere? No es la hermana,
la novia ni la compañera.
Es algo más: la clase obrera,
madre del sol de la mañana."

Signos del día, 1963...

HASTA SIEMPRE CAMARADA!!!!!!!



martes, 11 de noviembre de 2014

Rosa Luxemburgo: La flor más roja del socialismo (I)


 "La libertad no es nada cuando se convierte en un privilegio".

Rosa Luxemburgo (Zamosc, Imperio ruso, 5 de marzo de 1871 - Berlín, Alemania, 15 de enero de 1919), fue una teórica marxista de origen judío; una de las grandes revolucionarias del siglo XX y una de las fundadoras de la corriente de pensamiento del socialismo democrático. 

Hija de un comerciante de Varsovia, su brillante inteligencia le permitió estudiar a pesar de los prejuicios que imperaban contra las mujeres en ese entonces, y pese a la discriminación antisemita que existía en Europa contra los judíos. Rosa Luxemburg hizo un doctorado en una época en la que poquísimas mujeres iban a la universidad. Se dice que hablaba once idiomas. Pronto destacó como una de los principales dirigentes de la socialdemocracia europea.

En 1889, a los 18 años, abandonó Polonia a consecuencia de la persecución de la policía debido a su militancia socialista, refugiándose en Suiza. Allí terminó sus estudios, entró en contacto con revolucionarios exiliados y se unió a la dirección del joven Partido Socialdemócrata Polaco. Contrajo matrimonio en 1895 con Gustav Lübeck para adquirir la nacionalidad alemana y poder trabajar con el movimiento obrero en este país.

Junto al político alemán Karl Liebknecht, fundó la liga de Spartacus, que más adelante se convertiría en el Partido Comunista Alemán. Fue redactora del periódico teórico marxista "Neue Zeit" y autora de varios libros. Fue sentenciada (1903-1904) a nueve meses de prisión acusada de "insultar al Kaiser" (emperador). Participó directamente en la revolución de 1905 en Polonia. En marzo de 1906 fue arrestada y encarcelada en Varsovia durante cuatro meses.

Participó activamente tanto en el Congreso del Partido Socialdemócrata alemán en 1906 como en el Congreso Socialista Internacional celebrado en Stuttgart un año después, en el que intervino en nombre del partido ruso y polaco. Su pensamiento representaba a las opciones más radicales en el seno de la II Internacional. Gran teórica, realizó importantes contribuciones al desarrollo del marxismo, en especial en lo referente a las relaciones entre nacionalismo y socialismo, y sobre el socialismo democrático.

Hizo también aportes teóricos originales en torno al imperialismo y al derrumbe del capitalismo, en su obra La acumulación del capital, de 1913. Su crítica a Marx se basa en las predicciones de éste acerca de las crisis cíclicas del capitalismo. Marx pensaba que el capitalismo, como sistema económico y político basado en el crecimiento y la búsqueda constante del beneficio, debía colapsar en algún momento, por saturación. Sin embargo, muchas décadas después de muerto Marx, las crisis periódicas del capitalismo parecían aplazarse o solventarse sin producir convulsiones en el sistema. Rosa Luxemburgo encontró la explicación a este hecho en el colonialismo, hallando que el crecimiento de las potencias capitalistas encontró una vía de expansión en las colonias, las cuales, al tiempo que procuraban materias primas a muy bajo costo, servían también de mercado donde colocar los productos manufacturados. En el mismo sentido, expuso las primeras teorías sobre el imperialismo, que más tarde desarrollaría Lenin. Rosa Luxemburgo creía en una opción socialista internacional, esto es, alejada de particularismos y nacionalismos, en la que las masas obreras, solidariamente, tomaran el poder. 

Lenin también fue objeto de críticas por parte de Rosa Luxemburgo, en especial en lo referente a las concepciones que tenía sobre la democracia en el partido y la dictadura del proletariado. Rosa Luxemburgo postulaba un menor dirigismo y una mayor integración de las bases en la dinámica partidista, y se oponía a la concepción del "centralismo democrático" de un partido de revolucionarios profesionales que defendían Lenin.

