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martes, 21 de octubre de 2014

Ernesto "Che" Guevara: quién era

El pasado 9 de octubre se cumplieron 47 años de la muerte de Ernesto "Che" Guevara, y vamos a aproximarnos, desde este pequeño mundo sin fronteras, a su persona, convertida en un icono revolucionario que ha trascendido más allá de las fronteras de su pueblo de origen, para convertirse en ejemplo de quienes, en el mundo, aspiran a un futuro mejor.




Ernesto Guevara de la Serna, el Che, nació en 1928 en Rosario (Argentina). A los dos años, después de una grave enfermedad, se le diagnostica una afección asmática que hace que su familia decida trasladarse a la provincia de Córdoba, donde transcurren su infancia y adolescencia. Tras el comienzo de la Guerra Civil Española, su padre, Ernesto Guevara Lynch, crea un comité de ayuda a los republicanos españoles que despierta sus inquietudes infantiles y le hace tomar contacto, por primera vez, con la realidad política y social. En 1947, se traslada con su familia a Buenos Aires. Habiendo sido declarado no apto para realizar el servicio militar, Guevara ingresa en la Facultad de Medicina y comienza a interesarse por la política, aunque no milita en ningún partido. Sus padres se separan y él permanece junto a su madre y sus tres hermanos en una vieja
casona. Es en este mismo año cuando realiza su primera gran aventura: recorrer la Argentina en una bicicleta a la que añadió un pequeño motor, luego se alistará como tripulante en barcos de flota mercante en viajes por la costa.

En 1951, emprende, junto a su amigo, el médico Alberto Granado, un viaje en motocicleta comenzando por el sur argentino y siguiendo viaje hacia el norte pasando por Chile, Bolivia, Perú, Colombia, Venezuela, desde donde viaja en avión a Miami -donde permanece un mes- para regresar finalmente a Buenos Aires. La experiencia, recogida en un cuaderno y publicada como Mi primer gran viaje, es el primer contacto directo de Guevara con la realidad social latinoamericana. El contacto con las condiciones extremas en que sobrevivían los mineros chilenos y su trabajo en la leprosería peruana de San Pablo, a orillas del Amazonas, fueron momentos cruciales para la formación de la sólida ideología revolucionaria que ya nunca lo abandonaría.

Tras su retorno, termina la carrera de medicina y se gradúa en 1953 con una tesis sobre las alergias. Decide reencontrarse con Granado, quien se había quedado en Venezuela, pero antes pasa por Bolivia, atraído por la nueva experiencia del gobierno revolucionario de Paz Estensoro. En La Paz, conoce al abogado argentino Ricardo Rojo, posteriormente autor de una de sus biografías -Mi amigo el Che-, con quien llega, haciendo autostop, a Perú y a Ecuador, donde se enteran de la noticia de la reciente revolución guatemalteca.

Luego de pasar por Nicaragua, hasta donde había llegado el Che por tierra, viajan a Costa Rica donde entra en contacto con dirigentes políticos como Rómulo Betancourt o Juan Bosch y conoce a los líderes del Movimiento 26 de Julio, sobrevivientes del asalto al Moncada y exiliados de Cuba. Será recién llegado a Guatemala, donde comparte la pensión con otros exiliados, cuando empieza a sentirse atraído por la situación social cubana, mientras profundiza su formación marxista. Cuando el golpista Castillo Armas invade Guatemala, Guevara solicita participar de la resistencia, pero se le niega el permiso. Trabaja en la defensa civil ayudando a las víctimas y haciendo transportes de armas. Tras caer el gobierno democrático del presidente Arbenz, el nuevo gobierno golpista de Castillo de Armas, apoyado por la United Fruit Company y el gobierno estadounidense contrarios a las reformas iniciadas por Arbenz, desata una represión feroz y el nombre del Che figura entre los condenados a muerte. Finalmente, se salva gracias a la intervención del embajador argentino en Guatemala, Sánchez Toniuzo, que lo asila en la sede diplomática, pero el Che rechaza volver a Argentina y dos meses después obtiene un salvoconducto para viajar a México.


