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lunes, 22 de diciembre de 2014

Emails secretos revelan por qué Pedro Sánchez es “prisionero” de la oligarquía

¿Por qué el nuevo secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, se siente miembro de la "casta" política y financiera que ha arruinado España? ¿Qué secretas complicidades oculta? 

La respuesta la dan los emails que Miguel Blesa intercambiaba con sus directivos de Caja Madrid y con los representantes del PSOE en la entidad, reunidos en el libro Pedro Sánchez (PSOE) y sus "compañeros" de la "casta", que lleva como subtítulo "Los correos que relatan como socialistas, UGT, CC.OO. e Izquierda Unida sucumben al poder del dinero". Con 42 años, Pedro Sánchez nada hacía pensar que pese a su juventud ya llevaba recorrida mucha "carrera" política y había conseguido auparse al cargo de consejero de Caja Madrid. La dirección federal y madrileña del PSOE lo habían "ascendido", a pesar de ser un desconocido concejal de la oposición. ¿Por qué? La respuesta la dan nuevamente los correos: Zapatero y Blesa llegaron a entrevistarse en la Moncloa, pero el "día a día" de la entidad que fue a la quiebra lo controlaba su ministro "Pepiño" Blanco. Decenas de correos electrónicos lo evidencian. Cuando les convino, "Pepiño" y el secretario general de la FSM-PSOE, el madrileño Tomás Gómez, pactaron el relevo de Blesa con Esperanza Aguirre y los sindicatos CC.OO. y UGT para darle el cargo a Rodrigo Rato. Y entonces ocurrió lo inesperado: el banquero sorteó el primer golpe porque había comprado a la mayor parte de los socialistas y comunistas de Caja Madrid, tanto en los partidos (PSOE, IU) como en los sindicatos (CC.OO. y UGT). Y ganó la votación.

"Pedro Sánchez ha hecho carrera al calor de José Blanco. Este militante de base es un diputado y antes fue concejal del Ayuntamiento de Madrid. Pero todavía más, es el líder de una Fundación que se constituyó como grupo de presión dentro del PSOE, cuyos otros destacados miembros son Óscar López y Antonio Hernando. El grupo de Pedro Sánchez fue captado por José Blanco antes del 35 Congreso en julio del 2000, en el que Zapatero fue elegido secretario general del PSOE", revela el periodista Luis Santos, ex-trabajador del PSOE que trabajó en el Grupo Socialista del Congreso. Y añade: "El grupo de presión de Pedro Sánchez había querido constituir una candidatura en el 35 Congreso, y protestó ante la Comisión Gestora por la desigualdad de trato. Su programa de entonces era muy regeneracionista, pero se lo guardaron para servir de capitanes en la Ejecutiva de Zapatero. El "feeling" fue grande entre José Blanco y Óscar López, mientras que Rubalcaba utilizaba de alter ego en el Congreso a Antonio Hernando, sobre todo cuando fue titular de la cartera de Interior". Y el análisis se ha cumplido: Hernando es el nuevo portavoz de Pedro Sánchez en el Congreso.

Hay más pruebas: el vicealcalde de Madrid, Manuel Cobo (PP), declaró que el secretario de organización del PSOE, José Blanco, le pidió en 2005, a través del concejal socialista Pedro Sánchez, que agilizara la licencia municipal necesaria para unas obras en la sede federal del partido, en la calle Ferraz de la capital. Pedro Sánchez negó haber realizado esa llamada pero Cobo se reafirma: "el concejal socialista Pedro Sánchez me llama y me dice 'mira, perdona que te llame, pero es que Pepe Blanco me pide que, como vamos a hacer obras en Ferraz en verano, quería saber si lo antes posible teníamos la licencia'. Y como mi obligación es igual, sea el PSOE o un ciudadano en una cafetería que te pide una licencia, llamamos por teléfono a ver si se puede agilizar. Lo hacemos siempre, siempre, incluso cuando nos lo pide el PSOE", explicó Cobo.

Pedro Sánchez no sale directamente en los correos de Blesa salvo cuando se hace relación nominal de los consejeros socialistas. Era un anónimo, disciplinado y vulgar concejal que se limitaba a apretar el botón de las votaciones y a cobrar por ello. Sin preguntas, sin alharacas, sin molestar a los poderosos que lo utilizaban ni al partido que lo había colocado. El banco fue a la quiebra y Pedro Sánchez seguía apretando el botón impertérrito, aunque él era de profesión economista y profesor de universidad, por lo que debía al menos intuir lo que pasaba allí, de hecho recibía numerosos informes sobre la situación financiera de la caja. Ni se lo olió. O si olfateó algo, no dijo ni "mu". Tampoco votó nunca en contra, y algunos de sus compañeros sí lo hicieron, según reflejan los emails, pues Blesa era muy quisquilloso con quien no votaba a su favor y quería saberlo.