Al estallar la I Guerra Mundial en 1914, el grupo parlamentario socialdemócrata alemán (SPD) apoya unánimemente a los créditos de guerra. Rosa Luxemburgo, pacifista convencida, forma parte de la oposición interna en el SPD, que difunde centenares de miles de folletos para movilizar a la población contra la guerra. Ella es arrestada de nuevo el 20 de febrero, esta vez acusada de incitar a los soldados a la rebelión. Se la sentencia a un año de prisión, pero al salir del tribunal se dirige de inmediato a un mitín popular, en el que repite su revolucionaria propaganda anti bélica. El conflicto alrededor de los créditos de guerra pedidos por el Kaiser para financiar la actividad bélica acaba llevando a la escisión del partido en enero de 1917, con la fundación, el 6 de abril, del USPD (Socialdemócratas Independientes).

En 1918 hay vientos de revolución en Alemania, cuyas fuerzas de izquierda miran hacia el ejemplo ruso y cuya población está cansada de la guerra. El 28 de enero se declara la huelga general y se inicia la formación de Consejos Obreros. El 31 de enero la huelga es prohibida y se declara el estado de sitio, extendiéndose la represión. En marzo, Rosa Luxemburgo es encarcelada conjuntamente con Leo Jogiches y otros militantes espartaquistas que difundían propaganda revolucionaria en el ejército. El 9 de noviembre, a raíz de un levantamiento de marinos en Kiel, estalla la "Revolución de Noviembre" con la conformación de Consejos Obreros y Soldados en todo el territorio nacional. El emperador Guillermo II abdica. Se pretende la refundación de Alemania como democracia socialista con una nueva Constitución. Rosa Luxemburgo, liberada dos días antes, llega a Berlín y coedita "Bandera Roja", el periódico de la liga de Spartacus, con Karl Liebknecht, para poder influir a diario en los sucesos políticos. En los últimos día del año 1918, participa en la fundación del Partido Comunista Alemán, KPD. Sin embargo, las fuerzas radicales de izquierda no logran imponerse frente a la tendencia reformista del socialdemócrata Friedrich Ebert.

El 15 de enero de 1919, Rosa Luxemburgo y su coideario Karl Liebknecht son asesinados en Berlín por los soldados que reprimen el levantamiento. Sus cuerpos son arrojados a un canal. Estos asesinatos desatan una ola de protestas violentas en todo el país, que se extienden hasta mayo de 1919, y cuya represión militar lleva a varios miles de muertos.




FUENTE: Rosalux.org

viernes, 24 de octubre de 2014

La pisada del franquismo se enquista

La simbología del régimen de Franco pervive en escudos, calles y cruces en multitud de Ayuntamientos gallegos aunque la ley obligue a retirarlos.


Escudo preconstitucional en el edificio de Aduanas, en Ferroll Vello


A Galicia le está costando agrias polémicas políticas y judiciales borrar de su patrimonio la dolorosa huella de cuatro décadas de franquismo incluso 39 años después de la muerte del dictador. Ni siquiera la Ley de Memoria Histórica (52/2007), que hace siete años dejó claro que las Administraciones públicas están obligadas a retirar cualquier vestigio del régimen preconstitucional, ha puesto fin a una controversia que se reabre cada dos por tres.

Escudos preconstitucionales en la fachada de inmuebles o colegios públicos, placas con el yugo y las flechas, símbolo de la Falange, adheridos a grupos de viviendas o en docenas de fuentes o lavaderos repartidos por toda la orografía gallega y calles que aún llevan el nombre de los militares que armaron el golpe de Estado contra la II República en 1936: General Sanjurjo, Almirante Vierna, Francisco y Salvador Moreno Fernández, son algunos ejemplos frecuentes.

El último caso en alimentar este debate es la Cruz "a los caídos" del monte de O Castro que el alcalde de Vigo, Abel Caballero, se niega a retirar aunque una sentencia reciente se lo ordena. Disconforme con el fallo, el regidor socialista anunció que lo recurrirá hasta donde haga falta para que la cruz franquista se quede donde está. Este ostentoso monolito de piedra, con sus 12 metros clavados en vertical en la falda del monte vigués, lo erigió la Falange para honrar a las víctimas de un solo bando, el nacional, y a su inauguración, en 1961, acudió Franco en persona.