En México, gracias a su futura mujer, la exiliada peruana Hilda Gadea con quien había coincidido en Guatemala, conoce a Raúl Castro. Empieza a participar de las reuniones del "26 de Julio". En julio de 1955 llega a México Fidel Castro, liberado de la prisión de la Isla de Pinos, quien designa a Guevara como médico de la expedición que se propone formar, con el objetivo de regresar a la lucha revolucionaria en Cuba. En agosto de 1955, se casa con Hilda Gadea, y el 15 de febrero de de 1956 nace su primera hija, Hildita. Pese a las dificultades -se les confiscan las armas por orden del gobierno mexicano-, los preparativos y el entrenamiento, dirigido por un republicano español en el exilio, no cesan. La fecha de la invasión a Cuba queda fijada para el mes siguiente. Una delación que les cuesta casi dos meses de cárcel posterga la partida que, finalmente, tiene lugar el 25 de noviembre, un viaje de cinco días en el yate Granma que habría de coincidir con la huelga general dirigida por Frank País. El desembarco se retrasa y la huelga es finalmente aplastada. Finalmente se produce el desembarco de los ochenta y dos combatientes que forman la columna en la isla, sufriendo el grupo una derrota y Guevara recibe dos heridas de bala sin consecuencias. La primera victoria de los guerrilleros se produce el 17 de enero de 1957.

El New York Times envía a Herbert Matthews, quien, mediante su informe y un reportaje a Fidel Castro, gana la simpatía del público para el pequeño grupo enfrentado a un ejército muy superior en soldados y recursos. Las notas del periodista entusiasman al pueblo cubano, que colabora cada vez más con los insurgentes, mientras Guevara es ascendido por Castro a comandante. Conduce las victorias de El Hombrito y La Mesa y funda el primer periódico de la guerrilla, El cubano libre.

En 1958, Guevara instala en La Mesa una especie de cuartel general de información con transmisiones de radio (Radio Rebelde) de los partes de guerra y propaganda revolucionaria. La guerra continúa y las fuerzas insurgentes se consolidan. Guevara se pone al frente, junto a Camilo Cienfuegos, de la Columna Invasora Nº 8 y cruza la isla en un penoso viaje de más de seiscientos kilómetros. En diciembre conoce a Aleida March. Al llegar al Escambray unifica las distintas formaciones guerrilleras. Mientras tanto, Fidel avanza sobre Santiago de Cuba.


La unión de las diversas columnas permite al Che tomar la estratégica ciudad de Santa Clara, el 31 de diciembre de 1958. La acción precipita la caída de la dictadura de Batista. Fidel Castro llega hasta el lugar y decreta la reforma agraria en la provincia. Finalmente, el 1 de enero de 1959, Batista parte al exilio. El 5 del mismo mes es nombrado como Presidente el candidato revolucionario Manuel Urrutia Lleó y el 8 de enero, las fuerzas revolucionarias entran victoriosas en La Habana.

El Che se divorcia de Hilda Gadea y el 9 de junio de dicho año se casa con Aleida March, quien militaba en el Movimiento 26 de Julio, e inicia una serie de viajes. En la República Árabe Unida se entrevista con Nasser, quien lo proclama "gran libertador de los oprimidos", en la India se reúne con Nehru y en Belgrado con Tito. A su regreso a Cuba es designado presidente del Banco Central. En 1960, Guevara participa de las negociaciones con los soviéticos para el establecimiento de convenios comerciales entre rusos y cubanos. En octubre de este año, parte a Europa en una misión económica, para dirigirse luego a China, donde se entrevista con Mao Tsé Tung y firma con Nikita Kruschev el tratado de amistad cubano-soviético.

El 3 de enero de 1961, los Estados Unidos anuncian la ruptura de relaciones con el gobierno cubano. En febrero del mismo año, Guevara acepta ser Ministro de Industria y el 17 de abril se produce la invasión de Bahía Cochinos (Playa Girón), donde Fidel proclama el carácter socialista de la Revolución Cubana. Ante la derrota yanqui, el Che dirá: "... es la primera derrota del imperialismo en América Latina y en escala mundial". Después de la invasión, viaja a Punta del Este, donde participa en la reunión del Consejo Económico y Social de la Organización de Estados Americanos (O.E.A.), en la cual interviene para presagiar el fracaso de la Alianza para el Progreso, política que impulsaba el gobierno demócrata de Kennedy. Mantiene reuniones secretas con el presidente argentino, Arturo Frondizi, y con el brasileño, Janio Quadros, quienes serían derrocados más tarde por golpes militares.