¿Por qué esa actitud de Sánchez?
Un email puede aclararnos la cuestión: "Por lo que se refiere a los Consejeros Generales, miembros de la Asamblea pero no pertenecientes al Consejo ni a la Comisión de Control, cobran una dieta de 1350 € brutos por reunión (más el regalo, que es importante). Buena parte de ellos, además, son seleccionados por las diferentes 'sensibilidades' para cubrir vocalías en participadas de la Corporación según el cupo cada una conforme al porcentaje de su representación en la Asamblea General (aunque no tienen por que ser Consejeros Generales). En estas participadas (Pensiones, Gesmadrid, Tasamadrid...) la dieta es de 1803,04 € al mes, salvo agosto. Cada vez que se produce una vacante, el Secretario General pide su sustitución directamente al líder de la sensibilidad correspondiente (comentando al Presidente los casos singulares)".

Pedro Sánchez cobró de la "casta" que saqueó Caja Madrid una parte en dinero "más el regalo, que es importante". ¿Cuánto? Nunca lo ha declarado, ni un solo periodista le ha preguntado, ni siquiera el asunto salió en el amañado debate de las "primarias" con sus otros dos oponentes. Piensa el PSOE que los ciudadanos son tontos, que no se enteran, que meten la cabeza debajo del ala, como los avestruces cuando ven peligro. Pero quienes lo hacen son ellos, con el agravante de que Pedro Sánchez no es un avestruz, es un pavo real, el más bello de la fauna. Él es "Pedro el guapo" y precisamente su hedonismo permanente le impide ver el duro sufrimiento que padecen las tres cuartas partes del país, con un paro que es la vergüenza del mundo civilizado o causa la risa de los países limítrofes por pretender erigirse como "modelo económico del crecimiento europeo", como acaba de confesar con perplejidad e ironía el primer ministro italiano Mateo Renzi. Nuestra "casta" ya ha perdido hasta la dignidad exterior y el paciente pueblo español, que no es tan sordo, ciego y estúpido como estas gentes se imaginan, sabrá responderles dentro de apenas 5 meses y medio, pues se barruntan ya las elecciones para el 31 de mayo, el tope legal. Van a aferrarse a los cargos hasta el último día y el último minuto.


Los correos electrónicos son demoledores y los personajes que en ellos figuran son muy relevantes: Zapatero, Pepiño Blanco, Tomás Gómez, Felipe González, Pedro Solbes, Miguel Sebastián, Rafael Simancas... en la primera fila de la política. Pero después los que se lo llevaban "crudo", socialistas de segunda fila, mediocres segundones que decidían con su voto pero que, corrompidos por Blesa, se desmarcaban del partido cuando éste bajaba su pulgar hacia el suelo. La compra del Banco de Miami, la elección de Romero de Tejada, el alcalde de Majadahonda (donde nació la trama Gürtel), la venta de Iberia, los créditos fallidos a Martinsa-Fadesa y a centenares de empresas de amigos, familiares y compañeros de partido, el nombramiento de Rodrigo Rato primero y Goirigolzarri después en Bankia a pesar de su "dudosa moralidad"...

Capitaneados por el desconocido lugarteniente socialista y profesor universitario en Ciencias Políticas de la UNED, Antonio Romero Lázaro (número dos de Rafael Simancas) y el anodino Francisco Pérez Fernández (jefe de gabinete de Simancas), torearon como quisieron en Ferraz a Leire Pajín, que tampoco preguntaba demasiado. Los dos socialistas acumularon importantes créditos con la entidad en los últimos años.

Las cuotas de Romero superan los 40.000 euros al mes, 900.000 euros a devolver en 24 meses con un modesto sueldo de profesor universitario. Suman 1,3 millones de euros sin contar con los 600.000 adicionales suscritos por parientes, según el periodista Carlos Segovia. Y es difícil conocer los demás ingresos de Romero en la caja, porque la entidad no los detalló nunca, pero puede dar una idea del saqueo lo que dice un email solo sobre sus "tarjetas Black" (negro): "los Vicepresidentes, Antonio Romero, Bedia y Baquero tienen una cobertura de 50.000 € al año; los demás de 25.000 €". Por su parte, Francisco Pérez se jactaba de que no le preocupa ser expulsado del partido, porque tenía asegurado un puesto de trabajo en el Ayuntamiento de Madrid que dirigía Gallardón gracias a su larga mano y amistad con Blesa.