La cruz está en el centro de la pelea administrativa que enfrenta al gobierno con la Asociación Viguesa por la Memoria Histórica, que lleva tres años pugnando para que el Ayuntamiento se pliegue a la ley y la retire. La primera negativa de Caballero a quitar el monolito de O Castro fue una resolución del Gobierno local fechada el 1 de marzo de 2013 que la entidad recurrió en los tribunales. El juez, Antonio Marínez Quintanar, titular del Contencioso número dos de Vigo, les ha dado la razón en una sentencia fechada el 4 de septiembre que ordena al Gobierno local su retirada inmediata. El socialista se resiste aduciendo que es un símbolo religioso sin apellido y limpio de connotaciones fascistas, y vuelve a sintonizar con el PP, su inesperado socio presupuestario, que tampoco ve mayor problema en dejar la cruz en su sitio. Se excusa, Caballero, en el lavado de cara que le hicieron en los ochenta -fue una decisión de la primera corporación democrática en junio de 1981- para retirar los escudos y placas que adornaban la base con loas al régimen. No dice lo mismo la sentencia, que dedica dos de las 19 páginas a analizar la simbología de la cruz y cita el informe pericial del historiador José Ramón Rodríguez Lago, doctor en Historia Contemporánea de la Universidad de Vigo, para concluir que su naturaleza es ineludiblemente franquista, además de una "humillación innecesaria y un sufrimiento añadido" para sus víctimas.

La cruz de Vigo no es un caso aislado ni el último rescoldo del franquismo que Galicia tiene pendiente de eliminar aunque probablemente es el más ostentoso de todos los que quedan. El choque entre el Ayuntamiento y las asociaciones de la memoria histórica tienen su réplica en otros municipios gallegos. No hace mucho que Ferrol, ciudad natal de Franco, batallaba con el mismo dilema que Vigo. La Cruz de los Caídos de la plaza de Amboage, en pleno centro urbano hasta 2010, se retiró aprovechando una reforma urbanística y fue uno de los últimos vestigios en salir de un espacio público en una urbe que los tenía por docenas y que aún tiene deberes pendientes en el callejero del Arsenal militar para rebautizar la glorieta del Generalísimo, la avenida Salvador Moreno, la plaza Marqués de Alborán y las calles Carrero Blanco, Honorio Cornejo, Almirante Vierna y Crucero Baleares, que rinden homenaje a los golpistas y las fuerzas que arroparon a Franco para derrocar la II República.

La cruz de Amboage era más pequeña que la de O Castro pero compartía la misma naturaleza falangista y era el blanco favorito de las pintadas independentistas. La polémica quedó empequeñecida por el trasiego que ya supuso, en julio de 2002, quitar la enorme estatua ecuestre de Franco que presidía la entrada a Ferrol por la plaza de España. Se la llevaron en una jaula, entre aplausos y abucheos, y la aparcaron ochos años en la entrada del Museo Naval hasta que el Ministerio de Defensa, en marzo de 2010, se decidió a esconderla dentro de un recinto militar, tapada por una lona, para alejarla de turistas y curiosos que se dejaban caer para hacerse una foto. El Gobierno ferrolano ya retiró el escudo preconstitucional de la escalinata del consistorio y otro más de la biblioteca. Queda pendiente uno que preside la puerta del edificio de Aduanas, en Ferrol Vello. 