Su papel en el proceso de la Revolución Cubana es cada vez más importante y en 1962 compone, junto a Fidel y Raúl Castro, Osvaldo Dorticós, Blas Roca y Emilio Aragonés, la Dirección Nacional de las Organizaciones Revolucionarias Integradas. En octubre de ese año se produce la llamada "crisis de los mísiles", cuando el gobierno estadounidense denuncia la presencia de armamento soviético en la isla. El conflicto termina con la retirada soviética, lo cual pone en solfa el alcance del apoyo de Nikita Kruschev al gobierno de Fidel Castro, a pesar de los zapatazos que el dirigente soviético propinó en una mesa de la ONU. En junio de 1963, Guevara llega a Argelia y en 1984 preside la delegación cubana ante la Asamblea General de las Naciones Unidas y viaja nuevamente a Argel, donde se entrevista con Ben Bella.

El año 1965 estará marcado por numerosos viajes a África, en especial al Congo y a Guinea, tratando de profundizar en la tendencia marxista-leninista, además de combinar la participación de guerrilleros cubanos en las fuerzas insurrectas en Angola. El 25 de febrero, el Che ataca duramente a la Unión Soviética en un discurso en Argel, por estar en total desacuerdo con su visión del socialismo: el Che propone crear un gran grupo compacto de naciones en proceso de liberación, asistiéndose mutuamente de forma gratuita, mientras que la URSS rechaza la propuesta. Pero al volver a Cuba, el 15 de marzo, debe dar explicaciones y se reúne con Fidel Castro durante 48 horas; lo que hablaron nunca trascendió.


Esta conversación, sin embargo, parece que fue determinante para la aparición de la primera fisura en la revolución cubana: Guevara se retira de la arena política. Finalmente, en julio, Guevara aparece en el Congo, al frente de un grupo guerrillero cubano, para luchar contra el gobierno de Moisés Tshombé, que contaba con el apoyo belga y estadounidense. A la decepción que le produjo la guerrilla congoleña se suma la lectura pública, por parte de Castro, de tres cartas de despedida, una dirigida a Fidel, otra a sus padres y la restante a sus hijos. Esta decisión sorprendió y decepcionó al Che, al entender que -en la práctica- se le expulsaba de Cuba. La consecuencia inmediata en el Congo fue, como él cuenta en su diario, que sus compañeros vieran en él a un extranjero colaborando con los cubanos, a pesar de que un decreto del propio Gobierno cubano le había concedido dicha nacionalidad. A finales de noviembre, el Che y el resto de cubanos, salen del Congo, después de siete meses de una guerra absurda y ajena. En ese país, con el nuevo nombre de Zaire, toma el poder Mobutu. 

El Che ya no quería volver a Cuba y en Dar es Salaam, en la embajada cubana, recupera energías y reflexiona sobre la experiencia congoleña. Fidel, con cierta culpabilidad y obligado, sin duda, por su enorme popularidad en la isla, le pide que vuelva. El Che viaja a Praga y permanece allí casi cuatro meses, también en clandestinidad. Y de esa misma condición y disfrazado, regresa a Cuba, para organizar el siguiente objetivo. En agosto de 1966 entra en Bolivia con una credencial de observador de la OEA, afeitado y calvo, luciendo gafas. Ahora es Ramón Benítez. Allí recorre el país conversando con los diversos grupos guerrilleros y comienza la acción sin el apoyo del Partido Comunista Boliviano. La experiencia es recogida en el Diario del Che en Bolivia. El 8 de octubre de 1967, tras ser herido en una pierna cae prisionero, en un lugar denominado quebrada del Churo, por una patrulla de rangers con mando norteamericano y posteriormente es asesinado, en la escuela de La Higuera, según las órdenes del régimen boliviano, presionado -al parecer- por la CIA. Luego se exhibe su cuerpo a los periodistas y curiosos en un lavadero, antes de enterrarlo en un lugar que no fue descubierto hasta 1997; se le cortan las manos para que no pueda ser posteriormente identificado mediante las huellas dactilares. 