Y todos ellos junto al "fontanero" de Felipe González en Moncloa, Ignacio Varela, el incombustible Ramón Espinar, y tantos otros. Ocurrió lo mismo en Andalucía con los entonces presidentes de las cajas de ahorros de San Fernando y El Monte, los militantes socialistas Juan Manuel López Benjumea e Isidoro Beneroso. Y con tantos y tantos otros, tan alejados de la honradez de las bases, mil veces engañadas. "Sabía que contaba con el ok de sus jerarcas, ahora trabaja mano a mano con José Blanco"; "Antonio ha mantenido informado de todo este tema a José Blanco (por vía directa, hablaron ayer mismo) y a Zapatero (por vía de Ignacio Varela y del propio Blanco), que están de acuerdo". No hay excusa alguna ni justificación: Pedro Sánchez no se enfrenta -ni podrá hacerlo nunca- a la "casta" simplemente porque es parte de ella. Y este libro lo evidencia.


FUENTE: ESPÍA EN EL CONGRESO | 22-09-2014

sábado, 6 de diciembre de 2014

Alfonso Guerra, de “la dictadura del proletariado”, a la servidumbre del capital


Por Alberto Arregui (*)
Rebelión


No llegaba a dos metros la distancia que me separaba de Alfonso Guerra, sentados a la misma mesa, debatiendo en comisión en el Congreso de las Juventudes Socialistas en el Portugal revolucionario de julio de 1975.

De los que aún siguen en activo, estaban presentes Txiki Benegas como responsable del PSOE en la organización juvenil y Ramón Jáuregui, delegado de Guipúzcoa. Este último se obcecaba en bloquear la comisión, ya que el ala izquierda defendíamos que la formulación teórica que hizo Marx de la dictadura del proletariado, como expresión de la democracia socialista, constase en nuestra declaración de principios. Nosotros creíamos sinceramente en el marxismo, y defendíamos (yo aún lo defiendo) que la democracia burguesa no es sino la dictadura del capital, que dando la apariencia de que participamos en las decisiones, es una democracia de decorado, mientras todas las decisiones de importancia, todo lo que se produce, todo lo que se lee o aquello de lo que se informa, lo deciden los grandes propietarios de los medios de producción y las finanzas. Los gobiernos "democráticos", no son sino "el comité ejecutivo" a las órdenes de la clase dominante (sí, he dicho "clase", no casta ni élite). En consecuencia, el socialismo debe suponer durante un período la democracia para la clase trabajadora y necesariamente, un control sobre las fuerzas reaccionarias de la historia que siempre intentan ahogar en sangre cualquier revolución social.

Habrá quien no se lo crea, pero lo juro sobre "Das Kapital", Alfonso Guerra, con su tono socarrón, de pretendido intelectual machadiano, desempató la discusión diciendo: "¿Quién tiene miedo a la dictadura del proletariado? Desde luego no los socialistas, no se puede ser socialista y no defender la dictadura del proletariado, no veo el problema en que así se diga". 

Cuarenta años después, puedo equivocarme en alguna palabra, pero no en la idea, y casi me atrevería a decir que la cita es exacta. 

¿Creía entonces el inefable dirigente en sus propias palabras? La verdad es que eso importa muy poco, lo que importa, desde mi punto de vista, son otras dos cosas: la reconstrucción del PSOE, desde el Congreso de Suresnes en 1974, con un lenguaje radical (en ese momento a la izquierda de los dirigentes del PCE, que estaban empantanados en la "reconciliación nacional"), y su posterior giro a la derecha a toda velocidad, culminando con la domesticación del partido en 1979 en el congreso extraordinario.

Es decir, lo que importan son los hechos, que incontestablemente demuestran el papel decisivo de Guerra en arrancar las raíces históricas del socialismo para convertir al PSOE en un árbol estéril, en servidor imprescindible de los intereses de la clase dominante (he dicho "clase", sí).

Es otra anécdota, pero significativa: en la primavera de 1977, preparando las elecciones generales de junio, la dirección del PSOE purgó el partido de marxistas, o "trotskistas", como se nos llamaba entonces para asustar a los incautos, empezaron por aquellas federaciones donde éramos la mayoría, como Navarra y Álava, pero se dieron cuenta, como enseñó Stalin, que una purga si se empieza hay que llevarla hasta el final, y los dos años siguientes fueron años de persecución y caza de brujas contra todos aquéllos que habían pensado sinceramente que la S y la O del PS, respondían a una tradición histórica que merecía la pena mantener. Después las purgas se extenderían también a la UGT.

En todo ello, Guerra fue nuestro "Beria" particular. Y esa es la anécdota: yo fui expulsado del PSOE por telegrama, sin proceso alguno, eso sí firmado por el mismo Alfonso Guerra, que a mucha más distancia de mí que en el 75 se había convertido en el fiel servidor de los poderes establecidos.

Una clave imprescindible para comprender la Transición es la transformación sufrida en el seno de las organizaciones políticas. Algo que mucha gente no comprende es que la batalla más decisiva en la Transición, para hacer triunfar el proyecto constituyente de 1978, con todo lo que ello suponía de claudicación de la izquierda, se dio en el interior del PSOE.