A Coruña: la dictadura en 52 huellas

L. B.
A Galicia le está costando agrias polémicas políticas y judiciales borrar de su patrimonio la dolorosa huella de cuatro décadas de franquismo incluso 39 años después de la muerte del dictador. Ni siquiera la Ley de Memoria Histórica (52/2007), que hace siete años dejó claro que las Administraciones públicas están obligadas a retirar cualquier vestigio del régimen preconstitucional, ha puesto fin a una controversia que se reabre cada dos por tres.
Escudos preconstitucionales en la fachada de inmuebles o colegios públicos, placas con el yugo y las flechas, símbolo de la Falange, adheridos a grupos de viviendas o en docenas de fuentes o lavaderos repartidos por toda la orografía gallega y calles que aún llevan el nombre de los militares que armaron el golpe de Estado contra la II República en 1936: General Sanjurjo, Almirante Vierna, Francisco y Salvador Moreno Fernández, son algunos ejemplos frecuentes.
El último caso en alimentar este debate es la Cruz “a los caídos” del monte de O Castro que el alcalde de Vigo, Abel Caballero, se niega a retirar aunque una sentencia reciente se lo ordena. Disconforme con el fallo, el regidor socialista anunció que lo recurrirá hasta donde haga falta para que la cruz franquista se quede donde está. Este ostentoso monolito de piedra, con sus 12 metros clavados en vertical en la falda del monte vigués, lo erigió la Falange para honrar a las víctimas de un solo bando, el nacional, y a su inauguración, en 1961, acudió Franco en persona.
La cruz está en el centro de la pelea administrativa que enfrenta al gobierno con la Asociación Viguesa pola Memoria Histórica, que lleva tres años pugnando para que el Ayuntamiento se pliegue a la ley y la retire. La primera negativa de Caballero a quitar el monolito de O Castro fue una resolución del Gobierno local fechada el 1 de marzo de 2013 que la entidad recurrió en los tribunales. El juez, Antonio Martínez Quintanar, titular del Contencioso número dos de Vigo, les ha dado la razón en una sentencia fechada el 4 de septiembre que ordena al Gobierno local su retirada inmediata. El socialista se resiste aduciendo que es un símbolo religioso sin apellido y limpio de connotaciones fascistas, y vuelve a sintonizar con el PP, su inesperado socio presupuestario, que tampoco ve mayor problema en dejar la cruz en su sitio. Se excusa, Caballero, en el lavado de cara que le hicieron en los ochenta —fue una decisión de la primera corporación democrática en junio de 1981— para retirar los escudos y placas que adornaban la base con loas al régimen. No dice lo mismo la sentencia, que dedica dos de las 19 páginas a analizar la simbología de la cruz y cita el informe pericial del historiador José Ramón Rodríguez Lago, doctor en Historia Contemporánea de la Universidad de Vigo, para concluir que su naturaleza es ineludiblemente franquista, además de una “humillación innecesaria y un sufrimiento añadido” para sus víctimas.
La cruz de Vigo no es un caso aislado ni el último rescoldo del franquismo que Galicia tienen pendiente de eliminar aunque probablemente es el más ostentoso de todos lo que quedan. El choque entre el Ayuntamiento y las asociaciones de la memoria histórica tienen su réplica en otros municipios gallegos. No hace mucho que Ferrol, ciudad natal de Franco, batallaba con el mismo dilema que Vigo. La Cruz de los Caídos de la plaza de Amboage, en pleno centro urbano hasta 2010, se retiró aprovechando una reforma urbanística y fue uno de los últimos vestigios en salir de un espacio público en una urbe que los tenía por docenas y que aún tiene deberes pendientes en el callejero del Arsenal militar para rebautizar la glorieta del Generalísimo, la avenida Salvador Moreno, la plaza Marqués de Alborán y las calles Carrero Blanco, Honorio Cornejo, Almirante Vierna y Crucero Baleares, que rinden homenaje a los golpistas y las fuerzas que arroparon a Franco para derrocar la II República.
La cruz de Amboage era más pequeña que la de O Castro pero compartía la misma naturaleza falangista y era el blanco favorito de las pintadas independentistas. La polémica quedó empequeñecida por el trasiego que ya supuso, en julio de 2002, quitar la enorme estatua ecuestre de Franco que presidía la entrada a Ferrol por la plaza de España. Se la llevaron en una jaula, entre aplausos y abucheos, y la aparcaron ocho años en la entrada del Museo Naval hasta que el Ministerio de Defensa, en marzo de 2010, se decidió a esconderla dentro de un recinto militar, tapada por una lona, para alejarla de turistas y curiosos que se dejaban caer para hacerse una foto. El Gobierno ferrolano ya retiró el escudo preconstitucional de la escalinata del consistorio y otro más de la biblioteca. Queda pendiente uno que preside la puerta del edificio de Aduanas, en Ferrol Vello.


FUENTE: EL PAÍS