Ernesto Guevara de la Serna, conocido como el Che, el apodo que recibiera de sus compañeros de guerrilla en la Sierra Maestra, entra en la historia para siempre y su imagen recorre el mundo como un símbolo de la libertad y de la lucha contra la opresión. Su inmortal imagen, retratada por el fotógrafo cubano Alberto Korda, se comercializa en camisetas, banderas y recuerdos en ferias y tiendas del mundo entero, pero este reduccionismo consumista no podrá ocultar a las nuevas generaciones la fuerza y el temple de un hombre que cambió la figura del revolucionario.

En la carta de despedida a sus padres, decía el Che: "Otra vez siento bajo mis talones el costillar de Rocinante; vuelvo al camino con la adarga al brazo... Muchos me dirán aventurero, y lo soy; sólo que de un tipo diferente y de los que ponen el pellejo para demostrar sus verdades...". Y, sobre estas palabras, el escritor Víctor Montoya dice en su artículo Che: "Así te recordamos, comandante, con la estrella en la boina y el porvenir en la mirada". 

Así le recordará la historia viva, la que no olvida, que seguirá cantando: ¡Hasta siempre, comandante...!


miércoles, 15 de octubre de 2014

Thomas Sankara: 27 años de su asesinato


"Llaman provocación a las verdades que nosotros proclamamos, mientras que las mentiras que ellos cuentan se convierten en verdades absolutas. Nuestra lucha por la independencia y el bienestar de nuestros pueblos es tachada de insumisión, y el saqueo que ellos hacen de nuestras riquezas se llama obra civilizadora. Así escriben ellos la historia, y así se la aprende la mayor parte de la Humanidad. Por eso, yo prefiero sentir a mi lado al Ché antes que a cualquiera de ellos". Thomas Sankara.


Hoy, 15 de octubre, se cumple el 27º aniversario del asesinato del presidente de Burkina Faso, Thomas Sankara, a mano de los hombres de Blaise Compaoré, antiguo compañero de armas, que sigue siendo hoy el primer mandatario del país.

La historia del capitán de paracaidistas, Thomas Sankara, es fascinante. Su heroica y desgraciada peripecia vital se funde con la del propio continente africano, tan cerca y tan lejos de nosotros y nosotras, al mismo tiempo. No en vano, el revolucionario burkinabés fue conocido como el Che Guevara negro.

Thomas Isidore Noël Sankara nació el 21 de diciembre de 1949, en Yako, enclave situado en la colonia francesa de Alto Volta. Su país obtuvo la independencia formal en 1960, en plena era de la descolonización. Por aquel entonces el futuro presidente era sólo un niño.

En su juventud, Sankara se sintió fuertemente atraído por la figura de Jesucristo e, incluso, estuvo a punto de ordenarse sacerdote. Pero, finalmente, tuvo que dedicarse a la milicia para intentar aliviar la delicada situación económica de su familia.

Fue en la Academia Militar de Antsirabé (Madagascar) donde el joven soldado africano se hizo marxista. La guerra que enfrentó a su país con Malí en 1974 lo convirtió en un héroe nacional. 

En 1976, Sankara, junto con un grupo de jóvenes militares, fundó el Grupo de Oficiales Comunistas. Dos años después, conoció en Rabat al también capitán Blaise Compaoré, y desde entonces el destino de estos dos hombres quedaría unido para siempre.

En los años siguientes, Sankara ocupó diversos cargos en los gobiernos militares que regían la vida de Alto Volta, una ex colonia francesa que se gestionaba como una fuente de mano de obra barata para la vecina Costa de Marfil en beneficio de una pequeña clase gobernante y sus patrocinadores en París. En 1983 se convirtió en primer ministro, siendo derrocado por un golpe de estado derechista a las pocas semanas.

El 5 de agosto de ese mismo año, una insurrección cívico-militar, liderada por Compairé, liberó a Sankara de la prisión e inició el proceso revolucionario. El capitán Tom Sank, como lo llamaba su amado pueblo, se convirtió en Jefe del Estado, dando paso a la época más floreciente de Burkina Faso.