También en el PCE se dio ese conflicto, pero se expresó más en lo que los ingleses llamarían "votar con los pies", ya que el régimen interno y la autoridad de la dirección impedían un debate abierto. Así, en la Pascua de 1977, el Comité Central del PCE adoptó, sin un solo voto en contra, la postura de rendición ante la reforma Suárez, parapetándose tras la bandera de la dictadura y acatando la monarquía y la "unidad sagrada de la patria española". Eso llevó a un abandono, progresivo, de la militancia.

Los sectores más inteligentes de la operación reformista, con Suárez a la cabeza, comprendieron muy pronto que si ganaban al PSOE para su causa la partida estaba ganada. En cuanto al PCE, pensaban que sería más resistente de lo que fue y habían planificado llevar a cabo las primeras elecciones (junio de 1977) sin su legalización. De hecho, el cambio de postura de Suárez, al llegar a un acuerdo con Carrillo, le granjeó para siempre el odio de la cúpula militar.

Que la historia del PSOE en esos años es también, en gran medida, la historia de la Transición se puede comprobar claramente en los decisivos meses de la segunda mitad del año 1979.

En marzo se habían celebrado las elecciones generales y el PSOE obtuvo 121 escaños, quedaba claro que la UCD del postfranquismo de Suárez no iba a soportar otro período electoral, y la alternativa era un partido que en su congreso de 1976, se declaraba "marxista, democrático y de clase". La burguesía apretó las tuercas y Felipe González lanzó su proclama defendiendo el abandono formal del marxismo: "El capitalismo es el menos malo de todos los sistemas posibles", proclamó. 

Sin embargo, las raíces históricas del partido aún pesan y Felipe perdió el congreso que se celebra en mayo. Lanza su órdago y dimite; la izquierda del partido no se atreve a tomar la dirección en sus manos, se habla de que "los alemanes retirarán su apoyo, hay peligro de golpe de estado...", el miedo se apodera de ellos y aceptan que se nombre una gestora y se celebre un congreso extraordinario en septiembre. Esa cobardía de la izquierda socialista contrasta con el juego decidido de Felipe y Guerra que ya se sienten "hombres de Estado", dispuestos a defender el sistema poniendo al PSOE a su servicio.

La izquierda había perdido su oportunidad histórica y no volvió a levantar cabeza, salvo momentos esporádicos.

El triunfo de 1982 demostró que González había asumido su papel de hombre de orden, no sólo abandonó las raíces obreras, sino que emprendió una reforma brutal contra los derechos de la clase trabajadora.

Eso provocó la ruptura con UGT, que no siempre ha sido la organización que hoy vemos. Los diputados socialistas y dirigentes de UGT, Nicolás Redondo y Antón Saracibar, rompieron con la dirección del PSOE, abandonaron su escaño de diputados y levantaron a la clase trabajadora frente al gobierno. Junto a CC.OO. convocaron la huelga más impresionante que se ha vivido en el Estado español en la época moderna, el 14 D de 1988.

Pero no tuvieron la decisión de rematar la faena, de generar una nueva fuerza política que hubiese desplazado a los González y Guerra. La Izquierda Unida de Anguita no tuvo la lucidez de ofrecerles una alianza que no pudiesen rechazar. Retrocedieron, tras una victoria parcial, se conformaron con poco y las cuestiones vitales siguieron su curso, preparando el triunfo de la derecha y la crisis histórica de la izquierda.

A pesar de todo, el PSOE no es un partido homogéneo: sobreviven semillas de su historia ahogadas por el pasado cercano y el presente lamentable de ZP y Pedro Sánchez.


Guerra se va, dejando un partido dispuesto a formar gobierno de coalición con el PP ante la amenaza de la recuperación de la izquierda. Su aportación histórica, incontestable, es la de haber colaborado en primera línea a desarmar a la izquierda en el período de la Transición. Quedará en el museo de los horrores históricos y no estará sólo, Carrillo y otros muchos llenarán las estanterías de un museo vetusto de quienes han intentado arrebatarnos la memoria, que en ningún caso impedirá que siga girando la rueda de la historia, para decir con Brecht: "lo que hoy está arriba, no siempre seguirá arriba".

Entonces, como ahora, el síntoma más claro de que existe la posibilidad de una revolución social, es la lucha encarnizada en las organizaciones de la clase obrera entre las tendencias partidarias de pactar con la clase dominante y las partidarias de exaltar a la nueva clase al poder, para crear una nueva sociedad. Siempre, el resultado de esa partida determina el curso de la historia, es una constante de toda revolución merecedora de ese nombre.


(*)Alberto Arregui. Miembro de la Presidencia Federal de IU. (En 1976, miembro de la dirección federal de las Juventudes Socialistas, del Comité Federal del PSOE y de la Comisión Ejecutiva de UGT de Navarra).


FUENTE: Rebelión