Precisamente, una de las primeras medidas del presidente Sankara, fue el cambio del nombre del país. A partir de entonces, la pequeña ex colonia francesa fue conocida como Burkina Faso, "la tierra de los hombres íntegros". La integridad del joven dirigente burkinabés le costaría la vida años más tarde.

Durante los escasos 4 años que duró su gobierno, Thomas Sankara se preocupó por liberar a su país de las históricas ligaduras que impedían su pleno desarrollo como nación independiente. Sankara intentó elevar el nivel de vida de sus habitantes, eliminar el hambre y alfabetizar a sus compatriotas.


Una de sus principales metas fue lograr la igualdad del hombre y la mujer: puso un gran énfasis en la liberación de la mujer, pues vio la emancipación de la mujer como vital para romper el control del sistema feudal que mantenía en el país. Por ello, abolió la ablación, prohibió la poligamia, poniendo fin a la presión sobre las mujeres para contraer matrimonio, incluyó la contratación de mujeres en todas las profesiones, incluidas la carrera militar y el gobierno, y promovió el uso de anticonceptivos, para luchar contra el fatal virus del SIDA. Y eso significaba la participación de las mujeres en el centro de la movilización popular revolucionaria. Él vio la lucha de las mujeres de Burkina Faso como "parte de la lucha mundial de las mujeres".
"No hablamos de la emancipación de la mujer como un acto de caridad o de una oleada de compasión humana. Es una necesidad básica para la revolución; sin ellas la revolución no podrá triunfar".
El presidente Sankara se movía por su país en un humilde Renault 5, el coche más barato del mercado automovilístico burkinabés. Era una persona decente, querida por su pueblo y admirada por gentes de toda África. Francia nunca se lo perdonó.

La lucha contra la corrupción fue uno de los grandes retos -y también de los grandes logros- del sankarismo. Los Tribunales Populares Revolucionarios fueron un instrumento fundamental para erradicar una lacra que azotaba a la totalidad del continente africano. Pero su estilo de gobierno lo llevó a mantener actitudes personales extremadamente llamativas: nada más llegar al poder, vendió las limusinas del Estado y las cambió por el modesto Renault 5, convertido en coche presidencial. Su sueldo como presidente siguió siendo el mismo que el del cargo de capitán que ejercía antes de llegar al poder, y a su muerte, su única posesión era una modesta vivienda cuya hipoteca no había sido aún enteramente liquidada. Su madre seguía ejerciendo, siendo él presidente, como vendedora de especias en un puesto de un mercado de Uagadugú.

Pero la obra política de Sankara no se detuvo en la lucha contra la corrupción. Fue un firme defensor, como ya hemos dicho antes, de la igualdad entre el hombre y la mujer, y dictó leyes contra la ablación, la poligamia, e incorporó a la mujer a los más altos cargos de la administración del país. La erradicación del analfabetismo fue otro de sus grandes logros, con resultados espectaculares en sus cuatro años de gobierno y la construcción de centenares de escuelas rurales.


En el campo de la sanidad, la obra de Sankara fue también notable. Puso en marcha acciones espectaculares, como los "comandos de vacunación", encargados de vacunar a millones de niños en todo el país, con la ayuda -como en otras muchas iniciativas sociales- de voluntarios venidos de distintos países.

La obsesión de Sankara -y para él el principal objetivo de cualquier revolución- era mejorar las condiciones de vida de su pueblo. Que la gente pudiera alimentarse  correctamente, vivir dignamente, acceder a la educación, expresarse libremente era el objetivo de su trabajo diario. Dio un giro radical a la economía de su país, centrando todos sus esfuerzos en el desarrollo de la agricultura y la ganadería, creando centenares de mini-embalses, promoviendo y protegiendo la producción local frente a los productos importados que sangraban la economía nacional. Rechazó de plano cualquier ayuda internacional que se pareciera a una limosna y sólo estuvo de acuerdo en gestionar aquella que contribuyera a facilitar los objetivos que su gobierno se había marcado -para satisfacción de muchas ONG's que veían en esa actitud un modelo de gestión de la ayuda externa. 

Pero todo ello se tuvo que hacer desoyendo las consignas de los organismos financieros internacionales -FMI y Banco Mundial- y de la Francia de Mitterrand, que le cortaron, todos ellos y de forma repetida, el acceso a los créditos necesarios para su programa. Los enfrentamientos con el presidente francés fueron, por otra parte, sonados. Sankara, en efecto, no tenía ningún reparo, y lo hizo en alguna ocasión teniendo a Mitterrand a su vera, en reprochar a la antigua metrópoli su pasado colonial y el empeño en seguir manteniendo el control sobre los recursos naturales africanos y, para ello, también ejercer el control político por la vía interpuesta de jefes de Estado locales corruptos y sumisos.


El nuevo nombre que dio Sankara al país, Burkina Faso -la tierra de los hombres íntegros-, no fue en vano. La población recuperó una dignidad perdida a lo largo de un siglo de sumisión al poder extranjero, de vejaciones, de miseria, de represión. Ser burkinabé se convirtió en sinónimo de orgullo en todo el continente africano. La lucha de Sankara fue asumida por la juventud de todo el continente, donde se convirtió en un héroe, un líder carismático, el presidente valiente y honrado que todos los pueblos africanos querían para sí.

Por eso, al día siguiente de su muerte, millones de africanos salieron a la calle enfurecidos; por ello, aún hoy en las calles de toda África, en los taxis y en las motocicletas, en los cuadernos escolares, el nombre y la foto de Sankara están presentes y en los mercadillos se pueden adquirir grabaciones de sus discursos; por ello, campus y comedores universitarios de toda África han tomado el nombre de Thomas Sankara.

El 15 de octubre de 1987, hoy hace 27 años, Sankara fue asesinado junto a doce oficiales en un golpe de estado organizado por su sucesor y antiguo colaborador Blaise Compaoré. El deterioro de las relaciones con los países vecinos fue una de las razones dadas por Compaoré, afirmando que Sankara había puesto en peligro las relaciones exteriores con la antigua potencia colonial francesa y la vecina Costa de Marfil. Compaoré se autoproclamó presidente y acabó con la obra de Tom Sank; y ha sido, desde entonces, un fiel aliado del imperialismo francés y un alumno aplicado del FMI y del Banco Mundial. Aún hoy, continúa en la presidencia del país.
"Los asesinos de Sankara fueron guiados por el imperialismo, que no podía permitir que un hombre con las ideas y acciones de Sankara liderara un país en un continente tan explotado durante cientos de años por el imperialismo internacional, el colonialismo, y los gobiernos neocoloniales que hacen lo que se les antoja. Las ideas políticas de Sankara perdurarán, al igual que las de Patrice Lumumba del Congo y Amílcar Cabral, de Guinea-Bissau, también asesinado por traidores a petición del imperio" (Ulises Estrada, uno de los principales organizadores de la misión de la guerrilla del Che Guevara en Bolivia, 1966-1967).
El cuerpo de Sankara fue desmembrado y enterrado rápidamente en una tumba anónima, mientras su viuda y sus dos hijos huyeron del país. Compaoré revocó inmediatamente las estatizaciones, anuló casi todas las políticas de Sankara, regresó al país bajo el acorralamiento del FMI y del Banco Mundial, y rechazó en última instancia la mayor parte del legado de Sankara. Aún hoy, continúa en la presidencia del país. 


Una semana antes de su muerte, Sankara se dirigió a la gente y dijo lo que sería su propio epitafio, remarcando que "aunque los revolucionarios, como los individuos, puedan ser asesinados, nunca se podrán matar sus ideas". Más de dos décadas después del crimen, Sankara continúa siendo un ídolo para la juventud africana.
"África y el mundo están todavía recuperándose del asesinato de Sankara. Del mismo modo, que aún tiene que recuperarse de la pérdida de Patrice Lumumba, Kwame Nkrumah, Eduardo Mondlane, Amílcar Cabral, Steve Biko, Samora Machel, y, más recientemente, John Garang, por nombrar sólo unos pocos. Si bien las fuerzas malévolas no han utilizado los mismos métodos para eliminar a cada uno de estos grandes panafricanistas, se han guiado por el mismo motivo: MANTENER A ÁFRICA EN LAS CADENAS" (Antonio de Figueiredo, Febrero de 2008).


FUENTES: Wikipedia, auditoriaciudadana.net, La Mancha Obrera